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Elizabeth de Chapeaurouge: el arte de contar historias a través del movimiento

Es maestra y coreógrafa de grandes musicales en nuestro país. Analiza la evolución del teatro musical y reflexiona sobre la importancia de acompañar el crecimiento técnico y emocional de sus alumnos.

Elizabeth de Chapeaurouge en “Hacedores del Musical”. Créditos: Canal Á 

“Soy coreógrafa, directora y formadora. Desde hace muchos años me dedico a la danza, al teatro, al ballet, pero sobre todo al teatro musical”. Así se presenta la referente indiscutida con más de 30 años de trayectoria en espectáculos musicales, Elizabeth de Chapeaurouge. Ella marcó hitos con sus puestas coreográficas como Cabaret Jazz Swing Tap en la calle Corrientes; y ahora atraviesa un presente de plena expansión creativa. 

En la actualidad, divide su pasión entre la dirección del Instituto Coreográfico Argentino (ICA), la escuela que fundó su mamá en 1953 y que hoy sigue siendo un semillero de talentos; y la apuesta por la autogestión con proyectos de alto impacto tales como Invasiones I: No Bombardeen Buenos Aires, una ambiciosa puesta que narra las invasiones inglesas al ritmo de Charly García, y Cromático su reciente creación de danza contemporánea para el prestigioso Ballet del Teatro San Martín

-¿Cómo es el presente del teatro musical en la Argentina? Imagino que bien, porque seguís apostando.

-Sí. Este año es increíble. Hay un montón de musicales. Hay musicales que gustan más que otros. Depende de la temática, depende de quién esté también protagonizando. Y bueno, esto es un trabajo que esperaba hace tiempo, la autogestión. Ya apunto a eso prácticamente. Pienso seguir apostando por el musical en Buenos Aires.

-¿Cómo es ese proceso creativo cuando vas a encarar un nuevo proyecto?

-Lleva mucho tiempo, a veces años. A mí me llevó dos años armar Colorimetría. Cuando tenía la idea formulada busqué una directora de arte para que me hiciese la escenografía y el vestuario, pero yo tenía muy claro lo que quería. Inclusive con el músico, se creó la música también en conjunto con él. Y después plasmarlo en una compañía de bailarines de élite, como es el Ballet Contemporáneo del San Martín. 

En el caso de Invasiones I, a un señor se le ocurrió armar una historia con canciones de Charly García. Pero, en realidad, son canciones sobre un hecho real, porque fueron las invasiones inglesas, la primera invasión que tuvimos. En base a eso, con un historiador se armó una historia ficticia, que es lo que hace la protagonista, dentro de un hecho real. Y se cuenta una historia. 

Los desafíos en el musical son contar historias. Eso es lo más complejo que tiene. Contar una historia a través de la danza. 

-¿Cómo ves al público argentino? 

-Hay musicales que gustan más que otros. Depende de la temática, depende de quién esté también protagonizando.

-¿Cómo se adaptan proyectos del exterior para que funcionen en nuestro país? 

-Siempre hay que adaptarlo. Hay que adaptar la comprensión del texto. A veces hay cosas que se sitúan en lugares como Estados Unidos y no las podés cambiar. Por ejemplo, Hello Dolly está situada en el 1900 en un pueblo en Estados Unidos. Pero hay que adaptarlo para que el lenguaje tenga sentido acá. Para que se entienda más allá de que no sea nuestro contexto. 

-¿Cómo recordás tu infancia rodeada por la Danza?

-Mi infancia fue como la de un niño cualquiera que iba al colegio, pero que paralelamente toda su vida bailó. Porque al ser hija de una mamá bailarina y directora de una escuela, a los dos años me pusieron unas zapatillas de media punta y ahí no paré. Era la más chiquita de la escuela.

-¿Cuál fue el momento en el que decidiste dedicarte a esto?

-Yo quería ser arquitecta porque estudié en una escuela industrial, me interesaba el diseño de interiores que creo que todo eso está un poco ligado al arte. Siempre fantaseé con la idea de querer ser arquitecta. Sin embargo, si me preguntaban por la danza, yo quería ser coreógrafa. Yo quería hacer lo que mi mamá me mostraba en las películas de Hollywood. 

Entonces, cuando terminé la secundaria tuvimos una conversación con mi papá porque mi mamá necesitaba ayuda en la escuela y empecé a dar clases. Y a partir de ese momento me dediqué a la danza. Me atrapó por completo.

