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Alberdi, el musical: cuando el prócer baja del bronce y se vuelve escena

Hasta el domingo 2 de agosto, hay funciones de jueves a domingo en el Teatro Nacional Cervantes.

Créditos: Norberto Salazar
Créditos: Norberto Salazar

Hace calor adentro del teatro. No es el calor del verano porteño ni el de una sala sin aire; es otro, más denso, más vivo. Es el calor de los cuerpos antes de salir a escena, del maquillaje todavía fresco, del murmullo que vibra detrás del telón. Alguien prueba una nota. Otro marca un paso en silencio. En el escenario, todavía vacío, hay una silla que no es una silla: es historia. En minutos, ese espacio se va a llenar de palabras, música y una pregunta que atraviesa siglos: ¿quién fue realmente Juan Bautista Alberdi?

La función está por comenzar en el Teatro Regina, sobre la Avenida Santa Fe, y el murmullo del público anticipa que no será una noche convencional. Las luces bajan de a poco, las conversaciones se apagan y el escenario empieza a latir. Con más de 20 intérpretes en escena y una puesta que cruza música original, actuación y revisión histórica, “Alberdi, el musical” no busca contar una biografía ordenada, sino abrir una pregunta: quién fue Alberdi más allá del prócer.

La obra dirigida por Pablo Flores Torres se apoya en una idea clara: sacar al personaje del lugar estático en el que muchas veces lo ubica la historia oficial. “Queríamos sacarlo del bronce”, explica el también actor y sigue: “Alberdi no era un tipo lineal. Tenía contradicciones, tensiones internas. Eso es lo que nos interesaba llevar al escenario”. Esa intención se traduce en una estructura narrativa que alterna momentos históricos con lecturas contemporáneas, evitando el tono escolar y apostando por una experiencia más sensorial.

El trabajo previo no fue menor. La obra se construyó a partir de textos históricos como sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina publicadas en 1852, donde Alberdi sentó principios fundamentales que influirían en la Constitución de 1853. A esos documentos se suman cartas personales y análisis de historiadores que revisan su figura desde una mirada crítica. Esa base documental funciona como una fuente indirecta que sostiene el rigor del relato, incluso cuando la escena se permite licencias poéticas.

En escena, Alberdi no es uno solo. Diferentes intérpretes lo encarnan desde distintas perspectivas, rompiendo con la idea de un protagonista único. Esa decisión genera un efecto fragmentado que obliga al espectador a reconstruir al personaje. “No queríamos que el público reciba una versión cerrada”, cuenta Malena Bruzzo, una de las intérpretes del elenco. Y agrega: “La idea es que cada uno arme su propio Alberdi, que lo piense, que lo discuta”.

La música original, también compuesta por Flores Torres, cumple un rol central. No aparece como un complemento, sino como parte del relato. Hay momentos en los que el canto reemplaza completamente al texto hablado, y es ahí donde la obra alcanza uno de sus puntos más altos. Las letras condensan ideas políticas, dilemas personales y discusiones que todavía resuenan en la Argentina actual, generando una conexión directa con el presente.

Desde lo visual, la puesta apuesta a la síntesis. El vestuario a cargo de Silvina Parodi y la escenografía diseñada por Mil Hojas Producciones construyen un espacio flexible que sugiere más de lo que muestra. No hay reconstrucción histórica literal, sino una estética que mezcla elementos de época con recursos contemporáneos, reforzando la idea de que Alberdi no pertenece solo al pasado.

El proceso de producción también da cuenta de la magnitud del proyecto. Más de 40 personas participaron entre elenco, técnicos y equipo creativo. Meses de ensayo, ajustes constantes y decisiones colectivas dieron forma a una obra que no busca comodidad. “Fue un proceso intenso”, señala Merlina Di Rocca, otra de las integrantes del elenco del musical, y continúa: “Había que encontrar un equilibrio entre lo histórico y lo escénico. No podíamos caer ni en lo académico ni en lo superficial”.

En la sala, el público acompaña desde ese mismo lugar intermedio. No es una obra para especialistas, pero tampoco simplifica su contenido. Se perciben silencios, atención y aplausos que llegan después de procesar lo visto. Hay una conexión que va más allá de lo emocional: también interpela desde lo intelectual.

Nos interesaba que el público salga con preguntas, no con respuestas cerradas”, sostiene Flores Torres. Y esa intención se mantiene a lo largo de toda la obra, especialmente en los momentos donde el pasado dialoga con el presente sin necesidad de subrayarlo.

Cuando termina la función, el aplauso no corta del todo el clima. Los actores saludan, pero algo queda suspendido en el aire. En los pasillos, el calor vuelve a sentirse, aunque distinto. Afuera, la noche avanza con su ritmo habitual, ajena a lo que acaba de suceder adentro.

Tal vez ahí esté el mayor logro de “Alberdi, el musical”: transformar por un rato un nombre de manual en una experiencia viva. Hacer que un prócer deje de ser una figura intocable para convertirse en un ser atravesado por dudas, ideas y contradicciones.

Y cuando las luces se apagan del todo y el teatro queda vacío, la silla en el escenario vuelve a ser solo una silla. Pero algo persiste. Una pregunta, quizás. O una certeza incómoda: que la historia nunca está completamente terminada.


“Alberdi, el musical” es una propuesta innovadora con lenguaje musical actual, que busca narrar la vida y legado de Juan Bautista Alberdi. La obra recorre su trayectoria hasta sus últimos días. En julio y hasta el domingo 2 de agosto de 2026 se encuentra con funciones a las 20 horas en el Teatro Nacional Cervantes


*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.

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