Nadia Báez está con la mirada puesta en ganar la medalla de oro en los próximos Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. A sus 37 años aún entrena como nadadora de alto rendimiento, y ya trabaja en Psicología del Deporte junto a atletas paralímpicos.
Mientras muchas de sus rivales recién comienzan a construir su carrera deportiva, Nadia Báez, la nadadora morenense, continúa entrenando con la misma dedicación que la llevó a convertirse en una de las referentes de la natación adaptada del país. Hoy comparte la pileta con nadadoras de 14 y 15 años, una diferencia generacional que refleja la vigencia de una deportista con más de dos décadas de trayectoria en el alto rendimiento.
Con la mirada puesta en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, que podrían marcar el tramo final de su carrera, sigue defendiendo los colores de la Argentina con el mismo compromiso que la acompañó desde sus primeros años en la competencia.
Su historia con el deporte está atravesada por un desafío que comenzó mucho antes de llegar a una pileta. A los ocho meses le diagnosticaron un retinoblastoma bilateral, un tipo de cáncer ocular, y a los 14 años perdió completamente la visión. Lejos de convertirse en un límite, esa realidad pasó a ser parte de un recorrido que encontró en el deporte una herramienta para crecer y desarrollarse.
Entre 2003 y 2004 comenzó a competir a nivel nacional y, en 2006, dio el salto a la élite deportiva al ser convocada a la Selección Argentina. Desde entonces representó al país en Juegos Paralímpicos, Mundiales y otras competencias internacionales.
Las respuestas de Báez llegaron a través de audios de WhatsApp, acompañados por el ruido ambiente de una jornada que seguía su curso. Lejos de responder con frases breves, se tomó el tiempo para reflexionar sobre una carrera construida con esfuerzo y perseverancia.
Al recordar una de las etapas más desafiantes de su vida -cuando compitió embarazada y al mismo tiempo finalizaba la carrera de Psicología-, reconoce el apoyo de su familia y de su entrenador como pilares fundamentales. En su caso, ese acompañamiento también es parte de la competencia: en cada prueba, su entrenador permanece en el extremo de la pileta con un bastón de toque y, mediante un leve contacto, le indica que la pared está a centímetros. “Que la gente me diga que no, me ayuda a seguir adelante, seguir insistiendo y seguir haciendo cosas”, reflexiona.
Créditos: Argentina.gob.ar
Después de más de 20 años en el alto rendimiento, asegura que el entrenamiento va mucho más allá de la preparación física. Como deportista y psicóloga considera que la fortaleza mental es “una herramienta indispensable” para afrontar la presión, la frustración y las exigencias del deporte de alto rendimiento. “Las competencias importantes son uno o dos días al año. Lo difícil es sostener días, semanas, meses y hasta años de entrenamiento para una única competencia”, explica. Además, mantener los objetivos claros y contar con una red de apoyo resulta tan importante como el trabajo dentro de la pileta.
Sin embargo, el camino no siempre es sencillo. En su caso hubo momentos en los que pensó en dejar la natación, ya sea por las dificultades propias del alto rendimiento, por situaciones que consideró injustas o por el desgaste acumulado después de tantos años de competencia. Aun así encontró motivos para seguir. “Siempre estuvo el sueño de poder tener un buen resultado, de terminar haciendo lo que me gusta, cumplir objetivos y demostrarle al otro que sí se puede”, expresa. Esa convicción es la que hoy la mantiene entrenando y proyectando nuevos desafíos.
Entre sus principales logros se encuentra la medalla de bronce obtenida en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. A pesar de eso, todavía siente que le queda un objetivo por cumplir: “No tengo un oro mundial. Es algo que me gustaría”.
Pensar en el retiro no significa alejarse del deporte, comparte. Si bien todavía continúa enfocada en los desafíos que tiene por delante, ya trabaja en Psicología del Deporte junto a atletas paralímpicos y le gustaría seguir acompañándolos desde ese lugar. Más que ser recordada por los resultados, aspira a que su recorrido haya servido para abrirles el camino a quienes vienen detrás. “Me gustaría haber sido útil para algo y dejarles a los demás algo que no pudimos tener nosotros”, concluye Báez.
El recorrido de la nadadora transcurre entonces entre el esfuerzo individual y una vocación colectiva que no se detiene en la pileta. Entre el entrenamiento, la resistencia y la palabra, transita un presente que todavía no se cierra del todo, pero que ya empieza a proyectarse más allá del agua.
El 26 de marzo de 2026, la Selección Argentina se preparaba para la última práctica antes del amistoso frente a Mauritania. Joaquín Panichelli, delantero de 23 años y convocado por primera vez al seleccionado argentino el 6 de noviembre de 2025, era una de las caras nuevas del plantel. La práctica transcurría con normalidad hasta que, durante una acción fortuita en el entrenamiento de la tarde, sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Lo que sí recuerda con claridad es “la sensación física” y “ese click de saber todo lo que venía”. No necesitó esperar los estudios para imaginar el diagnóstico. Años atrás había sufrido la misma lesión en la otra pierna y reconoció de inmediato esa sensación. “Ya sabía todo lo que venía”, recordó meses después. La gravedad del momento no pasó inadvertida para quienes estaban a su alrededor.
