La periodista, locutora y reconocida panelista de Los Ángeles de la Mañana reflexiona sobre medios y actualidad.
Ni Google conoce la edad de Andrea Taboada, pero cientos de resultados aparecen en el buscador de sus primicias e información periodística- desde que el conductor Santiago Del Moro será papá por tercera vez hasta el viaje secreto a Dubai de la ex de Diego Maradona, Rocío Oliva. La periodista no es como cualquier otra de Argentina: es picante, segura y todo terreno. No solo es experta en espectáculos sino que busca desafiarse todos los días. Actualmente es panelista de Los Ángeles de la Mañana (lunes a viernes por eltrece) y en Hoy nos toca (Canal de la Ciudad).
¿Tenés algún ritual antes de salir al aire?
Más allá de la ropa y maquillaje, estoy permanentemente chequeando información porque siempre sucede un último momento o falta algún dato, esa es la rutina. Siempre voy por un largo pasillo para llegar al estudio de LAM, que está bastante lejos, y al final hay una virgencita en una vitrina. Una vez ví a un productor tocándola antes de entrar al aire y ahora todos los días hago lo mismo.
¿Qué te genera haber creado un meme como lo es “LAAAM” y su impacto en redes?
No lo puedo creer porque todo fue muy casual. En realidad, antes había un productor en el programa que pinchaba un audio nuestro para que no nos robaran la información. “Los Ángeles de la Mañana”, decía bajito, hasta que un día me pidió que lo grabara otra vez. Después de repetirlo varias veces, medio cansada, quedó un tape con “LAM, LAM” y al aire Ángel de Brito me preguntó cómo era. Hice el gesto con la mano naturalmente, ni sé por qué, y se volvió viral. Veo a la gente en TikTok que lo hace y es muy gracioso.
¿Cómo manejas los comentarios negativos en redes sociales?
En Instagram hay gente que te adora y otra te defenestra. Si soy sincera, al principio me ponía mal. Sólo los bloqueo cuando me dicen: “ojalá te mueras”. Es una red abierta y trabajo en un medio de comunicación, entonces tiene derecho la otra persona a opinar. Algunos me agreden y cuando les contesto me dicen que no me ofenda y cambian la actitud.
¿Cómo es con las fuentes y la información?
Si no lo tengo bien chequeado no lo cuento. Puedo llegar a decir que “habría un rumor”. Siempre preservo la fuente si me dicen “no me nombres”. Es básico porque la credibilidad es mi capital y si no lo cuido, mi tarea no sirve.
¿Qué tipo de casos periodísticos te generan más interés?
Me gusta mucho investigar y me interesa cuando los temas del espectáculo se mezclan con lo policial. Por ejemplo, el caso del hijo de uno de Los Nocheros que abusó de una chica y ahora está en juicio. Pudimos tener en LAM a la mamá de la menor con su abogado. Fue muy satisfactorio dar a conocer el hecho porque en Salta nadie se quería meter con la banda.
¿Cómo ves al país en 2023?
No sé cómo lo voy a ver mañana. Estamos pasando un momento muy complicado, más allá de la pandemia, con un gobierno difícil y bastante quieto. Me preocupa porque nadie sabe si podremos comprar en el supermercado. Vamos a tener que pelearla mucho para estar bien. Este país es psíquico. Espero que en el 2023 todos podamos comprar en el supermercado.
¿Cómo ves a Andrea en el futuro?
No tengo techo, para mí todos los días es un desafío. No es una postura. Lo pienso de verdad. Porque hay veces que me puedo lucir más y otras que me equivoco. Me gustaría seguir en esta profesión y seguir generando información. Me encanta lo que estoy haciendo y compartir, porque siempre el otro te va a aportar algo. Hay que mirar, observar, ser esponjas.
Su vida está marcada por una transformación constante. Es feminista y educadora. Reconocida en Latinoamérica por su activismo. Nació en Pozo del Molle, un pequeño pueblo de Córdoba, en una familia de clase trabajadora y en un contexto de mucho sacrificio. Es la segunda de ocho hermanos, por lo que desde muy chica aprendió a cuidar. No tuvo otra opción.
