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LOS JAPONESES VAN POR EL GRAN SALTO

Los orientales llegan a la Copa del Mundo 2026 como nunca antes: con talento de élite en los mejores clubes de Europa, un técnico experimentado y la deuda pendiente con los cuartos de final.

Por Guido Di Feo

Japón eliminó a Alemania y España en la misma semana en Qatar 2022, y el mundo del fútbol dejó de verlos como una curiosidad exótica para empezar a temerle. Los jugadores, cuatro años después, no llegan a Norteamérica como sorpresa sino como potencia confirmada: la Selección más respetada de Asia y uno de los 11 equipos más rankeados del planeta según la FIFA.

El plantel, el más europeo de su historia, combina la madurez de quienes ya saben lo que es jugar en instancias decisivas, con la energía de una nueva generación que creció viendo a sus compatriotas en el Liverpool, el Bayern o la Real Sociedad. El objetivo es claro y sin tapujos: romper por fin el techo de cristal que los ha detenido en octavos de final en cada una de sus últimas participaciones.

El Arquitecto

Moriyasu es una rareza en el fútbol de alta competencia: un entrenador que sobrevivió y prosperó al escepticismo. Cuando asumió tras el Mundial de Rusia 2018, muchos dudaron de su capacidad para manejar una generación de estrellas. Lo que siguió fue una transformación silenciosa pero profunda.

Su filosofía puede describirse como la del “camaleón pragmático”: Japón puede dominar la posesión ante rivales de perfil medio, pero también bloquear profundo y golpear en transición contra las potencias. La doble capacidad fue el arma secreta en Qatar. La federación rompió con toda tradición y le renovó el contrato, convirtiéndose en el primer técnico en conducir a Japón en dos ciclos mundialistas consecutivos. En la recta final hacia 2026, sumó a la leyenda Shunsuke Nakamura como asistente, conectando pasado y presente en un solo cuerpo técnico.

La evolución más visible de Moriyasu en este ciclo es el abandono de la etiqueta de conservador. El sistema 3-4-2-1 que utilizó en las eliminatorias se ha vuelto cada vez más ofensivo, con los carrileros actuando casi como extremos en fase de ataque. Sus rotaciones -antes cuestionadas- han demostrado que el DT conoce al dedillo las condiciones físicas de cada jugador, algo vital en un torneo que exige jugar cada tres días.

La Formación

El sistema que define a Japón es con Suzuki; Itakura, Watanabe, H. Ito; Doan, Endo, Ao Tanaka, Mitoma; Kubo, Kamada; Minamino. La clave del sistema es la doble función de los carrileros: en fase defensiva forman una línea de cinco, cerrando los espacios por afuera. En ataque, Mitoma y Doan ascienden como extremos puros, liberando a los dos mediapuntas (Kubo y Kamada) para operar en el espacio entre líneas. Esto obliga al rival a decidir entre cubrir el ancho o las zonas interiores, y Japón golpea por donde elija descuidar.

Lo que hace especial a este esquema es su versatilidad. Moriyasu puede comprimir el bloque y convertir el 3-4-2-1 en un 5-4-1 defensivo en cuestión de segundos, algo que demostró ante Inglaterra en marzo, cuando Japón ganó 1-0 protegiendo su ventaja con una organización impecable que incluyó cuatro partidos consecutivos sin recibir goles.

¿Hasta dónde pueden llegar?

El Grupo F no regala nada: Países Bajos es el favorito al primer puesto y exigirá el máximo desde el arranque. Pero Japón tiene con qué responder, y Túnez y Suecia son rivales que están al alcance de este plantel. El paso a octavos, lejos de ser un objetivo, es el piso mínimo aceptable.

Lo que define esta Selección es la suma de contexto favorable: el plantel más europeo de su historia, un técnico con ocho años de rodaje que conoce a cada jugador mejor que nadie, y una generación que creció con la derrota ante Croacia grabada a fuego en la memoria. 

Si Endo llega bien físicamente, si Kubo y Mitoma están finos desde el primer partido, y si Moriyasu acierta con sus habituales ajustes desde el banco, Japón tiene argumentos de sobra para ser cuartofinalista. Y si el torneo se alinea, quizás incluso para soñar un poco más alto. El fútbol mundial lo sabe: ignorar a los “Samurai Blue” es el error más caro que se puede cometer en 2026.

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