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20 años después, el agua sigue siendo el camino

Nadia Báez está con la mirada puesta en ganar la medalla de oro en los próximos Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. A sus 37 años aún entrena como nadadora de alto rendimiento, y ya trabaja en Psicología del Deporte junto a atletas paralímpicos.

Créditos: Tyc Sports
Créditos: Tyc Sports

Mientras muchas de sus rivales recién comienzan a construir su carrera deportiva, Nadia Báez, la nadadora morenense, continúa entrenando con la misma dedicación que la llevó a convertirse en una de las referentes de la natación adaptada del país. Hoy comparte la pileta con nadadoras de 14 y 15 años, una diferencia generacional que refleja la vigencia de una deportista con más de dos décadas de trayectoria en el alto rendimiento. 

Con la mirada puesta en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, que podrían marcar el tramo final de su carrera, sigue defendiendo los colores de la Argentina con el mismo compromiso que la acompañó desde sus primeros años en la competencia.

Su historia con el deporte está atravesada por un desafío que comenzó mucho antes de llegar a una pileta. A los ocho meses le diagnosticaron un retinoblastoma bilateral, un tipo de cáncer ocular, y a los 14 años perdió completamente la visión. Lejos de convertirse en un límite, esa realidad pasó a ser parte de un recorrido que encontró en el deporte una herramienta para crecer y desarrollarse. 

Entre 2003 y 2004 comenzó a competir a nivel nacional y, en 2006, dio el salto a la élite deportiva al ser convocada a la Selección Argentina. Desde entonces representó al país en Juegos Paralímpicos, Mundiales y otras competencias internacionales.

Las respuestas de Báez llegaron a través de audios de WhatsApp, acompañados por el ruido ambiente de una jornada que seguía su curso. Lejos de responder con frases breves, se tomó el tiempo para reflexionar sobre una carrera construida con esfuerzo y perseverancia. 

Al recordar una de las etapas más desafiantes de su vida -cuando compitió embarazada y al mismo tiempo finalizaba la carrera de Psicología-, reconoce el apoyo de su familia y de su entrenador como pilares fundamentales. En su caso, ese acompañamiento también es parte de la competencia: en cada prueba, su entrenador permanece en el extremo de la pileta con un bastón de toque y, mediante un leve contacto, le indica que la pared está a centímetros. “Que la gente me diga que no, me ayuda a seguir adelante, seguir insistiendo y seguir haciendo cosas”, reflexiona.

Créditos: Argentina.gob.ar

Después de más de 20 años en el alto rendimiento, asegura que el entrenamiento va mucho más allá de la preparación física. Como deportista y psicóloga considera que la fortaleza mental es “una herramienta indispensable” para afrontar la presión, la frustración y las exigencias del deporte de alto rendimiento. “Las competencias importantes son uno o dos días al año. Lo difícil es sostener días, semanas, meses y hasta años de entrenamiento para una única competencia”, explica. Además, mantener los objetivos claros y contar con una red de apoyo resulta tan importante como el trabajo dentro de la pileta.

Sin embargo, el camino no siempre es sencillo. En su caso hubo momentos en los que pensó en dejar la natación, ya sea por las dificultades propias del alto rendimiento, por situaciones que consideró injustas o por el desgaste acumulado después de tantos años de competencia. Aun así encontró motivos para seguir. “Siempre estuvo el sueño de poder tener un buen resultado, de terminar haciendo lo que me gusta, cumplir objetivos y demostrarle al otro que sí se puede”, expresa. Esa convicción es la que hoy la mantiene entrenando y proyectando nuevos desafíos. 

Entre sus principales logros se encuentra la medalla de bronce obtenida en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. A pesar de eso, todavía siente que le queda un objetivo por cumplir: “No tengo un oro mundial. Es algo que me gustaría”.  

Pensar en el retiro no significa alejarse del deporte, comparte. Si bien todavía continúa enfocada en los desafíos que tiene por delante, ya trabaja en Psicología del Deporte junto a atletas paralímpicos y le gustaría seguir acompañándolos desde ese lugar. Más que ser recordada por los resultados, aspira a que su recorrido haya servido para abrirles el camino a quienes vienen detrás. “Me gustaría haber sido útil para algo y dejarles a los demás algo que no pudimos tener nosotros”, concluye Báez.

El recorrido de la nadadora transcurre entonces entre el esfuerzo individual y una vocación colectiva que no se detiene en la pileta. Entre el entrenamiento, la resistencia y la palabra, transita un presente que todavía no se cierra del todo, pero que ya empieza a proyectarse más allá del agua.


*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.

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