DEPORTES
MARRUECOS Y LA SELECCIÓN DE LAS DOS RAÍCES
Muchos de sus jugadores nacieron y crecieron en Europa, pero eligieron representar al país de sus familias. Detrás del éxito marroquí aparece una historia de identidad, inmigración y sentido de pertenencia.
Por Ezequiel Garesio
Cuando la Selección de Marruecos llegó a las semifinales del Mundial de Qatar 2022, todo el mundo habló de una sorpresa histórica. Pero detrás de ese logro había una característica clave, varios de los jugadores más importantes del plantel no habían nacido en Marruecos. Muchos crecieron en Europa, se formaron en clubes europeos y hasta podrían haber jugado para otras selecciones. Sin embargo, eligieron representar al país de origen de sus familias.
Uno de los casos más conocidos es el de Achraf Hakimi. Nació en Madrid y pasó por las inferiores del Real Madrid. Desde chico estuvo rodeado del fútbol español, pero cuando tuvo que decidir qué camiseta defender a nivel internacional eligió Marruecos, el país de sus padres. Como él, gran parte del plantel nació o creció en países como Francia, Bélgica o Países Bajos.
Hakim Ziyech nació en Países Bajos y llegó a jugar en el fútbol neerlandés antes de elegir a Marruecos. Sofyan Amrabat también nació en territorio neerlandés, mientras que Noussair Mazraoui se formó en las inferiores del Ajax. Otro caso es el de Romain Saïss, nacido en Francia. Todos ellos podrían haber intentado representar a selecciones europeas, pero eligieron vestir la camiseta marroquí.
Este fenómeno no ocurre solamente en Marruecos, aunque el seleccionado marroquí se convirtió en el ejemplo más visible. Durante las últimas décadas, muchas familias africanas emigraron a Europa buscando mejores oportunidades. Sus hijos crecieron en otro continente, aprendieron otros idiomas y se formaron en academias europeas, pero mantuvieron una relación fuerte con las costumbres y la cultura familiar.
Por eso, para muchos futbolistas la decisión no pasa únicamente por el deporte. Representar a Marruecos también significa representar a sus padres, a sus abuelos y a una historia familiar. Aunque hayan nacido lejos, sienten que Marruecos también forma parte de su identidad.
También existe una cuestión futbolística. En selecciones europeas como Francia o España la competencia para llegar al plantel es mucho más difícil por la enorme cantidad de figuras. En cambio, Marruecos ofrece más posibilidades de jugar torneos importantes y convertirse en referentes nacionales. Sin embargo, reducir todo a una conveniencia deportiva sería demasiado simple.
El Mundial de Qatar mostró otra imagen del fútbol africano. Marruecos no solo sorprendió por sus resultados, sino también por su organización táctica, su orden defensivo y la personalidad para competir contra selecciones históricas. En gran parte, esa mezcla apareció gracias a jugadores formados en Europa pero conectados culturalmente con África.
Quizás ahí esté una de las claves de esta selección, futbolistas que crecieron entre dos mundos y transformaron esa mezcla en una fortaleza dentro de la cancha. En un fútbol cada vez más global, historias como la de Marruecos parecen ser cada vez más comunes y buscarán repetir o mejorar la actuación este año.

