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CULTURA

Sellos discográficos independientes: ¿el nuevo mainstream argentino?

Cómo las plataformas digitales para escuchar y/o descargar música de manera casi gratuita transformaron el consumo musical, al mismo tiempo que condicionaron la popularidad y las regalías de los artistas. 

Bohemian Groove: el sello discográfico de Dillom y la RipGang. Créditos: Nacho Chinchilla
Bohemian Groove: el sello discográfico de Dillom y la RipGang. Créditos: Nacho Chinchilla

Los sellos independientes existen desde hace más de medio siglo y, en muchas ocasiones, contaron con catálogos que marcaron la historia de la música. Allí nacieron discos que hoy se siguen escuchando, como son los de las bandas de Attaque 77, Memphis La Blusera, Fun People o Boom Boom Kid, entre otros, en nuestro país. 

El avance de la tecnología y las redes sociales jugaron un papel clave en el crecimiento de cualquier artista, sea indie o no, y en el contacto con su comunidad. Pero aun así, la estructura de poder no cambió tanto. Los algoritmos, la inversión publicitaria y la posibilidad de establecer una agenda siguen estando en manos de las majors (grandes sellos discográficos a nivel global).

Un sello discográfico es una empresa que graba, promociona y distribuye música. Firmar con una multinacional como Sony, Universal o Warner siempre se asoció a visibilidad y masividad, pero también a ciertas limitaciones -como fue el conflicto que tuvo Michael Jackson en los 2000 con la primera-. Por tanto, desde mediados del siglo XX los sellos independientes funcionan como refugios de contracultura, espacios en donde las ideas que no encajan en el canon industrial pueden tomar forma. 

En Argentina, la industria discográfica nació a partir de que National Odeon (Alemania) abriera su fábrica en 1920 y Victor Talking Machine Company (Estados Unidos) en 1924 convirtieran a Buenos Aires en un polo regional. Artistas de Uruguay, Paraguay y Chile viajaban exclusivamente para grabar. En los años 20, estos sellos instalaron un modelo vertical que consistió en contar con estudio propio, y fabricar y distribuir el material de los artistas que, en su mayoría, hacían tango. Este modelo definió el negocio durante décadas.

La explosión de los sellos alternativos llegó pocos años después. Tal es el caso de Trova que en 1965 le dio lugar a músicos que las multinacionales dejaban de lado. De allí surgieron Ástor Piazzolla y Lito Nebbia. Luego, en 1968, Jorge Álvarez fundó Mandioca. Su lema era “Libertad de creación sin límites” y esta discográfica grabó a Vox Dei y Manal en una época en la que cantar rock en castellano era considerado una excentricidad. Luego apareció Umbral (1980) que registró a V8 y Los Violadores cuando ninguna compañía quería quedar asociada al punk, ya que se lo consideraba “problemático”.

Flyer anunciando un recital de Hermética, banda que formó parte del sello independiente Radio Trípoli.

Sin embargo, en un presente guiado por plataformas digitales, algoritmos y grabaciones caseras, la lógica pareciera que cambió. En la actualidad, ¿sigue siendo necesaria la firma de una major para construir una carrera exitosa o está emergiendo un nuevo tipo de mainstream desde lo indie?

Autogestión, crisis y digitalización

Según datos del estudio de 2025 de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), el mercado global se contrajo en la década de los 90 y los 2000, y las majors derivaron sus inversiones hacia lo más rentable: la distribución. La consecuencia fue un recorte de catálogos, una homogeneización sonora y un desinterés casi total por nichos o géneros que no prometieran crecer a gran escala.

Así es como apareció una nueva generación de sellos indie. La escena se apoyó en clubes como el mítico “Cemento” de Oscar Chabán, que a su vez fue dueño de “Cromañón”; al mismo tiempo que la tecnología también ayudó a impulsar distintos proyectos: la música era difundida en redes sociales como MySpace y la estética lo-fi convirtió la limitación tecnológica en una estética. 

Cassette del disco “Dulce Navidad” de Attaque 77, editado por el sello independiente Radio Trípoli Discos en 1989.

A principios de los 2000 surgieron los sellos digitales Netlabels y Ventolín Records, que ofrecían discos gratuitos online antes de que encontrar música de esa forma fuera algo común. Marcos Zurita, uno de los fundadores de Ventolín, dijo que el sello surgió con el espíritu de “uno hace canciones para que las escuche el otro y ya”. 

