El secretario general de SUTEBA y CTA Provincia de Buenos Aires habla del rol del movimiento obrero de cara al cambio de gobierno.
Por Julia Kolodny
Sentado en el escritorio en su oficina de la sede de SUTEBA sobre la calle Piedras, habla Roberto Baradel rodeado, como abrazado, por distintas imágenes y cuadros que parecen cuidarle las espaldas: Cristina Kirchner, pañuelos blancos, madres, abuelas, familia, calles, marchas y banderas.
¿Qué importancia tuvo el Congreso de la CTA del pasado 2 de octubre para el movimiento obrero en general?
Principalmente se votó la voluntad política de empezar un proceso de unificación de las centrales sindicales para hacer un movimiento lo más fuerte posible, que pueda incidir en el debate para defender las conquistas sociales, defender los derechos de los trabajadores, y acompañar a un gobierno de raigambre popular que seguramente se verá presionado muy fuertemente por las corporaciones del capital financiero internacional. Creo que eso es muy importante para que el proceso político que encaramos pueda ser de muchos años y que el neoliberalismo no vuelva más a la Argentina.
¿Cómo se llega a pensar la posibilidad de la unidad de las centrales después de tanta fragmentación?
Se dio un proceso de coincidencia en la calle con la mayoría de los sectores de la CGT y de la CTA. Por supuesto que quizás hay algunos dirigentes que no están muy contentos con esto porque miran su quinta, su cuota chiquitita de poder. Algunos lamentablemente han acompañado las políticas de este gobierno, pero creo que el debate mayoritario va a estar dado por empezar un proceso de unidad.
¿Por qué Micheli (Secretario General de la CTA Autónoma) no está de acuerdo con la unificación de las centrales?
Es una decisión de Micheli. Yo cada vez que voy a un acto lo que veo es que los trabajadores no discriminan si son CGT o CTA, y entonces nosotros nos paramos sobre esa cuestión. En la Argentina siempre hubo sectores colaboracionistas, sectores combativos, y también divisionistas. Desde lo más rancio de la derecha hasta una supuesta izquierda iluminada que cree que el movimiento obrero tiene que tener condiciones asépticas. Nosotros preferimos construir con las mayorías populares.
En el congreso estuvieron Alberto Fernández y Máximo Kirchner. ¿No afecta eso a la autonomía del sindicato?
Nosotros reivindicamos la autonomía, pero no somos neutrales. Yo creo que el sindicalismo no tiene que estar subordinado a las decisiones político partidarias, pero no puede ser neutral. No es todo lo mismo. Defender los derechos de los trabajadores y las conquistas del movimiento obrero tiene un objetivo muy claro ahora: derrotar al neoliberalismo.
Respecto a las amenazas que sufrió durante las negociaciones paritarias con el Gobierno de Vidal. ¿Le había pasado algo similar alguna vez?
No, nunca. Yo creo que este gobierno tiene la matriz de la dictadura, la misma concepción brutal. No pueden actuar con la misma brutalidad porque existieron las Madres, porque los 24 de marzo cada vez son más grandes, porque derrotamos el 2×1, etc. Si hay una gran victoria del pueblo argentino es impedir las condiciones para que se reproduzca algo como la dictadura militar.
¿Y por qué piensa que fueron por su vida personal?
Quisieron encontrar algo para extorsionarnos, porque el ladrón se cree que todos son de su misma condición, entonces buscaron cuentas acá, en el exterior, y sólo encontraron una cuenta a sueldo. Entonces fueron por la mentira, por el linchamiento mediático, noticias falsas permanentemente, y tampoco nos podían parar. Y entonces, ¿a dónde fueron?, a lo que uno más quiere, qué son los hijos. Tampoco nos pudieron parar con eso, más allá de que realmente fueron momentos muy duros.
Más que como un diseñador se define como “alguien que utiliza las imágenes para entender el mundo”, sostiene que lo hace para comprender la realidad y que su arte debe “provocar preguntas antes que ofrecer respuestas”. Su influencia hoy excede el mundo del rock, el mundo artístico lo tiene como una referencia obligada. Conocido por su seudónimo, desde muy joven hizo de La Plata su lugar en el mundo. Pero pocos saben que Ricardo Cohen no nació en esta ciudad, más sí su arte y sus conocimientos, su vocación por enseñar y su taller.
