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Por fuera, el ritmo no se detiene. Parece una esquina más del microcentro porteño, una postal acelerada de la Ciudad de Buenos Aires. Pero si uno se anima a atravesar ese umbral en Perú al 200, la Manzana de las Luces se abre como una compuerta: una puerta al pasado.
Este complejo histórico-cultural es el centro donde se forjó la identidad argentina. Allí, donde hoy se mezclan visitas guiadas y exposiciones, alguna vez se debatieron decisiones claves para el país. Con más de 300 años de historia inscripta fue sede del Colegio Nacional de Buenos Aires, del Cabildo y albergó la primera imprenta del Río de la Plata, según el sitio oficial de Turismo de Buenos Aires.
Recorrer la Manzana es como entrar en una novela de época. Sus paredes gruesas y patios empedrados detienen el tiempo. El verdadero corazón de la mística está bajo tierra, con el mayor atractivo: los túneles coloniales, oscuros pasajes subterráneos que conectaban edificios clave como el Cabildo y la Catedral.
Al descender, la calle Perú desaparece. El aire se vuelve frío, denso, con ese inconfundible olor a tierra mojada y misterio. Uno toca los ladrillos rojizos, ásperos y fríos. La guía explica que estos pasajes se usaron para contrabando, defensa y, según la leyenda, como rutas de escape secretas de las élites. La oscuridad crea una atmósfera casi cinematográfica.

“Mágico. Un viaje en el tiempo, pura historia y arquitectura”, cuenta Silvina, una turista argentina. Y agrega emocionada: “Los hallazgos son impresionantes. Quedamos a la espera de nuevos descubrimientos”. “Excelente lugar. Recomiendo muchísimo la sala de los legisladores: es hermosa y te muestra cómo era todo antiguamente”, coincide Omar, un turista extranjero.
El valor histórico es incalculable. En tiempos de los jesuitas se enseñaban filosofía y matemáticas. Fue en este mismo predio donde se instaló la Real Imprenta de los Niños Expósitos, la primera del Río de la Plata, fundamental para difundir las ideas que encenderían la chispa de la Revolución de Mayo. Es decir, los secretos de la Manzana no solo están bajo tierra; también se imprimieron en papel.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio cambió de funciones hasta su declaración como Monumento Histórico Nacional en 1942. El sitio oficial del Ministerio de Cultura de la Nación indica que la última restauración reveló estructuras subterráneas coloniales inéditas, pozos de agua y antiguos sistemas cloacales. Lo que hay bajo tierra es tan fascinante, o más, que lo que se conserva en superficie.

Créditos: Argentina.gob.ar
Cada visita a la Manzana es distinta: una tarde tranquila de otoño, un domingo de feria de libros o, si la suerte acompaña, una noche de visitas guiadas con linternas donde la penumbra hace que los túneles parezcan, por fin, murmurar secretos al oído del visitante.
Este rincón escondido en el corazón de Buenos Aires la Manzana de las Luces invita a detenerse, mirar y recordar que, a veces, lo extraordinario está justo debajo de nuestros pies.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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Entre mates y memorias: un viaje al corazón del Museo del Mate
El 2 de abril es un día memorable para todos los argentinos: es el aniversario en el que homenajeamos a los Veteranos de Malvinas. Pero ya hace 13 años que en la Ciudad de La Plata esa fecha es recordada por una catástrofe que dejó una huella imborrable en los platenses. Fue el día que la capital de la Provincia de Buenos Aires sufrió la peor inundación de todos los tiempos. En menos de cinco horas cayeron alrededor de 400 mililitros de agua. La ciudad se convirtió en un caos. En la noche, a oscuras, empezaron a escucharse los pedidos de auxilio en medio de la catástrofe.
