Recuerdos mundialistas. Pocos goles fueron tan gritados y tan lindos como el de Messi a Irán en Brasil 2014. Esa tarde pintaba oscura, el rival parecía inquebrantable. Hasta que apareció el superhéroe argentino y el Mineirao fue fiesta albiceleste. “Brasil, decime qué se siente…”.
21 de junio del 2014. Los de acá con la bufanda, la campera y seguramente el mate y las facturas. Los de allá, los casi 50.000 que coparon Belo Horizonte, en cuero, con la bandera y seguramente una cerveza bien fría. Dos contrastes diferentes, unidos por una misma bandera y la ilusión de tener al mejor del mundo como capitán, “10” y emblema. No existen partidos fáciles en los mundiales, todos están ahí por algo, pero nosotros fieles a nuestra idiosincrasia pasional y muchas veces arrogante, tendemos a repetir errores, uno de ellos el de subestimar a los contrarios. En ese mundial fue la segunda vez que nos pasó, días atrás lo hicimos con Bosnia y sufrimos, ahora con Irán, otra vez.
Como cuando Spiderman o el Capitán América se tardan en llegar en una película de acción norteamericana, el superhéroe por excelencia argentino, “El 10”, no aparecía, un bloque de 11 iraníes se encargaba de que no pudiera sostener la ilusión, porque, así como somos arrogantes, también somos exagerados y ante un 0-0 por la segunda fecha contra Irán podemos entrar en pánico, formar cacerías mediáticas, buscar culpables, sentirnos los peores. Pero, como en las películas cuando todo parece terminar, los “villanos” iraníes, se descuidaron, mejor dicho, lo descuidaron y así, como nos acostumbra, nuestro héroe pateó de zurda, desde afuera del área en el 91, para que la ilusión reviva como el fuego cuando le tiran alcohol y un país hable el mismo idioma, el idioma del gol.
“En el momento más complicado, apareció el mejor del mundo, para sacar la chapa”, narró con la garganta quebrada Rodolfo De Paoli. Belo Horizonte un delirio y Argentina un desahogo. El equipo de Sabella ahora tenía seis puntos de seis posible, estaba puntero de su grupo y jugaría con Nigeria ya clasificado a la próxima ronda. A diferencia del Mundial anterior en Sudáfrica, Messi logró el gol con la albiceleste en mundiales, el de Irán fue el segundo, porque como un avance del sufrimiento venidero a la selección la había costado romper el cero en el debut con Bosnia y Messi a lo Messi, se encargó de poner las cosas en su lugar.
Con una zurda mágica fue capaz de apagar el incendio para encender la ilusión. “Cero a cero, ni en pedo terminaba. Te queremos 10, te queremos”, dijo Pablo Giralt en su relato después del golazo de Messi en el 91.
Después llegó la falta de respeto de Julio Grondona hacia Diego. “Se fue el mufa y lo ganamos”, había dicho Don Julio en el Mineirao, minutos después del triunfo argentino. La dedicatoria tenía un destinatario: Maradona, quien en esa Copa estaba haciendo el programa De Zurda, con Víctor Hugo. Diego había ido a alentar a la Selección, pero se retiró unos minutos antes por seguridad y se perdió el gol de la Pulga. Mirá si el Diez va a traernos mala suerte…
El mar no siempre es un paisaje, a veces es frontera y, en otras ocasiones, también es promesa. En algún punto del Mediterráneo, mucho antes de los estadios llenos y las luces de la Premier League, un chico llamado Amad viajaba en silencio. No había cámaras, ni contratos, ni expectativas, solo el sonido del agua golpeando al barco y la incertidumbre de lo que vendría. A su lado, su hermano de la vida; frente a él, Europa. Italia no era un destino, sino un comienzo. Tras ese primer paso en tierra firme, su vida empezó a reconstruirse lejos de sus raíces en Abiyán, Costa de Marfil.
