SOCIEDAD
¿Cómo se sanciona una ley?
La Libertad Avanza retomó las negociaciones con los bloques del Senado en búsqueda de un acuerdo para que avance en el recinto la Ley de Bases. En los últimos días, el oficialismo cedió a modificaciones a la reforma laboral y al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), entre otras. Espera que haya dictamen esta semana.
La Libertad Avanza retomó las negociaciones con los bloques del Senado en búsqueda de un acuerdo para que avance en el recinto la Ley de Bases. En los últimos días, el oficialismo cedió a modificaciones a la reforma laboral y al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), entre otras. Espera que haya dictamen esta semana.
A días del tratamiento de la polémica ley en la Cámara de Senadores, vemos cómo es el paso a paso institucional para la aprobación de una ley según la Constitución Nacional.

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Masiva marcha universitaria federal: se potencia el reclamo al Gobierno por el financiamiento educativo
Por
Sol Bajar y Alejandro Schebor
Por Sol Bajar y Alejandro Schebor
Eran las cuatro de la tarde y el centro porteño ya estaba tomado por una marea de banderas universitarias, pecheras sindicales, carteles improvisados y grupos de estudiantes, docentes e investigadores que se dirigían hasta la Plaza de Mayo. La cuarta Marcha Federal Universitaria, terminó convirtiéndose en una de las movilizaciones más importantes contra el gobierno de Javier Milei en lo que va de su gestión.
El ahogo presupuestario y el desfinanciamiento volvieron a poner en agenda el reclamo que se repite en aulas, laboratorios y hospitales universitarios de todo el país: el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada hace siete meses por el Congreso pero sin aplicación efectiva por parte del Ejecutivo, que persiste en sus ataques a la ciencia y la educación superior.
Convocada por la Federación Universitaria Argentina (FUA), el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), gremios docentes y no docentes y organizaciones estudiantiles, se estima que la movilización reunió a más de un millón de personas en todo el país: desde la comunidad educativa de cada universidad e investigadores del CONICET, a maestras de escuela, trabajadoras de la salud, integrantes del colectivo de la discapacidad, familias, personalidades del arte, la cultura y los derechos humanos, que desde temprano fueron colmando las inmediaciones de la Plaza de Mayo.

El Gobierno sostiene que la ley de financiamiento compromete el equilibrio fiscal y llevó el conflicto hasta la Corte Suprema. Pero la realidad lo desmiente. “Estamos ante una situación límite: desde el 2023 que no hay actualización presupuestaria, los salarios cayeron estrepitosamente, las becas estudiantiles disminuyeron y los gastos en infraestructura, en ciencia y en tecnología son iguales a cero, no existen”, aseguró desde la cabecera de la marcha a ETERDigital el vicepresidente del CIN y rector de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), Anselmo Torres.
En la ciudad de Buenos Aires, sobre la avenida Rivadavia hasta la Plaza de Mayo, esa realidad se hizo eco en cánticos de defensa a la educación pública y otros directamente dirigidos al gobierno nacional, que por todos los medios intentó instalar que la marcha estaba construida sobre la base de “mentiras”.
Las cifras, en cambio, explican gran parte del malestar que se expresó este 12 de mayo: según datos del CIN, las transferencias presupuestarias a las universidades públicas cayeron un 45,6% desde 2023. Los salarios docentes y no docentes perdieron más del 40% de poder adquisitivo y, en muchos casos, quedaron por debajo de la línea de pobreza. En la facultad de Ciencias Exactas de la UBA renunciaron 438 docentes e investigadores desde diciembre de 2023. Según distintos relevamientos sindicales, siete de cada diez docentes universitarios cobran salarios netos cercanos a los 250 mil pesos.
Ese deterioro empezó a sentirse de manera concreta en las cursadas cotidianas. Docentes que toman trabajos extra como choferes de aplicaciones o repartidores; investigadores que migran al sector privado o dejan el país; estudiantes que abandonan materias para poder sostener jornadas laborales cada vez más extensas o por no poder siquiera pagar el transporte público.
“Vivo a casi dos horas de la facultad: tomo cuatro colectivos a la ida y un tren y dos colectivos a la vuelta. Estudio en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora porque me queda más cerca que la UBA”, cuenta a ETERDigital Rocío, estudiante de la carrera de Abogacía en esa casa de estudios del sur del conurbano. “La universidad pública es nuestro futuro. Soy hija de una persona con discapacidad, mi abuelo es jubilado. Vivimos con lo que gana mi tío, que es panadero. Estamos acá para que el gobierno sepa que vamos a seguir peleando por nuestro derecho, porque otros también lo hicieron antes por nosotros”, afirma mientras sostiene con sus manos un cartel que dice “La educación del pueblo no se vende, se defiende”.