El último día del feriado largo de cinco días comenzaba en esa ciudad con las nubes negras que se venían asomando. Se hizo de noche más rápido de lo habitual y se avecinaba la lluvia; una tormenta que daba pie a tratar de disfrutar el descanso en casa. Pero, llegada la tarde, el panorama comenzó a cambiar. Lo que pintaba ser una simple tormenta se alejó de lo normal y la lluvia pegó con fuerza en la también llamada “Ciudad Universitaria”. Fueron tres horas en las que el agua no cesaba y ya la tranquilidad del día no era lo mismo: el temor se apoderó de la población.
A Nicolás, un vecino platense, ese día le tocó trabajar. Al ser empleado de una casa de comidas rápidas, el feriado no le jugó a su favor. Por eso, cuando recuerda aquella catástrofe, lo hace con su rostro que denota el pésimo momento afrontado: “Durante la jornada laboral, mucho no sabía lo que estaba sucediendo en las calles. Más que la lluvia no cesaba, pero como otras de las tantas que ya había vivido”. Pero llegando al final de su día de trabajo, pasadas las 20, empezaron a llegarle mensajes de familiares. Querían saber cómo estaba, cómo se encontraba el centro de la ciudad, ya que en sus barrios la situación no era la mejor.
Nicolás comenzó a sospechar que algo más grave estaba pasando en su ciudad y hoy, a la distancia, cuenta detalles de lo que vivió en ese momento: “El encierro en la cocina del trabajo, no me dejó ver qué era lo que realmente estaba sucediendo en las calles”. Emprendió viaje a su domicilio y en el camino pudo apreciar que sus familiares no le estaban exagerando y que la ciudad de a poco se estaba convirtiendo en “un río creciente”. Eso le impidió poder llegar a su casa, quedó a mitad de camino. Por eso decidió cambiar su rumbo y más sabiendo que sus padres estaban sufriendo el ingreso de agua a su vivienda, a la cual tampoco pudo llegar.

Créditos: Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)
Tomó un punto de encuentro con amigos, donde ahí aun el agua no estaba haciendo estragos. “Entre todos decidimos que continuar caminando sería la mejor opción, pero no sabíamos que en el camino nos íbamos a convertir en rescatistas”, destaca Nico. Ya la noche no era la misma; la ciudad estaba a oscuras e incomunicada; la red de celulares no tenía señal y Edelap (Empresa Distribuidora La Plata S.A.) había decido hacer un corte al servicio de luz. “Era realmente andar a ciegas y con la esperanza de encontrar a los suyos, de que la noche terminara”, menciona.
A sus 21 años, Nico se convirtió en la salvación de varios vecinos. Hoy, a la distancia, recuerda que en ese día lo que primó y se destacó fue la ayuda de los mismos platenses, mientras el Estado estuvo “ausente, antes y durante la inundación”.
El joven cruzó las calles con esfuerzo, ya que la correntada se hacía cada vez más fuerte, evitando o, más bien, sorteando la suerte de no caer en una trampa. El problema era que no sabía qué había debajo del agua. En ese camino a casa de sus abuelos ayudó a más de 20 vecinos, incluso mientras algunos se negaban a salir de sus casas. No querían dejar sus pertenencias porque en esa noche también estaba el fantasma de los saqueos.
Logró hacer más de 10 cuadras caminando y ahí llegó un poco de ayuda: los bomberos voluntarios de Quilmes habían llegado a dar su apoyo, con kayaks para hacer menos complicado el traslado de la gente. Nicolás pasó toda la noche ayudando y tratando de salvar a las personas más vulnerables, dándoles contención. “Traté de hacerles entender que quizás irse de sus casas en ese momento iba a ser lo mejor, que tenían que dejar esos recuerdos atrás”, concluye.
Para Sandra, otra vecina platense, el panorama no fue distinto, pero sí más desolador en su domicilio. “Ingresó casi un metro de agua”, recuerda. Ese día, al ser no laborable, se encontraba en casa con su hijo. “Ya, al siguiente, había que volver a la normalidad pero no sabía que ya no iba a ser todo como antes”, cuenta. La lluvia ya era insoportable y, de a poco, el agua había comenzado a ingresar por debajo de la puerta: “El desborde del Arroyo del Gato fue la consecuencia de que el agua no diera tregua y se haga cada vez más fuerte”.