“No hace falta manager ni que te pongan cinco estrellitas en ningún lado ni nada (…). Y entonces teníamos amigos que por ahí gastaban cinco lucas en editar un disco y después estaban con el disquito de acá para allá, sin saber qué hacer”, cita Zurita en el trabajo de investigación “Sellos discográficos independientes y nuevas tecnologías en la crisis de la industria de la música” del sociólogo Diego Vecino.

Rápidamente, la computadora se transformó en el nuevo estudio. Esto permitió que artistas que no contaban con un gran presupuesto pudieran experimentar y distribuir su música en plataformas como Bandcamp, que se fundó en 2008 y sigue siendo elegida por muchos.

Hernán Montenegro, integrante de la banda hardcore indie Las cosas que perdimos en el fuego, que homenajea a la escritora Mariana Enríquez, expresa: “Cada vez salen más proyectos pero al mismo tiempo es imposible para una banda crecer por su propia cuenta. Se cobran entradas muy baratas”. “Si la banda graba y ensaya es porque los integrantes ponemos plata de nuestro trabajo para que eso suceda. A veces tocar significa perder dinero”, lamenta el músico marplatense.

 

Por su parte, Santiago Juan Segura, periodista y autor de “Pozo Guerrillero Irascible”, la biografía de la banda Don Cornelio y la Zona, opina algo muy similar: “Ventajas de un sello independiente creo que no hay ninguna. En general es poner mucho de vos y recibir poco, tengo esa triste sensación. Me parece que en general se va a pérdida”.

El caso de Bohemian Groove

En los últimos años, sellos indie como Bohemian Groove, creado por Dylan León Masa, más conocido como Dillom, irrumpieron con catálogos híbridos: artistas que ya contaban con millones de reproducciones en Youtube junto a proyectos pequeños como Nenagenix. Todo comenzó cuando el propio Dillom rechazó un contrato de una major, según contó en entrevista con la periodista Romina Zanellato: “Lo que detecté al conocer a artistas y colegas que tenían más experiencia y tenían contratos con majors, y lo primero que me generó rechazo fue la limitación de las decisiones artísticas por sobre el proyecto”.

En “Bohemian Groove Skit”, la parodia incluida en Post Mortem, el álbum debut de Dillom, una voz digna de villano de Disney reza: “Bohemian Groove es tu lugar en el mundo. El sello discográfico donde tus artistas favoritos consiguieron el estrellato tan solo dejando el 99% de sus regalías y la titularidad de sus masters, ¡por tan solo 200 años después de muerto!”.

¿Un nuevo mainstream?

El sábado 29 de noviembre de 2025, en el espacio cultural “Otra Historia” tocaron Coramina, Ornamento, Nácar y Parásito Paraíso. El lugar es chico, cada tanto estallaba un pitido ensordecedor del micrófono y Coty Luquez, la cantante de la primera banda, le pidió, entre risas, al sonidista que lo solucionara. En el público habría unas 50 personas, ninguna mayor de 30

Cuando terminó el show, todos se dispersaron hacia el fondo del bar para jugar al metegol, tomar vino y sacar fotos con cámaras analógicas. Se habló de bandas que hace años hicieron algo parecido -a lo que Rosalía propuso en “Lux”, pero sin recibir el mismo reconocimiento-, y se recomendaron artistas que recién empiezan y tienen apenas un single subido, como Coramina. 

En el ambiente se sentía el hambre voraz de descubrir música nueva. Montenegro nota una diferencia entre el público joven de hace unas décadas y el de ahora: “Siento que no les importa mucho si es mainstream o independiente. Un día van a un estadio y al otro a un show para mil personas”. 

Lo que sí veo es que buscan una representación en la persona. Que se vea como ellos y sienta como ellos. Sino, les falta algo para comprometerse. Yo era fanático de bandas sin conocer a sus integrantes, sin saber qué comían, qué hacían; pero, sin embargo, era fan”, agrega.

Hablar de un “nuevo mainstream independiente” implica repensar qué significa el mainstream hoy. El líder de la banda que homenajea a la escritora argentina cuenta cómo se vive desde adentro: “El mainstream monopolizó el consumo de la gente. Las redes sociales encerraron a las personas en el algoritmo y hay mucho dinero involucrado para que la gente conozca a un puñado de bandas”.

Segura también reflexiona sobre el futuro de los sellos independientes: “Es tal vez el peor momento del mundo para meterse en un emprendimiento así, pero de los momentos malos se sale con creatividad y arte también”. “Y los argentinos somos creativos porque no nos queda otra, cada diez años tenemos una crisis que hace volar todo por los aires”, concluye.


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

Además en ETER DIGITAL:

La energía que se vuelve música: entrevista a Martina Merlino

María Zamtlejfer: “Siento que mucha gente consume la música más por la imagen del artista” 

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