En los días previos a la marcha, el conflicto educativo escaló judicialmente. La Cámara de Apelaciones concedió un recurso extraordinario presentado por el Ejecutivo y suspendió la aplicación efectiva de la ley hasta que se expida la Corte Suprema. La decisión cayó como un nuevo golpe y terminó alimentando aún más la convocatoria, con apoyos que llegaron desde diversos sectores.
Hacia el final de la tarde, la Plaza de Mayo quedó completamente colmada. Desde el escenario principal se leyó un documento consensuado entre las organizaciones sindicales, estudiantiles y autoridades universitarias convocantes. El texto reafirmó que existe un “deterioro alarmante del poder adquisitivo y un empeoramiento generalizado de las condiciones de trabajo”.
“Esta situación ubica a los salarios universitarios en su nivel más bajo de los últimos 23 años”, detallaron. A la par, remarcaron que el poder adquisitivo de las partidas correspondientes a los gastos de funcionamiento de las universidades nacionales no superó el 64% del que tenía en enero de 2023. Se esfumaron, según sus estimaciones, alrededor de nueve meses de transferencias presupuestarias.
“El oficialismo intenta negar el ajuste desconociendo la inflación, pero el congelamiento de los salarios y el presupuesto educativo es una forma directa de recorte. Eso es lo que venimos a denunciar junto a miles de estudiantes, docentes y no docentes”, dijo en diálogo con ETERDigital Christian Castillo, docente de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de La Plata. El también diputado del Frente de Izquierda, agregó: “No estamos discutiendo privilegios. Estamos discutiendo si el sistema universitario público puede seguir funcionando así, y la respuesta es no”.
“En las últimas semanas hubo paros, clases públicas, vigilias y jornadas de visibilización. En muchas facultades, las asambleas volvieron a llenarse. El enorme apoyo conquistado por esta nueva marcha educativa nos llena de fuerzas, pero no es suficiente. Necesitamos asambleas interclaustros para debatir, paros y todas las medidas que sean necesarias para arrancar nuestro derecho. No tenemos nada que negociar con un gobierno que los pisotea todo el tiempo”, agregó Lucía Ortega, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
Además de la movilización porteña, que concentró a las universidades del AMBA, la protesta se replicó en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Tucumán, Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Catamarca, entre otras provincias. En todos lados, volvió a confirmar el enorme apoyo social que tiene la defensa de la educación pública, gratuita y de calidad. Pero también dejó otra imagen, más incómoda: la de un sistema universitario que, aún movilizando multitudes, sigue atrapado en una crisis que todavía no encuentra salida.
Quizás ahí esté la escena más potente de la jornada. No solamente en la masividad. Tampoco en los discursos. Sino en esa insistencia colectiva: la de seguir defendiendo la idea de que estudiar, investigar, enseñar y producir conocimiento no puede ser un privilegio y que por eso, hay que defenderla con toda esa fuerza, organizada.
La reja está cerrada y detrás de los barrotes cuelgan fotos amarillentas, recuerdos que parecen hablar más fuerte que cualquier cartel de “cerrado”. Imágenes de una familia sonriente, de veranos en La Costa, de cumpleaños y meriendas compartidas. Una hoja impresa dirigida a “Vecinos Amigos” despide al barrio con gratitud: gracias por las charlas, por la confianza, por los años de compañía. Ese kiosco, que durante décadas fue punto de encuentro en Villa Pueyrredón, ya no está.
Durante años fue imposible caminar por esa esquina sin detenerse. Los chicos pedían golosinas o figuritas, los adolescentes buscaban una gaseosa antes de la plaza, las madres pasaban a último momento por un paquete de yerba, los jubilados encontraban conversación en medio de la rutina. El kiosco “Lo de Mirtha” no solo vendía caramelos: ofrecía un ritual, un espacio donde la vida barrial encontraba su ritmo.
“Yo crecí entrando a este kiosco. Era imposible ir al colegio sin pasar por acá, aunque fuera a saludar”, recuerda Susana, vecina de la cuadra de Villa Pueyrredón. En su memoria se superponen las imágenes de la dueña detrás del mostrador, los niños con monedas apretadas en la mano, la costumbre de fiar hasta fin de mes. “No era un comercio cualquiera. Acá se sabía tu nombre, se preguntaba por tu familia. Era como entrar a la casa de alguien”, agrega.