Al irse la luz, llegadas las 22, el miedo en Sandra creció. “Las cosas flotaban, ya no había espacio más arriba para salvar los objetos”, menciona con la voz entrecortada. Con la llegada de la oscuridad, también venía la incertidumbre de qué hacer: quedarse sabiendo que el agua en vez de irse ingresaba cada vez más o tomar la decisión de abandonar su hogar sin saber con qué se iba a encontrar a la vuelta.
Sandra se decidió por la segunda y salió junto a su hijo. Antes de dejar la casa tuvo la lucidez de agarrar un palo que sirvió de ayuda. “Nos fuimos en busca de un lugar sin agua, donde el frío de la misma y la noche no me jugaran una mala pasada”, dice. Y así, a unas cuatro cuadras de su casa, arriba de un puente, pasaron la noche junto a otros vecinos que habían buscado resguardo ahí.

Créditos: Página 12
Felipe, otro habitante de la Ciudad de las Diagonales, describe: “Ese día me hizo mucho daño y dejó una marca en la memoria colectiva de todos los platenses”. No solo hubo pérdidas materiales en las casi 55.700 viviendas que se vieron afectadas (unos 600 millones de dólares en daños de bienes e inmuebles); lo más triste, según cuenta, fue que se llevó vidas humanas, se contabilizaron 89 fallecidos. “El número se redondeó para no declarar una catástrofe a la inundación. Cuestiones políticas que duelen y hacen el dolor de ese día más profundo”, remarca.
Salir al día siguiente a recorrer las calles no era una grata excursión. La ciudad estaba triste, en silencio y en la cabeza de los vecinos solo resonaba una cosa: cómo se sigue, cómo se comienza de nuevo. No sabían si estaban en su ciudad o en una película de zombis, en la que los autos se enciman.
Las marcas del agua en las paredes de las casas, un sinónimo de esa huella que iba a quedar en el recuerdo de sus dueños. Pero de lo rescatable dentro de tanta desolación y abandono de la parte municipal, queda la solidaridad de la gente: esa noche Felipe resguardó en su domicilio a más de 15 vecinos, que “se la pasaron tomando mates”. Aún en los momentos críticos, el argentino no abandona sus costumbres.
La pregunta que aún sigue resonando en la cabeza de los platenses, es qué paso esa noche. ¿Fue culpa de la naturaleza, ya que cayó una lluvia inusual? ¿Fue realmente eso o hubo responsabilidad humana? Lo que es seguro es que no había plan de contingencia. La gran mayoría de los fallecidos fue gente que había salido a la calle, sin saber qué hacer en esos casos.
El agua mató. Hasta hoy falta hacer muchas obras hidráulicas que eviten otra inundación. Se hizo el ensanchamiento en el Arroyo del Gato, los desagües de la cuenta del Arroyo Maldonado. Y todavía La Plata continúa sin un plan o, más bien, sin saber qué hacer ante un hecho de dicha magnitud.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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Algún distraído va caminando por Avenida Santa Fe al 1600, entre Rodríguez Peña y Montevideo y al levantar la vista se encuentra con el cartel con el nombre que se mantiene fijo, uno que pareciera desde siempre. Mirar hacia adentro es como dejarse caer por el agujero negro de “Alicia”. La galería no será el país de las maravillas, pero resiste como un refugio que contrasta con la velocidad y rutina diarias que se dan afuera, en la calle, en la realidad cotidiana. La esencia de la galería: murales, graffiti y paredes intervenidas.
Los turistas hacen videos de sus recorridos cuando visitan la Galería Bond Street y comentan en foros y la mencionan en el sitio Tripadvisor como un lugar esencial para visitar por quien viaje a la Ciudad de Buenos Aires. “Un clásico de la Ciudad”, “Un paseo curioso de ver y agradable para mentes abiertas”, “Realmente bonito, único en el mundo”, son solo algunas de las opiniones que dejan en el portal turístico dándole una puntuación de 4,0 y en el puesto 247 de cosas para hacer en Buenos Aires.
