SOCIEDAD
Los “presencias”: el trabajo invisible en los boliches
En la movida nocturna de la Ciudad de Buenos Aires, los relacionistas públicos, son cada vez más importantes para la imagen que buscan dar los boliches; hacen listas, organizan mesas VIP y crean estrategias para atraer clientes. Jóvenes adolescentes, muchas veces menores de edad, son quienes hacen este trabajo, ganando poca remuneración en comparación con el tiempo que demandan sus tareas.
Es martes a las cuatro de la tarde y Juana Raffo, de 18 años, no está pensando en la prueba de mañana ni en el entrenamiento que tiene en el club. Tiene los ojos fijos en la pantalla de su celular, deslizando el dedo sobre una planilla de Excel que ella misma armó. Clasifica nombres, analiza quiénes cumplieron años esta semana, separa a los clientes antiguos de los nuevos y responde mensajes de WhatsApp con un tono simpático. En su habitación, el teléfono no para de vibrar. El sábado a la noche parece todavía lejano, pero para la forma de trabajar de los boliches, el turno laboral de Juana ya empezó.
“Entré por primera vez a un boliche como ‘pública’ a los 16. Tenía una conocida que veía que subía flyers a Instagram, y me daba mucha curiosidad. Yo también quería trabajar de eso. Un día voy y le pregunto, le digo que me quería sumar, y me dice: ‘Bueno, dale, arrancás pero trabajando para mí’. Y de ahí arranqué pero sin experiencia, nadie me explicaba bien lo que tenía que hacer”, cuenta Juana Raffo, quien hoy maneja las relaciones públicas de Singapur, boliche ubicado en el barrio de Palermo, Buenos Aires.
La escena muestra lo que viven los adolescentes que se dedican a esta profesión hoy en día, el living de sus casas o sus habitaciones se convierten en una oficina. A través de sus redes sociales personales los jóvenes deben asumir el papel de llenar los boliches cada noche; mostrando una vida social activa, generando contenido diario en sus historias y construyendo una presencia digital constante.
Las mesas VIP y los sectores de acceso ultra exclusivo son la nueva fórmula para captar la atención de los clientes, logrando que grupos de chicos gasten más de $800 mil en una noche. El espacio se distribuye en función de este negocio: entre 80 y 90 mesas de metal se alinean estratégicamente por casi todo el establecimiento. Así, la cercanía a las barras y la barrera de un simple precinto de papel construyen una ilusión de “exclusividad”.
En este escenario, la necesidad de insertarse en el mercado laboral lleva a muchos jóvenes a buscar empleos desde temprana edad en lugares donde no se exige título secundario ni experiencia previa. Sin embargo, el ingreso suele reducirse a comisiones bajas o porcentajes variables por venta.
Esta realidad se refleja de forma contundente en las estadísticas nacionales. Según los informes de trabajo informal del INDEC, el sector de comercio y servicios (donde se ubican los boliches) lidera los índices de precariedad en menores de 29 años, alcanzando picos donde 6 de cada 10 jóvenes trabajan de manera no registrada.
Hace quince años, el trabajo de un “pública” en un boliche o fiesta temática podía resumirse en repartir flyers de papel en la salida de un colegio o anotar nombres en una lista para un determinado festejo. Hoy en día, mientras los boliches se profesionalizaron, la tarea de los RRPP se volvió cada vez más demandante e importante.
De los flyers de papel a Instagram
Las relaciones públicas funcionan como una disciplina ligada a la gestión de la comunicación y el desarrollo de estrategias para favorecer los objetivos de una institución. En el ámbito de la noche, estas tareas tienen el mismo carácter. Los RRPP son los intermediarios directos entre los boliches y la gente que asiste a ellos. Sin embargo, aún no hay un marco legal que solo los respalde a ellos.
El punto de quiebre histórico para los boliches argentinos ocurrió en 2004, tras la Tragedia de Cromañón. A partir de ese momento, los boliches iniciaron un proceso de reconfiguración estructural dado por controles municipales, inspecciones de bomberos y exigencias edilicias para la seguridad del público. Sin embargo, mientras la capacidad de los locales y los sistemas de ventilación se mejoraba, la situación de las personas que trabajaban atrayendo al público quedó completamente fuera de cualquier control.