Ruth Zurbriggen comenzó a cambiar su historia cuando se fue a trabajar a las escuelas salesianas de Villa Regina, Río Negro. Ese fue su único paso por la educación privada. Ante la noticia de su embarazo y la decisión de afrontarlo sola, se mudó a Neuquén y ahí se abrazó con la educación pública, un camino que le abrió un abanico de posibilidades. “Desde que ingresé a trabajar en la educación pública sentí que era ahí donde quería estar”, comparte.
-¿Qué recuerdos tenés de tu infancia en Córdoba?
-Era una persona muy obediente, ayudaba mucho a mi madre, me ocupaba de las tareas de la casa. Ella trabajaba como empleada doméstica y mi padre era obrero en una fábrica, y tenía algunos períodos sin trabajo. Recuerdo una infancia de mucho sacrificio. ¿Viste que en las familias hay sectores más acomodados? Nosotros éramos los pobres de la familia. La parte pobre.
Íbamos a la escuela todos los días, sí o sí, porque a la escuela no se faltaba. Era la posibilidad de que mi madre no estuviera rodeada de pibes. La escuela siempre fue un lugar que permitió que las mujeres, con tantos mandatos en ese momento, pudieran armar otras cosas, en el caso de mi madre trabajar.
También tengo recuerdos que prefiero olvidar. No soy de la generación que tuvo infancia o adolescencia desde los paradigmas de derechos. Entonces recuerdo mucha violencia en mi casa. Los conflictos se resolvían a golpes y había más castigos para mis hermanos varones que para las mujeres. Eso lo tengo muy marcado y es parte de lo que me duele. Te diría que todavía no lo perdono a mi padre.
Apenas terminé la secundaria me fui a estudiar para ser maestra en un profesorado de una ciudad vecina. Necesitaba trabajar para poder estudiar y conseguí trabajo en una fábrica como secretaria. Trabajaba todo el día y cursaba por la noche en un instituto de monjas, porque era el único que tenía turno noche, no me quedaba otra que cursar ahí.
Créditos: Ayelén Santillán
-¿Qué aprendizaje te dio la educación pública?
-La educación pública me enseñó tantas cosas. Cosas como pensar en comunidad, en la importancia del trabajo y estar organizados; me vinculó con mundos. Desde que ingresé a trabajar en educación pública sentí que era ahí donde quería estar.
Después, cuando ingresé al MAS (Movimiento al Socialismo) me vinculé con el trotskismo y eso me retrotrae un poco de pensar en lo público, debo decirlo. Cuando me fui del MAS, empecé a estudiar Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional del Comahue. Ahí se me termina de abrir un abanico, hasta de sentir afectivo, de vinculación con el conocimiento, de explicación de cosas que me pasaban en la escuela y yo no le encontraba del todo palabras.
-¿Cómo llegó el feminismo a tu vida?
-Llegó cuando me fui del MÁS. Las diferencias políticas que tuve con el partido fueron vinculadas al sexismo y a las prácticas patriarcales. No le ponía ese nombre,
pero sí me daba cuenta que las cosas para nosotras eran tres veces más difíciles. Cuando planteabas alguna discusión política que ponía en duda la palabra de los varones que estaban en la dirección del partido, te lapidaban. Además, la violencia de parte de unos de los dirigentes, que era mi pareja; y en los pedidos de ayuda que hice a otras y otros dirigentes me decían que “tenía que entenderlo”, que estaba “muy presionado”. Ahí me di cuenta que la organización no solamente no iba a cuidarme, sino que me exponía. Y dije: “Basta, no puedo seguir dándole años de mi vida a esto”.
El feminismo también llegó cuando abrí la puerta, me fui de mi casa y dije: “No vuelvo hasta que lo saquen de acá”. Porque la sensación era de que alguien lo tenía que sacar. Me fui a lo de una amiga con mi hija y volví cuando no estaba en la casa y no tenía ningún riesgo de que estuviera.
Ahí decidí estudiar Ciencias de la Educación y la carrera, ¡me atrajo de una manera! Me ayudó a armar La Revuelta. Fue el puntapié para organizar al feminismo que me encontró porque la vida, las violencias, los sexismos de los lugares en los que estaba me atravesaban… y ahí empezás a mirar toda tu vida, empezás a mirar el pasado. Y no lo puedo soltar, o no me suelta.
-¿Cómo fue la fundación de La Revuelta y cómo la definís?