Joaquín Amat -personaje clave en esta historia- en su canal de YouTube “Canal Cero” donde publica los videos que se filmaron en la galería en la época en que ésta empezaba a nacer, dice: “Quisimos construir un arca de Noé oculta en lo más profundo de Buenos Aires”.
En el comienzo: “Y la luz se hizo sobre la galería”
La Galería Bond Street fue un proyecto del estudio de arquitectura Aslan y Ezcurra, quienes también fueron responsables por la remodelación de las viejas Galerías Bon Marché -hoy Galerías Pacifico- y el estadio de River Plate en el barrio de Núñez; además de otras galerías comerciales de la Ciudad de Buenos Aires y proyectos industriales en todo el país.
La constructora Lanusse estuvo a cargo de la obra sobre terrenos que pertenecían a dos familias: los Azulay y los Vaisberg. Ubicada en Avenida Santa Fe al 1670 tiene acceso doble: por la Avenida o por Rodríguez Peña, donde también está la entrada del edificio de departamentos.
Fue inaugurada en 1963. La idea original era que fuera una galería comercial, algo así como la prehistoria de un shopping, un estilo de paseo de compras que era muy popular en esa época. Otra particularidad es que fue la primera galería en la que se instalaron escaleras mecánicas.

Créditos: Claudio Larrea – Brando
A raíz de la compleja situación económica de los años 70, una de las familias propietarias decidió vender su parte, por lo que no renovó los alquileres que estaban activos, y así varios locales se vaciaron. Esa venta no prosperó y con el tiempo la galería fue quedando desierta.
Los 80: la movida de la Bond Street
La historia cuenta que fue Alfredo Rosso en 1985 el primero en abrir un local en la galería casi desierta y lo hizo con la disquería “Tabú”, que luego pasaría a llamarse “Fénix” y estuvo abierta hasta 1994. Rodeados de locales vacíos y apenas algunos de reparaciones de electrodomésticos y calzado; también la artista Liliana Aisenstein inauguró su galería en uno de los locales.
En 1989, Amat y Jorge Pistocchi llegaron a la galería con la intención de llevar a cabo un nuevo proyecto. El primero es arquitecto y pionero en video documental y experimental. En ese momento se encontraba al frente de la fábrica “Amat”, una empresa familiar a la que convirtió en una cooperativa en un intento de sortear los vaivenes de la economía de la época. El segundo, un personaje destacado en el ámbito musical y de contracultura. Fallecido en 2023, fue el fundador de la legendaria revista El Expreso Imaginario y Pan Caliente, entre otras.
Amat lo recuerda a su amigo de la siguiente manera: “A fines del 89, con Pistocchi descubrimos los subsuelos abandonados de la galería Bond Street. Un espacio único, mágico, cargado de historias, locales vacíos, vidrieras rotas, donde podíamos empezar una nueva movida”.
Amat entonces alquiló 14 locales en el subsuelo de la galería a un muy bajo costo, ya que la administración buscaba poblar y darle vida. Esos locales se fueron repartiendo entre amigos y conocidos para ponerlos en funcionamiento: el primero fue el músico Ricardo Iorio que abrió “El perro de hierro”, un local de compra y venta de instrumentos musicales. “Semilla” Bucciarelli, bajista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, abrió un local donde exponía sus pinturas. De a poco el espacio se fue llenando de arte, música y diseño. Esa primera movida le dio el pulso que aún se siente.
El libro de la buena memoria: los orígenes de la Bond Street
Nora Destéfano fue parte también de esa movida y la recuerda con cariño. Ahora es instructora de yoga y bailarina, y actualmente vive en Capilla del Monte; pero conoció a Pistocchi en el recordado “Centro Cósmico La Paternal”. A través de él conoció a Krisha Bogdan, actriz, bailarina y coreógrafa, quien además de ser pareja de Miguel Abuelo, venía de hacer performances en Europa.
