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A 65 años del primer Festival de Cosquín: una cordobesa publica el archivo definitivo del folklore
Rescatar, preservar y poner en valor la identidad cultural nacional. Entrevista a Gisell Torino, autora de la biografía no autorizada del festival y sus artistas.
“El folklore es mi historia y mis recuerdos”. Ella es cantora y difusora cultural de la ciudad de Alta Gracia, Córdoba; y gran parte de su trayectoria está profundamente ligada al universo del folklore argentino desde el escenario, la investigación, la memoria y la difusión. Gisell Torino trabaja para rescatar, preservar y poner en valor las historias que forman parte de la identidad cultural nacional.
En esta entrevista cuenta cómo fue abrirse camino en un ámbito atravesado por mandatos y prejuicios; y profundiza en su reciente trabajo “Cosquín: Biografía no autorizada del festival y sus artistas (1961-2025)” donde reconstruye muchas de las voces y relatos que no quedaron registrados en los archivos oficiales.
Su recorrido deja en evidencia que, incluso frente a los obstáculos, su propósito y voz buscan la forma de ser escuchados. “Mi lema es ‘no olvidar’ porque si vos olvidás de dónde venís, no podés avanzar”, cuenta.
-¿Cómo comenzó tu vínculo con el folklore?
-Mi papá era salteño y, por ende, el folklore siempre estuvo como fondo musical en mi infancia. El folklore es mi historia y mis recuerdos. Me mandaron a aprender guitarra, y desde muy chica sentí que quería hacer eso. Me imaginaba en el living de mi casa cantando ante el público. Pero, en aquella época, los padres eran los que mandaban, entonces empecé a estudiar abogacía, si bien no me gustaba.
Sin embargo, siempre estuve en los coros. El cantar era algo que podía más. Cuando mi papá no estuvo más en este plano, esa presión de tener que estudiar las carreras clásicas se fue. Aunque no estaba bien visto que una mujer anduviera de noche cantando en lugares fui bastante rebelde a eso, y con el tiempo empecé a participar de los coros nuevamente. Estuve en dos grupos vocales y, finalmente, de la mano del maestro Daniel Toro, me animé a cantar como solista.
-Mencionaste que no estaba bien visto que una mujer estuviese cantando en lugares de noche. ¿Creés que tu experiencia hubiese sido distinta si hubieses sido varón?
-El varón podía irse de la casa y volver tarde; y no había problema. No había cuestionamiento si el varón salía a cantar. En cambio, la mujer generalmente tenía músicos que eran de la familia o hasta el mismo marido, como es el caso de muchas cantantes.
Yo tenía que buscar músicos, y esa situación a mi familia le costaba. Sin embargo, yo siempre tuve conducta y es algo que tenés que mantener, porque si no, también, le podés vender el alma del diablo y triunfar. Te lo puedo asegurar.
-¿Te encontraste con dinámicas o códigos dentro de ese ámbito que pudieron generarte incomodidad?
-Yo tengo obesidad y si bien era un ambiente machista, el tema venía más por el físico que por ser mujer. En aquella época los productores y sellos discográficos elegían a los artistas, algo muy distinto a hoy que el artista se paga su disco y su producción; y ellos buscaban talentos regidos por la parte estética junto con la capacidad musical.
Más allá de eso, reconozco que en el ambiente de la música fue donde menos problemas tuve respecto a mi físico. Logré perder todos mis complejos. Yo me subía a cantar y me olvidaba de todo.
Ahora, gracias a Dios, vemos a muchas mujeres en las bandas de los artistas. El tema es saber imponerse y con respeto tratar de llegar a donde más se pueda. La mujer ha ido ganando espacios en el ámbito social y en la música, a pesar de que hay más varones, no veo que haya discriminación. Hoy en día creo que todo el mundo tiene las mismas posibilidades y no hay complejos de cuerpo ni de nada, cosa que en mi época sí había más de eso.

-Recientemente publicaste una biografía no autorizada sobre el Festival de Cosquín y quiero preguntarte, ¿hay historias dentro de este libro que hayas descubierto sobre desigualdades en cuestiones de género?
-Siempre el ambiente fue un poco machista. Un acto conocido de discriminación fue el de Mercedes Sosa cuando subió al escenario por primera vez. Jorge Cafrune, que era lo máximo en aquel momento en el folklore, decidió que ella subiera. Era una mujer morocha, de pelo lacio.