-Tengo recuerdos hermosos, de mucha conversación con Val Flores y Graciela Alonso. Estuvimos dos meses para definir qué nombre le íbamos a poner. Hicimos la presentación pública el 8 de marzo de 2001 con una radio abierta. Éramos 10, 15 personas y pasaban nuestras amigas y nos decían “Chau, ¡feliz día!” y nosotras, “Nada que festejar”. Tuve un tiempo de mucho enojo con el mundo.
Recuerdo levantarme de las cenas con amigos y decir: “Basta, no los aguanto más”. Perdí muchos amigos y amigas en esos primeros tiempos. Era menos paciente, hoy soy bastante más negociadora con mis amistades aunque no parezca.
La Revuelta es singular porque sí hay algo que nos definió es que, para ampliar la organización, teníamos que intervenir en política. La Revuelta tiene esa impronta: nos interesa intervenir en los problemas, en los conflictos que aparecen en los lugares donde activamos, es el interés por resolver aquí y ahora.
-¿Cuáles fueron los logros del feminismo en Argentina que más orgullo te generaron?
-El proceso de politización de las violencias que arranca con Ni Una Menos y se expande con hechos como, por ejemplo, la denuncia de Thelma Fardin. Son episodios que se desparraman como “movimiento de capa tectónica”, digo. La politización de las violencias nos permite que haya ese tipo de denuncias que muestran que nada va a ser igual. En esa politización, la intergeneracionalidad me genera mucho placer.
Eso es un proceso que también se ve en aborto y eso es lo otro que me genera mucho orgullo. El proceso de convicción del nos merecemos que el aborto sea legal, nos merecemos que el Estado reconozca que esto no está mal. Ese proceso donde nos pudimos reír del aborto, del desastre que hacían los sectores antiderechos, el pañuelo verde en las mochilas que es memoria justiciera… y por eso creo que este Gobierno no se mete con el aborto. Al menos no todavía. Esos dos procesos me dan mucho orgullo.
Estoy orgullosísima de las movilizaciones internacionales que generaron los feminismos. Esto hace un tiempo que lo vengo sintiendo más y más: este proceso no podemos alejarlo de la historia de Madres y Abuelas de Plaza Mayo. No hay forma. Los feminismos serían otros, no sé cómo seríamos. Algo de la impronta, de lo que hacemos las argentinas está directamente atado a estas mujeres.
¿Por qué el proceso de derechos humanos en otros países no fue como en este? ¿Por qué los feminismos son tan distintos a los de otros países? Más pienso en estas tremendas mujeres y pienso: “¡Guau! ¡Cuánto linaje tenemos!”. Debemos ser muy agradecidas.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Ernesto “Cune” Molinero es periodista, productor y docente. Con un estilo sobrio se puede decir que es un hitmaker. “Caiga quien Caiga (CQC)”, “Algo Habrán Hecho (por la historia argentina)”, “Bilardo, el doctor del fútbol” son solo algunas de las producciones en las que trabajó de manera central y la lista podría seguir. Actualmente, se encuentra en la producción ejecutiva de “Otro Día Perdido”, programa que conduce Mario Pergolini por Canal 13.
-Luego de 10 años sin estar en televisión de aire, ¿cómo te encuentra la vuelta que coincide con el regreso de Mario Pergolini?
-Sorpresa. La vuelta a la televisión de aire me toma bastante por sorpresa. Estos últimos años estaba más abocado al mundo de las plataformas, un poco de televisión de cable, a los documentales y mi búsqueda iba por ese lado. Volvemos a coincidir con Mario y Diego Guebel, por mi pasado con ellos.
Me hiciste una pregunta que no me esperaba (entre risas), en lo personal me encuentra bien pero me tuve que someter de nuevo a esa cosa de examen cotidiano, de rating y de exigencia que es muy estresante, pero también al ser un programa diario, te da la posibilidad de pegar volantazos rápidos y poder corregir.
-Una década, en los tiempos de televisión abierta, es un mundo aparte; más con la compulsividad que se maneja en términos tecnológicos, ¿con qué diferencias te encontrás?
-Hay muchas diferencias. Antes teníamos otros presupuestos, otras posibilidades, otras mediciones; un error eran tres puntos (de rating) menos y hoy un acierto son dos décimas más. La diferencia sustancial se encuentra en que no hacés televisión solo para la pantalla, sino que lo hacés también pensando en el recorte y en las redes.
