La categoría Malle Moto representa la versión más simple y, al mismo tiempo, la más dura del Dakar. Es que el piloto solo cuenta con una moto, una carpa y un baúl limitado donde entran únicamente las herramientas y repuestos básicos. No hay asistencia externa y cualquier problema que aparezca en la moto debe resolverse en el vivac después de cada etapa, muchas veces con el piloto agotado. La experiencia se vuelve un desafío físico y mental que va más allá de la carrera en sí.
“Es súper limitado lo que llevamos”, comparte el corredor argentino Carlos Verza sobre su experiencia y sigue: “Un baúl, un bolso, una carpa y un juego de cubierta de recambio. Nada más”. Con nueve participaciones en Malle Moto y ocho completadas, el chaqueño también conocido como “El Yaguareté del Dakar” es una de las voces más autorizadas para hablar de esta modalidad.
Para él, la clave está en entender que la competencia se corre con lo mínimo indispensable. Aun así, los competidores deben afrontar el mismo recorrido que los equipos con estructura completa. La diferencia está en que cualquier falla, golpe o imprevisto puede terminar la carrera en el acto. No hay otro lugar adonde recurrir.
Verza comparte que no existe un único aspecto más difícil que otro, sino que es un conjunto: “No puedo decirte que una sola cosa sea lo más duro, porque todo lo es”. Al respecto, el corredor menciona cuestiones como “el desgaste físico, la exigencia mecánica, la logística diaria y la fortaleza mental para sostenerse 15 días seguidos” como algunas de las peores.
Por otro lado, el también corredor argentino Juan Rojo habla del peso de la soledad. Para él, el primer impacto no fue la mecánica ni el cansancio, sino el “silencio del vivac, los días sin compañía y la exigencia constante de mantenerse en carrera”. “Lo que más me mató al principio fue eso de tener que terminar”, comparte al mismo tiempo que admite que, si bien le generó estrés, esa situación era lo que “lo salvaba cuando todo estaba mal”.
Las noches casi sin dormir, los arreglos improvisados en medio del desierto y las jornadas interminables hicieron que su motivación empezara a depender de quienes lo acompañaban desde afuera. “Cuando estaba todo mal, pensaba en la gente que me hizo el aguante. Eso me hacía seguir”, continuó el riojano.
Sin un equipo detrás, cada piloto depende únicamente de sí mismo. Cruzar la meta final del Dakar en Malle Moto significa sostenerse en las peores condiciones, administrando energía, cuidando la moto y evitando errores. Rojo lo resume desde su vivencia personal: “Terminar un Dakar así es muy difícil. 15 días enfrentando cualquier problema, haciendo todo por vos mismo. Pocos se animan a esto”.
A su vez, Verza agrega una idea que va más allá del resultado: “Si vos te mentalizás en algo, lo podés lograr”. Malle Moto no trata solo de llegar rápido, sino de resistir; de sostenerse todos los días, incluso cuando no queda energía.
El llamado de un presidente un lunes despierta tanta incertidumbre como esperanza de los trabajadores del fútbol. Porque sí, los directores técnicos son laburantes que cada fin de semana se juegan su puesto. Algunos con las dudas por mantenerlo y otros con la expectativa de que ese llamado sea una propuesta de un proyecto. Cada una de las categorías tiene sus características, en el interior la falta de televisación o las distancias son un inconveniente, pero lo que se vive en el Área Metropolitana de Buenos Aires es aparte.
Joaquín Iturrería, actual DT de Ferrocarril Midland, reflexionó al respecto y aseguró que cuando llegó a dirigir el club de la localidad bonaerense de Libertad, la noticia tuvo repercusión en todos los medios del ascenso, incluso en Olé y en TyC Sports; a diferencia de lo que había ocurrido el año anterior con Defensores de Villa Ramallo y casi nadie se enteraba de que estaban punteros. O que el día con más repercusión fue cuando jugaron con Vélez Sarsfield por Copa Argentina.
En el primer semestre del 2025, más del 60% de los 36 equipos de la Primera Nacional tuvieron al menos un cambio de director técnico. En el caso de la tercera categoría el número ronda el 50%. Pero, en ambos casos los contratos no son por más de un año.