El propio caso de Cromañón permite observar que la figura del relacionista público ya formaba parte de la dinámica de los locales nocturnos. En una entrevista para LA NACIÓN, Raúl Villarreal, colaborador de Omar Chabán y posteriormente condenado por la tragedia, llegó a definir su función como un trabajo vinculado a la convocatoria y recepción de asistentes. A su vez, las reformas que le siguieron al incendio se concentraron en las condiciones materiales de funcionamiento de los establecimientos, mientras que las tareas de promoción y captación de público continuaron desarrollándose en un marco de informalidad y escasa regulación.
A comienzos de la década de 2010, el auge de Facebook modificó la promoción de las fiestas. Los encargados de convocar público dejaron de depender exclusivamente del cara a cara en las avenidas o las escuelas y las listas de ingreso empezaron a gestionarse a través de “eventos virtuales” creados desde perfiles personales. El trabajo salía por primera vez de los locales y se mudaba a las computadoras hogareñas, extendiendo la jornada laboral.
Esta dinámica se profundizó de manera definitiva en 2016 con la aparición de las historias de Instagram. Desde entonces, ya no alcanza con vender una entrada física. Los RRPP pasaron a convertirse en una marca para los boliches. Debían mostrar una vida social activa, generar contenido diario y construir una presencia digital. La exposición de la propia imagen y de la privacidad se transformó en la principal herramienta de trabajo.
A este proceso se le sumó un cambio en la seguridad y control de admisiones tras el homicidio de Fernando Báez Sosa, ocurrido en Villa Gesell en enero de 2020. El crimen no solo reabrió el debate sobre la violencia en las veredas, sino que alteró la forma en que las empresas nocturnas gestionan sus puertas y a su personal. La mirada pública y fiscal recayó con dureza sobre los criterios de discriminación, el consumo desmedido de alcohol y el filtro de ingreso que aplican los boliches.
El quiebre de la pandemia
La llegada del COVID-19 en 2020 generó una ruptura importante. Con los boliches cerrados durante meses por las restricciones sanitarias, los trabajadores vinculados a la noche quedaron paralizados de un día para el otro. En el caso de los “pública”, la ausencia de contratos o vínculos formales quedó a la vista de inmediato. Muchos jóvenes perdieron sus ingresos sin la posibilidad de acceder a indemnizaciones o protecciones estatales sectoriales; ganaban entre $2000 y $8000 por mes, aunque el ingreso era muy variable, dependiendo exclusivamente de la cantidad de personas que ingresaban por sus listas de invitados y de la popularidad del boliche. A principios de 2020, la remuneración promedio neta en el país oscilaba en torno a los $56,000 pesos.
En 2022, con la reapertura total de los boliches, se rediseño el negocio para recuperar las pérdidas del confinamiento. La respuesta comercial fue la explosión de las mesas VIP y los sectores de acceso ultra exclusivo. Esto requería más que nunca de un filtro estético y de la captación de clientes de alto poder adquisitivo. El rol del RRPP se volvió una pieza clave para sostener este modelo de negocios. Sin embargo, las condiciones de contratación no acompañaron este crecimiento económico y se mantuvieron idénticas a las de las décadas pasadas.

Hoy en día los boliches cuentan con equipos de trabajo para la difusión y venta en las redes sociales. Los mismos suelen estar compuestos por 20 o 25 personas, entre ellas, 5 organizadores (quienes están a cargo de coordinar y pagar a los “pública”) y 15 RRPP. A este grupo se suman también las “presencias”, cuya cantidad varía según la noche y que funciona bajo una dinámica diferente. El esquema de oferta que presentan a su público sigue siendo el mismo desde 2022.
Cuentas claras: ¿cuánto gana un RRPP?
“En cuanto al sistema de pago, casi todos los pibes trabajan por comisión, que va desde un 10% hasta un 20% sobre lo que se vende. Después hay algunas personas que tienen un sueldo fijo, 100 o 200 lucas por semana, más la comisión sobre lo que meten. Eso depende de cada boliche y de cada ‘pública’, pero en general se maneja así”, cuenta Franco Rodriguez, dueño del boliche Singapur y ex RRPP.