Mientras permanecía en la enfermería, todavía sin poder asimilar lo ocurrido, comenzaron a acercarse sus compañeros y los integrantes del cuerpo técnico. “Yo estaba bastante hundido. No podía parar de llorar”, contó durante una entrevista que tuvo con el periodista deportivo Juan Pablo Varsky en el canal de YouTube Clank!. También recordó el respaldo que recibió de Lionel Scaloni, Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala quienes lo acompañaron durante esas primeras horas. Al día siguiente llegaron los estudios médicos y se confirmó la peor noticia: Panichelli había sufrido la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. La lesión lo dejó fuera de la preparación de la Selección para disputar su primera Copa del Mundo en Estados Unidos, Canadá y México 2026 y lo obligó a afrontar una recuperación que demandará varios meses.
Con el paso del tiempo, el delantero logró cambiar la frustración inicial por otra mirada. “Lo que más me pegó fue el cuándo. Justo ahora”, reconoció durante la entrevista. Sin embargo, también entendió que las lesiones forman parte de la carrera de un futbolista. “El fútbol me dio tantas cosas en tan poco tiempo que esto también está dentro de las posibilidades. Una vez que pasa ese momento, es cuestión de poner el pecho, recuperarse y volver a donde uno quiere estar”, reflexiona. La historia de Panichelli se convirtió en otro caso que alimenta una preocupación cada vez más frecuente dentro del fútbol argentino: el aumento de las roturas del ligamento cruzado anterior, una lesión que hoy atraviesa todas las categorías y que obliga a preguntarse por qué cada vez más futbolistas quedan fuera de las canchas durante meses.
A mitad de este año de 2026 el fútbol argentino acumula 24 lesiones con ligamentos involucrados. La ruptura de cruzados se volvió una especie de “epidemia” en Argentina y los datos están a la vista. De hecho, en 2024 se marcó una cifra récord: fueron 41 en total los casos de rotura de ligamentos en el fútbol argentino, números altísimos a nivel global y en términos históricos en suelo nacional.
El fútbol argentino atraviesa un momento crítico en materia de lesiones, tras el parate por el coronavirus, el fútbol argentino ha visto un aumento drástico en las lesiones de ligamentos. Desde octubre de 2020, los equipos de Primera División han sufrido un total de 159 roturas de ligamentos. El incremento fue progresivo y alarmante con cada año que pasó: En los tres meses finales de 2020 se registraron 6 casos. En 2021 la cifra subió a 14. Para 2022 se contabilizaron 20 casos. En 2023 se llegó a 23. El 2024 rompió todos los récords, con 41 casos, superando los 22 casos de 2009. En 2025, la lista sumó 32 casos. En lo que va de 2026 se registran 24 lesionados. Por otro lado, el fútbol es el deporte más popular del mundo, se practica en más de 146 países. En la Argentina es la disciplina más frecuente y se practica durante todo el año. Las rupturas del LCA en futbolistas ocasionan largo plazo para el retorno deportivo. A pesar del conocimiento y de la prevención no son posibles de erradicar. La rodilla se ha convertido así en el epicentro de la gravedad médica en los clubes: es la articulación que concentra el 47,5% de todas las lesiones consideradas de “Grado IV” o severas, aquellas que marginan al atleta de la competencia por más de ocho semanas. En el mapa de la medicina deportiva local, las rupturas del LCA representan el mayor “impacto lesional”, obligando a una mediana de 243 días de inactividad absoluta antes de intentar un regreso a la competencia oficial. Ocho meses, casi un año calendario, donde el futbolista desaparece del radar del alto rendimiento.
En el Hospital Italiano de Buenos Aires analizaron las rupturas de LCA en jugadores profesionales de fútbol en la Copa de la Liga 2024. El objetivo primario fue evaluar los factores causales y mediante un análisis de videos, determinar el mecanismo de lesión y de este modo describir posibles medidas preventivas para disminuir estas lesiones. Se estudiaron 23 jugadores de fútbol masculino que participan del campeonato de la Liga profesional de Argentina que presentaron una ruptura del LCA o de su reconstrucción quirúrgica anterior. El promedio de edad al momento de la lesión fue de 26 con un rango entre 20 y 35 años,aunque la edad no resultó un factor determinante en el estudio.
Cuando Panichelli se lesionó, atravesaba el mejor momento de desempeño de su carrera. Al operarse, el delantero utilizó sus redes sociales para agradecer el acompañamiento que recibió durante los primeros días de recuperación. En su mensaje, manifestó: “Agradecer a todo el staff tanto de AFA como del Racing deEstrasburgo por la logística y las comodidades para hacer todo de la mejor manera. Al Doc Bertrand Sonnery-Cottet y equipo, a Dani Martínez por viajar, estar presente junto al cuerpo médico de mi club, que me brindaron la contención emocional en estos días. A todos los jugadores del seleccionado por brindarme su apoyo incondicional y cercanía”. El goleador surgido en River Plate concluyó con una determinante reflexión: “Para atrás, ni para tomar impulso. Comienza un desafío personal hermoso de afrontar, que como todo lo que hago, voy a poner mi vida en ello. Più avanti“.