Bogdan convocó a Destéfano para participar en “La Víspera”, un espectáculo de danza y performance con música de Los Redonditos de Ricota. Al recordarlo, Nora asegura que fue lo mejor que hizo en su vida. Y esa amistad la llevó a que en 2017 publicara su libro Los orígenes de la Bond Street donde relata esos primeros momentos de la galería como espacio alternativo entrelazados con ficción a través de las experiencias de sus personajes.
El libro cuenta la historia de tres chicas que visitan la galería y observan intentando comprender un entramado de hechos y protagonistas, y a quienes su curiosidad lleva a cuestionar muchas cosas.
Además aparecen allí, como telón de fondo, hechos políticos, de corrupción y negociados que tuvieron lugar en la Argentina de finales de los 80 hasta 2016 en una forma de viaje en el tiempo, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Como dice la canción “El tiempo no para” de Bersuit Vergarabat: “Yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para”.
Sobre cómo era el día a día en la galería en esa época, Destéfano cuenta que ella trabajaba durante la mañana y por las tardes atendía en un local que funcionaba como galería de arte en el que se exhibían esculturas. A pesar de ser esa su función principal también ayudaba con lo que pudiera surgir. “Hasta comprar cinta scotch”, agrega con sonrisa.

Créditos: Usuario de Tripadvisor
Los registros en YouTube: el archivo casi laberíntico de Amat
Durante esa etapa de renovación de la galería y apertura de los locales, había cámaras filmadoras que iban pasando de mano en mano, según comparte Amat en su canal. La idea era que todos pudieran registrar lo que sucedía con su propia visión. Esos videos estuvieron guardados durante muchos años, hasta que Amat los digitalizó y subió a YouTube.
En ellos se puede ver a todos los participantes de esa movida: los que atendían sus locales, los visitantes y los shows de bandas que se organizaban en los pasillos. La galería se veía un poco distinta, casi en estado embrionario a lo que es hoy.
Si bien ese proyecto original de crear una comunidad artística autosustentable no prosperó a largo plazo, la galería se estableció como un espacio de resistencia alternativo en la ciudad. Algo de ese espíritu quedó y el lugar pasó a ser un refugio, un lugar de encuentro para jóvenes y distintas tribus urbanas.
Existe una cuenta Archivo General de la Bond, que hoy tiene más de 29.000 seguidores, que sube fotos y videos de chicas y chicos que se reunían en la galería y en la plaza del Palacio Pizzurno, entre 2007 y 2008 principalmente. Lo que se destaca es que la mayoría de los que visitaban el lugar eran de las tribus urbanas “emo” o “darks”.
La nostalgia del recuerdo
Hoy se puede ver a “La Bond” más grafiteada que nunca con locales de tatuajes y piercings, ropa y algunos sobrevivientes que llevan décadas. Entre ellos, la librería “El Rayo Rojo” desde 1991, un local muy especial donde se pueden encontrar libros de arte, ocultismo, fotografía, y ediciones especiales de clásicos, entre otras cosas.
También se encuentra la zapatería “Koturno” que se mantiene y, recientemente, cumplió 30 años con sus diseños especiales de calzado de plataforma alta que se fabrican en el país. A pesar del contexto actual, no hay locales vacíos.

Créditos: Claudio Larrea – Archivo / La Nación
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Un chico camina rápido con sus amigos, se lo ve incómodo, y les dice que “se quiere ir”. “Este lugar es un asco”, insiste. Una chica lo oye y en voz baja dice al aire: “Sí, andate. Este lugar no es para vos”.
En uno de los grupos de Facebook dedicados a la galería alguien pregunta: “¿A quién veo el sábado en La Bond?”. Tal vez, ese alguien se encuentre con algún otro alguien medio perdido que anda buscando su arca de Noé en plena Ciudad de Buenos Aires.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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