SOCIEDAD
Los Alerces bajo fuego: claves de un incendio sin precedentes
En uno de los escenarios más críticos que dejó el fuego en la región en los últimos años, el incendio en el Parque Nacional Los Alerces en la Provincia de Chubut avanzó sin control, cruzando valles y forzando un despliegue masivo de brigadistas y medios aéreos, frente a condiciones tan extremas como impredecibles.
Antes de llegar al Parque Nacional Los Alerces, la brigada de Villa la Angostura de incendio, comunicación y emergencias hizo varias paradas técnicas para buscar compañeros de distintas regiones. El camino al Parque Nacional los Alerces no fue directo así que pasaron por el Bolsón. Mientras la combi avanzaba, entre chiste y chiste el tiempo iba pasando. Sin previo aviso, la imagen cambió y a ambos lados de la ruta el paisaje era otro, un silencio inundó el presente y solo podían ver a su paso la destrucción que había dejado el fuego a su alrededor, árboles quemados y animales muertos. Esa fue una de las imágenes más impactantes que recuerda Brisa Railaf Quiroga, brigadista del ICE del parque Nacional los Arrayanes. Madre de tres nenas y con 29 años, ella y sus compañeros entendieron todo. Lo que hasta ese momento sólo habían visto en fotos, ya lo tenían delante de sus ojos.
Para ellos, sin embargo, el fuego no es una sorpresa. “Sabemos que en verano va a haber focos”, cuenta Brisa. La preparación es parte del trabajo cotidiano: revisar equipos, controlar la ropa, tener siempre listo un bolso porque el llamado puede llegar en cualquier momento. El pino, aparte de ser una especie no nativa, tiene tanta resina que explota. “Con una chispa, alcanza para que prenda como un fuego artificial”, explica Brisa.
Entre el año 2024 y 2026, la evolución de los incendios en Chubut muestra un pasaje claro: pasó de un evento grave pero contenido a una crisis ambiental de gran escala. En 2024, el incendio en el Parque Nacional Los Alerces afectó aproximadamente 5.971 hectáreas de bosque nativo. Se trató de un único foco principal confirmado como intencional que, gracias a una intervención relativamente rápida, no llegó a expandirse a nivel regional.
El escenario cambió en cuestión de meses. El 9 de diciembre del 2025 cayó un rayo en el Parque Nacional los Alerces, y para enero de ese mismo año, 270 hectáreas se habían perdido. Los incendios se mantuvieron activos durante casi cuatro meses y como consecuencia, 42.300 hectáreas se vieron afectadas.
En apenas dos años la superficie afectada se multiplicó, lo que dejó en claro que no fue un incendio puntual, sino una crisis estructural. A esta expansión contribuyeron múltiples factores combinados: el origen humano ya sea intencional o por negligencia, más las altas temperaturas y una de las sequías más fuertes de los últimos 30 años.
El impacto ambiental es profundo. En el Parque Nacional Los Alerces se perdieron miles de hectáreas de bosque andino-patagónico, incluyendo especies como el alerce, el ciprés de la cordillera y el coihue. Se trata de ecosistemas de crecimiento extremadamente lento: su recuperación puede demandar entre 100 y 300 años, y en el caso del alerce, incluso siglos o milenios. La fauna también se vio afectada: especies como el huemul, el pudú, aves y pequeños mamíferos sufrieron tanto la acción directa del fuego como la destrucción de su hábitat, lo que implica muerte, desplazamiento forzado y pérdida de condiciones básicas para su supervivencia.
A esto se suma el impacto sobre el suelo y el agua. La pérdida de cobertura vegetal provoca erosión, y aumenta el riesgo de aludes e inundaciones. Además, las cenizas que llegan a ríos y lagos deterioran la calidad del agua. En las zonas quemadas, el suelo puede tardar años en estabilizarse, profundizando la degradación del ecosistema.
En este escenario crítico la provincia necesitó ayuda de otras brigadas contra incendio, entre ellas la del Parque Nacional los Arrayanes. Antes de llegar a El Parque Nacional Los Alerces ubicado en la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina, cerca de las localidades de Esquel y Trevelin, la brigada de Villa la Angostura de incendio, comunicación y emergencias hizo varias paradas técnicas para buscar compañeros de distintas regiones. El camino al Parque Nacional los Alerces no fue directo así que pasaron por el Bolsón, localidad argentina situada en la provincia de Río Negro, en el norte de la Patagonia.
Había días en los que el fuego parecía controlado, y al día siguiente cambiaba la dirección del viento y todo comenzaba otra vez, recuerda Brisa.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces
Brigadistas de todo el país llegaron para combatir el fuego: Córdoba, San Juan, Chubut, Localidad de Traful, Formosa, Jujuy, Misiones, La Pampa. La escena muestra un esfuerzo colectivo, pero para Brisa también deja ver otra realidad: “Somos tres brigadistas en el Parque Nacional Arrayanes”.
La escala del incendio puede traducirse en una imagen concreta: una hectárea equivale aproximadamente a una cancha de fútbol, por lo que el fuego arrasó una superficie similar a más de 42.000 canchas. La mayor parte del área afectada corresponde a bosque nativo, con impacto directo sobre los hábitats de fauna silvestre.
Los focos no eran aislados. Al incendio de Los Alerces se sumaban otros activos en la región: Cholila, Epuyén, El Hoyo. El humo avanzaba desde distintos frentes y, en algunos momentos, los brigadistas quedaron prácticamente rodeados.

