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Carlos Dante López Véliz: la persona detrás del periodista
Creó el portal “Catamarca en Cana”, especializado en materia judicial y policial de la provincia de Catamarca. Su trabajo se ha vuelto indispensable en la cobertura de policiales de su provincia.
Hacer conducta y perseguir los sueños. En el ecosistema de los pasillos judiciales, hay un sonido que es marca registrada: el de los pasos de López Véliz. Con casi tres décadas recorriendo tribunales, su figura se ha vuelto indispensable para entender la crónica policial de la provincia de Catamarca.
Sin embargo, antes de los flashes de “Catamarca en Cana” y de las coberturas para medios nacionales, hubo un niño en el barrio de la Chacarita que vendía pan casero y relataba partidos de fútbol imaginarios en la escuela. Carlos Dante López Véliz es, ante todo, un sobreviviente de la vieja escuela que supo surfear la ola tecnológica sin perder la frescura del término regional.
Padre de dos hijas que crecieron entre trípodes y expedientes, el hombre detrás de la noticia se confiesa en esta charla sobre sus raíces, sus miedos ante la tecnología y esa perseverancia que lo llevó de una modesta verdulería a la cima de la visualización digital.
-¿Dónde empezó todo? ¿Quiénes fueron tus padres?
-Nací el 31 de marzo del 68, en la capital de Catamarca. Mis padres fueron mi base. Mi viejo, Amado Diego López era santiagueño, nacido en Choya, y trabajaba en el Correo Argentino. Mi mamá, Graciela Justina era de Ancasti. Éramos nueve hermanos, una familia numerosa donde el recurso a veces faltaba, pero la responsabilidad sobraba.
Mi viejo nos tenía “cortitos”, era un hombre de mucho trabajo y rigor. De mi mamá guardo todo, es hasta hoy mi pilar de contención. Perder a un hermano fue un golpe duro, pero la estructura familiar siempre me mantuvo de pie. Recuerdo la responsabilidad de mi viejo como algo que me moviliza hasta hoy.
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-¿Cómo recordás esa infancia en la Chacarita?
-Fue una infancia excelente, a pesar de las limitaciones. Estudié en la escuela pública y desde chico supe lo qué era ganarse el mango. Los fines de semana vendía empanadas, pan casero, verduras. Pero entre venta y venta, estaba el potrero. Jugábamos a la pelota en cualquier baldío. En la secundaria la cosa se puso más ajustada, pero aparecieron los amigos y esa inquietud por contar cosas.
-¿Dónde nace para vos el interés en el periodismo?
-Nace en la primaria. Relataba partidos con mis compañeros en la canchita de la escuela. Con un colega que hoy es locutor, Pablo Orellana, hacíamos relatos subidos a la caja de una camioneta cuando salíamos de viaje. Mi sueño real era ser relator deportivo. Hice todos los esfuerzos, acompañé a periodistas deportivos a la cancha, pero me mandaban a la esquina a hacer el conteo de tiros libres o quién entraba y salía. No se me dio, pero el bichito de la comunicación ya me había picado fuerte.
-De ese relator deportivo frustrado a crear una revista estudiantil. ¿Cómo fue ese salto?
-Fue en la secundaria. Con compañeros como Fabián Martínena y Mansilla creamos una revista que se llamaba “La Deseximida”. Fabián era un loco para dibujar, hacía las caricaturas y yo volcaba las historias que contaba en los asados. Ahí aprendí a preguntar el qué, cómo, cuándo y por qué.
En ese momento usábamos máquinas de escribir y rollos de fotos; jamás me imaginé el impacto que tendría el periodismo hoy en mi vida ni que terminaríamos en un mundo digital.
-¿Qué lugar ocupan tus hijas en este ritmo voraz de las noticias judiciales?
-Morena Itali y María Candelaria son la sal de mi vida. Ellas se involucraron desde niñas. Como yo animaba festivales folclóricos, me acompañaban siempre. Después, en la secundaria, me acompañaban con el trípode. Han consumido mi trabajo desde la cuna. A veces salían de la escuela y me encontraban trabajando en los pasillos de tribunales, esperando que salieran los peritos o viendo el movimiento de presos. Para ellas, el periodismo judicial es parte del paisaje familiar y lo tomaron con total naturalidad.
-¿Cómo fue el encuentro con el caso María Soledad Morales?