Continuando con las cifras del estudio del hospital italiano, la altura promedio de los jugadores fue de 1,78 metros. Se registraron lesiones en 12 partidos oficiales, 5 amistosos y 6 entrenamientos. Los estadios involucrados con dos lesionados cada uno fueron River y Lanús. El resto solo 1 lesión. En ninguno de estos episodios se jugó con lluvia importante. Las lesiones que se sucedieron fueron cuatro en el primer tiempo, diez en el segundo tiempo y 6 durante entrenamiento. Cuatro jugadores ya tenían una lesión previa del LCA, en consecuencia se lesionaron la plástica del LCA y otros 5 tenían antecedentes de lesión en la otra rodilla. Las posiciones de los jugadores fueron 9 delanteros, 7 mediocampistas y 6 defensores. La rodilla derecha fue la afectada en 14 jugadores, mientras que la pierna más hábil fue la lesionada en 12 jugadores (54%).
En diálogo con Éter, el Deportólogo Christian Lassen, quien es además coordinador médico en River Plate y experto en lesiones deportivas, expresó que “la problemática de las roturas de ligamento cruzado anterior (LCA) en el fútbol argentino no puede reducirse a una sola explicación”. Según su análisis, nos enfrentamos a un fenómeno “multifactorial” donde convergen variables físicas, ambientales y, fundamentalmente, estructurales del sistema de competencia local.
Por un lado, señala factores extrínsecos como el calendario de competencias asfixiante y el tipo de botín utilizado en relación con la superficie de juego. Por otro lado, destaca factores intrínsecos propios del deportista, como el déficit de fuerza o la alarmante falta de trabajo preventivo en los estabilizadores de la rodilla, específicamente en los isquiotibiales, el glúteo medio y los gastrocnemios. A esto se suma un componente emocional y de presión que Lassen considera determinante para predisponer al cuerpo a la lesión.
Basándose en artículos científicos y estadísticas, explica que la mayoría de las rupturas en deportes de contacto ocurren en la última etapa del entrenamiento o del partido, específicamente faltando entre 15 y 20 minutos para el final. Este patrón tiene cierta relación proporcional con el cansancio acumulado, la fatiga y el estrés mecánico, que son factores que alteran el ajuste postural del jugador justo cuando el nivel de competencia es más intenso.
¿Estamos realmente ante una epidemia de lesiones por ligamentos cruzados? Lassen aporta una mirada crítica sobre el término “epidemia” que circula actualmente en los medios. Si bien reconoce un aumento en los casos, advierte que hay que considerar el formato del torneo argentino. “En un torneo que tiene gran cantidad de equipos, que tiene 30 equipos, por supuesto que va a haber mayor incidencia de todo tipo de lesión”, afirma el deportólogo.
Para él, la comparación lineal entre años es insuficiente si no se utiliza el parámetro científico de “incidencia lesional por horas de exposición”. Esta métrica permite saber cuántas lesiones ocurren por cada 1,000 horas de juego o entrenamiento, lo que daría una cifra real sobre si el fútbol argentino es hoy más peligroso que antes o si simplemente hay más jugadores expuestos por la cantidad de equipos en Primera División.
En cuanto a la prevención de estas lesiones, Lassen advierte que “es posible y no necesariamente costosa”. Menciona herramientas gratuitas como la plataforma FIFA Plus 11, que enseña trabajos de prevención específicos para la rodilla. Según Christian, el problema en los clubes locales es la falta de gente idónea. “A veces no se cuenta con profesionales acordes porque los salarios no son adecuados”, señala, marcando una deficiencia estructural donde los clubes prefieren ahorrar en especialistas de prevención, asumiendo luego el costo millonario de una cirugía y meses de inactividad de un jugador.
Los datos confirman que la rodilla del futbolista no suele romperse por un impacto externo, sino por una falla propia en la interacción con el entorno. Tanto en los registros europeos como en los estudios locales en Argentina, se observa que el 67% de las lesiones del LCA se producen por trauma indirecto, es decir, mediante un mecanismo lesivo sin contacto con el adversario. El hecho de que la gran mayoría de los jugadores “se rompan solos” refuerza la hipótesis de que factores extrínsecos, como el estado del suelo y el calzado, son también grandes responsables de este estallido estadístico.
El mal estado de los campos de juego.
En el fútbol argentino el mal estado de las canchas ya es moneda corriente, y esto impacta directamente en la salud de los futbolistas. Desde Eter, contactamos a Fabio Solari, Ingeniero agrónomo y docente en la U.B.A que trabaja hace más de 20 años en campos deportivos de alto rendimiento, para indagar en profundidad aspectos que tienen que ver con la superficie del juego.
