DEPORTES
Sequía de arqueros en Unión: por qué no llegan a Primera
Los motivos de por qué hace casi una década, ninguno de los arqueros formados en la institución deportiva de Santa Fe llega a la máxima categoría.
La cancha estalla en aplausos tras una atajada. A metros, en el banco, otro arquero espera. Mira, pero no ingresa. La escena se repite. Años de preparación y formación para quedarse a un paso de Primera.
Hace ocho años que el Club Atlético Unión de Santa Fe no tiene un arquero en Primera División surgido de las inferiores. El último fue Marcos Peano, quien debutó en 2018. Desde entonces, se incorporan arqueros provenientes de otros clubes; mientras los juveniles ven pasar su oportunidad. Se forman, entrenan con el plantel profesional, esperan su momento y, por falta de oportunidades, se van a buscar minutos en otras instituciones. “Históricamente, pocos arqueros que hayan surgido del club debutan en Primera División”, reconoce Rodrigo Llinás, el entrenador de arqueros de Unión. ¿Por qué no llegan?
La formación de arqueros en Unión es un proceso integral. Comienza desde la captación del niño hasta lograr su total desarrollo para que integre el staff Primera. Se integran aspectos físicos, tácticos, psicológicos, técnicos y nutricionales, en virtud del crecimiento del jugador. Diego González, ex arquero suplente, es un caso de eso: “Arranqué en un club humilde de Chaco donde no teníamos entrenador específico. Cuando llegué a Unión, no sabía nada del trabajo del puesto. Rodrigo y el resto de los entrenadores me ayudaron a formarme y desarrollarme”.
Desde chicos les enseñan la base del juego de un arquero. Trabajan una hora con el especialista del club, quien les pule los aspectos técnicos para no cometer errores de más grandes. Luego continúan con el entrenador de su categoría. Además de trabajar cuestiones deportivas, se enfocan en un aspecto central: el psicológico.

Diego González entrenando para la Selección Argentina. Créditos: AFA
“Fundamentalmente lo que esperamos en un arquero es que pueda manifestar sus capacidades sin condicionamientos”, explica Llinás. Se refiere a cualquier situación externa que pueda afectar el rendimiento durante el partido: el estadio, el rival, el público, el contexto o la presión misma de rendir al 100. Lo que buscan es que puedan plasmar en cancha todo lo trabajado, sin cometer errores generados por cuestiones externas propias de un partido.
Sin embargo, esta formación no se traduce en oportunidades reales en Primera División. En un puesto donde la confianza es clave y donde los errores se pagan caro, el club se inclina por arqueros que ya hayan tenido experiencia en la máxima categoría. Unión ha priorizado en los últimos años el recorrido y la seguridad, por sobre el desarrollo interno. Samuel Velázquez, ex arquero suplente, lo confirma: “Apuestan más a la jerarquía como prioridad, y después venimos nosotros en segunda opción. No sé si es que no les quieren dar la oportunidad a los chicos, pero sí tienen esa prioridad”.
Peano fue el último que ocupó el arco, pero no logró consolidarse. “Cuando yo estaba en Unión era muy difícil poder hacerte un lugar en Primera y poder jugar”, recuerda. Tuvo un debut inesperado: entró desde al banco en un clásico contra Colón tras la lesión del arquero titular. Respondió con un buen rendimiento y logró mantenerse en el arco, pero después de dos o tres encuentros dejó de ser tenido en cuenta. “En una jugada podés tirar a la basura todo lo bien que hiciste en el partido. Eso me pasó a mí”, explica.
Tras un error en su última actuación, el técnico decidió sacarlo del equipo. “Fue muy duro. Todo el trabajo que había hecho desde inferiores sentí que fue tirado a la basura”, lamenta. Para él, el problema no es solo el rendimiento, también señala la falta de respaldo. Peano considera que si un club decide apostar por un arquero juvenil, debe sostenerlo más allá de “uno o dos errores que pueden aparecer”, porque las equivocaciones “llegan para todos, tanto para los grandes como para los jóvenes”. Sin apoyo y sin lugar, decidió salir en búsqueda de rodaje en otros clubes.

Marcos Peano en su debut con Unión de Santa Fe. Créditos: Fernando Crespi
Los recorridos de Velázquez y González muestran otra cara del proceso. Ambos se formaron en el club, integraron el plantel profesional desde jóvenes y ocuparon un lugar en el banco de suplentes. Estuvieron cerca, pero el debut nunca llegó.
A pesar de sentirse preparados para dar el salto, la oportunidad quedó condicionada por la presencia de arqueros de mayor experiencia. “Es difícil debutar en un club donde hiciste las inferiores porque hoy la mayoría piden que tanto el primer arquero como el segundo tengan experiencias previas”, explica González, quien estuvo 14 partidos en el banco sin poder ingresar.
Un caso similar vivió Velázquez: la presencia de arqueros de mayor trayectoria y la pelea interna por el puesto, no permitieron su debut. “Yo estaba a mi 100% pero en ese momento competía con Santiago Mele, de gran recorrido y calidad”, comenta.
Ante este escenario, ellos como tantos otros arqueros formados en Unión salieron del club en busca de minutos. González se fue para evitar quedarse estancado. Velázquez también optó por irse e iniciar su carrera profesional en otra institución. Aparece entonces una constante: los arqueros deben irse a otros clubes y otras categorías para construir una oportunidad que nunca llegó en el club que los formó.
El puesto es exigente; pero los jugadores marcan que el problema es otro: la falta de oportunidades y de respaldo. En ese contexto se reduce el margen para los juveniles y el salto a Primera no se concreta.
No son casos aislados, es algo que se repite: el arco queda lejos para los formados en inferiores. La falta de arqueros surgidos del club en la Primera División no responde a un único factor, sino a una combinación de ellos: la exigencia del puesto, la priorización de la experiencia, y la falta de continuidad y oportunidades para los más jóvenes.
*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.
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