Julio Mahárbiz que era conductor en ese momento y prácticamente el dueño del festival, se negó. Dijo: “¿Qué hace esa mujer con pinta de sirvienta en el escenario?”. Cafrune lo hizo a un lado y la subió igual. Ella sola, con su bombo, se convirtió en la artista más importante de nuestra historia musical. Creo que a partir de ahí tuvieron más cuidado con el tema de la discriminación.
Pero luego ocurrió nuevamente con Claudia Pirán, quien usaba muletas. Ella había ganado los espectáculos callejeros y el Pre-Cosquín, entonces le correspondía subir al escenario. Este señor dijo que “ningún inválido” iba a subir al escenario.
En ese momento estaban Los Nocheros esperando para subir y vieron esta injusticia. Entonces le prometieron que iba a estar en el escenario, y así fue. Al año siguiente, Pirán tuvo un lugar de privilegio. A partir de ese momento, no bajó más del escenario. Luego de eso, no recuerdo que haya habido más actitudes de discriminación y menos con mujeres.
-Y a un nivel más personal, ¿qué es lo que te impulsó a querer visibilizar las voces y datos que no fueron conocidos en los papeles oficiales?
-En realidad, lo hice para mi programa de radio. Quería hacer un repaso de los 63 años de Cosquín. Yo tenía la curiosidad de saber quién había subido en cada año al escenario, porque hubo muchos artistas de los cuales nos hemos olvidado y que han subido.
Cuando fui a la Comisión Municipal de Folklore a pedir las grillas para pasarlo en mi programa, me dijeron que no había información o que la persona que “sabía algo de eso” no estaba. Por otro lado, en Cosquín me habían dicho que “no las iba a encontrar”.
Entonces me fui a los diarios de la época, a las hemerotecas y ahí fui encontrando todo. Y un día, una amiga, Blanca Ruiz me pidió prestado un pendrive para sacar información de lo que había dicho en mi programa. Le alcancé también un cuaderno y un montón de hojas, lleno de papeles y machetes. “¿Qué es esto? Esto tiene que ser un libro, porque es una investigación, un trabajo documental. Es algo que no está en ningún lado”, me dijo. Ella me empezó a meter el bichito de hacer el libro.
Y ahora que se está difundiendo, veo lo útil que ha sido para muchos difusores el poder recordar a viejos artistas que pasaron por Cosquín y que ya nadie se acuerda de ellos. Es lindo ilustrar esas presentaciones con palabras y la historia y vida de esos artistas.
Entonces, primero, fue la curiosidad; y, después, me di cuenta de que hacía falta para no olvidar. Mi lema es “no olvidar”, porque si vos olvidás de dónde venís o de dónde traés todo lo que traés, no podés avanzar.
-¿Sentís que este trabajo fue, de alguna manera, un acto de visibilización y reivindicación personal dado a vivencias propias? ¿Quizás una manera de sanar?
-En principio, no porque iba a ser solo para mi programa y a lo sumo se lo iba a pasar en PDF a mis colegas, porque yo participo de una maratón folklórica en la cual somos 30 difusores de todo el país.
Cuando surgió lo de hacer el libro, una idea que me pareció una locura y más porque no se podía hacer en papel por el tamaño, empezó a correr por las redes. Ver ahora a tantos colegas que me llaman para hacer nota, gente que me dice “yo estoy ahí porque canté en tal año”, es un mimo al alma. Pero no como reivindicación, porque no soy más que nadie.
Quiere decir que lo que hice valió la pena o sirvió para ser quien soy hoy. Y que tomen con seriedad lo que estoy haciendo, es un reconocimiento que me hace muy bien y me obliga a seguir haciendo cosas como estas.
-¿Considerás que todavía quedan cosas por hacer y cambios por los cuales seguir trabajando dentro del mundo del folklore para que sea un ámbito mucho más equitativo?
-Hablando de Cosquín, puntualmente, hace dos años se logró que los ganadores del Pre-Cosquín tengan su espacio. Eso sí que ha sido una reivindicación porque era injusto: en un pre-festival que tiene más de 30 años, una persona tenía que pasar por distintas etapas para poder participar y después la lista de ganadores se quedaban sin subir al escenario porque “no había tiempo” o “porque estaban los artistas grandes ya programados”. Siempre hay cosas que se pueden hacer mejor. De eso estoy convencida.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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