“Mantener una cancha cuesta lo mismo que un profesional más del plantel, pero en la mayoría de los casos se evita invertir en mantenimiento y luego se termina gastando mucho más dinero en la recuperación de los jugadores”, resalta Fabio Solari, lo que describe una realidad alarmante donde la inversión es eludida sistemáticamente.
Desde su mirada técnica, hay dos conceptos que el hincha y el dirigente deben comprender para entender por qué la rodilla de un jugador puede explotar sin que nadie lo toque: el micro-relieve y la compactación.
“El micro-relieve son los pozos”, explica Fabio con simpleza. “Cada vez que el juego arranca un pedazo de campo, queda una trampa. Si no se emparcha con una mezcla técnica de tierra, arena y semilla, el jugador encuentra un desnivel que bloquea el tobillo. Cuando el tobillo se traba en el pozo y el cuerpo gira, el ligamento cruzado es el que paga la cuenta”. Pero hay un factor menos visible y peligroso: la compactación. En Argentina, la mayoría de los estadios están construidos sobre arcilla o tierra natural, materiales que se endurecen como el cemento ante el tránsito constante, especialmente si se juega en condiciones de humedad. “El suelo se vuelve heterogéneo. El jugador viene corriendo por una zona blanda y, de repente, pisa una zona de compactación fuerte. Ese cambio brusco de superficie resiente la articulación de forma inmediata”, detalla el ingeniero.
La disparidad en los distintos campos de juego en la Liga Profesional es visible. El Estadio Monumental de River Plate es un oasis: cuenta con césped híbrido cocido (90% arena) y un sistema de calefacción y enfriamiento mediante serpentinas de agua que permite mantener especies invernales todo el año. Hay otros estadios que tienen otro tipo de híbrido que es una suerte de alfombra plástica, no cocida, sino aplicada, sobre la cual crece el césped. Por ejemplo, el estadio de Estudiantes de La Plata, el de Lanús y el de Vélez tienen ese tipo de híbrido, que según Solari, “no es tan amigable con el césped natural, como es el cocido”. Aunque agrega que no dejan de ser un paso adelante sobre “canchas hechas sobre arcilla o suelo natural que siempre van a tener problemas de compactación”.
Solari desnuda, además, el vacío reglamentario: “La AFA te inspecciona los matafuegos o la altura de los banderines, pero no mide la velocidad de rodamiento, la infiltración ni la dureza superficial con instrumentos de precisión. CONMEBOL y FIFA sí lo exigen”.
Fabio Solari, estudiando y analizando el césped de la Bombonera.
Para Solari, el mal estado de las canchas no es solo una cuestión de desinversión, sino una negligencia legal sistemática que la AFA y los clubes parecen ignorar. El mantenimiento profesional de un campo de juego de alto rendimiento exige la aplicación de productos químicos (insecticidas, fungicidas y herbicidas) cuya manipulación está estrictamente regulada por ley. El ingeniero explica que estos productos no pueden ser comprados ni aplicados por cualquiera; requieren de una receta obligatoria emitida por un ingeniero agrónomo matriculado. Sin embargo, la realidad en el fútbol argentino es alarmante: “Muchos clubes de primera no tienen un ingeniero agrónomo que los asesore. Están contraviniendo la ley y nadie dice nada”. Esta situación deriva en el uso de agroquímicos de forma ilegal, sin supervisión profesional, lo que representa un riesgo no solo para el césped, sino para la salud de los jugadores, el personal y el público, considerando que muchos estadios están ubicados en zonas urbanas densamente pobladas.
Solari utiliza una analogía contundente para describir la informalidad con la que se manejan los terrenos: “Uno hoy pensaría, ¿puedo tener un plantel de fútbol con la revisión médica a cargo de un curandero? No, tiene que ser un médico matriculado. Bueno, en el caso del césped es análogo”.
La rodilla escucha
Para el Dr. Damián Siano. médico traumatólogo y especialista en medicina regenerativa, la actual cantidad de lesiones en el fútbol argentino no puede entenderse sin analizar lo que él define como un “calendario bestial” y un entorno de exigencia desmedida. Según el Traumatólogo, el cruce de intereses económicos y la saturación de partidos han generado un escenario donde el descanso ha pasado a ser un lujo casi inexistente para el futbolista profesional.
Siano pone como ejemplo inmediato lo sucedido con los jugadores de la Selección Argentina previo al Mundial. Jugadores como Paredes, Montiel y Acuña terminaron la primera mitad de temporada al límite físico. El especialista señala que esta situación no es casualidad: “El fútbol argentino es durísimo. Se juega cada 3 o 4 días, no hay descanso. Los jugadores de la selección están tocados, todos están tocados por la exigencia y el estrés que significa jugar finales o pelear clasificaciones constantemente”.
Siano explica que en el alto rendimiento el estrés se traduce en la obligación de “rendir a fondo”. El jugador vive bajo la presión de ser observado por el técnico nacional, de no perder la titularidad o de evitar un descenso. “El cruzado se lesiona por esto: por la exigencia, por el estrés y por el alto roce físico que hay hoy en día, que es muchísimo más duro que en la época de Maradona, por ejemplo” afirma el médico.