Es zurdo, eléctrico, impredecible. Amad juega abierto en el campo, pero piensa hacia adentro. Le gusta enganchar, perfilarse y atacar el arco. Su mayor virtud no es solo la gambeta, sino la toma de decisiones en velocidad. No es un extremo clásico de banda: es un generador constante de ventajas, un futbolista que altera el ritmo del partido cada vez que entra en contacto con la pelota.
Atalanta fue el equipo que posó sus ojos en el chico de trece años en 2015. Allí encontró orden. El club de Bérgamo, conocido por pulir talentos jóvenes, fue el escenario ideal para su crecimiento y no tardó en destacarse: su gambeta corta, su cambio de ritmo y su facilidad para romper líneas lo pusieron rápidamente en el radar. Su debut en primera, con apenas 17 años en 2019, incluyó su primer gol en lo que fue la goleada por 7 a 1 frente a Udinese. En el cuadro italiano dejó una impresión tan grande que todavía se lo recuerda con mucho cariño, Alejandro “Papu” Gómez, ex compañero del joven de 23 años, dijo: “Para frenarlo en los entrenamientos, muchas veces había que tirarlo. Los defensores no lo podían parar. Juega como Messi”.
El salto fue abrupto. De Italia a Inglaterra. De promesa a inversión millonaria. El Manchester United apostó por él como parte de su reconstrucción y desembolsó 21 millones de euros. En un club en el que la historia pesa y donde los delanteros suelen medirse con figuras que marcaron época, Amad tuvo que aprender a convivir con la expectativa. En un principio no jugó mucho, pero sabía que lo mejor era salir a préstamo para ganar experiencia en el fútbol británico.
Lejos de Old Trafford, el crecimiento continuó. En el Rangers primero, y sobre todo en el Sunderland, donde encontró continuidad. Con los “Gatos Negros” dejó de ser promesa para convertirse en protagonista: goles, asistencias y, sobre todo, personalidad, “Llegó, se puso a trabajar y mostró su calidad”, contó alguna vez su excompañero Patrick Roberts. No necesitó tiempo de adaptación: en un equipo que buscaba identidad, Diallo apareció como una certeza. Ya no era solo el chico que había llegado de lejos. Era un jugador capaz de hacerse cargo de los partidos.
Con la selección de Costa de Marfil, Amad empezó a construir su nombre en 2021 y en apenas su segundo partido, dejó una marca: un tanto agónico en el minuto 97 para darle la victoria a su país, una señal temprana de su personalidad en momentos decisivos. Desde entonces, su participación fue creciendo de forma progresiva: sumó minutos, goles y protagonismo en un seleccionado que mezcla experiencia y juventud. Incluso en torneos recientes, su influencia se hizo notar: llegó a ser determinante con goles importantes en fase de grupos y en Octavos de Final de la Copa Africana 2025, consolidándose como una de las caras nuevas de los “Elefantes”.
En Manchester tuvo revancha, pero el talento no alcanza por sí solo. Bruno Fernandes, capitán del equipo, lo sabe y lo repite: “Es un chico brillante”. “Siempre le digo que siga trabajando y que no crea que ya llegó a la cima”, le advirtió a Diallo. No es una crítica, sino una dirección. En un club en el que la exigencia es constante, el margen para relajarse no existe. Por lo que el marfileño empezó a transformar la paciencia en impacto, y lo hizo con momentos que ya forman parte de su historia en el club. El más recordado llegó en los cuartos de final de la FA Cup ante el Liverpool. En el tiempo extra marcó el gol que selló el 4-3 y desató la euforia en Old Trafford, en una de esas noches que definen trayectorias. El recorrido continuó hasta la final, en Wembley, donde el United se consagró campeón tras vencer 2-1 al Manchester City en la FA Cup 2024, con goles de Alejandro Garnacho y Kobbie Mainoo. Aunque Amad no fue protagonista directo en el marcador ese día, su huella en el camino al título con ese gol decisivo ante “Los Reds” como punto más alto lo convirtió en una pieza importante de la campaña. Levantar el trofeo no fue solo una celebración colectiva, fue también la confirmación de que ya no es una promesa lejana, sino un jugador capaz de aparecer en los momentos que realmente importan.