Además, de ser inestable tampoco se apuesta a largo plazo, si sucede algo similar en la Superliga Argentina, como no va a ocurrir en las otras categorías. Quizás la diferencia sustancial de cada liga sea en los sueldos, en los cumplimientos de pagos y los presupuestos que poseen los cuerpos técnicos.
Las presiones son muchas en los clubes de la zona del Gran Buenos Aires, tanto de dirigentes como de hinchas. “A nosotros nos echaron en una reunión que duró no más de cinco minutos”, recordó Sergio Chino Lara, ex DT de Club Deportivo Morón, entre otros equipos y siguió: “En el ascenso hay una locura generalizada”.
“Hoy no me siento con la fuerza para luchar contra eso”, sentenció el ex DT que hoy valora más un trabajo en blanco, sin los riesgos y las exposiciones que da el fútbol profesional. Es que la inmediatez de los resultados implica que, si ganás, seguís; si perdés tres o cuatro partidos peligra tu puesto o quizás ya no formes parte de una institución. Eso implica que los proyectos no tengan una extensión temporal o, lo que es peor aún, que dependa exclusivamente de los resultados.
Es cierto que cuando la posibilidad de perder la categoría apremia, los volantazos son mayores. Pocos clubes apuestan a planes a mediano/largo plazo, desarrollando las divisiones inferiores o apostando a mejorar la infraestructura.
A todo esto, se suma que los sueldos no son tan tentadores, más si se trabaja con las categorías juveniles que muchas veces les faltan elementos para el entrenamiento. Y, como si esto fuera poco, los pagos suelen retrasarse de dos a cuatro meses, realizando las tareas en instalaciones con falta de mantenimiento.
Con este contexto lidian los diferentes trabajadores del ascenso. “Nosotros entendimos que en este país es así, hay que resistir en tus convicciones”, destacó el DT de Ferrocarril Midland. Cabe destacar que el Funebrero salió campeón del Apertura 2025, con chances de pelear en la final por el ascenso a la Primera Nacional. Éste presente, el que lleva el equipo, hace que Iturreria tenga trabajo desde hace un año y siete meses.
Sin embargo, en ese mismo lapso muchos de sus colegas, amigos y conocidos de este ambiente se quedaron sin el trabajo, quizás una o más veces. ¿Cómo planificar una vida con esa inestabilidad? La respuesta a esta pregunta está en que hay una vida detrás y no todos pueden sostener ese ritmo: el DT de Midland es profesor de Educación Física y también trabajó en escuelas; aunque su sueño siempre fue trabajar de DT, razón por la que sacrificó muchas otras cosas.
Todo este ambiente, condiciones y situaciones que se viven día a día repercute en el “producto futbolístico” que tenemos hoy en día. Los clubes suelen estar endeudados, con carencias edilicias, sin la posibilidad de seguir creciendo en cuanto a infraestructura. Las juveniles habitualmente tienen una falta de presupuesto abismal, con sueldos muy bajos y sin las herramientas necesarias para mejorar. Lógico que muchos son pasionales y quieren lo mejor para su club; aunque lo mejor sea categorizar bien lo importante y lo urgente.
Ambos DTs coinciden que una buena mejora en las condiciones mínimas que debe tener su trabajo y, en el ascenso en particular, es poder concretar contratos por dos o tres años. Eso como contrapartida genera que los cuerpos técnicos propongan un plan para ese tiempo. Con lo cual es un ida y vuelta con la institución con revisiones periódicas y objetivos alcanzables.
“Nosotros subimos 10 chicos de las inferiores a que practiquen con jugadores con experiencia por seis meses”, destacó Lara. Eso lo hicieron por un año y medio hasta que los echaron. El proyecto contemplaba que, en un lapso de tres años, el cuerpo técnico evaluara a 60 jugadores con la expectativa de que varios demostraran condiciones para dar el salto a primera.
