ENTREVISTAS
Federico Agnolín: “No somos solo un país proveedor de materias primas, también construimos ciencia”
Lideró la “Expedición Cretácica I”, en la que se encontró un huevo fósil de dinosaurio carnívoro en excelente estado de conservación, entre otros restos fósiles de más de 70 millones de años.
Lo que empezó como una idea casi improvisada en la Patagonia se convirtió en un fenómeno de alcance masivo. Luego de la exitosa transmisión en streaming del cañón submarino Mar del Plata en el Atlántico Sur; en octubre de 2025, a Federico Agnolín le tocó liderar la primera transmisión en vivo de una excavación paleontológica en Argentina realizada en General Roca, provincia de Río Negro.
De esta investigación, en la tarde del 7 de octubre de 2025, protagonizó un momento histórico que unió la ciencia y la emoción de los espectadores. En vivo y con el equipo del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (LACEV) del Museo Argentino de Ciencias Naturales levantó de la arena un objeto ovalado: un huevo de dinosaurio perfectamente conservado durante más de 70 millones de años.
Angolín es paleontólogo, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, autor del libro “Enciclopedia de los dinosaurios argentinos”; y hoy habla sobre financiamiento, visibilidad y lo que el público realmente quiere ver.

–¿Cuál dirías que es hoy el mayor desafío de un paleontólogo en Argentina?
–Tenemos dos grandes desafíos: el financiamiento y hacernos escuchar en el mundo. El primero siempre es el primer obstáculo. Aunque la paleontología es una ciencia relativamente barata que no requiere de maquinaria compleja, las campañas implican viajes a lugares remotos y eso tiene un costo alto.
El segundo es histórico y también tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Nos ha pasado muchas veces de refutar hipótesis elaboradas desde el hemisferio norte y que no se nos tome en cuenta, o que se apropien de la idea sin citarnos. Pero a la vez sucede que, entre colegas, tampoco nos citamos como debiéramos. En el fondo, los dos desafíos se vinculan: la visibilidad le da crédito a la ciencia que hacemos.

–¿Qué implicó armar una expedición como esta, en medio de la Patagonia y con la presión de transmitirla en vivo?
–Fue realmente delirante. Nuestro equipo se había dividido en dos y nos habíamos quedado sin materiales para la campaña. El hecho de que se hiciera viral nos permitió conseguir no solo el dinero sino también todo el equipamiento: carpas y materiales necesarios gracias a las empresas que donaron los materiales.
–¿Cómo se viralizó?
–Una integrante del equipo, Julia D’Angelo, le comentó la idea a una influencer que había visitado el laboratorio. Cuando la influencer lo mencionó al aire, se viralizó de manera inmediata y ya no hubo manera de frenarlo. Fue un error virtuoso, porque si no, no sé si hubiéramos podido hacerlo.
–¿De dónde surgió la idea de hacer streaming?
–Nosotros venimos de una línea de paleontólogos que hacen divulgación, algo poco usual. Apostamos cada vez más a llegar a la gente y sabíamos que había que aprovechar las redes para hacerlo. Comenzamos con nuestros propios streams y, de a poco, fuimos construyendo una comunidad.
Cuando vimos la campaña del Falkor entendimos algo: una cámara enfocando el fondo del mar logró que la gente se interesara. Nos preguntamos por qué no podía pasar lo mismo en un desierto de la Patagonia.
–¿Hubo resistencia dentro del equipo para transmitir en vivo, sabiendo lo que pueden generar las redes?
–Sí, principalmente de los técnicos. Cuando estás extrayendo material podés partir un hueso al medio, incluso destruir algo sin recuperación posible. Esa exposición los preocupaba, pero es algo que pasa frecuentemente en la paleontología.
Personalmente, tampoco disfrutaba de la idea demasiado: cuando uno va al campo entra en otra dinámica, quiere buscar dinosaurios, no estar frente a una cámara. Pero, la demanda del público pesó más: decenas de miles de personas querían que lo hiciéramos por lo que asumimos la responsabilidad y lo hicimos. Tenemos una filosofía en el laboratorio: lo que hacemos tiene que intentar llegar a la gente.
