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ENTREVISTAS

“Siento que mucha gente consume la música más por la imagen del artista”

Entrevista a María Zamtlejfer, fundadora de dos de las bandas más reconocidas de la escena independiente, Las Ligas Menores y Tigre Ulli. “En el mainstream, el lugar grande se lo siguen dando a bandas de chabones”.

Una puertita metálica se abre y aparece María Zamtlejfer. Invita a pasar al estudio de arquitectura donde trabaja. Adentro, el calor de Buenos Aires cambia por completo; se vuelve fresco, claro y luminoso. En la mesa descansan algunas muestras de mármol, y al fondo hay dos computadoras encendidas: en una se ven planos de diseño arquitectónico; en la otra, detenido, un video de YouTube con la tapa de un disco, su disco.

Entre trabajo y música, la fundadora de Las Ligas Menores y actual líder de Tigre Ulli recibe a ETER Digital. En la charla hablará de sus inicios y de la difícil decisión de dejar una banda en ascenso, de cómo nació su proyecto propio y de su mirada crítica sobre la escena indie.

-Fuiste una de las fundadoras de Las Ligas Menores, ¿cómo recordás esos inicios y por qué decidiste dejar la banda?

Las Ligas fue mi primera experiencia formal en una banda. Antes había tenido proto bandas que nunca llegaron a tocar en vivo. Con Mica (García) y Pablo (Kemper) nos conocíamos del colegio y más tarde apareció Anabela (Cartolano): la primera vez que ensayamos juntas sentimos que había algo especial y ahí se formó la banda. Fue todo muy espontáneo, como un juego en la época de la facultad.

-¿Fue duro irse?

La decisión de irme fue muy dura. En ese momento no estaba tan claro que yo quisiera dedicarme a la música, era mi única experiencia y había dinámicas que no me cerraban. Dejar un proyecto independiente que estaba creciendo fue difícil, porque no es fácil alcanzar eso, pero me generó una crisis que fue necesaria: me obligó a pensar de manera más consciente qué quería hacer con la música.

—De ese vacío nació Tigre Ulli, tu proyecto actual. ¿Cómo fue ese proceso de pasar de tocar sola a formar una nueva banda?

Cuando me fui me quedó un tiempo libre enorme, que antes ocupaban ensayos y shows. Para no angustiarme me ponía a tocar sola y de repente empezaron a aparecer canciones, casi como una catarsis. Al principio me las grababa sin mostrárselas a nadie, hasta que un día se las pasé a Tom (Quintans), mi pareja. Él fue un gran elemento para que yo tomara la decisión de hacer algo con eso.

-¿Qué más ayudó? 

Tener los recursos tan a mano, la sala, el estudio, ayudó a que todo saliera rápido. Nos empezamos a juntar a tocar y él empezó a ponerle batería y ayudarme a armar los arreglos, y su hermano Pipe colaboró también desde la producción. Y así salió el primer disco.

-¿Y luego?

Con el segundo disco cambió todo: ya no era un proyecto solitario, se consolidó la banda. Hoy en Tigre Ulli somos cuatro, y aunque sé que muchas veces tengo la última palabra, creo que el aporte de los demás es fundamental. Muchos arreglos salieron de ellos y eso le dio identidad propia al grupo.

—En tus letras se percibe un pulso narrativo, ¿qué influencias literarias aparecen ahí y cómo se combinan con tu formación de arquitecta?

Leo mucho y suelo quedarme con frases o imágenes que después reaparecen en canciones. En un momento me marcó Mariana Enriquez, también Aurora Venturini, y otras escritoras que me dejaron palabras dando vueltas. Escribir me sirve para elaborar cosas, como una especie de terapia: anoto frases sueltas y después de un tiempo las releo y me empiezan a disparar otras cosas. La arquitectura, en cambio, me influyó más en lo organizativo: me dio un orden para llevar adelante un proyecto, cumplir con tiempos, ser responsable. Y también se conecta desde lo gráfico: yo hago los flyers y la estética de la banda.

—¿Cómo ves la escena independiente hoy?

Es muy distinta a la de cuando yo empecé. Creo que uno de los cambios más importantes es la entrada de las mujeres y eso ya no se discute, no se ve como un problema. Pero al mismo tiempo noto algo que me deprime un poco: siento que mucha gente consume la música más por la imagen que por la música en sí. Y yo no estoy dispuesta a negociar eso, porque para mí lo indiscutible son las melodías, las letras, la parte musical. Todo lo demás viene después.

-¿Te parece contradictorio?

-Es raro, porque yo misma siento cierta presión y eso que no soy una banda que aspire a la masividad. Imagino lo que debe ser para quienes recién empiezan. Esa lógica de que si grabaste un disco hace un año ya parece viejo, y tenés que estar todo el tiempo produciendo contenido, es tremenda. Y con las mujeres se suma todavía más la cuestión estética, esa exigencia de agradar. Eso me deprime bastante, porque mis referentes siempre fueron músicas que no buscaban agradar, que usaban la imagen como un juego, no como una obligación. Por suerte todavía hay proyectos que resisten de esa manera, y eso para mí es fundamental.

—¿Y cómo ves hoy el rock mainstream en Argentina, especialmente en relación al lugar de las mujeres?

El mainstream es heterogéneo. Pero convive con otra tendencia que me deprime: la vuelta de la figura del frontman hombre con todos los guiños al rock tradicional, algo que para mí representa lo peor del rock. Esa “pomelización” (por Pomelo Rock, el personaje del humorista Diego Capusotto) no tiene nada que ver con lo que consumimos en la escena en la que yo estoy, donde la búsqueda es distinta.

-¿Cuál son las ventajas o desventajas?

Hay proyectos encabezados por mujeres que lograron un espacio, como Marilina Bertoldi o Eruca Sativa, pero si lo comparás con la cantidad de bandas masculinas, no es lo mismo. El lugar grande se lo siguen dando a bandas de chabones, mientras a nosotras nos cuesta mucho más llegar. Para mí eso tiene que ver con un criterio bastante vetusto de quienes arman las grillas, que piensan solo en lo que creen que convoca, y no en la calidad artística. En algún momento se van a dar cuenta de que también hay público para proyectos liderados por mujeres.

—En contraste con lo que decías del mainstream, en tu próxima fecha en Liverpool van a tocar junto a Cabezas de Remolino, que también tiene mucha presencia de mujeres. ¿Cómo surgió esa invitación y qué planes tienen a futuro con Tigre Ulli?

Nos convocó Lola de Homogénica, que está trabajando con los chicos de Cabezas de Remolino y con quien tengo muy buena onda. Me pareció una propuesta muy buena, sobre todo porque nunca habíamos tocado en Liverpool y porque también está bueno apoyarse entre bandas chicas e independientes. Y en cuanto a lo que se viene, estamos en un momento medio de víspera: componiendo, con ganas de grabar aunque todavía todo está bastante desarmado. La idea es sacar un disco nuevo y tenemos algunas giras internacionales planificadas para el año que viene. Hay ansiedad, pero también esa sensación de que algo está por empezar.

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