“El boliche donde trabajo me paga el 10% de comisión sobre lo que venda. Así que por eso tengo que dedicar bastante tiempo a llevar gente”, explica Juana. Su comisión mensual aproximada es de $350.000.
Bruno Elías, organizador del boliche Inferno, en Belgrano, detalla: “Con respecto a las comisiones, depende del arreglo con cada persona: yo tengo públicas que trabajan para mí a los que les doy un fijo más comisión, y a otros les doy solo comisión”. “Las comisiones las manejo de forma escalonada, arrancando en un 10%. Les doy el 10% si facturan hasta un millón y medio de pesos. Si facturan arriba de un millón y medio hasta tres palos, les pago el 20%, y si superan los tres palos, les pago el 25% de comisión sobre lo que metan en la puerta, ya sea por ingresos comunes de gente que va a bailar o por mesas VIP”, agrega.
De esta manera es como la mayoría de los boliches se manejan a la hora de pagar.
El “Excel”
Para cumplir con las expectativas de los locales, los RRPP tienen que crear rutinas que consumen horas de sus vidas cotidianas, interfiriendo con sus estudios y sus tiempos de descanso.
Muchos tuvieron que aprender y personalizar su método para mantener su efectividad a la hora de encontrar gente. Juana Raffo contó su experiencia: “El tiempo que le dedico a contestar mensajes, armar listas y subir historias, generalmente suele ser de 2 horas y media diarias. Yo lo que hago es categorizar todo. Me fijo en la gente nueva a la que nunca le escribí, a quién le escribí, quién me quedó pendiente y a quién ya le vendí”. Su estrategia consiste en contactar de manera personalizada a un promedio de 5 o 10 personas y volcar las respuestas en su computadora para evaluar qué formas de comunicarse funcionan mejor.
A pocas cuadras, también en el barrio de Palermo, Buenos Aires, Carlos Contreras, de 20 años, quien trabaja para el boliche Rich, coincide en que la carga horaria parece mucho menos de lo que realmente es, agrega: “Es estar más o menos toda la semana mandando todos los días mensajitos, hablando con gente para que vengan al baile”.
Para quienes están en la organización de equipos, la exigencia del uso del teléfono celular también es permanente durante toda la semana. Bruno Elías relata cómo empezó en la noche: “Mis comienzos fueron en Matiné cuando era chico. Después dejé de trabajar de eso por unos años y me dediqué al turismo, vendía viajes de egresados a Bariloche. Labure en un montón de boliches y como muchos amigos eran organizadores y demás, me fui metiendo en eso”. Con respecto a contestar mensajes y su forma de trabajar, cuenta: “Todo el día estoy contestando, al que me habla le respondo y lo invito a que venga. Para subir historias generalmente, ahora que estoy de organizador, tengo un equipo que trabaja para mí. Suben historias siempre 3 veces por semana, lunes, miércoles y viernes, y el sábado publican lo que son las presencias del boliche, una foto de ellas”.
Matías Perez es el gerente del boliche Six, ubicado en el barrio de Belgrano; entró a los 18 años en la profesión y recién ahora a los 24 comenzó a encargarse del manejo. “Usualmente los ‘públicas’ dedican entre 4 a 6 horas a contestar dependiendo la demanda”, aclara.
La regla sobre la que opera este sistema consiste en transformar esas horas que un chico pasa pegado al teléfono en dinero en efectivo para la caja del boliche, reduciendo la inversión en publicidad de la empresa.
Las condiciones
El trabajo del RRPP no solo consiste en llevar mucha gente, sino en seleccionar un tipo de público específico. Aunque muchos boliches niegan realizar discriminación en sus accesos, las condiciones estéticas que imponen a sus promotores funcionan como un filtro.
“En el boliche en el que estoy solamente nos fijamos en el código de vestimenta que tenemos. Somos muy exigentes con eso”, explica Juana. Las reglas que comunica a sus clientes antes de hacer una venta son las siguientes: las mujeres tienen prohibido asistir con zapatillas, mientras que los hombres no pueden ingresar con gorra, bermuda o indumentaria deportiva.

