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Jota Morelli: “Hoy la música comercial es un lavado de cabeza, pero en el underground hay un talento increíble”

El histórico baterista de Enanitos Verdes repasa sus inicios en el rock, su paso por las bandas más emblemáticas del país y reflexiona sobre el impacto de la tecnología en la composición actual.

Rodeado de platillos, parches y el eco retumbante de otros percusionistas que ensayan en las salas contiguas, Jota Morelli respira su hábitat natural. Para el músico santafesino de 64 años, la batería nunca fue un simple instrumento, sino un lenguaje nativo alimentado por la pasión absoluta. Tras haber sido el pulso rítmico de leyendas de la música popular, conserva intacta la frescura del principiante, practica dos o tres horas diarias y comparte mates con las nuevas generaciones de sesionistas.

-Tu formación inicial estuvo muy vinculada al rock. ¿Cómo fue ese primer contacto con la batería?

-Me crié estrictamente con la música de rock. Mi viejo tocaba el piano y mi abuelo la trompeta y el bandoneón, pero yo me fui a la batería de chiquito. En Venado Tuerto, la única información venía por un par de radios, no había profesores en aquella época; la única manera de aprender era escuchar los discos en el winco, mirar a los bateristas que venían de afuera y sacar todo a oído. A los diez años me senté por primera vez en una batería y entendí el instrumento casi de fábrica, aunque al talento siempre hay que acompañarlo con horas de práctica diaria.

-De esos primeros años en Santa Fe diste el salto a Buenos Aires en los 80. ¿Cómo fue el proceso para profesionalizarte?

-Terminé el colegio, hice la colimba y me vine para acá. Mi primera banda profesional fue La Torre, con Patricia Sosa y Oscar Mediavilla, con quienes grabé tres discos. Los años 80 fueron una época de suma creatividad y camaradería. Tocaba con muchísima gente al mismo tiempo, Spinetta, Riff, Pappo, Metrópoli. No había Internet ni YouTube, nos juntábamos entre bateristas a compartir información por pura pasión.

-A lo largo de tu carrera acompañaste a figuras como Spinetta y Diego Torres, e incluso estrellas internacionales como Ricky Martin y Alejandro Sanz. ¿Qué tiene que hacer un baterista para adaptarse a universos tan distintos? 

-Lo de Ricky Martin o Alejandro Sanz fueron cambios puntuales para salvar a colegas en Estados Unidos, no giras largas. El verdadero núcleo de mi carrera se gestó tocando en los 80 y 90. Al grabar para productores o artistas tan variados te encontrás con todo, desde el productor que te exige tocar exactamente lo que pide la maqueta sin agregar una sola nota, hasta el que te pide que le explayes toda tu personalidad.

-La adapación debe ser compleja para siendo sesionista…

-La verdad es que el sesionista tiene que encontrar la forma para laburar de esto y adaptarse a diferentes estilos. Es parte del laburo. A lo mejor me toca ir a grabar un disco de folclore contemporáneo, y por ahí no es el rubro que más me gusta, pero hay que estar preparado porque es trabajo y hay que hacerlo. 

-Hoy compartís salas con jóvenes bateristas de la escena urbana y el pop. ¿Cómo cambió la dinámica respecto a tus comienzos?

-Hoy los chicos andan como en caja de sexta. Al haber tanta información disponible, un pibe con talento te saca un repertorio de quince temas en un día y al otro sale a tocar sin ensayar. 

-¿Creés que la aparición de la Inteligencia Artificial amenaza la esencia del músico o funciona como un complemento?

-Es una locura total. Le tirás unos acordes y te arma un tema mezclado y masterizado con un nivel increíble. Me parece una herramienta espectacular para maquetas. Te ahorra tiempo, pero después a esa música hay que reproducirla en vivo con músicos de carne y hueso. No tiene que avanzar tanto como para reemplazar el proceso creativo y la humanidad del compositor.

-Mencionás la sobreinformación actual. ¿Qué análisis hacés de la escena musical contemporánea y del mensaje que transmite?

-Lo que más se difunde masivamente hoy es música comercial muy lineal, donde ya no hay estructura de canción con verso, estribillo y puente. Es casi un lavado de cabeza. Sin embargo, si buscás en el under, hay una data impresionante. Hay bandas y pibes jóvenes con una creatividad tremenda. El talento está intacto, lo lamentable es que lo verdaderamente bueno ya no tiene la difusión masiva que tenía antes.

-Actualmente estás muy activo tocando en vivo. ¿En qué proyectos concretos tenés? 

-Tengo un grupo con dos chicos de Venado Tuerto, Máximo Pasquini y Agustín Rossi, con quienes estuvimos en Palermo y otros espacios culturales. También con Javier Malosetti para tocar los temas de “Tester de violencia”, un disco hermoso que grabé con Luis Alberto Spinetta. Por otro lado, también me reuní para volver a tocar con los de Enanitos Verdes. 

-¿Cómo fue la reunión con los Enanitos Verdes tras la partida de sus miembros fundadores? 

-Los hijos tomaron la posta de la banda. Javi Cantero toca la viola y canta, y también están los músicos Juan Pablo y Natalio Staiti. Yo ya había tocado diecisiete años con Felipe Staiti y Marciano Cantero, que desgraciadamente fallecieron. Conservan el nombre y suenan bárbaros. A fines de octubre vamos a tocar a Bolivia, después de haber hecho ya una gira por México.

-Con tantas décadas de ruta encima, ¿cómo ves hoy el armado logístico de los shows en el exterior en comparación con los años noventa? 

-Se avanzó muchísimo. En los 90 llevábamos unos baúles enormes con toda la batería y los fierros, algo que al día de hoy saldría una fortuna trasladar en avión. Ahora existen compañías de backline que te alquilan todo el equipamiento. En ciudades grandes de Latinoamérica ya conseguís el equipo listo. Yo de repente viajo solo con lo mínimo indispensable, como mis platillos y el pedal de bombo con el que estoy familiarizado.

-¿Qué consejo le darías a esos músicos jóvenes que están en el under buscando hacerse un lugar en la industria?

-Lo principal es jugársela y perseverar a full. Hay que practicar muchísimo, meterle muchas horas de estudio por día, conectarse con otra gente, ir a zapadas y, sobre todo, ser buena persona y no ser ventajero. Si querés vivir de esto, hay que darle para adelante ante cualquier adversidad.

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