–Cuando encontraron el huevo, ¿sintieron alivio? ¿Notaron si cargaban con la presión de demostrarle al público no científico que su trabajo vale?
–No exactamente. El lugar donde excavamos está lleno de huevos de otras especies ya conocidas, con muy bajo interés científico. El que mostramos en el stream sí tiene un gran interés: es de un dinosaurio carnívoro y posiblemente tenga embriones adentro; y por eso a alguien del equipo se le ocurrió mostrarlo al público.
No contábamos con el impacto que podía generar, pero, independientemente de su importancia científica, el hallazgo para el público fue algo maravilloso.
–¿Qué fue lo mejor y lo más difícil de que la ciencia llegara al público masivo?
–Lo más difícil fue la logística: cargar lo que equivale a un estudio de televisión en la espalda durante kilómetros, armarlo, excavar todo el día, desarmarlo y moverlo a otra locación solo para regresar al campamento a cocinar, escribir las notas de campo y atender a los medios. El esfuerzo físico fue muy grande.
Pero, lo más revelador, fue que los momentos donde más gente se conectaba era en los silencios: cuando no había relator y solo se escuchaban los picos, las palas, algún comentario suelto. La gente no quería el relato constante sino mirar tranquila y saber que en algún momento podía pasar algo. Eso no lo esperábamos.
–¿Qué esperaban conseguir con el streaming y sienten que lo lograron?
–Más divulgación, concientización, no solo sobre la paleontología sino del pensamiento científico en general. Que se conozca cómo se elabora la ciencia y cómo razonar científicamente. Dejar atrás la idea de que un paleontólogo es una especie de Indiana Jones que llega con un látigo y encuentra un dinosaurio.
Y, por otro lado, mostrar soberanía científica. Que, desde Argentina, existen buenos científicos que tienen voz y voto. No somos solo un país proveedor de materias primas, también construimos ciencia.
–¿Volverían a hacer algo así? ¿Notaron un antes y un después?
–Hay muchas ganas, pero hay dos factores que frenan. Uno es el esfuerzo físico: fue agotador y es difícil de sostener. El otro es la complejidad burocrática. Hubo momentos muy pesados que casi me llevan al burnout. Si se repite tiene que ser una decisión de todo el equipo y en otras condiciones.
Sobre el después: sí, lo notamos. El Falkor ya había cambiado la percepción social del CONICET; y nuestro stream se sumó a esa oleada. La visibilidad es la única herramienta que realmente cambia las cosas. Esperamos que cuando salgamos a reclamar la gente nos escuche, no importa el color político.
–¿Cómo fue la cobertura de los medios tradicionales comparada con la de las redes?
–Creo que llegan a públicos distintos. Hay algo interesante que decía (Martín) Caparrós: “En el momento de mayor tirada, los diarios representaban menos del 1% de la población”. Nunca fueron tan masivos como uno imagina. Hoy probablemente sea lo mismo. Los medios grandes nos cubrieron y eso tuvo su valor, pero el volumen real vino de las redes.
–¿Cuál dirías que será mañana el mayor desafío de los paleontólogos argentinos?
–Creo que siguen siendo los mismos de hoy. Pero hay algo en lo que vale la pena prestar atención: las redes no son lo único. La gente está buscando algo genuino, algo más tranquilo.
Un investigador puede convocar a miles de personas hablando de cómo el ARN codifica proteínas en un canal de streaming y nosotros lo vimos en el campo también. Los momentos de silencio eran los que más audiencia convocaban.
Lo mismo pasa con los chicos que conozco en el museo: al momento de elegir lo que les gusta no eligen la imagen en IA llamativa, eligen al dinosaurio de cuello largo pacífico bien dibujado, eligen crear sus propios libros de sapos. Hay que prestar más atención a eso.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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