De cara a la Copa del Mundo de 2026, el nombre de Amad Diallo aparece como una figurita cargada de expectativa. No es todavía el líder indiscutido de Costa de Marfil, pero sí una de sus cartas que no pueden faltar, ese tipo de jugador capaz de romper un partido en una jugada. En un torneo en el cual los detalles definen destinos, su desequilibrio puede ser un factor decisivo para una selección que busca volver a competir entre las grandes. Tal vez no llegue como estrella consagrada, pero si algo demostró hasta ahora es que nunca necesitó hacer ruido para hacerse notar. Y en un Mundial, a veces, alcanza con un instante.
La evolución táctica de la Selección de fútbol de Alemania es una de las más importantes en la historia del fútbol mundial. A lo largo de las décadas, el equipo alemán construyó una identidad basada en la disciplina táctica, la intensidad física y la capacidad de adaptación, manteniéndose siempre como una potencia internacional.
En sus primeras etapas, especialmente durante las décadas de 1950 y 1960, Alemania desarrolló un estilo de juego ordenado y defensivo, priorizando la eficacia y el trabajo colectivo. El título obtenido en la Copa Mundial de la FIFA 1954 marcó el inicio de una identidad futbolística basada en la solidez y el aprovechamiento de los contraataques.
Durante los años setenta, con futbolistas como Franz Beckenbauer, Alemania revolucionó tácticamente el fútbol con la utilización del líbero, un defensor con libertad para iniciar jugadas ofensivas desde el fondo. El equipo combinó orden defensivo, presión y una gran inteligencia táctica, logrando conquistar la Copa Mundial de la FIFA 1974.
En los años noventa, el seleccionado mantuvo su fortaleza física y competitiva, incorporando mayor dinámica en el mediocampo y presión constante. El equipo campeón de la Copa Mundial de la FIFA 1990 mostró un fútbol equilibrado y adaptable según el rival.
Tras una crisis futbolística a comienzos de los 2000, Alemania inició una profunda renovación enfocada en la formación de jugadores más técnicos y veloces. Bajo la dirección de Joachim Löw, el equipo adoptó un estilo ofensivo basado en la posesión de pelota, la presión alta y la movilidad constante. Esa evolución alcanzó su punto máximo en la Copa Mundial de la FIFA 2014, donde Alemania consiguió su cuarto título mundial mostrando uno de los niveles tácticos más altos de la era moderna.
Sin embargo, el éxito fue seguido por un fuerte declive. En el Mundial de 2018 en Rusia, Alemania quedó eliminada en fase de grupos tras mostrar problemas defensivos, lentitud y falta de reacción. La situación se repitió en el Mundial de 2022 en Catar, donde el equipo volvió a evidenciar desorden táctico y poca eficacia en momentos clave.
De cara a este mundial, Alemania mantuvo una propuesta ofensiva utilizando sistemas como el 4-2-3-1 y el 4-3-3, buscando presión alta, circulación rápida y amplitud por las bandas. Aunque el equipo mostró buen manejo de pelota y jugadores técnicamente preparados, también evidenció problemas defensivos y falta de contundencia en momentos importantes.
Alemania llega con un técnico joven: Julian Nagelsmann (por Diego Engelhardt)
El siglo 21 daba sus primeros pasos, y uno que también estaba asomando por esos años era Julian Nagelsmann. Un prometedor jugador alemán, defensor central, de 1,90 de altura y con un gran futuro. Alemania podría contar con una de las grandes promesas del fútbol bávaro, pero todo se vio truncado. Luego de jugar en las divisiones inferiores para FC Ausburg y 1860 Munich, en la temporada 2006-07, siendo capitán del Munich, sufrió varias lesiones que pararon su carrera. En la 2007-08, regresó al Ausburg que dirigía Tomas Tuchel, pero se rompió la rodilla y el menisco por segunda vez; el cartílago quedó dañado. Por eso decidió poner fin a su carrera a los 20 años.
