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Diego Golombek: “A este gobierno no le importa nada la ciencia”

El biólogo y divulgador científico analiza la situación de la ciencia en Argentina, explica por qué el sueño sigue siendo un desafío cotidiano y reflexiona sobre inteligencia artificial.

Con 60 años, Diego Golombek se consolidó como una de las voces más reconocidas de la divulgación científica en Argentina. Biólogo, investigador del CONICET y autor de numerosos libros, combina el conocimiento científico con un estilo claro, cercano y atravesado por el humor. Su objetivo es simple pero ambicioso: demostrar que la ciencia no es un mundo aparte, sino una forma de entender y disfrutar lo cotidiano. 

—¿Cómo ves la ciencia en Argentina hoy en día?
Muy difícil, por dos problemas. Uno es el de los salarios. Estamos en una crisis enorme, con sueldos muy bajos para científicos del CONICET o universidades nacionales. El financiamiento está casi desaparecido y sin plata no se puede hacer ciencia. Pero el más grave es el ideológico. Hoy tenemos un gobierno que no valora la investigación científica y parte de la población comparte ese discurso. Recuperarnos de esta crisis ideológica de la ciencia va a costar años, décadas.

—Y con tantas fake news, ¿cómo puede la ciencia no perder la confianza del público?
-Es difícil. Las encuestas de percepción de la ciencia muestran que la gente cree en los científicos y en el método que utilizan. En Argentina hace bastante tiempo que no se hacen, porque bueno, a este gobierno no le importa nada la ciencia. Las fake news son fáciles, atractivas, viajan más rápido que las noticias verdaderas. Y nosotros reaccionamos tarde. El que primero siembra la duda ya generó el daño. 

—Decís que la ciencia no se queda en el laboratorio, sino que está en la vida cotidiana. ¿Cómo lo verías en el fútbol?

-La ciencia es una forma de mirar el mundo: racional, experimental, curiosa y también lúdica. Eso no es privativo de los científicos, debería ser de todos. Por eso me interesa llevar esa mirada a lo cotidiano: la cocina, la música, el fútbol. En el fútbol hay física, neurociencia, psicología, hasta ciencia de los materiales. Por ejemplo, cómo pegarle a la pelota para que haga la comba de un gol olímpico. Hoy incluso muchos equipos tienen asesores en neurociencia o psicología para mejorar el rendimiento y acompañar a los jugadores.

—Uno de tus temas fuertes es el sueño. ¿Por qué creés que nos cuesta tanto darle el lugar que merece?
-Mucho de lo que sabemos sobre el sueño es reciente. Está entrando en el mainstream la idea de que parte del bienestar es dormir bien. Antes se pensaba lo contrario: cuanto menos durmieras, más productivo ibas a ser. Hoy sabemos que es al revés. Pero hemos naturalizado robarle horas a la noche. Las consecuencias de la falta de sueño crónica son enormes: mal humor, menor productividad, más accidentes. No es natural estar cansados de día, lo natural es dormir, despertarte fenómeno, tirar todo el día y después dormir de nuevo.

—¿Qué consejo sobre el sueño te parece más urgente?
-Escuchar un poco a tu reloj biológico y saber cuándo tenés que estar activo. Ponerte mucho a la luz de día, hacer ejercicio de día, tener oscuridad de noche, no llevar pantallas a la cama, cenar más liviano, obviamente dormir la cantidad de horas que se recomienda y en el horario que se recomienda. 

—En base a esa pelea contra el reloj biológico de la que hablás, ¿creés que deberíamos repensar cosas tan básicas como los horarios escolares o laborales?
-Sin duda. Uno puede preguntarse qué hora es y hay tres respuestas posibles: la hora del sol, la hora de tu reloj biológico y la hora de la sociedad, la que ves en un reloj. Idealmente esos tres horarios tendrían que estar sincronizados, pero no lo están. Particularmente, el horario social no respeta muchas veces lo que es el horario biológico o geográfico. Dos ejemplos claros: los horarios escolares, sobre todo en secundaria, cuando el reloj biológico de los adolescentes está retrasado, apunta hacia más tarde, pero el colegio empieza a las siete de la mañana y los chicos están dormidos. Tienen razón.

—¿Qué impacto pensás que tiene la inteligencia artificial en la ciencia?
-Lo que preocupa es que ni los expertos saben bien hacia dónde va. Dicho eso, es una herramienta extraordinaria para manejar grandes bases de datos y acelerar el conocimiento. El asunto es usarla como herramienta, no dejar que tome las riendas. Puede ayudarnos a avanzar mucho más rápido, por ejemplo en la búsqueda de curas para enfermedades.—¿Y de acá a diez años creés que puede reemplazar a los científicos?
-No, creo que va a potenciarlos. La tarea de quienes investigan es hacer las preguntas adecuadas, incluso algún disparate que la IA no va a plantear. Eso no es reemplazable. Sí es potenciable, y estamos empezando a vivir esa etapa.

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