Artista plástico, ilustrador y diseñador gráfico, Rocambole creó la identidad visual de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Desde Gulp! hasta Momo Sampler, diseñó las diez tapas de los discos de estudio y fue el creador de una gran cantidad de imágenes que hoy forman parte de la memoria colectiva y están tatuadas en la piel. Sin embargo, cuando se le pregunta cuál fue el trabajo más importante de su vida, no habla de Oktubre ni de Luzbelito: habla de la universidad.
Existe un punto de vista muy interesante: para la mayoría es el creador de las tapas de disco de su banda favorita, pero él mismo dice que su trabajo más importante es enseñar. Muchos lo describen como de perfil bajo, reflexivo y sereno. Afirmó que su rol como docente ha sido sumamente importante para él, “incluso más que el labor como artista plástico o dibujante”. “No pensaba dedicarme a la docencia, quería ser artista, pero me gustó y le dediqué mucho”, agregó.
Al aula con Rocambole
Durante más de tres décadas dio clases en la Universidad Nacional de La Plata. Participó de la reconstrucción académica tras el regreso de la democracia y recordó esa etapa con orgullo: “Volvimos a la Facultad para reconstruir la universidad y sus contenidos”. Si bien hoy “lo jubilaron”, él se ríe ya que sigue en relación con la institución y, de vez en cuando, da cursos o talleres.
La docencia fue una vocación que fue descubriendo con el paso de los años. En las aulas encontró un espacio tan creativo como su propio taller. Más que enseñar técnicas de dibujo o diseño, buscó formar “una manera de pensar el arte”. En su mirada, una imagen no tiene sentido si no despierta preguntas o invita a reflexionar sobre la realidad.
Esa misma filosofía que volcó en los discos de la banda ricotera, la trasladó a sus alumnos. Quizás por eso, cuando repasa su trayectoria, presenta el mismo entusiasmo al hablar de una clase en la Facultad de Bellas Artes o de un diseño emblemático.
Un acercamiento a las experiencias que convirtieron al artista visual de 83 años en un ícono de la contracultura.
Créditos: Ignacio Arnedo – Revista Rolling Stone
La Cofradía de la Flor Solar a la cual pertenecía dijo que también tuvo mucho que ver. “Era una comunidad artística y cultural. Me permitió tener una mirada crítica sobre la sociedad, la política y la cultura; elementos que se convirtieron en pilares de mis trabajos posteriores”, compartió con vehemencia.
Esta comunidad, para él, fue un quiebre en su vida, una experiencia que también moldeó su pensamiento. En momentos donde el arte estaba mal visto, donde todo era clandestino, la casona que alquilaban funcionaba como un espacio cultural. Al respecto, contó que habían alquilado una casa que estaba para ser demolida. “La conseguimos a buen precio y ahí organizamos desde recitales hasta clases de profes que no podían transmitir sus conocimientos en la facu”, amplió.
Rocambole y los redonditos de ricota
El artista visual aseguró que su vínculo con el grupo liderado por Carlos “Indio” Solari nunca fue el de un “diseñador contratado”, sino el de un “integrante de un mismo universo creativo”. Y recuerda que el primer lazo con el grupo fue a través de La “Negra Poli”, novia de Skay Beilinson, y posterior manager de la banda. Los ricoteros hasta lo llaman como “el cuarto Redondo” sin siquiera haber subido al escenario.
Si bien su arte y el del Indio compartían el mismo ambiente; la relación surgió de manera natural aunque, no tiene claro cómo nació. El periodista Oscar Jalil especialista en rock sostuvo en una entrevista que le realizó para la revista Rolling Stone en 2023 que el artista “formó parte de la mesa chica del colectivo artístico platense”.
Además, Jalil aseguró que su obra visual fue clave para construir la identidad de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Y destacó que, entre sus creaciones, la figura del obrero con la cadena quizás sea “la imagen más icónica” que haya dibujado. Un dibujo que no aparece en el arte original del vinilo de Oktubre (1986), segundo álbum de la banda, pero que empezó a difundirse con la reedición en CD.
Créditos: Augusto Starita / Ministerio de Cultura de la Nación.
Su legado definitivamente excede el mundo del rock: es una forma de ver. El mundo artístico lo tiene como una referencia obligada, Rocambole aún hoy es aplaudido y escuchado en las charlas y muestras en las que participa. No obstante, mantiene un perfil bajo. Él continúa hablando de la universidad, de sus alumnos y del arte como una herramienta para ver y pensar la realidad.
En cada entrevista intenta correr el eje de Los Redondos para hablar del arte, la educación o la cultura. Se lo escuchó decir más de una vez: “No dibujo para decorar una pared. Dibujo para entender el mundo”.