-Elegiste instruirte también en otro país, ¿qué te llevó a estudiar en Nueva York?

-En mis primeros años de vida me formé acá, en el ICA, una formación muy completa porque desde chiquita, me formé en danzas clásicas. En aquel momento la escuela enseñaba danzas españolas, así que sabíamos baile regional, flamenco. Pero mi mamá enseñaba tap, no jazz. 

Y, entonces, mi mamá me mandó a Estados Unidos. Allí, a través de una mentora que tuve en Argentina pero que vivía allá, me guió un poco en qué era lo que tenía que estudiar para formarme en danza jazz. 

A Nueva York me llevó el deseo de buscar más y siempre aprender. Y el jazz, como en Estados Unidos, no lo vas a aprender en ningún lado. Entonces, en aquellas épocas, a partir de los 80 empecé a viajar y enganché una camada de maestros que habían sido asistentes de grandes coreógrafos de las décadas de los 50, como Jerome Robbins y Bob Fosse. Esa gente te enseñaba la esencia del jazz, de donde había nacido, fue muy hermoso.

-¿Cómo llegó a tu vida el teatro musical? 

-Me pasó que en Nueva York entrenaba con coreógrafos de teatro musical y con directores, inclusive, de quienes aprendí muchísimo del rubro. Entonces, una vez en Buenos Aires, durante los años 90, formé una compañía independiente. Y, a partir de eso, me llamó Alejandro Romay, en ese momento dueño de Canal 9, para convocarme a hacer la asistencia de coreografía de Fiebre de Sábado por la noche. Era un equipo de ingleses que vino acá en el 2000 a replicar la obra en Buenos Aires, mi rol era transmitir las coreografías al elenco de acá.

Ahí fue donde entré en el teatro musical a querer trabajar en eso. Para mí, trabajar con ellos fue realmente una experiencia educativa también. Una escuela. Y después acá seguí trabajando con directores nacionales. 

Con directores españoles, que fue mi siguiente trabajo, me convocaron para aportar mi conocimiento del theatre jazz en el montaje de Más de Mil Mentiras, el musical con canciones de Joaquín Sabina. Y, a partir de esos trabajos, decidí abocarme a la coreografía del teatro musical.

-¿Te acordás cuál fue el desafío más grande que enfrentaste como coreógrafa de teatro?

-En el teatro musical hay muchos desafíos, pero los más grandes son cuando hacés autogestión. Cuando vos creás algo, creás una coreografía nueva. Mientras que cuando hacés reposiciones, de las que hice un montón, es un poquito más fácil, digamos, porque ya sabés a dónde van esas coreografías.

-Respecto de tu rol académico, ¿a qué desafíos diarios te enfrentás como directora de una escuela de formación artística?

-La responsabilidad es muy grande. Yo soy de las que se involucra, de las que abre la puerta de la clase y se queda. Entro, miro… Después hablo mucho con el maestro para ayudarlo a corregir cosas.

En ICA nos caracterizamos porque somos una escuela de formación. Eso es a lo que apunta la escuela: a formar artistas. Y de acá han salido grandes coreógrafos, muy buenos intérpretes; a eso apostamos.

-Aún das clases, ¿disfrutás de enseñar?

-Yo doy clases, porque es mi forma de agradecer. Hay personas que me siguen desde hace muchos años, que confían en mí y que sigo viendo; y también de las que aprendo. Esto también se puede sostener porque doy clases regulares, tengo mi estudio y me gusta dar clases en la formación. 

-¿Qué hace que una coreografía funcione en teatro musical y no solo en una clase de danza?

-Lo que se trabaja en clase es lo que nosotros llamamos “calidad en movimiento”. Nosotros en la clase ajustamos la dinámica, la interpretación, la técnica. En cambio, cuando pasás al teatro, ya tenés que tener un entrenamiento de todo eso para que después puedas interpretarlo, ya se trabaja sobre un diseño espacial, que no es lo mismo. 

Y, obviamente, en el teatro musical lo vocal es otra historia. Trabajar sobre alguien que canta no es lo mismo que trabajar sobre alguien que baila nada más. Es muy difícil.

-Y, después de tantos años en el rubro, ¿qué te sigue motivando para seguir?

-¡La creación! Llámese en la clase, hacer algo propio en un teatro o mismo un video de las clases que se dictan acá. A mí me gusta hasta grabarlo, editarlo. Me involucro siempre con mi trabajo desde el lado creativo, eso es lo que me mueve.


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

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