Estaba arruinado anímicamente por la decisión que tuvo que tomar. Tomas Tuchel lo notó y le propuso empezar a trabajar como “ojeador” en 2008. Nagelsmann aceptó el cargo y desde ahí empezaría su carrera como entrenador. Estudió para ser administrador de empresas, luego se cambiaría a Ciencias del Deporte y volvería al 1860 Munich como entrenador. Ahí estuvo como asistente de Alexander Schmidt para el equipo sub-17 de Munich desde 2008 hasta 2010.
En ese 2010, Julian Nagelsmann se unió a la academia juvenil de TSG Hoffenheim; en 2013 fue entrenador asistente y el 28 de octubre de 2015 se convirtió en el técnico del primer equipo con 28 años. Su misión no era fácil: el conjunto se encontraba en los últimos puestos de la tabla y a falta de 14 fechas. Con Nagelsmann en el banco, sumó 23 de los últimos 42 puntos en juego y se salvó del descenso. Gracias a estos resultados, el técnico alemán mantuvo su cargo y a la temporada siguiente dejó en cuarto lugar al club, al que clasificó a la Champions. En el último año, Hoffenheim quedó en tercer lugar, la mejor clasificación de su historia, además, fue el segundo equipo más goleador del campeonato por detrás del Bayern Munich. Con una base sólida y tácticas eficientes, el técnico alemán, se posiciona como una de las grandes revelaciones como DT.
En la temporada 2019 diría adiós a Hoffenheim y se unió a RB Leipzig. Una apuesta nueva e interesante, no solo para él, sino para el fútbol. En la primera temporada lo ubicaría en la tercera posición de la liga, y llevaría al equipo hasta las semifinales de la Champions League, dejando en el camino a grandes equipos como Tottenham y Atlético de Madrid, pero perdería contra PSG por 3 a 0. En la segunda y última temporada dejó al equipo subcampeón de la Bundesliga y llegaría a la final de la Copa de Alemania. Bayern Munich fijó sus ojos en él y desembolsó más 25 millones de euros por su pase, siendo así, el entrenador más caro del mundo.
Con 33 años, sustituyó a Hansi Flick en el Bayern Múnich y se convirtió en el entrenador más joven en dirigir al más grande de Alemania. La Bundesliga 2021 la dominó de principio a fin y con 3 fechas de antelación el club se consagró campeón de la liga, el undécimo título de liga seguido y el primer trofeo para Nagelsmann.
Pero la temporada 2022-23 sería su última en Bayern, ya que, debido a diversos problemas con la directiva, Nagelsmann fue destituido del cargo de entrenador. El equipo se encontraba segundo y clasificado a la final de la Copa de Alemania, pero no sirvió para dejar satisfecha a la dirección que lo destituyó del cargo.
No hay mal que por bien no venga… El 22 de septiembre de 2023 le llegó la oferta de la selección alemana. El contrato iba a durar hasta el final de la Eurocopa 2024, pero se extendió hasta 2026. En dicha Euro, Alemania quedó primera de grupo, pero cayó en cuartos de final contra España. En el Mundial, deberá enfrentar a Curazao, Costa de Marfil y Ecuador por el grupo E.
Quién diría que un técnico tan joven llegaría hasta donde llegó. Hoy, en una nueva edición de la Copa del Mundo, la misión de Nagelsmann es levantar a Alemania y despertar al gigante.
El cuerpo duele, las manos tiemblan, el corazón palpita demasiado y la cabeza juega en contra. No es el minuto 87 de una final o un empate con el clásico rival; es una lucha personal en los entrenamientos y partidos del fútbol juvenil, donde muchos jugadores lo dan todo en busca de dar el siguiente paso. En la actualidad, la psicología deportiva gana lugar en el fútbol argentino, especialmente entre jugadores que dan sus primeros pasos en el alto rendimiento. En ese proceso, el trabajo mental aparece como una herramienta clave para afrontar miedos, incertidumbres y las exigencias propias de la competencia. Este desarrollo no es reciente: la creación de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina (APDA) en 1992 marcó un punto de partida en la profesionalización del área en el país. A diferencia de años anteriores, donde este aspecto ocupaba un lugar secundario dentro de la preparación deportiva, hoy comienza a ser considerado parte fundamental del entrenamiento. La formación de un futbolista ya no se limita únicamente a lo físico, técnico o táctico, sino que incorpora de manera progresiva el desarrollo mental como un pilar más del rendimiento.
