DEPORTES
Virtudes y debilidades de los japoneses
El seleccionado evolucionó en su juego y aspira a llegar lejos en la Copa del Mundo. Con un juego agresivo se posiciona como uno de los equipos a tener en cuenta.
Por Facundo Rodríguez
Los japoneses mejoraron bastante.
Japón llega al Mundial como una de las Selecciones que más ha evolucionado en su forma de jugar en los últimos años. Bajo la conducción de Hajime Moriyasu, el equipo dejó atrás su identidad tradicional basada en el contraataque, para transformarse en un conjunto capaz de asumir el protagonismo a través de la posesión y la presión alta. Esta evolución no solo se refleja en los resultados, sino también en una idea de juego mucho más ambiciosa y moderna.
La Selección Japonesa suele alternar entre un sistema 3-4-2-1 y un 4-3-3 flexible, lo que le permite adaptarse a distintos contextos de partido. Más allá de la pizarra, el rasgo principal del equipo es la recuperación agresiva tras la pérdida de la pelota, acompañada por ataques verticales que buscan aprovechar los espacios antes de que el rival logre reagruparse. La presión alta y coordinada es una de sus principales armas, ya que le permite recuperar el balón en campo contrario y generar situaciones de peligro con pocos pases.
El funcionamiento colectivo se apoya en futbolistas clave que marcan la diferencia. Takefusa Kubo se destaca como el principal generador de juego, con capacidad para moverse entre líneas y romper defensas con su creatividad. Kaoru Mitoma aporta desequilibrio constante por la banda izquierda, gracias a su habilidad en el uno contra uno. En la mitad de la cancha Wataru Endo cumple un rol fundamental siendo el equilibrio defensivo y líder del equipo, mientras que Takumi Minamino se encarga de interpretar los espacios y conectar las jugadas ofensivas.
En su actualidad, Japón llega con buenas sensaciones tras sus últimos amistosos internacionales, en los que consiguió victorias por 1-0 frente a Inglaterra y Escocia. El cambio más significativo se observa desde la Copa Mundial de 2022, donde el equipo comenzó a mostrar una mayor capacidad para competir de igual a igual frente a Selecciones de mayor jerarquía, pasando de una postura defensiva a una más dominante.
Entre sus principales fortalezas se destacan la disciplina táctica, la intensidad en la presión y la velocidad en las transiciones de defensa a ataque. Además, cuenta con un plantel profundo, con variantes desde el banco que pueden sostener el nivel del equipo. Sin embargo, también presenta algunas debilidades: puede sufrir en el juego aéreo defensivo ante rivales físicamente fuertes y, en ciertos partidos, le cuesta generar peligro cuando enfrenta equipos que se repliegan y le ceden la posesión.
En su funcionamiento dentro del campo, Japón muestra patrones bien definidos. En la presión en salida, mueve al rival hacia las bandas para encerrarlo mediante el conjunto de extremos y carrileros. En ataque, busca generar superioridad numérica en los costados mediante triangulaciones, lo que le permite progresar y finalizar las jugadas con centros al área, donde suelen llegar los mediocampistas desde segunda línea. El equipo se caracteriza por una presión colectiva constante, reduciendo espacios y dificultando la circulación del rival.
Japón se presenta como un equipo sólido y dinámico. Su crecimiento táctico lo posiciona como un rival competitivo y difícil para cualquier selección. Si logra corregir sus debilidades, especialmente en el juego aéreo y en los ataques ante defensas cerradas, tiene herramientas para desempeñar un papel destacado en el Mundial.