Es la primera vez que esto me pasa, ahora construís pensando en que mucho de lo que se haga en el programa se va a recortar y se va a mostrar fragmentado en distintas redes.
También estás con la cabeza discerniendo en quienes son nativos digitales y quienes no. Los nativos van a ver el programa “on demand” por Youtube y con cierta atemporalidad, y quienes no, lo ven en el momento por la televisión.
-Comenzaste estudiando periodismo y derecho en simultáneo, con lo cual imagino que tenías otras expectativas iniciales, ¿cómo llega la producción a tu vida?
-Son todos accidentes, de verdad. El periodismo empieza porque en primera instancia yo quería escribir, en segunda hacer radio; me gustaba ver tele pero no era algo que me fascinara. En tercer año de periodismo tuve un docente que adoptó a mi grupito, todo muy a regañadientes, y gracias a eso terminé trabajando para un programa que se llamaba “Siglo XX Cambalache”. Era un programa de historia y efemérides donde yo escribía los informes.
Me empecé a dar cuenta de que mis informes prácticamente salían al aire sin correcciones y dije: “Uy, esto me está gustando”. Luego, empecé a trabajar fuerte en un diario, hasta que en el 92 me ofrecen empezar en ATC (hoy TV Pública) en producción televisiva.
“Siglo XX Cambalache”, con Fernando Bravo y Teté Coustarot.
-Entonces, ¿la producción te encuentra a vos en el camino?
-Sí, totalmente, me encuentra a mí. Mi papá hacía radio pero de hobbie y me iba dando cuenta de que ese mundo me gustaba. Yo decía “voy a ser abogado pero no toda mi vida”, hasta pensé en “voy a ser empresario porque me gusta organizar
estructuras”; y luego terminé siendo productor ejecutivo, especializado en armar equipos y hacer que funcionen. Así que encontré en la producción algo para ese anhelo inicial.
-Hay muchos pibes y pibas queriendo trabajar en los medios, ¿el productor se forma? ¿Hay algo inherente?
-Hay que estudiar, sin duda. Hay muchos ingredientes, muchas aristas que hay que saber y que son cada vez más necesarias, entonces se debe estudiar. Antes no existían las escuelas de producción, la formación era en la práctica.
Tenés que tener características puntuales para ser productor: primero, poder tener en la cabeza entre 10 y 20 variables diferentes todos los días y que eso no te genere un daño importante a tu salud mental, con un daño moderado podés durar. Es importante poder responder con rapidez y certeza esas múltiples variables, eso considero que viene en uno. Ojo, se puede entrenar igual, pero sí hay que llegar a poder hacerlo.
Después, poder tener una mirada macro. Pensar: “¿Cómo puede repercutir la resolución de un problema X en las otras variables?”. Este oficio es así… cómo tirar una piedra en el agua y ver hasta dónde llega la onda expansiva.
La empatía también es fundamental, saber cómo te vinculás con el equipo y cómo construís tu personaje de productor para poder sacar lo mejor de los otros; antiguamente era con miedo y maltrato. Si decimos que un productor es alguien que trabaja las 24 horas, los siete días de la semana y no puede descolgar, quizá se parezca más al estereotipo de productor de los años 80, que era un loco que fumaba mucho, tomaba drogas, se moría a los 50 años, gritaba y maltrataba. Luego, tenías el productor teatral-cinematográfico al estilo de Gerardo Sofovich que era todo eso y peor. Lo que sí, tenés que tener características especiales. Yo no soy un productor típico.
-¿Por qué no sos un productor típico?
-En primer lugar, no grito. Para mí no es parte del juego el maltrato. Sí presionar y apretar. No me vuelve loco la televisión y nunca dije “la gran familia de la televisión”, “qué lindo es este mundo”, “no lo cambio por nada”. No, yo lo cambio por cualquier cosa que sea mejor. No es que me quiera ir, pero si viene algo mejor me voy, ¿qué me importa?
-Solés repetir en distintas entrevistas, cuando te piden un consejo, que “hay que hacer los programas que uno quiere ver”. Hoy, gran parte de los productores jóvenes se vuelcan a los canales de streaming que se caracterizan por ser bastante homogéneos frente a una televisión que siempre fue muy diversa. ¿Ves ciertos límites o dificultades a la hora de crear nuevos formatos audiovisuales?