El cierre no sorprendió del todo. Desde hace meses las ventas caían y los aumentos golpeaban fuerte. Según datos obtenidos del ARCA y difundidos por la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) cerraron más de 16.000 kioscos en todo el país en el último año. La inflación, el aumento de los alquileres y la competencia de grandes cadenas fueron un cóctel letal para estos pequeños refugios de barrio.
“Cada semana era remar en dulce de leche”, cuenta Nicolás, hijo de los dueños, quien ayudó en el local desde adolescente y sigue: “Los aumentos eran constantes: de proveedores, de servicios, de todo. La gente venía, pero ya no compraba como antes. Pasó de llevar varias cosas a pedir lo justo y necesario. Así no se podía sostener”.
El vicepresidente de la UKRA, Ernesto Acuña, en conservación con BAE Negocios compartió su preocupación ya que considera que son “un rubro en peligro de extinción”. De acuerdo a lo expresado en febrero de este año, en noviembre de 2024 habían 96.000 kioscos y hoy sólo quedan 59.850 en pie. Es decir, cerraron 36.150 kioscos y se perdieron más de 72.000 puestos de trabajo en los últimos dos años.
La cifra es alarmante: aseguran que cierran entre 50 y 70 kioscos al día en Argentina. “No se vende nada, tengo 27 años de kiosquero en Villa Urquiza y desde el 2001 que no veo nada igual; pese a que el último año de Mauricio Macri también fue muy difícil”, compartió Acuña.

La escena final fue casi silenciosa. Los últimos días, quienes pasaban se detenían frente a la vidriera de “Lo de Mirtha” y descubrían las fotos pegadas como una galería improvisada: postales familiares que hablaban de la vida detrás del mostrador. Una forma de agradecer y de dejar huella. Porque más allá del negocio, lo que se cerraba era una historia compartida.
Ahora, donde antes había luz encendida hasta tarde, queda el eco de las risas y las conversaciones cortadas por el tintinear de la caja registradora. La calle parece más vacía, aunque el tránsito siga igual. Los vecinos aún se detienen frente a la reja, algunos hacen fotos con el celular, otros suspiran y siguen caminando.
Cuando un kiosco baja la persiana, no desaparecen solo los caramelos y las revistas del domingo. Se apaga una parte del barrio: ese rincón donde las rutinas se volvían encuentro, donde lo cotidiano se transformaba en memoria. Y aunque las fotos queden detrás del vidrio, entre barrotes, lo que se extraña está en la vereda: en la costumbre, en el saludo, en la certeza de que siempre había alguien esperando detrás del mostrador.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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Antes de llegar al Parque Nacional Los Alerces, la brigada de Villa la Angostura de incendio, comunicación y emergencias hizo varias paradas técnicas para buscar compañeros de distintas regiones. El camino al Parque Nacional los Alerces no fue directo así que pasaron por el Bolsón. Mientras la combi avanzaba, entre chiste y chiste el tiempo iba pasando. Sin previo aviso, la imagen cambió y a ambos lados de la ruta el paisaje era otro, un silencio inundó el presente y solo podían ver a su paso la destrucción que había dejado el fuego a su alrededor, árboles quemados y animales muertos. Esa fue una de las imágenes más impactantes que recuerda Brisa Railaf Quiroga, brigadista del ICE del parque Nacional los Arrayanes. Madre de tres nenas y con 29 años, ella y sus compañeros entendieron todo. Lo que hasta ese momento sólo habían visto en fotos, ya lo tenían delante de sus ojos.
Para ellos, sin embargo, el fuego no es una sorpresa. “Sabemos que en verano va a haber focos”, cuenta Brisa. La preparación es parte del trabajo cotidiano: revisar equipos, controlar la ropa, tener siempre listo un bolso porque el llamado puede llegar en cualquier momento. El pino, aparte de ser una especie no nativa, tiene tanta resina que explota. “Con una chispa, alcanza para que prenda como un fuego artificial”, explica Brisa.
Entre el año 2024 y 2026, la evolución de los incendios en Chubut muestra un pasaje claro: pasó de un evento grave pero contenido a una crisis ambiental de gran escala. En 2024, el incendio en el Parque Nacional Los Alerces afectó aproximadamente 5.971 hectáreas de bosque nativo. Se trató de un único foco principal confirmado como intencional que, gracias a una intervención relativamente rápida, no llegó a expandirse a nivel regional.