En otros locales, la selección de clientes no se hace por listas tradicionales sino por invitaciones que cambian su rigurosidad según la venta de la fecha. Bruno Elías explica la preselección que aplican: “Nosotros nos fijamos que el cliente sea acorde al producto que tenemos en el boliche. Si el cliente, por así decirlo, es un “turro”, claramente la pensamos dos veces. Es según también cómo vemos el finde. Si estamos medio flojos de gente, metemos todo y si estamos ya con casi todo vendido, nos ponemos un poco más exhaustivos en buscar al cliente que queremos”.
Estas reglas buscan crear la ilusión de un espacio exclusivo. Jazmín Ramírez, de 20 años, asiste habitualmente a estos boliches y describe esto desde la perspectiva del consumidor: “Nunca vi a nadie ser rechazado en la entrada por su estética, pero imagino que la normativa se rige por cumplir una ‘normalidad’ vista en la vestimenta de la gente, cómo usar ropa negra y ajustada”.
Precios y mesas
Desde la perspectiva del público salir tiene un precio elevado. Mientras que el boliche ahorra en publicidad gracias a las redes de los RRPP, los clientes financian el lugar. La creciente importancia de los sectores VIP también profundizó una lógica división dentro de los boliches. Acceder a una mesa suele implicar consumos mínimos altos y la capacidad de reunir grupos numerosos dispuestos a afrontar ese gasto. Para muchos jóvenes, se trata de una experiencia reservada para ocasiones excepcionales (sea un cumpleaños, una fiesta especial, entre otras) más que de una posibilidad habitual.

Para acceder a estos espacios los jóvenes se organizan en grupos de entre 8 y 10 amigos, haciendo una “vaquita” y contactando a un RRPP. La reserva exige un anticipo del 20% días antes de la fecha, mientras que el 80% restante debe saldarse antes de las 20 de la noche del mismo día del evento; un incumplimiento en el horario significa la pérdida automática de la seña y la prohibición de ingreso.
VALORES DE LAS MESAS:
- $1.500.000 (Ultra VIP)
- $1.000.000 (Ultra VIP)
- $800.000
- $600.000
- $500.000
- $400.000
- $350.000
A cambio, reservar una mesa, ofrece una serie de “privilegios” frente al público general: entrada sin espera, tener un espacio privado (mesa exclusiva), consumición (un porcentaje o el total del valor de la seña devuelto en dinero para gastar en tragos o en la barra) y atención personalizada (servicio de mozo).
En el caso de no reservar una mesa, existe la opción de que el usuario compre una entrada por medio de una página llamada Passline, donde se le dan diferentes opciones con diversos valores para elegir.

Requisitos para ser RRPP
Para lograr trabajar como relacionista público actualmente no es necesario contar con un título formal, sino que se necesita tener un perfil de Instagram en particular. Una cantidad de seguidores mayor a los 1000, subir historias con constancia del boliche, y tener una llegada directa a la gente. Además deben disponer de una flexibilidad horaria, ya que generalmente el trabajo se desarrolla en horarios nocturnos y de madrugada; saber armar listas, coordinar reservas de mesas VIP o cumpleaños y estar atento a los clientes durante la noche para ofrecerles una buena experiencia en el boliche.
Sin embargo, existen diferentes empleos dentro de los locales bailables que se ocupan de publicitar los establecimientos. Están: los Organizadores, los RRPP y las “Presencias”, quienes usualmente son mujeres o personas famosas las cuáles son contratadas para subir fotos de ellas o para publicitar su imagen en las redes sociales de los boliches.
¿Cómo contactar a un RRPP?
Hoy por hoy es muy fácil, se busca el Instagram del boliche y en la descripción del mismo aparece un enlace directo al WhatsApp del local, administrado por uno de los muchos RRPP. Por ahí el cliente consulta los precios y coordina la reserva. El día de la fecha, se vuelven a hablar minutos antes de llegar para encontrarse en la entrada. En la puerta, el ‘pública’ le entrega los precintos para el sector VIP y, tras presentar el DNI, habilitan el ingreso. Unas horas más tarde, el organizador suele escribirle otra vez para acercarse a la mesa y ofrecerle tragos de cortesía
En los otros días, sobre todo los jueves, el RRPP se contacta con la persona para volver a invitarla al boliche. Si hay alguna fiesta temática o si se viene un fin de semana largo, también se ocupa de comunicarle las ofertas, ya que una vez que asiste, pasa a formar parte de su lista de invitados.