Un factor determinante que Siano identifica como un riesgo de “explotar” es el manejo deficiente de las cargas. Muchos futbolistas, en su afán por mejorar, realizan entrenamientos particulares por fuera de sus clubes sin que los preparadores físicos oficiales lo sepan. Esta sobrecarga de trabajo, sumada a la falta de sueño y descanso regenerativo, genera una bomba de tiempo: “Todo eso termina explotando. Hay un abuso del calendario y un componente de estrés donde el jugador se quiere salvar y, en pos de eso, se exige más de lo que debe y se rompe solo, sin que nadie lo toque”.
El traumatólogo es sumamente crítico con las organizaciones que rigen el fútbol. Asegura que los calendarios son “nefastos y terribles”, diseñados únicamente para el beneficio económico de las federaciones. “Se llenan de oro con los jugadores, pero a la vez, no los protegen como deberían, ya que al fin y al cabo, son ellos los intérpretes del espectáculo”, sentencia Siano
En cuanto a los viajes de los jugadores, Siano desmiente el mito de que el tiempo de viaje es tiempo de descanso. Menciona que los traslados de 6 o 7 horas en avión, sumados a las esperas en aeropuertos y los viajes en micro a zonas remotas de países como Venezuela o Colombia, son destructivos para el físico: “Dormir en un avión ida y vuelta no es descansar. Las piernas se pinchan arriba del avión. El descanso debe ser regenerativo y eso hoy es casi imposible de lograr con la cantidad de competencias que se juntan, como la Copa Argentina y el torneo local que se superponen”.
La salud bucal como factor importante en la prevención de lesiones
Quizás resulta extraña la conexión entre la boca y las rodillas, pero las infecciones bucales y las caries liberan bacterias al torrente sanguíneo que se alojan en las articulaciones, debilitando los tejidos. El caso de Leonardo Pisculichi en el River de Gallardo es un claro ejemplo: el jugador sufría desgarros constantes hasta que se detectó un problema en sus muelas. Solucionado el tema dental, las lesiones desaparecieron. Entrenadores con formación europea, como Martín Demichelis, han impuesto revisiones odontológicas obligatorias. “Que los representantes, antes de comprarle el último celular a un juvenil, se ocupen de conseguirles un buen dentista”, fue el consejo del DT a los managers.
Siano advierte que el fútbol está sufriendo una deformación por intereses, replicando y coincidiendo con las recientes declaraciones de Jürgen Klopp, quien expresó que “las modificaciones son ejecutadas por personas que deciden desde oficinas con aire acondicionado”. Incluso, Siano, critica medidas como las pausas de rehidratación, las cuales considera una burla que se usa más como pauta publicitaria o para dar indicaciones tácticas que para cuidar la salud, rompiendo el ritmo del jugador y aumentando la carga de estrés ambiental.
Otro de los factores extrínsecos que aumentan la probabilidad de lesión ligamentaria son los botines de los jugadores. Durante este último mundial 2026 se pudo ver que la mayoría de los futbolistas tenían los mismos diseños y colores de botines, que claramente son parte de una campaña de marketing de la marca que los auspicia, pero, ¿Cómo repercute este tipo de calzado en la biomecánica de los deportistas?.
Si el campo de juego pone la trampa, el calzado moderno la ejecuta. Damián Siano es un crítico feroz de la evolución (o involución) del botín de fútbol. “El mejor tapón es el redondo”, afirma categóricamente. El fundamento es puramente mecánico: el tapón redondo le permite al jugador pivotear, girar como una “licuadora” disipando la fuerza de torsión.
Sin embargo, las grandes marcas de calzado han impuesto una estética que prioriza diseños llamativos y de colores fosforescentes, pero que biomecánicamente son realmente peligrosos. Estos modelos suelen utilizar tapones hexagonales, triangulares o laminados. Su objetivo es el agarre absoluto, la tracción total. Pero ahí reside el riesgo: el tapón se clava en la superficie y, si el jugador necesita realizar un giro brusco, el pie queda anclado.
Es aquí donde aparece la tríada de O’Donoghue o, como se la conoce en el lenguaje de vestuario, la tríada desgraciada. “Es un efecto dominó”, explica Siano. “Primero se produce el esguince del ligamento lateral interno por el bloqueo; si el giro continúa, se rompe el menisco; y si la violencia del movimiento persiste, se termina de reventar el ligamento cruzado anterior“. Para Siano, el regreso al tapón redondo es una medida de prevención biométrica urgente. Incluso menciona que en el rugby, donde el contacto es mayor pero el pivoteo es diferente, se sigue priorizando el tapón circular por una cuestión de seguridad elemental. “En el césped sintético, el riesgo es un 100% mayor. El pie se engancha en la alfombra y hay que ir a buscar la rodilla al córner”, sentencia.
Avances médicos en el tratamiento de estas lesiones
Afortunadamente, la medicina del deporte no se ha quedado estancada en la época de las cirugías bestiales que retiraron a cracks como el Turco Asad. Hoy, la tecnología ofrece herramientas para que el retorno sea más seguro, aunque los tiempos se han estirado (con buen criterio) a un lapso de 6 a 10 meses para asegurar la “ligamentización” total del injerto.
