EL MITO


Ahí le pusieron ‘Trinche’, y aunque no recuerda quién lo hizo, sabe que en ese momento su identidad empezó a cambiar. “Creo que fue uno de los amigos del barrio el que me puso así, no me acuerdo y no sé por qué lo habrá hecho. Desde ese día dejaron de llamarme Tomás, ya nadie lo hace”. Su carrera futbolística la inició en Rosario Central, club al que llegó con 16 años por medio de su cuñado, quien jugaba al fútbol con él en el equipo de la fábrica de pianos en donde trabajaban. Hizo las inferiores y fue cedido a Sportivo de Bigand, un club que jugaba en la Liga Rosarina. En uno de los partidos ante el clásico, Independiente de Bigand, arregló con la dirigencia el pago de 100 pesos por cada caño que tirara en el partido: “Necesitaba la plata y, como tiré un par de caños en partidos anteriores, me lo ofrecieron”. En ese encuentro, que ganó 2 a 0, tiró 15 caños.

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Volvió a Central y jugó dos partidos en la Primera del conjunto rosarino: un amistoso ante Peñarol de Uruguay y luego, un partido oficial ante Los Andes, ambos en 1969. Estuvo a préstamo en Flandria por cuatro meses: “Me sirvió mucho, no solo para mi carrera, sino para mi vida estar ahí. Fui de muy pibe y crecí de golpe porque estuve lejos de mi familia por primera vez”. Cuando volvió del club de Jauregui, el técnico de Central, Miguel Ignomiriello, le prometió que iba a ser titular. Pero esto no sucedió y, a causa de una deuda que tenían los dirigentes, quiso dejar de jugar: “La promesa de titularidad y que no hayan cumplido me partió el alma. Tenía 22 años y no quería seguir jugando, estaba destruido, les pedí el pase y me fui, no quería jugar más a la pelota. Pero Jorge Ainsa me convenció para que vaya a Central Córdoba, él jugaba allá, fui y en el debut jugamos contra Sarmiento de Junín, ganamos 2 a 0 con dos goles míos”.

Muy pocas veces se da que un jugador debute en un club haciendo goles y convirtiéndose en ídolo para los hinchas. Fue en el Charrúa donde Carlovich pasó a transformarse en ‘El Trinche’; en el mito del fútbol argentino. Aquel que iba a la cancha de Central Córdoba quedaba maravillado con la actuación del Trinche. Así empezó a crecer la leyenda, con el boca a boca circulaba su nombre y las noches en el Estadio Gabino Sosa estaban repletas de personas que iban a disfrutar de su juego. Con el equipo del barrio Tablada jugó 236 partidos en los que marcó 28 goles y consiguió dos ascensos a la Primera B.

Estas actuaciones hicieron que jugara en el combinado rosarino que venció 3 a 1 al seleccionado argentino que se preparaba para ir al mundial de 1974, jugado en cancha de Newell’s: “Fue uno de los mejores partidos que hice, estaba frente a 30.000 personas, no quería largar la pelota, me la quería llevar a mi casa o de mínima tenerla la mayor parte del partido. Ese día nos salieron todas, jugamos muy bien todos, con jugadores como Zanabria, Kempes, Killer o Aimar, no podes jugar mal”. Se dice que Vladislao Cap, entrenador de la selección por ese entonces, pidió en el entretiempo que sacaran a Carlovich porque estaba dejando en ridículo al seleccionado argentino.

Jugó en Independiente Rivadavia de Mendoza donde, según cuenta la leyenda, se escapaba para volver a su ciudad natal. Hasta se dice que la dirigencia del club le dio un auto con el que se iba a Rosario. Él lo desmiente. Con la Lepra Mendocina, club en el que lo apodaron Gitano y Rey, jugó un partido ante el Milán de Italia en el que triunfaron por 4 a 1, otra gran actuación que sirvió para agigantar su mito: “Los italianos no vieron la pelota, pegaban con mucha mala fe por el baile que les estábamos dando”, rememoró El Trinche. También desplegó su talento en el Deportivo Maipú mendocino y tuvo un paso por Colón de Santa Fe, club donde jugó sus últimos dos partidos en Primera División, ante Huracán y Vélez en 1983. Del Sabalero se fue peleado con el entrenador: “Contra Huracán y Vélez, y en un amistoso, ante Rosario de la Frontera, me lesioné el aductor. El Vasco Urriolabeitia decía que lo hacía a propósito, que no quería jugar, que mentía. Mirá si voy a hacer eso. Fui con los médicos del club y no podían creer cómo tenía la pierna derecha”. Los dirigentes no querían cederlo al Cosmos de Nueva York, aquél equipo que contaba con Pelé que, según se dice, no quiso que Carlovich fuera porque lo opacaría: “No lo sé, pero algo de eso hubo, yo era muy habilidoso”, cuenta entre risas.

Luego de su retiro en Central Córdoba, jugó algunos torneos por plata en los potreros. También, fue entrenador en el Charrúa: “Dirigí con el Tano Porla, un gran amigo, nos dieron el equipo que había descendido de la B Nacional y que estaba al borde del descenso a la C, casi ascendemos”. Dice que le gustaría mucho dirigir a Independiente Rivadavia de Mendoza. Ve bien el presente del Charrúa y opina: “La C es un torneo muy difícil, necesitas de jugadores de experiencia y de chicos de las inferiores, categoría en la que últimamente no se trabaja muy bien. Por suerte está el Tano Santangello, sabe de la divisional y siempre estamos en contacto”.

Hicieron un libro de su vida, titulado “El séptimo era duende” y un documental de Informe Robinson, de España, con el que tuvo unas controversias: “Yo nunca tomé, no sé lo que es un boliche o salir a bailar, si bailo es en un cumpleaños de algún familiar y soy un tronco; y a los señores que hablan en ese bar, no los conozco ni fui a ese lugar. De Tablada siempre me vine para Belgrano”.

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—¿Qué opinas acerca de todos los mitos que circulan alrededor tuyo?

—Mi viejo me decía “no importa si bien o mal, lo importante es que se acuerden de vos, pero si se acuerdan mal es porque sos muy importante”.

—¿Cómo persona quien es Tomás Felipe Carlovich?

—Un tipo que no es solitario, que le gusta andar mucho en bicicleta, que es querido por sus amigos y que él los quiere, porque nunca lo dejaron solo en los momentos difíciles de la vida.

—¿Cómo jugador quién fue el Trinche Carlovich?

—Un jugador más, del motón, que siempre tuvo la suerte de jugar con grandes jugadores y que ahora le gustaría volver a entrar a una cancha a jugar, por lo menos diez minutos y volver a sentir la adrenalina de un partido de fútbol.

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