Paralelamente, los demás RRPP, se encargan de enviar invitaciones por WhatsApp o mail usando una base de datos compartida. Esto es posible porque, cada vez que un cliente compra una entrada o consulta por mensaje, sus datos quedan guardados en el sistema del boliche
La vida después de tanta noche
Juana Raffo piensa en su futuro y en sus próximas salidas laborales, sabe que hay una transición, y quiere buscar las mejores opciones según lo que fue aprendiendo como “pública”. “Estuve pensando qué hacer de mi vida cuándo deje de trabajar de esto, y cuándo termine el secundario obvio. Me interesan carreras relacionadas con organización de eventos o cosas que tengan que ver con conciertos”, dice y agrega: “También averigüe por marketing digital, ya que me resulta fácil por lo que fuí aprendiendo en estos últimos años”.
En cambio Carlos Contreras no tiene planeado por ahora estudiar o trabajar en otra cosa, ya que según él se siente cómodo en lo que hace. “Primero tendría que dar las materias que me quedan pendientes del secundario, que no sé si son 5 o 6, y de ahí ver que onda”, dice. El vive solo con su madre, vinieron a vivir al país hace 4 años desde Venezuela, comenzó a trabajar de esto ya que necesitaban otro ingreso. “Entré por primera vez al boliche como RRPP a los 18 años. Porque iba siempre, y un día, como iba tanto, me dijeron: ´Che, ¿No querés laburar acá?¨. Y nada, comencé así”, comenta el relacionista público.
Tensión en la vereda
La tensión aparece los sábados por la noche en la vereda del boliche. Los acuerdos que se hablan por WhatsApp chocan con los controles de la entrada que dan los “patovicas”, y son los propios jóvenes quienes tienen que poner la cara ante las frustraciones de los clientes.
Uno de los puntos más conflictivos suele ser la admisión de menores de edad, muchos chicos intentan entrar al boliche con DNI que no son suyos o son falsificados. Por ejemplo, la aplicación Mi Argentina ya no es admitida en la puerta de entrada, debido a la existencia de otra aplicación clonada que hace pasar a los jóvenes como mayores de edad. Carlos Contreras confiesa lo que tiene que hacer para lograr que puedan acceder al establecimiento: “A veces se arma quilombo porque, ponele, hay una mesa que tiene un par de menores, y no los podes hacer pasar por los de seguridad. Entonces tenes que hacerlos pasar por otro lado, por el costado de la valla o tenes que ir vos y llevarlos para adentro”.

Además de no contar con un marco legal que los respalde, los RRPP, a veces, son percibidos por los clientes como los responsables de los problemas del boliche. “La experiencia más difícil que suelo tener que manejar es cuando la gente que me conoce como pública piensa que hay confianza para que les solucione de la nada un problema. Y si no puedo solucionarselo, me toman como una persona mala onda, y me terminan tratando muy mal. Es algo que no está bueno bancarlo”, relata Juana.
El conflicto con los DNI es muy común en la madrugada. “Me pasó de tener gente menor que te insiste en ir. Vos le aclaras que son exigentes con los DNI en la puerta, pero capaz no pasan y te reclaman a vos. Yo les digo: ‘Pero yo no les prometí que iban a pasar’, y ahí se arma todo un lío”, agrega la joven de 18 años.
Detrás de la valla: la mirada del personal de seguridad

Mientras los relacionistas públicos adolescentes lidian con los reclamos en las veredas, el personal encargado de la seguridad observan el movimiento. Marcelo Estévez, de 45 años, trabaja en el control de admisión del boliche Cyrano, en la localidad de Ramos Mejía, y acumula doce años de experiencia fija en la nocturnidad de la Zona Oeste.
Al ser consultado sobre la frecuencia con la que debe denegar el ingreso a personas que fueron invitadas previamente por los RRPP del local, Estévez responde con naturalidad: “Sí, muchas veces”. Sin embargo, el seguridad revela que los criterios estéticos y de vestimenta pasan a un segundo plano cuando entra en juego el dinero en efectivo. “Muchas veces el dueño o el RRPP valoran más el tema monetario. Viene una persona que, en este caso, no puede entrar porque el boliche prohíbe las zapatillas. Pero si viene con una buena billetera, se hace la excepción. Eso pasa siempre en la noche”, afirma Estévez.