Es una de las figuras más emblemáticas del cine y el teatro argentino. Su carrera conlleva más de 40 años de presencia en los escenarios, la pantalla grande y la televisión. Tuvo éxitos rotundos de taquilla, como “Homo argentum” y, la ganadora del Óscar, “El secreto de sus ojos”. También ha interpretado personajes emblemáticos como Pepe Argento en la sitcom “Casados con hijos” y Eliseo en la serie “El encargado”. Ahora, Guillermo Francella interpreta a Chance Gardner en su adaptación teatral de “Desde el jardín” en el Teatro Metropolitan.
En esta entrevista, el actor habla sobre sus inicios, sus experiencias, cómo se prepara para sus papeles y qué personajes lo impactaron. Además, reflexiona sobre su vínculo con el público, su evolución artística y qué le aconsejaría, hoy en día, a las personas que aspiran a tener una carrera como actor en el mundo del espectáculo.
-Entre el cine, el teatro y la televisión, ¿cuál fue la experiencia que más te marcó personalmente?
-La que más me marca emocionalmente, y me hace feliz a mí, es el teatro. Es algo sin red que me moviliza mucho.
-¿El teatro fue tu inicio en la actuación? ¿Cómo describirías esa época?
-Sí, fue el inicio de algo que me generaba placer transitar, pero no sabía si lo podía hacer. Hicimos una obra de teatro de fin de año en mi colegio secundario para recaudar fondos y cuando me vi arriba de un escenario, con público en la sala riéndose, sentí que era un momento extraordinario y que era algo que quería hacer de por vida.
-En 40 años interpretaste diversos papeles, y géneros de teatro y películas. ¿Hay algún papel o personaje que te haya impactado?
-Muchos papeles. Mi carrera tuvo mucha heterogeneidad en cuanto a contenidos, hubo cosas muy importantes que me hicieron vivir muchas experiencias. Empecé con un cine apto para todo público, era la época de “Bañeros” y “Los extermineitors”, me divertí mucho, pero era un humor muy blanco para niños.
Después, por el paso del tiempo y búsquedas mías, me empezaron a contactar otros directores y eso me llevó a varios papeles y personajes que me impactaron mucho como “El secreto de sus ojos”, “El clan”, “Animal”, “El robo del siglo”, “Corazón de León”. Por supuesto, “Homo argentum” fue muy impactante y también Eliseo de “El encargado”. Todos fueron personajes que me han gustado vivir.
Créditos: Eltrece
-Protagonizaste comedias y dramas. ¿Cómo te preparás para papeles tan diferentes?
-Me preparo y trabajo mucho. No digo o hago nada de taco, al contrario. Hablo mucho con el director y la etapa de los ensayos, para mí, es la más importante. Me esmero con cada personaje, y busco diferenciarme del personaje que hice en otro proyecto para que sean bien antagónicos entre sí.
-En “Desde el jardín” hay mucho juego con los escenarios, se mueven constantemente ¿Cómo fue adaptarse a estos cambios de escena tan dinámicos?
-Fue bastante complicado el proceso porque no solamente había cambios de escenario, sino que también había proyecciones, cambios de luces, entre otras. Armar todo fue muy difícil, pero una vez que se alinearon los planetas y salió todo perfecto, quedé fascinado con todo lo que ocurría, y la gente también.
-¿Hay que mantener un ritmo más apurado detrás de escenas comparado a otras obras?
-No es que hay que mantener un ritmo más apurado detrás de escenas, el ritmo es el mismo. Lo que pasa es que todo conlleva un tiempo de relojería para que no haya fallas y todo salga bien.
-En muchos de tus papeles interpretaste al argentino promedio y cómo este reacciona en varias ocasiones. ¿Cómo reaccionás cuando ves que tanta gente sube videos o clips a las redes sintiéndose identificados con la forma en la que vos actuás?
-Sí, me convertí en un artista muy popular, hace muchos años de todo esto. Hago contenidos que le generan identificación a la gente, entonces se producen memes o stickers y me siento contento, me divierte mucho ver lo que sube la gente, es algo que me hace muy bien.
Siempre amé ser popular, lo popular no tiene por qué estar reñido con la calidad. Te lo digo porque a veces la palabra “popular” es denostada y yo amo ser un artista popular. En todos los casos, la popularidad conlleva este tipo de cosas.
-Hoy en día está muy presente la idea de entrar al mundo del espectáculo, ya sea comenzar una carrera actoral o convertirse en influencer. Basado en tus experiencias, ¿qué consejo le darías a una persona que recién está comenzando su carrera como actor?
