DEPORTES
El futuro del handball en la Línea Sur de la Patagonia
Una jornada en el Gimnasio Municipal a puro deporte, mate y familias de los equipos de la zona. Cómo se vive la pasión y las competencias de este deporte en Valcheta, Río Negro.
Eran las nueve de la mañana y el frío todavía se sentía en las calles de Valcheta, Río Negro. Detrás de las puertas del Gimnasio Municipal, el sonido de las pelotas golpeando contra el piso de goma y el chillido de las zapatillas durante la entrada en calor rompía el silencio de un pueblo tranquilo. Por un fin de semana, el handball volvió a poner a Valcheta en movimiento.
Entre las calles de ripio, el Torneo Juvenil de Handball rompió la rutina tranquila del pueblo. Durante un fin de semana, el Gimnasio Municipal se convirtió en un punto de encuentro para los equipos de las distintas zonas de la Línea Sur. Más allá de la competencia, el objetivo real era otro: que los chicos pudieran enfrentarse a nuevos rivales y sumar experiencias dentro del deporte. Y el torneo lo logró, desde localidades vecinas llegaron delegaciones que no solo buscaban jugar, sino también formar nuevos vínculos y llevarse algo más que un resultado.
Soledad, la nueva entrenadora de las categorías Minis, Cadetes y Juveniles de la Escuela Municipal de Valcheta y organizadora del torneo, observaba los partidos con una sonrisa. Expresó estar “muy contenta” por haber podido reunir a varios equipos y destacó el crecimiento del deporte en la región. “Los chicos tienen mucha calidad de juego y se nota el avance en comparación a otros años”, afirmó.
El objetivo va más allá de los resultados. La entrenadora sueña con organizar más torneos y fortalecer el vínculo entre las localidades de la zona. Sobre todo quiere que sus jugadores tengan nuevas experiencias. “Que no se queden solo en Valcheta jugando siempre con los mismos equipos, sino que puedan enfrentarse a equipos más grandes y mejorar su calidad de juego”, sumó Soledad.
En plena Estepa Patagónica, Valcheta que está ubicada en el centro de la Línea Sur Rionegrina y con poco más de 4.000 habitantes, es una localidad en la cual todos parecen conocerse. Las distancias con las grandes ciudades y la escasez de competencias deportivas hacen que cada encuentro se viva de una manera especial.
El handball en esta región tiene historia propia. La línea Sur Rionegrina cuenta con una Liga Deportiva Comunitaria donde históricamente participaron equipos de localidades pequeñas integrados en su mayoría por jugadores no federados, según registros del Registro Nacional de Instituciones de la Confederación Argentina de Handball. Esos mismos equipos, nucleados bajo el nombre “Unión Línea Sur”, llegaron a competir en torneos provinciales organizados por la Federación Rionegrina de Handball.
Lo que pasa en Valcheta no es un caso aislado, es parte de una tradición deportiva que siempre existió en los márgenes de la estructura oficial. Las familias apoyan desde las tribunas y los vecinos se acercan a ver los partidos. Mientras esperan su turno para entrar a la cancha, algunos jugadores aprovechan y observan atentamente los partidos de sus rivales para medir el nivel y conocer contra quienes deberán enfrentarse. En cambio, otros, aprovechan el tiempo para compartir un mate, un gesto tan simple pero que representa unión y hospitalidad. Porque en el deporte, también se construyen amistades fuera de la cancha, entre risas y charlas.

Con los brazos cruzados, uno de los jugadores de Sierra Grande esperaba su turno para disputar su partido. Cuando le preguntamos qué significa el handball para él, la respuesta fue contundente: “Para mí, un cable a tierra”. No hace falta que explique mucho más. Detrás de esa frase están los entrenamientos después de la escuela, el cansancio físico, la disciplina de estar presente; aunque el cuerpo pida descanso. Todo eso queda en segundo plano cuando lo que uno hace lo hace feliz de una manera difícil de explicar con otras palabras.
Quizás por eso, cada vez que se organiza un torneo, los equipos hacen el mayor esfuerzo para estar presentes y participar. No importa si el viaje es largo o si las competencias son escasas. La posibilidad de compartir una cancha con otros equipos y vivir nuevas experiencias es suficiente para volver a ponerse la camiseta.
Entre quienes hicieron el viaje para llegar a Valcheta estaba la delegación de Sierra Grande. Su entrenadora, Marianela Mora explicó que el equipo venía esperando una oportunidad como ésta. “Este año no hemos tenido mucha competencia, así que llegamos con muchas expectativas de encontrarnos con equipos con los que nunca habíamos jugado”, contó. La historia del handball en su localidad es reciente. Hace apenas tres años comenzaron a trabajar en las categorías Menores, Cadetes y Juveniles. El proyecto nació con alrededor de 70 chicos y, aunque algunos se fueron a estudiar y el número disminuyó, el entusiasmo sigue intacto.

Mora no se define como profesora. Se definió, simplemente, como alguien que ama el handball. “Jugué toda la vida y cuando me presentaron esta oportunidad dije que sí”, confesó. Su emoción aparece cuando intentó explicar qué representa este deporte en su vida: “Es pasión, amor, garra, entrega y trabajo en equipo. También es familia, porque sin ellos todo esto no sería posible”.
Cuando cayó la tarde y el último partido terminó, el gimnasio empezó a vaciarse: algunos se despidieron con abrazos y otros prometieron volverse a ver en el próximo encuentro. Afuera, Valcheta recuperó su calma habitual. Adentro, en cambio, quedaron las marcas de un fin de semana en el que el handball hizo algo más que reunir equipos por unas horas: volvió a demostrar que el deporte también puede construir comunidad.
*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.
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