-Es una época compleja por lo difícil y por la cantidad de elementos que coexisten. Y, producto de la crisis económica, nadie recibe ideas que no vayan a funcionar. Hoy nadie apuesta por lo que no funciona, mientras que en los 90 se apostaba por cuestiones más experimentales y había una diversidad importantísima. La experimentación siempre queda en la memoria de la gente.
Lo otro que sucede es que los streaming más populares carecen total y absolutamente de producción. Todos son muy parecidos y apuntan a lo que funcionan. No digo que sean malos, pero están subexplotados y solamente vinculados a los carismas de los conductores: si la Argentina exportara disculpas por cada vez que se pide perdón en un streaming seríamos el país más poderoso del mundo. Si hubiese un dólar por cada disculpa en el streaming, se le acaban los problemas a (Javier) Milei.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Ella no se detiene a pensar demasiado en el futuro. Dice que hoy su desafío es disfrutar de lo que logró y seguir creciendo día a día. Después de 12 años en medios, tiene la certeza de que el periodismo es su lugar en el mundo. Trabajó en medios gráficos, televisión, radio y, ahora, en streaming; y ha desarrollado una carrera como periodista de espectáculos.
Sobre su especialización, Sofía Kotler es contundente: “Muchas veces se subestima el periodismo de espectáculos como si fuera menor. Pero tiene mucho valor. Hablamos de figuras que forman parte de la cultura, de la vida social y hasta de la política. Además, es un género que demanda rapidez, sensibilidad y criterio”.
-¿Cuándo descubriste que querías ser comunicadora?
-Desde el colegio me incliné por materias como Literatura e Historia, mientras que las Ciencias Exactas no eran de mi preferencia. También estudié teatro y danza, lo cual facilitó mi desenvolvimiento personal y el interés por los medios. Comencé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA, pero resultó pesado para mí. Posteriormente ingresé a TEA, donde encontré un enfoque acorde a mis intereses y luego completé la licenciatura en UADE.
-¿Crees que tu interés por el arte de chica fue el vínculo con el periodismo de espectáculos?
-Así es. A lo largo de la adolescencia probé diferentes disciplinas que contribuyeron a definir mi elección profesional. Hubo momentos en que pensé en ser bailarina, pero finalmente opté por otra vía. El haber hecho teatro y técnicas de manejo vocal ayudó a que no tuviera inconvenientes frente a la cámara. Dentro de la carrera tomé conciencia de que el periodismo era lo que me interesaba.
-¿Cómo fueron tus primeros trabajos?
-Realicé una pasantía en la revista Pronto, donde trabajaba hasta altas horas y cumplía guardias extensas, esperando en la puerta de casas de famosos sin saber si aparecerían. Si bien fue una etapa exigente, aprendí la importancia de establecer objetivos continuamente para avanzar en la profesión. Considero que el periodismo implica buscar constantemente nuevos desafíos. Siempre busqué correr detrás de esa “nueva zanahoria” que te obliga a reinventarte.
El desafío de las nuevas tecnologías y la adaptación a una nueva forma de hacer periodismo.
-¿Cuál es tu opinión respecto al streaming, considerando que difiere de la televisión tradicional y constituye una nueva modalidad de exposición?
-Interactuar en tiempo real con otra persona, como en una videollamada o entrevista, es un verdadero desafío y aporta grandes oportunidades. Es una de las ventajas más significativas de la tecnología y las redes sociales: saber quién está al otro lado e informarnos mutuamente de inmediato. Esta forma de hacer periodismo permite comunicar y recibir noticias al instante. No es mejor ni peor, solo diferente.
-¿Las nuevas tecnologías hacen que todo sea más rápido?
-Sí, durante siete años formé parte de la revista HOLA y, a pesar de que disfrutaba mi labor sentía la inquietud de dar un giro profesional. Decidí pasar a La Nación +, pero poco después renuncié para explorar nuevos caminos, incluso en una agencia internacional como comunicadora. Finalmente, TN se puso en contacto conmigo y desde hace tres años trabajo allí en lo que verdaderamente me apasiona.
-¿Cuál es la experiencia de desempeñarse como redactor profesional?
-Escribir es lo que más hice en mi carrera, ya no me representa un gran desafío. Lo difícil de ser redactor es lograr que tu nota sea leída y despierte interés.