A su vez, Rosario Centeno, una joven de 23 años, quien recurre mínimo una vez por fin de semana a establecimientos bailables, afirma la observación anterior y agrega: “Muchas veces discriminan por vestimenta o reglas que parecen improvisadas en el momento y que, dependiendo de cómo aparentes o tu nivel económico, deciden si las aplican o no”.
Este doble estándar visible muestra que el perfil exigido es cambiable en función de las ganancias. El boliche no exige que la gente se vista bien para que el ambiente sea más tranquilo o amigable, sino para que el VIP parezca un lugar caro y exclusivo, y así poder cobrar las mesas muchísimo más caras.
Informalidad del negocio
El análisis de Estévez va de lleno en las condiciones de contratación y, según él, de desprotección. Un ejemplo claro fue la sanción de la Ley 26.844 de Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el Personal de Casas Particulares, esta ley establece una jornada de trabajo con un máximo legal de 8 horas diarias o 48 semanales; obliga a pagar aguinaldo , vacaciones pagas , licencia por maternidad, y obligatoriedad de aportes a la seguridad social, a cargo del trabajador y del empleador.
El Estado intentó regular el trabajo informal en muchos sectores. Sin embargo, cuando los inspectores del Ministerio de Trabajo van a un boliche, solo miran a los mozos o a los cajeros.

Cuando los mismos realizan operativos de control en los boliches durante la madrugada, sus auditorías se limitan a relevar al personal físico presente en las instalaciones: mozos, cajeros, barmans y el equipo de limpieza. La figura del relacionista público, que realiza el 90% de su actividad de forma remota a través de plataformas digitales durante los días de semana, queda completamente invisibilizada para los ojos del inspector estatal.
“Todo en negro, todo en negro. Todo absolutamente en negro”, reflexiona Estévez al describir la situación laboral en los boliches de la zona. La falta de registro es tan común en el ambiente que los empleados casi nunca se van en buenos términos. “Si vas a buscar algo de más, todos los que se van de ahí siempre se van con juicio. En todos los boliches pasa lo mismo”, agrega el “Seguridad”, evidenciando que la vía judicial es la única alternativa que les queda a los trabajadores para reclamar el cobro de sus tareas.
Para Estévez, la rotación de los jóvenes que se encargan de las relaciones públicas no es una falla del sistema, sino una característica necesaria para mantener bajos los costos del negocio. “Los de presencia no duran mucho, se van por su cuenta, van cambiando”, explica. Este retiro prematuro (de entre 3 a 5 años) le permite al boliche renovar su equipo de trabajo, recibiendo a una nueva camada de adolescentes atraídos por la ilusión de la noche.
“La noche es un mundo totalmente aparte, es muy oscuro”, concluye Estévez. “Yo tengo 12 años de experiencia y esto es muy diferente a lo que se ve en un evento privado, como un casamiento o un quince. La noche lo que maneja es la plata, la droga y el alcohol. El empresario nocturno busca el billete, no busca otra cosa. Si viene una persona y toma 20 botellas de cerveza, ellos son felices. Si se muere, que se arregle San Pepe”, agrega.
Tras las luces

Chicos de entre 16 y 20 años dedican parte importante de su tiempo en gestionar bases de datos, responder mensajes a cientos de desconocidos y mejorar su marca personal en Instagram. El mecanismo resulta exitoso para las empresas ya que no tienen que gastar tiempo en campañas publicitarias y se encuentran actualizados con lo que buscan en un boliche los jóvenes actualmente.
Los relacionistas públicos se consolidaron como una pieza indispensable para garantizar el incremento continuo de clientes a los boliches, pero continúan ocupando un lugar confuso dentro del mercado de trabajo formal. Mientras su actividad es la que dinamiza los ingresos de las barras y los sectores exclusivos, su desarrollo continúa dándose al margen de los requisitos de protección social y seguros de salud que regulan al resto de las actividades comerciales del país. Detrás de las luces de colores, las historias editadas para Instagram y los precintos de la madrugada, hay una industria que se nutre de los jóvenes.