-Constancia y tenacidad. Si realmente es tu vocación, no hay que parar hasta lograr el objetivo. Además, el objetivo de pronto no debe ser solamente trabajar de lo que amás, sino intentar hacerlo, siempre intentar y no bajar los brazos. Debe ser como la zanahoria del burro: siempre ir para adelante, trazar un plan y armar una búsqueda. Nada se te regala con el tiempo, al contrario, hay que luchar mucho y ser muy constante.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
“Soy coreógrafa, directora y formadora. Desde hace muchos años me dedico a la danza, al teatro, al ballet, pero sobre todo al teatro musical”. Así se presenta la referente indiscutida con más de 30 años de trayectoria en espectáculos musicales, Elizabeth de Chapeaurouge. Ella marcó hitos con sus puestas coreográficas como Cabaret y Jazz Swing Tap en la calle Corrientes; y ahora atraviesa un presente de plena expansión creativa.
En la actualidad, divide su pasión entre la dirección del Instituto Coreográfico Argentino (ICA), la escuela que fundó su mamá en 1953 y que hoy sigue siendo un semillero de talentos; y la apuesta por la autogestión con proyectos de alto impacto tales comoInvasiones I: No Bombardeen Buenos Aires, una ambiciosa puesta que narra las invasiones inglesas al ritmo de Charly García, y Cromático su reciente creación de danza contemporánea para el prestigioso Ballet del Teatro San Martín.
-¿Cómo es el presente del teatro musical en la Argentina? Imagino que bien, porque seguís apostando.
-Sí. Este año es increíble. Hay un montón de musicales. Hay musicales que gustan más que otros. Depende de la temática, depende de quién esté también protagonizando. Y bueno, esto es un trabajo que esperaba hace tiempo, la autogestión. Ya apunto a eso prácticamente. Pienso seguir apostando por el musical en Buenos Aires.
-¿Cómo es ese proceso creativo cuando vas a encarar un nuevo proyecto?
-Lleva mucho tiempo, a veces años. A mí me llevó dos años armar Colorimetría. Cuando tenía la idea formulada busqué una directora de arte para que me hiciese la escenografía y el vestuario, pero yo tenía muy claro lo que quería. Inclusive con el músico, se creó la música también en conjunto con él. Y después plasmarlo en una compañía de bailarines de élite, como es el Ballet Contemporáneo del San Martín.
En el caso de Invasiones I, a un señor se le ocurrió armar una historia con canciones de Charly García. Pero, en realidad, son canciones sobre un hecho real, porque fueron las invasiones inglesas, la primera invasión que tuvimos. En base a eso, con un historiador se armó una historia ficticia, que es lo que hace la protagonista, dentro de un hecho real. Y se cuenta una historia.
Los desafíos en el musical son contar historias. Eso es lo más complejo que tiene. Contar una historia a través de la danza.
-Hay musicales que gustan más que otros. Depende de la temática, depende de quién esté también protagonizando.
-¿Cómo se adaptan proyectos del exterior para que funcionen en nuestro país?
-Siempre hay que adaptarlo. Hay que adaptar la comprensión del texto. A veces hay cosas que se sitúan en lugares como Estados Unidos y no las podés cambiar. Por ejemplo, Hello Dolly está situada en el 1900 en un pueblo en Estados Unidos. Pero hay que adaptarlo para que el lenguaje tenga sentido acá. Para que se entienda más allá de que no sea nuestro contexto.
-¿Cómo recordás tu infancia rodeada por la Danza?
-Mi infancia fue como la de un niño cualquiera que iba al colegio, pero que paralelamente toda su vida bailó. Porque al ser hija de una mamá bailarina y directora de una escuela, a los dos años me pusieron unas zapatillas de media punta y ahí no paré. Era la más chiquita de la escuela.
-¿Cuál fue el momento en el que decidiste dedicarte a esto?
-Yo quería ser arquitecta porque estudié en una escuela industrial, me interesaba el diseño de interiores que creo que todo eso está un poco ligado al arte. Siempre fantaseé con la idea de querer ser arquitecta. Sin embargo, si me preguntaban por la danza, yo quería ser coreógrafa. Yo quería hacer lo que mi mamá me mostraba en las películas de Hollywood.
Entonces, cuando terminé la secundaria tuvimos una conversación con mi papá porque mi mamá necesitaba ayuda en la escuela y empecé a dar clases. Y a partir de ese momento me dediqué a la danza. Me atrapó por completo.