Dentro de una lesión que en mayoría requiere de cirugía para volver a competir en el alto rendimiento, la biomecánica nos regala excepciones fascinantes. Siano recuerda el emblemático caso de Hugo “El negro” Ibarra. El jugador llevó a cabo gran parte de su carrera con el ligamento cruzado roto sin saberlo. ¿Cómo lo hacía?. Mediante una hipertrofia muscular compensatoria masiva. “Tenía un cuádriceps tan potente que actuaba como el freno que el ligamento ya no podía dar”, explica Siano. Sin embargo, advierte que son anomalías genéticas. En el 99% de los casos profesionales, la inestabilidad de la rodilla es inmanejable sin el “freno de mano” que representa el ligamento, y el paso por el quirófano es la única vía para salvar la carrera del atleta.
Joaquín Panichelli, junto a su círculo íntimo, el día de su operación, jueves 2 de abril de 2026. El delantero cordobés, actualmente está en la mitad del proceso de recuperación, logrando hacer ejercicios de fuerza y también bicicleta fija en su club, Racing de Estrasburgo, trabajando en conjunto con un fisioterapeuta para seguir evolucionando favorablemente y acercarse a la última etapa de la rehabilitación para poder entrenar a la par de sus compañeros.
En la medicina regenerativa, el Plasma Rico en Plaquetas (PRP) es el gran aliado actual. Se extrae sangre del propio paciente, se centrifuga y se aplican los factores de crecimiento en la zona lesionada. Siano, gran defensor de esta técnica, menciona a Rafael Nadal como el abanderado mundial. En la Selección Argentina, se ha utilizado en casos como los de Paredes (desgarro) y Julián Álvarez (tobillo). En las cirugías de LCA, se aplica intraquirúrgicamente para “bañar” el injerto y los tornillos, acelerando la cicatrización y reduciendo el riesgo de infección. Siano destaca también a la Isocinesia como técnica preventiva. En Brasil, es común ver a Givanildo Vieira de Souza, mejor conocido como “Hulk” (ex Atlético Mineiro) subiendo videos en máquinas isocinéticas. Estas máquinas hidráulicas miden con precisión la fuerza de cuádriceps e isquiotibiales en ida y vuelta. “Es como un electrocardiograma del músculo”, define el médico.
Luego de indagar con distintas voces especialistas, y recabar datos y estadísticas que respaldan la información, buscamos algunas conclusiones sobre qué cambios deben realizarse para mermar con la gran cantidad de lesiones de LCA que se produjeron en los últimos años.
Christian Lassen afirma que “Se debe proponer un cambio de paradigma urgente. Saber dónde estamos parados. Generar estadísticas rigurosas y propias de la liga argentina. Realizar campañas de prevención. Establecer bases de trabajo obligatorias en los clubes profesionales capacitados, que incluyan control de variables como, por ejemplo, ajustar el calzado a la superficie de juego, mejorar el mantenimiento de las canchas y priorizar el fortalecimiento muscular.” El deportólogo expresa que, aunque hay lesiones producto de la “mala fortuna” en jugadas accidentales, una gran parte de las roturas de ligamento cruzado se podrían evitar con una gestión profesional de las cargas y el fortalecimiento físico adecuado. Por otro lado, la calidad de los campos de juego del fútbol argentino es algo que definitivamente debe cambiar rápido. La desidia del mantenimiento de las superficies repercute directamente en los protagonistas, poniendo en riesgo su salud, derivando en distintos tipos de lesiones, entre ellas, la lesión de ligamentos cruzados. Entonces, el césped es un factor clave al cual no se lo puede ignorar y debe recibir la importancia adecuada, invirtiendo en un mantenimiento correspondiente. La falta de este asesoramiento profesional impide que se lleven a cabo tareas esenciales de prevención, como las descompactaciones mecánicas (mínimo dos veces al año) o los cortes verticales para evitar que los tapones se enreden en los estolones del césped. “Los clubes reaccionan cuando el problema se les viene encima”, sentencia Fabio Solari, advirtiendo que esta desidia profesional seguirá siendo el motor de lesiones graves hasta que se exija por reglamento la presencia de agrónomos responsables en cada cuerpo técnico. En cuanto a técnicas de preparación de vanguardia, Damián Siano destaca la importancia de incorporar la Isocinesia como herramienta fundamental para la prevención. En Argentina, su uso es escaso por desconocimiento o falta de inversión estructural, pero es fundamental para detectar desbalances musculares que anticipan una rotura. Medir la potencia y resistencia muscular es vital para prevenir este tipo de lesiones. Un jugador con un cuádriceps potente pero isquiotibiales débiles es un candidato firme al quirófano.