El escenario cambió en cuestión de meses. El 9 de diciembre del 2025 cayó un rayo en el Parque Nacional los Alerces, y para enero de ese mismo año, 270 hectáreas se habían perdido. Los incendios se mantuvieron activos durante casi cuatro meses y como consecuencia, 42.300 hectáreas se vieron afectadas.
En apenas dos años la superficie afectada se multiplicó, lo que dejó en claro que no fue un incendio puntual, sino una crisis estructural. A esta expansión contribuyeron múltiples factores combinados: el origen humano ya sea intencional o por negligencia, más las altas temperaturas y una de las sequías más fuertes de los últimos 30 años.
El impacto ambiental es profundo. En el Parque Nacional Los Alerces se perdieron miles de hectáreas de bosque andino-patagónico, incluyendo especies como el alerce, el ciprés de la cordillera y el coihue. Se trata de ecosistemas de crecimiento extremadamente lento: su recuperación puede demandar entre 100 y 300 años, y en el caso del alerce, incluso siglos o milenios. La fauna también se vio afectada: especies como el huemul, el pudú, aves y pequeños mamíferos sufrieron tanto la acción directa del fuego como la destrucción de su hábitat, lo que implica muerte, desplazamiento forzado y pérdida de condiciones básicas para su supervivencia.
A esto se suma el impacto sobre el suelo y el agua. La pérdida de cobertura vegetal provoca erosión, y aumenta el riesgo de aludes e inundaciones. Además, las cenizas que llegan a ríos y lagos deterioran la calidad del agua. En las zonas quemadas, el suelo puede tardar años en estabilizarse, profundizando la degradación del ecosistema.
En este escenario crítico la provincia necesitó ayuda de otras brigadas contra incendio, entre ellas la del Parque Nacional los Arrayanes. Antes de llegar a El Parque Nacional Los Alerces ubicado en la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina, cerca de las localidades de Esquel y Trevelin, la brigada de Villa la Angostura de incendio, comunicación y emergencias hizo varias paradas técnicas para buscar compañeros de distintas regiones. El camino al Parque Nacional los Alerces no fue directo así que pasaron por el Bolsón, localidad argentina situada en la provincia de Río Negro, en el norte de la Patagonia.
Había días en los que el fuego parecía controlado, y al día siguiente cambiaba la dirección del viento y todo comenzaba otra vez, recuerda Brisa.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces
Brigadistas de todo el país llegaron para combatir el fuego: Córdoba, San Juan, Chubut, Localidad de Traful, Formosa, Jujuy, Misiones, La Pampa. La escena muestra un esfuerzo colectivo, pero para Brisa también deja ver otra realidad: “Somos tres brigadistas en el Parque Nacional Arrayanes”.
La escala del incendio puede traducirse en una imagen concreta: una hectárea equivale aproximadamente a una cancha de fútbol, por lo que el fuego arrasó una superficie similar a más de 42.000 canchas. La mayor parte del área afectada corresponde a bosque nativo, con impacto directo sobre los hábitats de fauna silvestre.
Los focos no eran aislados. Al incendio de Los Alerces se sumaban otros activos en la región: Cholila, Epuyén, El Hoyo. El humo avanzaba desde distintos frentes y, en algunos momentos, los brigadistas quedaron prácticamente rodeados.

“No es convencional para lo que estamos acostumbrados a vivir aquí”, explicó Ariel Rodríguez -encargado del operativo contra la extinción del fuego- quién detalló que, aunque el incendio fue originado por la caída de un rayo, su desarrollo estuvo condicionado por factores extremos: “La sequía más intensa de los últimos 30 años”.
En ese contexto, la estrategia fue clara: “Primero la vida de las personas, segundo la infraestructura y después la vegetación”, enfatizó. Esto implicó distribuir al personal en distintos frentes, muchas veces en condiciones extremas.
El incendio forestal del Parque Nacional se caracterizó por su velocidad de propagación y su comportamiento impredecible. Según Rodríguez, lo excepcional de este incendio fue la cantidad de frentes que tuvieron que enfrentar a la misma vez.
Para Railaf, el primer día de trabajo fue relativamente tranquilo: despliegue de mangueras, apertura de caminos, evaluación del terreno. Pero al día siguiente el fuego resurgió con fuerza, el viento cambió su dirección y generó bolas de fuego que arrasaron con las líneas de manguera instaladas el día anterior.

Foto: Johana Cuello | Centinela | 1.800mts de línea trazadas.
Según Rodríguez, el incendio de Puerto Café -un sector específico dentro del Parque Nacional Los Alerces, una zona remota y boscosa en la región del Brazo Sur del Lago Menéndez, cerca de Villa Lago Rivadavia y Laguna Villarino- sería declarado extinguido el próximo lunes.