Por tanto, pareciera que ser técnico en el ascenso argentino es caminar en la cornisa entre la ilusión y el desgaste. Los proyectos suelen durar lo que resisten los resultados y, aun así, quienes se animan a ocupar ese banco lo hacen por vocación y amor al fútbol. Entre presiones, sueldos bajos e incertidumbre laboral, los entrenadores sostienen sus sueños con convicción.
Durante toda su historia, el básquet argentino fue sin duda una fuente de jugadores para el básquet brasileño. No obstante, en los últimos años ha crecido exponencialmente: entre 2015 y 2019 de 13 jugadores emigrados, 7 ocupaban la base, es decir, más del 53%.
Si nos fijamos más en la actualidad, esta tendencia es aún mayor. En los últimos cinco años, de 36 argentinos que se fueron al país vecino más del 58% eran bases, es decir, 21 jugadores. Y si bien la liga de Brasil es considerada una de las mejores y es un salto económico para los jugadores, existe otra explicación a esta preferencia por los armadores en lugar de otra posición.
Desde el vamos, el argentino suele estar en inferioridad de condiciones frente al deportista brasilero por su porte físico y su capacidad atlética. Sin embargo, el deportista local encontró en la inteligencia y el entendimiento del juego una manera de poder competir de igual a igual.
Nacho Laterza, actual base de Sesi Franca, equipo múltiple campeón de Brasil, destacó: “El argentino trata de hacer jugar más al equipo, mientras que el brasilero juega bastante más el uno versus uno. Se destaca por el juego con la pelota”.
Además, en cuanto a la preferencia por los bases de nuestro país remarcó: “La gran cantidad fueron bases por una cuestión de que en la liga brasileña abundan los aleros y los pivotes. Son la gran mayoría de esos jugadores con poderío físico y creo que hacen falta bases”.
Ignacio Laterza en Sesi Franca.
A su vez, Sebastian Orresta, ex jugador de Fortaleza y actual armador de Quimsa de Santiago del Estero, tiene una perspectiva similar. “Los armadores de Brasil son más verticales o buscan anotar más, y nosotros los argentinos podemos anotar pero también tenemos en cuenta muchas cosas a la hora de jugar”, comparte.
Sobre las diferencias de las categorías entre países, el N°8 del equipo santiagueño insinuó que la dinámica de los partidos es distinta, el atletismo también y que los jugadores son “muy grandes” en comparación. Pero que, si bien es diferente, no significa que sea mejor. En esto coinciden los jugadores: la Liga Nacional Argentina está entre las mejores del continente.
Si nos vamos al apartado de títulos, vemos que contratar bases de Argentina da sus frutos. En los últimos 10 años fueron 13 los jugadores que alzaron al menos un título y, en total, acumulan 30 de ellos. Los más ganadores en suelo carioca son: Franco Balbi con nueve títulos para el Flamengo, secundado de Nicolás Aguirre con seis títulos también en el Flamengo y, por último, Santiago Scala con tres títulos conseguidos en el Sesi Franca. Esto demuestra que el paso de los argentinos ha sido exitoso y refuerza la tendencia de la elección de un armador argentino por sobre otro.
Otro dato interesante para analizar es la cantidad de armadores con paso por Brasil que han integrado las selecciones nacionales. De los 21 bases, 15 de ellos han tenido participación en equipos nacionales ya sea en inferiores o en mayores. Este número es llamativo, ya que normalmente los mejores armadores argentinos se encuentran en Europa, por lo que esto habla del gran nivel de la cantera argentina y demuestra la preferencia por los bases locales.
De esta manera podemos analizar y entender el porqué de la elección de los equipos brasileños por bases argentinos. Desde los comienzos del básquet en nuestro país, siempre existió un déficit en la parte física y la altura, sin embargo no fue un impedimento para que los jugadores locales puedan destacar.
Por lo tanto, para comprender la exportación de bases a Brasil debemos tener en cuenta dos aristas: en primer lugar, la gran cantidad de talentos formados en nuestro territorio y cómo estos se diferencian de los bases cariocas; y, en segundo lugar, la situación económica que atraviesa el país, y que denota una amplia brecha en comparación a Brasil.