Entonces, luego de descifrar que este aluvión de lesiones es un problema multifactorial, vemos que el fútbol argentino tiene muchísimo para corregir en todas las áreas que desencadenan en esta problemática. Desde la falta de gente idónea para generar superficies de juego adecuadas, a la intempestiva gestión de cargas que exige una competencia con cada vez más torneos en disputa. De falta de mediciones y estadísticas rigurosas que delimiten nuestro fútbol argentino, hasta la ausencia de controles odontológicos que luego derivan en lesiones. El fútbol argentino no puede hacerse el distraído y debe buscar avances que den soluciones en el corto y largo plazo para frenar esta sangría de una de las lesiones más graves que puede sufrir un deportista.
“¿Quieres ganar 80 mil soles y tirás esos centros, Trucha?”. El futbolista peruano Percy Rojas recuerda, con los ojos llenos de brillo y su mirada de nene, el reto de Marcos Calderón cuando era niño, que no fue solo una corrección técnica. En el fútbol peruano de los años 70, donde el talento estaba por todos lados, la diferencia no la hacían solo los más habilidosos, sino los que también estaban dispuestos a exigirse más que el resto. Rojas cuenta que pudo entender ese mensaje antes que muchos, y eso fue una de las cosas que lo ayudó a construir una de las mejores carreras del fútbol peruano.
Nació en Lima en 1949, es el menor de cinco hermanos, creció con el deporte y tomó decisiones difíciles. En el colegio destacaba mucho tanto en el básquet como en el fútbol, pero terminó eligiendo el verde césped. A los 16 años, a escondidas de sus papás, se fue a probar a Universitario de Deportes. Esto marcaría el inicio de una carrera que luego lo convertiría en uno de los grandes nombres del fútbol de su país.
Flaco, rápido y escurridizo, como lo describen, empezó a llamar la atención. Su capacidad para esquivar rivales fue lo que hizo que se le ponga el apodo de Trucha, bien a su estilo: ágil y difícil de atrapar.
En Universitario se convirtió rápidamente en ídolo. Fue goleador, campeón y protagonista de la histórica campaña que llevó a la U a la final de la Copa Libertadores de 1972, donde también se convirtió en el primer peruano en marcar en una de la Copa.
Créditos: GEC Archivo Histórico
Unos años después dio el salto que lo terminó de consolidar: en 1975 pasó a Independiente de Avellaneda en Argentina. El Rey de Copas se había convertido en un equipo acostumbrado a ganar. Percy se puso la camiseta y al instante rindió, nunca le pesó. Marcó en la final de la Copa Libertadores y fue clave para que el club levantara su sexta Copa Libertadores.
También dejó una huella imborrable en el clásico ante Racing, con una jugada que él mismo recuerda como el mejor gol de su carrera, esquivando a varios rivales antes de definir. La revista El Gráfico lo llevó a su portada con una frase que nos transmite lo que fue ese gol: “Por estos motivos amamos tanto el fútbol”.
Percy, acompañado y asistido por su esposa Ketty -que ayuda a que se le entienda en el habla-, recuerda esos años en Argentina con muchísimo cariño. Ella nos cuenta las grandes noches vividas en el viejo Doble Visera, en el sector de damas junto a las otras botineras.
El futbolista también muy emocionado al hablar de esos años gloriosos de su carrera pide llamar a un amigo y ex compañero. Del otro lado de la pantalla en una videollamada aparece RicardoChivoPavoni, otra gloria roja, que se pone muy feliz al verlo por la llamada. Sigue teniendo una relación de mucho cariño con sus ex compañeros del Rojo, que también le tienen un gran afecto y se preocupan por él.
Al mismo tiempo que hacía historia con los Diablos Rojos, el Trucha fue una parte clave de la generación más brillante del fútbol peruano. Compartió equipo con figuras como Teófilo Cubillas, Héctor Chumpitaz y Hugo Sotil; y fue parte importantísima en la conquista de la Copa América de 1975, donde hizo goles decisivos. También jugó los mundiales de 1978 y 1982, una época en la que Perú competía de igual a igual con las grandes selecciones del mundo.
Después de su paso por Argentina, volvió al país para jugar en Sporting Cristal, donde volvió a ser campeón, y luego tuvo una experiencia en Bélgica. Antes de retirarse, regresó obviamente al club de sus amores, Universitario. En ese momento ya era un referente.
Y después de su retiro, su vínculo con el fútbol siguió: dirigió, formó jóvenes y creó una escuela en la que, más allá de la técnica, buscó transmitir valores. Allí, replicó eso que había aprendido décadas antes: que el talento solo no alcanza.
Pero la vida, como en la cancha, también te da los golpes más duros. El 12 de enero de 2020, después de jugar al tenis, Rojas sintió un leve dolor en el pecho. Sin saberlo, había sufrido un infarto; luego llegó un accidente cerebrovascular. En cuestión de días, el jugador que había gambeteado defensores en toda América quedó en coma, conectado a tubos en una sala de cuidados intensivos.
Fueron casi dos meses en UCI, cinco operaciones, tres a corazón abierto y dos en el cerebro, y un diagnóstico que reducía sus posibilidades de vida a un margen mínimo. Afuera, su familia hacía lo que él hizo toda su carrera: no rendirse y pelearla. “Nosotros somos deportistas, y los deportistas nunca pierden la fe ni dejan de luchar”, dijo su esposa, Ketty.