En las divisiones juveniles, el desafío no es solo físico o técnico. La presión por llegar a Primera División convive con una competencia constante por un lugar y con un entorno cada vez más expuesto. Las redes sociales amplifican cada error, cada logro y cada comparación, generando nuevas exigencias para jugadores que aún están en formación. En ese contexto, la mente empieza a jugar un papel tan determinante como cualquier otro aspecto del entrenamiento. Profesionales que trabajan en divisiones formativas coinciden en que el interés por el trabajo psicológico creció en los últimos años. “Es muy grande la demanda respecto del trabajo sobre la salud mental de los futbolistas”, afirma Sebastián Blasco, psicólogo de las divisiones inferiores de River.
En esta misma línea, Iván Laurenci, psicólogo en Talleres de Córdoba, destaca que cada vez son más los padres y los chicos que “solicitan el trabajo mental”, incluso por fuera de los clubes. Además del aumento en la demanda, los profesionales enfatizan en que el trabajo psicológico en etapas formativas no se limita únicamente al rendimiento deportivo.
También, incluyen herramientas para gestionar frustraciones, fortalecer la confianza y acompañar procesos personales en una etapa clave del desarrollo. En muchos casos, este acompañamiento no solo impacta dentro de la cancha, sino también en la vida cotidiana de los jugadores.
Tal es el caso de la técnica S.M.A.R.T. que explica Laurenci en su cuenta de LinkedIn su importancia en el proceso interno y motivación del deportista: “La motivación es uno de los aspectos psicológicos importantes del ser humano, esencial para el deporte. Implica un proceso interno que lleva al deportista a accionar para alcanzar sus metas”.
“Reconocer los motivos intrínsecos por el que se practica el deporte y establecer metas claras, no solo ayuda a mejorar el rendimiento sino también contribuye a la autorregulación, el autoconocimiento y la autoconfianza”, comparte en el posteo.
Iván Laurenci en una actividad de cierre de año en el Club Atlético Talleres.
El cambio también es percibido por futbolistas con mayor recorrido. “Hoy se tiene mucha más información y eso facilita muchas cosas”, señala Pablo Desposito, jugador de Ituzaingó, quien además afirma la importancia de mantener una mente equilibrada. Por su parte, el ex jugador de Belgrano, Diego Novarreti, dice que en el pasado este aspecto era visto de otra manera: “En otra época, trabajar lo mental era verse débil”. Sin embargo, advierte que aún quedan aspectos por mejorar, como el acompañamiento una vez finalizada la carrera profesional. Esta transformación evidencia una evolución cultural dentro del fútbol, donde el cuidado de la salud mental deja de estar asociado exclusivamente a momentos de crisis y pasa a ser entendido como una herramienta de prevención y mejora contínua. En las etapas formativas, los propios jugadores también comienzan a reconocer la importancia de este aspecto.
“Para el fútbol y la vida, hoy en día se necesita mucho de la psicología; y cuando sos deportista de alto rendimiento, aún más”, señala Thiago Vera, futbolista juvenil de Vélez; y sigue: “Tenés que estar preparado mentalmente para distintas situaciones, tanto para las buenas como para las malas”. Su testimonio refleja una mirada cada vez más presente en quienes transitan sus primeros años en el deporte profesional.
En un contexto cada vez más competitivo y exigente, donde las presiones aparecen desde edades tempranas, el trabajo mental comienza a consolidarse como una parte necesaria en la formación de los futbolistas. La incorporación de herramientas psicológicas no solo impacta en el rendimiento, sino también en la forma en que los jugadores atraviesan su desarrollo, marcando una diferencia en un camino donde el aspecto emocional resulta cada vez más determinante.