-En ese tiempo yo tenía un proyecto independiente, una verdulería en casa. Había intentado probar suerte en el sur, en Bariloche y Las Grutas haciendo periodismo, pero me volví porque no me dio resultado. Estaba en la verdulería cuando se dio un hecho policial cerca de la casa de mi mamá, en lo que hoy es la curva de María Soledad (antes conocida como la curva de Parque Daza).
Por curiosidad periodística, agarré mi cámara Fuji chiquitita y me fui a ver. Logré tomar fotos del movimiento policial cuando estaban trabajando en el lugar. Un colega del diario La Unión me vio las fotos y me dijo: “¿Sabés lo que tenés acá, chango?”. Esas fotos tuvieron impacto nacional en la revista “Esto”. Ese fue mi despegue; de ahí me sumé a El Ancasti y a Radio Valle Viejo.
-Trabajaste mucho tiempo con la doctora Lila Zafe en plena efervescencia de ese caso. ¿Qué recordás de esa época técnica, previa a internet?
-Trabajé comprometido al 100% como su secretario y haciendo monitoreo periodístico. Fue una escuela que me marcó muchísimo. En ese tiempo se trabajaba con handy y se transcribía todo a mano.
Poníamos el grabador pegado al teléfono de línea para registrar las notas. Me marcó mucho cubrir las autopsias de María Soledad en Buenos Aires. Era un periodismo de resistencia, de estar horas y horas esperando.
-¿Cómo nace “Catamarca en Cana”? ¿Por qué lanzarte solo a un proyecto digital?
-Por una necesidad propia. Yo tenía un caudal de información muy amplio que no podía volcar del todo en los medios donde estaba. Tenía mucho material residual que era valioso. Un colega me insistió en que creara una página.
Al principio otros no se animaron, así que lo emprendí solo con la ayuda de Edgardo Monasterio en la plataforma. Luego, en un caso de femicidio en Fray Mamerto Esquiú, me encontré con José Echevarría de El Ancasti TV; él estaba con un teléfono y un trípode y me propuso hacer algo juntos. Ahí empezamos con el periodismo móvil y la visualización a través del teléfono.
https://youtu.be/aFwzrnd4nVY?si=_d4_cqA59WDtgHX1
-¿Qué siente un periodista de radio y handy cuando le dicen “3, 2, 1” y tiene que poner la cara en un vivo?
-Me costó horrores. Actualmente me sigue costando manejar las herramientas tecnológicas, aunque la gente me vea con gimnasia en las redes. Pero cuando llega el “1”, ya estoy listo, estoy nadando en la información.
La frescura y el uso de términos regionales es lo que nos da fuerza. La Inteligencia Artificial o las plataformas automatizadas no pueden decir las cosas con el sentimiento y el lenguaje que tenemos nosotros en la calle.
–Tenés dos frases que la gente ya repite en la calle. ¿Cómo nacieron?
-Nacieron de forma espontánea para marcar un sello. “Hagan conducta, no los quiero ver en los pasillos de tribunales” surgió en cada cierre de informe. “Las imágenes y el reporte para Catamarca en Cana” se posicionó solo.
Me llena el alma cuando la gente me reconoce por eso. Yo era el chico que vendía verdura, el que no entraba en las mediciones de los profesores para ser un prócer. Ser reconocido hoy, y haber hecho corresponsalías por años para medios como TN, es un logro que me llena de orgullo.
-¿Qué mensaje le darías a ese Carlos de 15 años y a los jóvenes que quieren elegir este camino?
-A ese Carlos de 15 años lo felicitaría por no haberse distraído con otras carreras. Si eligen esta opción del periodismo, les digo que sigan lo que les dicta el corazón. Si sueñan con esto, prepárense: les va a llevar años de prueba y error, de amansadora en los pasillos y de estar horas esperando una causa que quizás tarda cuatro años en llegar a juicio.
No renuncien nunca a sus propósitos. No se trata de hacerse rico económicamente, se trata de la independencia, de la autonomía y de la pasión. Si son perseverantes, el camino siempre va derecho al éxito. Hagan conducta, y persigan sus sueños.
López Véliz guarda su teléfono con el trípode. La entrevista termina, pero su mirada sigue atenta a los movimientos de la fiscalía. Para él, el periodismo no es solo un oficio; es la decisión que tomó aquel niño en el baldío y que hoy, con orgullo, reafirma en cada reporte.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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