Cuando finalmente volvió a abrir los ojos, el primer gesto fue pedir una raqueta. Como si su cuerpo o la memoria se hubieran quedado en el último momento en que todo estaba en orden. La recuperación fue lenta, con mucha paciencia. Volver a hablar, a respirar sin ayuda, a moverse. Aprender de nuevo muchas cosas básicas que antes eran naturales. “Creo… que he sido… una buena persona. Y así me recuerdan… Eso me hace feliz”, dice con la voz entrecortada.
Quienes lo acompañaron en todo este proceso reconocen que hay algo familiar en toda esta lucha: la misma decisión y valentía que lo llevaron a ir a probarse a escondidas a Universitario, la que lo sostuvo en escenarios como la Copa Libertadores o la Selección Peruana; aparece ahora lejos de las canchas pero con la misma intensidad.
Porque si algo define a Percy Rojas no son solo sus goles; es un ejemplo de insistir, incluso cuando todo parece en contra. Y así parece que su historia no termina en una final ni en un título. Vuelve siempre a ese gesto casi invisible de no rendirse.
En el Barrio Centenario de Mar del Plata, el silencio es un lujo que no existe. Allí, entre el eco de los monoblocks y el ruido de las motos, Agustín Zapata aprendió que para cuidar un arco primero hay que saber cuidar la identidad. Hoy, con 23 años, vive en la dualidad de quien detiene penales decisivos bajo las luces del Torneo Regional y, a la mañana siguiente, se sienta frente a los apuntes de Educación Física para cumplir con su otra faceta: la de un pibe normal que proyecta un futuro más allá del césped.
El perfil de Zapata se define en el equilibrio. “Trato de mantener los pies sobre la tierra”, suele repetir mientras reparte su tiempo entre el entrenamiento y el grupo de amigos de siempre. Para él, el fútbol es una forma de expresión, pero no es la única: sabe que una carrera puede cambiar en un segundo y por eso busca una base sólida fuera del deporte.
La mitología privada del arquero tiene un punto de partida claro: una tarde de sol, hace 11 años, caminando hacia el estadio con su padre, Martín Zapata. “Mirá este estadio, hijo. Algún día vas a jugar acá”, le dijo mientras el ruido de los bombos de la hinchada de Alvarado hacían temblar el cemento. Él, que entonces tenía nueve años, no solo miró; sino que guardó el sonido y el color de las banderas como un tesoro.
Su padre lo empezó a llamar cariñosamente Patito no por una cuestión de plumaje, sino por la sobriedad y los reflejos fríos que le recordaban al “Pato” Abbondanzieri. “De chico le pateaba pelotas de tenis contra la pared del monoblock”, recuerda su papá con una sonrisa y sigue: “El Patito no se quejaba nunca. Si una pelota le pegaba en la cara, se limpiaba y me decía ‘seguí pateando, pa, que esta no entró’”.
Su ascenso en Alvarado, el club que lo formó desde niño, fue un proceso de paciencia. “Alvarado me enseñó amor por la camiseta y valores”, reconoce el arquero quien sintió un orgullo indescriptible cuando lo llamaron para su primer contrato profesional. Sin embargo, el salto al primer equipo le exigió sacrificar la espontaneidad: ordenar horarios, cuidar la comida y aprender a convivir con una presión que sus pares solo ven por televisión.
Tras tres años de pelearla “desde atrás” en el Torito, su paso a Deportivo Norte fue una decisión de madurez para “tener rodaje”. Allí se convirtió enLa murallaconfiando en su intuición para darle alegrías al equipo marplatense. Sin embargo, en el vestuario prefiere el silencio y la escucha. “En Primera hay jugadores con mucha experiencia y cada consejo vale oro”, afirma con la humildad de quien sabe que todavía tiene mucho para crecer.
Créditos: Marca Deportiva
Antes de cada partido, el arquero tiene sus rituales de pibe de barrio. “Escucho siempre las mismas canciones y llego temprano para mirar la cancha en silencio”, comparte sobre ese momento de conexión, antes de que Patito se ponga los guantes y se transforme en el guardián de los tres palos.
Al final del día, vuelve a ser el hijo de Martín. —¿Cómo te fue hoy, Patito? —pregunta el padre mientras ceba unos mates en la cocina. —Bien, pa. Cansado, pero mañana tengo que rendir un parcial —responde el hijo. Esa es su verdadera victoria: la capacidad de habitar dos mundossin fisuras.
El joven que sueña con vestir la camiseta de la Selección Nacional es el mismo que disfruta de una tarde tranquila con sus viejos y sus amigos de la zona Sur. No es una “figura de cera”; es un pibe que entiende que el fútbol es un juego de momentos, y que la persona se construye ladrillo a ladrillo, todos los días, lejos de los flashes. Su meta es clara: dejar una buena imagen, no solo como el que ataja penales, sino como el pibe que nunca olvidó el camino de regreso al barrio.