“No es convencional para lo que estamos acostumbrados a vivir aquí”, explicó Ariel Rodríguez -encargado del operativo contra la extinción del fuego- quién detalló que, aunque el incendio fue originado por la caída de un rayo, su desarrollo estuvo condicionado por factores extremos: “La sequía más intensa de los últimos 30 años”.
En ese contexto, la estrategia fue clara: “Primero la vida de las personas, segundo la infraestructura y después la vegetación”, enfatizó. Esto implicó distribuir al personal en distintos frentes, muchas veces en condiciones extremas.
El incendio forestal del Parque Nacional se caracterizó por su velocidad de propagación y su comportamiento impredecible. Según Rodríguez, lo excepcional de este incendio fue la cantidad de frentes que tuvieron que enfrentar a la misma vez.
Para Railaf, el primer día de trabajo fue relativamente tranquilo: despliegue de mangueras, apertura de caminos, evaluación del terreno. Pero al día siguiente el fuego resurgió con fuerza, el viento cambió su dirección y generó bolas de fuego que arrasaron con las líneas de manguera instaladas el día anterior.

Foto: Johana Cuello | Centinela | 1.800mts de línea trazadas.
Según Rodríguez, el incendio de Puerto Café -un sector específico dentro del Parque Nacional Los Alerces, una zona remota y boscosa en la región del Brazo Sur del Lago Menéndez, cerca de Villa Lago Rivadavia y Laguna Villarino- sería declarado extinguido el próximo lunes.
Este incendio dejó una marca concreta en el territorio: 16.900 hectáreas quemadas dentro del Parque Nacional. Sin embargo, la dimensión del evento se amplía al salir de los límites del área protegida, al avanzar y unirse con otros focos activos, como el de Puerto Patriada.
A ese escenario se suma el incendio de La Tapera, con 50 hectáreas afectadas, lo que eleva el total a 42.300 hectáreas, equivalentes a dos ciudades de Buenos Aires.
De ese número, alrededor de 16.950 hectáreas corresponden específicamente al Parque Nacional los Alerces.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces- Enero 2026.
Hasta el momento, no hay cifras oficiales sobre la cantidad de animales muertos ni sobre pérdidas materiales específicas dentro del área protegida. Sin embargo, por la extensión del área afectada, se trata de uno de los incendios más significativos de la temporada en la zona.
Ariel Rodríguez asocia este tipo de incendios al cambio climático: “En los últimos años estamos teniendo mayor recurrencia de tormentas eléctricas”, afirmó, y advirtió que este tipo de eventos ya se repitieron en distintos parques de la Patagonia, como Parque Nacional Lanín y Parque Nacional Nahuel Huapi.
Como Brisa, brigadista del Parque Nacional Arrayanes, Mauro Piñeiro ofreció su testimonio desde su lugar de Guardaparques. Hoy se desempeña en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en el sector noroeste. Con más de 14 años de experiencia en el cargo, inició su trayectoria como brigadista de incendios en la misma región, una formación que aún hoy forma parte de su labor.
Entre 2016 y 2020 estuvo destinado en el Parque Nacional Los Alerces, una seccional aislada a varios kilómetros de los centros urbanos. Allí vivió durante muchos años junto a su pareja, y juntos vieron nacer a su hijo en este lugar. En 2020 fue trasladado al Parque Nacional Arrayanes, en Villa la Angostura.
Los incendios recientes en Los Alerces le impactaron de manera personal: “Siempre teníamos la ilusión de volver con Bruno, nuestro hijo, a mostrarle el lugar dónde había nacido, lamentablemente hoy por hoy ya no lo va a poder conocer de la misma forma. Eso es algo que la gente no entiende, cuando un lugar se quema es muy difícil recuperarlo”. Y agregó: “Hay que entender que un bosque como el que tenemos en Villa La Angostura se creó hace miles de años, con un ambiente distinto, con una atmósfera distinta que hoy no tenemos. Si llega a haber un incendio forestal muy grande como el de Alerces es muy difícil que se vuelva a recuperar y tardaría muchísimos años: ni mis nietos llegarían a verlo”.
Para extinguir el fuego aparte de la tareas de los brigadistas se utilizaron helicópteros con helibalde, que son baldes plegables suspendidos de un cable, diseñado para transportar y descargar agua en incendios forestales. Brisa Railaf señala que, aunque el uso de helicópteros con Helibalde es clave en estos operativos, no está exento de problemas: el agua cae con tanta fuerza que, además de apagar, también desplaza el fuego. “Troncos encendidos, tierra y brasas se mueven y generan focos secundarios. Fue un incendio particular, parecía tener vida propia”.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Alerces- Enero 2026
Cuando se va el fuego
En el caso de este incendio en particular, Rodríguez aclara que dentro del parque no se afectó la infraestructura, salvo alambrados, postes, varillas, pero sí se perdieron muchas hectáreas de pastoreo para el ganado de los pobladores. A su vez se perdió la temporada para prestadores de servicios turísticos y en total 16.950 mil hectáreas en áreas protegidas dentro del parque.
“En este momento estamos en una etapa de reforestación y recolección de semillas para preservar el banco genético y en la asistencia a la fauna afectada. Se está trabajando en la conservación de especies, por ejemplo con forraje para huemules y se está llevando adelante una tarea de monitoreo permanente para ver si está dando resultado”, explicó.
“Otro de los ejes, es la seguridad, son las tareas para minimizar riesgos: remoción de árboles inestables, señalización de senderos y control de zonas con peligro de derrumbe, el riesgo nunca es cero, pero tratamos de minimizarlo”, afirmó.
El interventor del Parque Nacional Alerces concluyó: “El incendio dejó muchos aprendizajes: en escenarios de esta magnitud, si el fuego no se controla rápidamente lo más probable es que escale hacia este tipo de dimensiones”.

Foto: Johana Cuello | Parque Nacional Los Alerces- Abril 2026