-Con el avance de las nuevas tecnologías, está el desafío de que cualquier declaración puede convertirse en un tweet o en un video, ¿verdad?
-Las opiniones en redes vienen de personas distintas y no hay que tomarlas de forma personal, sean positivas o negativas. Al final, solo le doy importancia a los mensajes de mi marido, familia y amigos, porque ellos sí me conocen realmente.
En sus años de experiencia, Kotler enfrentó noticias sensibles y errores en directo que le dejaron grandes aprendizajes.
-¿Cómo es trabajar en vivo frente a cámara? ¿Siempre quisiste eso? ¿Qué te genera la exposición?
-No sé si siempre quise eso. El vivo me es muy divertido; me encanta el vivo, el frenesí. Me parece interesante el minuto a minuto. Hacer algo en vivo es espectacular, es más natural, es mejor que hacer algo grabado.
-¿Recordás algún momento difícil en vivo?
-Sí. La muerte de la nieta de Cris Morena fue uno de los más duros. Tuve que comunicarlo de manera clara y respetuosa, conteniendo la emoción. Otro caso fue Roberto Giordano: me confirmaron su fallecimiento en el aire y pronuncié mal su apellido.
-¿Cómo manejás un imprevisto en vivo?
-Creo que los imprevistos ponen a prueba cómo das una noticia; debe comunicarse con claridad y respeto. A veces, es mejor detenerse y pensar cómo decirlo.
La periodista reconoce la importancia de los referentes que marcaron su camino profesional.
-¿Quiénes fueron y son tus referentes en el periodismo?
-Actualmente, trabajar con Nelson Castro ha sido una experiencia muy enriquecedora. Es una persona interesante tanto frente como detrás de cámara, siempre colaborativo y atento en las entrevistas. Se destaca por su humildad y profesionalismo, saluda a todos y cuida del equipo, incluso como médico. Aprendí mucho junto a él gracias a su respeto y compromiso con el programa.
-¿Cómo es entrevistar a personas importantes? ¿Te ponés nerviosa?
-La vez que más nerviosa estuve para hacer una entrevista fue con Mirtha Legrand por su cumpleaños. Normalmente busco crear un ambiente cómodo, pero con ella no sabía cómo empezar. Algo similar me pasó cuando entrevisté a Guillermo Francella durante la filmación de “Homo Argentum”: recién se había separado y no quería hablar del tema ni de política, así que preferí cambiar de tema rápidamente.
Con Mirtha aprendí que lo mejor era dejarla hablar y hacerle una pregunta que guiara la conversación, ya que lo importante era verla celebrar sus 97 años.
Consejos, proyectos y sueños
Sofía comparte su visión sobre la profesión y la importancia de mantener la curiosidad.
-¿Si tuvieras que contarle a alguien como es tu presente que dirías?
-Este año fue muy satisfactorio y especial para mí porque me consolidé en el streaming, algo que antes no había hecho. El año pasado fui invitada a Tengo Capturas y ahora formo parte estable del equipo. Trabajo desde joven: empecé en gráfica, pasé por televisión y radio, y el streaming representa un nuevo desafío, más relajado, que afortunadamente está dando buenos resultados.
-¿Hay algún sueño que aún quieras cumplir?
-El año pasado mencioné la importancia de crecer en el streaming y probar experiencias nuevas. Actualmente, después de haber experimentado diferentes opciones, puedo afirmar que estoy conforme con mi situación actual. Es momento de disfrutar estos logros, hacer una pausa y consolidarme en cada uno de los espacios. El aprendizaje es constante y siempre hay aspectos por mejorar; aunque aún considero que tengo mucho por aprender en mi trabajo y en el entorno en el que me desenvuelvo.
-¿Qué profesión elegirías fuera del ámbito de la comunicación?
-Veterinaria. Soy muy perrera.
-¿Qué consejos le darías a los futuros periodistas?
-Es importante tener tolerancia a la frustración y no rendirse. Animarse a probar, escuchar y jugar. Eso marca la diferencia, aunque no sea fácil ni común. Los medios suelen poner en agenda temas que pueden no interesar, pero escuchar perspectivas distintas es valioso. Hay muchas formas de hacer periodismo gracias a la tecnología; anímense a intentarlo, aunque al principio nadie los mire.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.