-Elegiste instruirte también en otro país, ¿qué te llevó a estudiar en Nueva York?
-En mis primeros años de vida me formé acá, en el ICA, una formación muy completa porque desde chiquita, me formé en danzas clásicas. En aquel momento la escuela enseñaba danzas españolas, así que sabíamos baile regional, flamenco. Pero mi mamá enseñaba tap, no jazz.
Y, entonces, mi mamá me mandó a Estados Unidos. Allí, a través de una mentora que tuve en Argentina pero que vivía allá, me guió un poco en qué era lo que tenía que estudiar para formarme en danza jazz.
A Nueva York me llevó el deseo de buscar más y siempre aprender. Y el jazz, como en Estados Unidos, no lo vas a aprender en ningún lado. Entonces, en aquellas épocas, a partir de los 80 empecé a viajar y enganché una camada de maestros que habían sido asistentes de grandes coreógrafos de las décadas de los 50, como Jerome Robbins y Bob Fosse. Esa gente te enseñaba la esencia del jazz, de donde había nacido, fue muy hermoso.
-¿Cómo llegó a tu vida el teatro musical?
-Me pasó que en Nueva York entrenaba con coreógrafos de teatro musical y con directores, inclusive, de quienes aprendí muchísimo del rubro. Entonces, una vez en Buenos Aires, durante los años 90, formé una compañía independiente. Y, a partir de eso, me llamó Alejandro Romay, en ese momento dueño de Canal 9, para convocarme a hacer la asistencia de coreografía de Fiebre de Sábado por la noche. Era un equipo de ingleses que vino acá en el 2000 a replicar la obra en Buenos Aires, mi rol era transmitir las coreografías al elenco de acá.
Ahí fue donde entré en el teatro musical a querer trabajar en eso. Para mí, trabajar con ellos fue realmente una experiencia educativa también. Una escuela. Y después acá seguí trabajando con directores nacionales.
Con directores españoles, que fue mi siguiente trabajo, me convocaron para aportar mi conocimiento del theatre jazz en el montaje de Más de Mil Mentiras, el musical con canciones de Joaquín Sabina. Y, a partir de esos trabajos, decidí abocarme a la coreografía del teatro musical.
-¿Te acordás cuál fue el desafío más grande que enfrentaste como coreógrafa de teatro?
-En el teatro musical hay muchos desafíos, pero los más grandes son cuando hacés autogestión. Cuando vos creás algo, creás una coreografía nueva. Mientras que cuando hacés reposiciones, de las que hice un montón, es un poquito más fácil, digamos, porque ya sabés a dónde van esas coreografías.
-Respecto de tu rol académico, ¿a qué desafíos diarios te enfrentás como directora de una escuela de formación artística?
-La responsabilidad es muy grande. Yo soy de las que se involucra, de las que abre la puerta de la clase y se queda. Entro, miro… Después hablo mucho con el maestro para ayudarlo a corregir cosas.
En ICA nos caracterizamos porque somos una escuela de formación. Eso es a lo que apunta la escuela: a formar artistas. Y de acá han salido grandes coreógrafos, muy buenos intérpretes; a eso apostamos.
-Aún das clases, ¿disfrutás de enseñar?
-Yo doy clases, porque es mi forma de agradecer. Hay personas que me siguen desde hace muchos años, que confían en mí y que sigo viendo; y también de las que aprendo. Esto también se puede sostener porque doy clases regulares, tengo mi estudio y me gusta dar clases en la formación.
-¿Qué hace que una coreografía funcione en teatro musical y no solo en una clase de danza?
-Lo que se trabaja en clase es lo que nosotros llamamos “calidad en movimiento”. Nosotros en la clase ajustamos la dinámica, la interpretación, la técnica. En cambio, cuando pasás al teatro, ya tenés que tener un entrenamiento de todo eso para que después puedas interpretarlo, ya se trabaja sobre un diseño espacial, que no es lo mismo.
Y, obviamente, en el teatro musical lo vocal es otra historia. Trabajar sobre alguien que canta no es lo mismo que trabajar sobre alguien que baila nada más. Es muy difícil.
-Y, después de tantos años en el rubro, ¿qué te sigue motivando para seguir?
-¡La creación! Llámese en la clase, hacer algo propio en un teatro o mismo un video de las clases que se dictan acá. A mí me gusta hasta grabarlo, editarlo. Me involucro siempre con mi trabajo desde el lado creativo, eso es lo que me mueve.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.