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Margarita Soto, locutora santacruceña: “Todavía hay una alegría interna que se renueva con cada emisión”

Su voz acompañó a diferentes generaciones desde los micrófonos de las emisoras más emblemáticas de la provincia: LU14 Radio Provincia y LU12 AM680.

“La radio es parte de mí y nunca va a desaparecer”. A sus 88 años, la locutora nacional oriunda de Santa Cruz recibió un homenaje histórico: una calle del barrio PROCREAR de Río Gallegos lleva su nombre, aprobado por unanimidad, y en reconocimiento a su aporte invaluable a la cultura local y a la memoria colectiva de una comunidad que la recuerda con afecto y admiración.

Margarita Soto ocupa un lugar fundamental en la historia de su provincia. Su voz acompañó a generaciones desde los micrófonos de las emisoras más emblemáticas de la provincia: LU14 Radio Provincia y LU12 AM680. Desde sus primeros pasos en 1961 hasta su incorporación en 1976 al plantel de locutores comerciales de L.U.12, y más tarde, en 1980, al personal permanente de L.U.85 TV Canal 9 como relatora del noticiero televisivo —sin abandonar nunca su labor en L.U.12—, construyó una carrera marcada por la pasión, el profesionalismo y el compromiso con la palabra. 

Fue testigo de grandes momentos de la historia santacruceña y de Argentina, en general, llevando a través del micrófono noticias, entretenimiento, emociones y cultura a miles de hogares; a quienes si tuviera la posibilidad de elegir su último mensaje al aire les diría: “Me faltan palabras, pero no sentimientos. Por eso, y por tantas cosas, gracias, muchas gracias”. 

En esta entrevista, repasa los momentos más significativos de su trayectoria, comparte su amor por el micrófono y el valor de la palabra dicha con el corazón.

—Margarita, ¿cómo recordás tus primeros pasos en la radio?
—Con mucha emoción. Me acuerdo como si fuera ayer… Escuché que en Radio Provincia L.U.14 necesitaban voces femeninas para cumplir tareas idóneas en la emisora. Pensé: “Ésta es la mía”. Me presenté, me tomaron un examen, me grabaron en el estudio chiquito de atrás. Pero pasaron los días y no me llamaban. 

Dejé pasar un tiempo… y una mañana hablé con mi padre, me dio el coraje y me acompañó. Fui a ver al director para preguntarle por qué no me llamaban. ¡Y me dijo que había sido seleccionada, pero que debía practicar mucho!

—¿En qué momento descubriste que la locución era más que un trabajo, que era tu verdadera vocación?
—Todo requiere tiempo, interés y entrega. A la radio la sentí como mi casa; los oyentes me aceptaron como esa compañía invisible. Fue entonces cuando sentí verdadero placer por lo que hacía, por lo logrado, y decidí ir por más. 

La vocación aparece cuando uno se da cuenta de que, a pesar del cansancio o las dificultades, hay una alegría interna que se renueva con cada emisión, con cada saludo que llega del otro lado del micrófono.

—¿Qué momentos recordás como los más emocionantes de tu carrera?
—¡Muchos! Las presentaciones de números artísticos en vivo, incursionar en los boletines informativos… Siempre con la satisfacción de haber logrado mi objetivo. También hubo situaciones complicadas, coberturas de emergencias o días de elecciones, donde había que transmitir con precisión y respeto. Cada día traía un nuevo desafío.

—La pandemia te alejó del micrófono. ¿Cómo viviste esa etapa?
—Fue muy duro. No poder ir a la radio me partió el alma. El micrófono era una parte de mí, y de golpe sentí que me lo arrancaban. Extrañé muchísimo la rutina, el equipo, los oyentes. Me costó mucho aceptarlo. Pero también me sirvió para reflexionar, para valorar aún más los años vividos detrás del micrófono y para descubrir que la radio es parte de mí y que nunca va a desaparecer.

—Tenemos algo en común: mi querida Mercedes —o Diana, para los oyentes—. ¿Qué me podés contar sobre mi abuela y tu colega?
—Pasó el tiempo y conocí a Diana, ¡tu abuela! Compartimos responsabilidades en turnos programados, radioteatro, obras de teatro… De esos compromisos nació una sincera amistad que hoy extraño con mucha nostalgia. 

Diana tenía una calidez especial, una forma muy humana de hacer radio. Nos divertíamos mucho juntas. Fue una compañera entrañable y una profesional admirable.

—¿Alguna vez pensaste en escribir un libro con tus memorias?
—Hay algunos que hablan de mí junto a muchos colegas más. Creo que hay mucho para contar, pero también mucho para guardar en el corazón. Sería lindo dejar por escrito esas historias, que son parte de los inicios de la locución y de los medios tradicionales.

—Si tuvieras que decir una última frase al aire, ¿cuál sería?
—Me faltan palabras, pero no sentimientos. Por eso, y por tantas cosas, gracias, muchas gracias.

—Bueno Margarita, me encantó compartir con vos este encuentro de muchos recuerdos. Te quiero mucho.
—Gracias a vos, querida. Éxitos en este nuevo camino que es la comunicación, que es bellísima y llena el alma. Nunca dejes de decir lo que sentís, porque cuando una voz se apaga, el eco puede seguir inspirando.


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

Además en ETER DIGITAL:

Alejandro Apo: “La radio es como un libro que vas leyendo a cada paso de tu vida”

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