Este incendio dejó una marca concreta en el territorio: 16.900 hectáreas quemadas dentro del Parque Nacional. Sin embargo, la dimensión del evento se amplía al salir de los límites del área protegida, al avanzar y unirse con otros focos activos, como el de Puerto Patriada.
A ese escenario se suma el incendio de La Tapera, con 50 hectáreas afectadas, lo que eleva el total a 42.300 hectáreas, equivalentes a dos ciudades de Buenos Aires.
De ese número, alrededor de 16.950 hectáreas corresponden específicamente al Parque Nacional los Alerces.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces- Enero 2026.
Hasta el momento, no hay cifras oficiales sobre la cantidad de animales muertos ni sobre pérdidas materiales específicas dentro del área protegida. Sin embargo, por la extensión del área afectada, se trata de uno de los incendios más significativos de la temporada en la zona.
Ariel Rodríguez asocia este tipo de incendios al cambio climático: “En los últimos años estamos teniendo mayor recurrencia de tormentas eléctricas”, afirmó, y advirtió que este tipo de eventos ya se repitieron en distintos parques de la Patagonia, como Parque Nacional Lanín y Parque Nacional Nahuel Huapi.
Como Brisa, brigadista del Parque Nacional Arrayanes, Mauro Piñeiro ofreció su testimonio desde su lugar de Guardaparques. Hoy se desempeña en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en el sector noroeste. Con más de 14 años de experiencia en el cargo, inició su trayectoria como brigadista de incendios en la misma región, una formación que aún hoy forma parte de su labor.
Entre 2016 y 2020 estuvo destinado en el Parque Nacional Los Alerces, una seccional aislada a varios kilómetros de los centros urbanos. Allí vivió durante muchos años junto a su pareja, y juntos vieron nacer a su hijo en este lugar. En 2020 fue trasladado al Parque Nacional Arrayanes, en Villa la Angostura.
Los incendios recientes en Los Alerces le impactaron de manera personal: “Siempre teníamos la ilusión de volver con Bruno, nuestro hijo, a mostrarle el lugar dónde había nacido, lamentablemente hoy por hoy ya no lo va a poder conocer de la misma forma. Eso es algo que la gente no entiende, cuando un lugar se quema es muy difícil recuperarlo”. Y agregó: “Hay que entender que un bosque como el que tenemos en Villa La Angostura se creó hace miles de años, con un ambiente distinto, con una atmósfera distinta que hoy no tenemos. Si llega a haber un incendio forestal muy grande como el de Alerces es muy difícil que se vuelva a recuperar y tardaría muchísimos años: ni mis nietos llegarían a verlo”.
Para extinguir el fuego aparte de la tareas de los brigadistas se utilizaron helicópteros con helibalde, que son baldes plegables suspendidos de un cable, diseñado para transportar y descargar agua en incendios forestales. Brisa Railaf señala que, aunque el uso de helicópteros con Helibalde es clave en estos operativos, no está exento de problemas: el agua cae con tanta fuerza que, además de apagar, también desplaza el fuego. “Troncos encendidos, tierra y brasas se mueven y generan focos secundarios. Fue un incendio particular, parecía tener vida propia”.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces- Enero 2026
Cuando se va el fuego
En el caso de este incendio en particular, Rodríguez aclara que dentro del parque no se afectó la infraestructura, salvo alambrados, postes, varillas, pero sí se perdieron muchas hectáreas de pastoreo para el ganado de los pobladores. A su vez se perdió la temporada para prestadores de servicios turísticos y en total 16.950 mil hectáreas en áreas protegidas dentro del parque.
“En este momento estamos en una etapa de reforestación y recolección de semillas para preservar el banco genético y en la asistencia a la fauna afectada. Se está trabajando en la conservación de especies, por ejemplo con forraje para huemules y se está llevando adelante una tarea de monitoreo permanente para ver si está dando resultado”, explicó.
“Otro de los ejes, es la seguridad, son las tareas para minimizar riesgos: remoción de árboles inestables, señalización de senderos y control de zonas con peligro de derrumbe, el riesgo nunca es cero, pero tratamos de minimizarlo”, afirmó.
El interventor del Parque Nacional Alerces concluyó: “El incendio dejó muchos aprendizajes: en escenarios de esta magnitud, si el fuego no se controla rápidamente lo más probable es que escale hacia este tipo de dimensiones”.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Los Alerces- Abril 2026