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El deporte como motor de la cultura sorda en Santa Fe        

Mucho más que un juego. Cómo un club se transforma en un territorio libre de barreras donde el orgullo de pertenecer se entrena todos los días.

En las canchas de la Asociación de Sordos de Santa Fe (ASORSAFE), el deporte es la herramienta principal para fortalecer la identidad. La institución coordina diversos espacios donde la Lengua de Señas Argentina (LSA) dicta cada jugada sin intermediarios. A través de la gestión de su Subcomisión y el análisis de especialistas en mediación lingüística y educación especial con orientación en Sordos e Hipoacúsicos, se revela cómo el club se transforma en un territorio libre de barreras donde el orgullo de pertenecer se entrena todos los días.

Cuando la pelota empieza a rodar en el predio de ASORSAFE, el ambiente cambia. No hace falta el sonido de un silbato para entender que el juego empezó; acá la mirada es la que manda y la LSA organiza cada movimiento en la cancha. Lo que para cualquier club es rutina, para esta institución es un acto de resistencia cultural y autonomía.

La Subcomisión de Deportes de la asociación trabaja con un norte claro: que nadie se quede afuera. Román Sotelo, quien preside este espacio, especifica que el objetivo principal es fomentar la práctica física en todas las edades, desde los jóvenes hasta los adultos. Actualmente, la propuesta es amplia: cuentan con un equipo de fútbol 11 con jugadores de entre 15 y 40 años, grupos de básquet masculino y hasta encuentros de pádel que integran a deportistas de hasta 70 años.

Un dato clave es el crecimiento del deporte femenino: aunque hace un tiempo la participación de las mujeres había bajado, hoy están volviendo a ganar terreno y el grupo avanza otra vez. Además, el futsal pisa fuerte con categorías juveniles y de veteranos que llegan a los 60 años. “Invitamos a los jóvenes de la escuela de sordos a que se sumen y, a su vez, motiven a los más chicos a participar”, detalla Sotelo sobre la importancia de pasar la posta. 

Para quienes forman parte de ASORSAFE, jugar en un contexto propio marca una diferencia abismal. Sebastián Bruno, mediador sordo y profesor de Educación Especial con orientación en Sordos e Hipoacúsicos, señala que estos encuentros permiten generar lazos muy fuertes porque el vínculo se da en un entorno lingüístico y cultural propio. “Es un espacio donde las barreras comunicacionales se derriban”, dice. Además, agrega que esa “carga negativa” que a veces aparece en el mundo oyente, acá “no existe”.

En la cancha, la comunicación tiene sus propias reglas. Se usan señas específicas para las estrategias de juego, pero gran parte del entendimiento pasa por lo visual y las expresiones no manuales. Asimismo, Bruno resalta que tener un técnico que dé las indicaciones directamente en LSA es fundamental, ya que el mensaje llega en la lengua propia de los deportistas.

Este cruce en el club genera un “intercambio recíproco”: mientras los adultos pasan sus experiencias y vivencias, las nuevas generaciones aportan sus propias visiones y nuevos términos al lenguaje. Es, básicamente, el escenario donde la cultura sorda se mantiene viva y se transforma día tras día.

La diferencia entre un espacio convencional y uno diseñado bajo la perspectiva de la comunidad sorda es la comodidad cultural. Según Bruno, un ámbito pensado desde la comunidad permite un desempeño con total autonomía y sin barreras lingüísticas. En cambio, en los espacios convencionales suelen aparecer “desencajes culturales” o malentendidos por la falta de una lengua en común.

La exigencia en la institución no se queda solo en lo recreativo; hay una mirada puesta en el rendimiento y en representar a la entidad de la mejor manera. El referente de la gestión deportiva, Sotelo, comparte que el entrenamiento y la preparación física constante son fundamentales para fortalecer al grupo y “estar en condiciones” para competir en los torneos de sordos que se realizan en otras provincias. Esta faceta competitiva es la que motiva a muchos socios a mantener una disciplina diaria que va más allá de un simple pasatiempo de fin de semana.

Por su parte, el mediador sordo cree que el impacto de este movimiento trasciende las líneas de cal de la cancha, ya que funciona como un engranaje que activa toda la vida social. El profesor explica que el juego es el gran impulsor de eventos festivos, reuniones, planes compartidos; y sostiene que esta dinámica “le da sentido de pertenencia en lo individual y colectivo a la asociación”, convirtiéndose en un motor de organización grupal que le otorga un valor agregado a la rutina de sus integrantes.

El impacto de estas actividades va mucho más allá del marcador de un partido. Como subraya la Subcomisión: la práctica deportiva genera viajes y una organización grupal. Es el lugar donde ser sordo se vive con orgullo y donde ASORSAFE reafirma su rol como la casa de una comunidad que elige el encuentro para consolidar el crecimiento.

*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.

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