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El motor de Túnez

Ellyes Skhiri se destaca por su capacidad para recuperar balones, interpretar los espacios y sostener el equilibrio del equipo

Por Agustín Tommasi Jacquet

Si existe un tipo de futbolista que rara vez aparece en las portadas, pero que los entrenadores consideran indispensable, ese es Ellyes Skhiri. Nació en Lunel y posee nacionalidad tunecina por parte de su padre, mientras que su madre es francesa. Su carrera no estuvo marcada por el impacto mediático ni por la etiqueta de promesa precoz, sino por una evolución constante construida a base de disciplina, inteligencia táctica y regularidad.
Con su 1,85 metros de altura, resistencia física y una presencia imponente en el mediocampo, Ellyes Skhiri se destaca por su capacidad para recuperar balones, interpretar los espacios y sostener el equilibrio del equipo durante los 90 minutos. De cabello oscuro, barba marcada y una imagen sobria dentro del campo, el tunecino convirtió la disciplina y la regularidad en sus principales virtudes.
Se formó en Montpellier, donde debutó profesionalmente en 2015 y poco a poco se ganó un lugar como mediocentro confiable en la Ligue 1. Allí comenzó a construir su sello futbolístico: lectura del juego, agresividad para recuperar la pelota y una notable consistencia. Sin necesidad de destacar desde lo visual, resultaba extremadamente efectivo.
Ese perfil lo llevó en 2019 al FC Köln, club en el que terminó de consolidarse. En la Bundesliga se transformó en uno de los mediocampistas defensivos más completos del campeonato. Además de su trabajo sin balón, sorprendió por su aporte ofensivo: convirtió 14 goles en 107 partidos de liga con el conjunto alemán, una cifra poco habitual para un volante central. Durante la temporada 2020-21 alcanzó los siete goles en Bundesliga y disputó prácticamente todos los minutos disponibles, lo que lo ubicó entre los jugadores con más acciones defensivas del equipo.
Su rendimiento despertó el interés de clubes con mayores aspiraciones y en 2023 dio el salto al Eintracht Frankfurt, donde confirmó su nivel en competiciones europeas. Para entonces, Skhiri ya era considerado el “motor” del mediocampo: un futbolista capaz de ordenar, equilibrar y sostener la estructura del equipo. Uno de los episodios más insólitos de su carrera ocurrió a principios de 2026, en un partido frente a Bayer 04 Leverkusen, cuando recibió dos tarjetas amarillas en apenas un minuto y terminó expulsado, en una muestra de la intensidad con la que vive cada encuentro.
Con la Selección de Túnez debutó en 2018 y rápidamente se convirtió en titular indiscutido. Participó de torneos importantes como el Mundial de 2018, la Copa Africana de Naciones 2019 y, especialmente, la Copa Mundial de la FIFA 2022. En Qatar disputó todos los minutos y fue una de las grandes figuras del equipo tunecino, que consiguió una victoria histórica frente a Francia. En aquel encuentro utilizó una máscara negra de protección tras una lesión facial, una imagen que recorrió el mundo y simbolizó el carácter competitivo del mediocampista. Aunque no convirtió goles, su aporte apareció en las recuperaciones, el orden táctico y la claridad para distribuir el balón.
En entrevistas, Skhiri suele remarcar la importancia del trabajo colectivo por encima del lucimiento individual, una idea que refleja perfectamente dentro del campo de juego. El Mundial de 2022, según reconoció el propio jugador, representó un punto de infléxion en su carrera y lo consolidó como un líder silencioso tanto en su club como en la Selección.

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