SOCIEDAD
“Creí que algo estaba roto en mí”: cómo es vivir durante años con distimia sin saberlo
A diferencia de la depresión mayor, la distimia se manifiesta como un estado de insatisfacción crónico que suele confundirse con la personalidad. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado pueden devolver el “color” y el disfrute a la vida cotidiana.
“Creí que algo estaba roto en mí, pasé toda la adolescencia sin sentir nada, iba a eventos, me juntaba con amigos, pero nunca estaba contenta, no podía empatizar con los demás, todo me daba lo mismo”, describe Analía, una arquitecta que trabaja para un importante estudio y que recién a sus 27 años, y luego de haber iniciado varios tratamientos psicológicos distintos, llegó al diagnóstico: distimia.
El término distimia se refiere a un trastorno del estado de ánimo crónico, caracterizado por síntomas depresivos leves que tienen una duración de por lo menos dos años. En el caso de Analía (su identidad fue preservada para la realización de este artículo), su primera consulta había sido motivada por dificultades en una relación de pareja cuando tenía 18 años, creía que lo demás era parte de su personalidad.
Se describía a sí misma como “un poco malhumorada, fría y pesimista”. Sin embargo, cuando recibió el diagnóstico, comenzó un tratamiento interdisciplinario con una psiquiatra que le indicó medicación. Un ansiolítico para dormir mejor, ya que tenía insomnio desde “tiempos inmemoriales”, y un antidepresivo.
Al principio no estaba muy convencida. La idea de estar medicada le parecía una tortura. Sin embargo, recuerda que al poco tiempo empezó a ver “los colores con mayor intensidad”, lograba disfrutar un poco más de su trabajo y sentía placer en sus relaciones sexuales, cosa que antes nunca había experimentado. Las describía como “un trámite para mantener contenta a mi pareja”.
Vagar como un “zombie” entre las obligaciones
A diferencia de un trastorno depresivo mayor, que implica un episodio agudo e inhabilitante, en la distimia la persona puede seguir siendo funcional: sostener un trabajo, vínculos sociales y actividades. Sin embargo, no logra encontrar entusiasmo y placer en la vida cotidiana. En el caso de Analia, si bien asegura tener buenos vínculos en su trabajo, describe su día a día como una “zombie” que vaga por el estudio.
Esta particularidad dificulta la posibilidad de tener un diagnóstico y acceder a un tratamiento, ya que objetivamente la persona no se ve necesariamente atravesando un malestar. Suele iniciarse en la adolescencia y perdurar durante años, incluso décadas, sin recibir tratamiento.
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) los síntomas que destacan son: baja autoestima, fatiga, sentimientos de desesperanza, insomnio o hipersomnia, falta o exceso de apetito y dificultad para concentrarse y tomar decisiones.
Distimia: un trastorno poco estudiado
Las causas que desencadenan la distimia involucran factores genéticos, biológicos y sociales, por lo que su origen es complejo y multifactorial. Un estudio publicado en la revista de psiquiatría Elsevier sugiere que haber vivido situaciones estresantes puede generar cambios a nivel neuroquímico, alterando los niveles de serotonina, un neurotransmisor clave para la regulación del estado de ánimo.
“La distimia es una condición relativamente poco estudiada en los trastornos depresivos, la mayoría de los estudios realizados en sujetos con depresión se basan en pacientes que sufren principalmente depresión mayor”, precisa el estudio. Analía considera que haber crecido en un ambiente en el que su abuela padecía depresión puede haber influido en naturalizar muchas de sus sensaciones.
En Argentina, según el Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental publicado en 2018, dentro de los trastornos del estado de ánimo, el 8,7% de la población sufre depresión mayor mientras que el 0,6% padece distimia. Aunque la dificultad en el diagnóstico y la falta de estudios sobre esta patología puede interferir en el conteo estadístico.
Salir de la distimia: la importancia del acompañamiento
El psicólogo Flavio Calvo, entrevistado por el diario Clarín, indica que una de las grandes dificultades para llegar al diagnóstico es que, al ser un trastorno crónico, los síntomas deben prevalecer por lo menos dos años, a diferencia de la depresión mayor, que puede ser diagnosticada luego de solo dos semanas de padecimiento agudo.
El profesional también aporta consejos para acompañar a las personas que están padeciendo distimia, entre los que se destacan:
- No echar culpas, ya que la persona no elige reaccionar de la forma en la que lo hace.
- Fomentar el comienzo y el mantenimiento de un tratamiento que generalmente suele incluir psicoterapia y medicación.
- Acompañar a la persona en actividades sociales y placenteras, ya que suele ser lo más difícil de sostener.
En el caso de Analia, su red de apoyo fue importante en su tratamiento. Según menciona, el poder contar con el apoyo de sus amigos y su familia fue un factor decisivo en que pudiera comenzar a confiar en ella y “disfrutar de su existencia”.
Tuvo que poner algunos límites y pedir que dejaran de decirle que mirara el lado positivo o que la presionaran por hacer actividades cuando no quería, ya que esto le generaba una angustia mayor. Pero una vez establecida la forma en la que ella necesitaba recibir ayuda, la recuperación se hizo más llevadera.
Hoy ya no se siente la “loca” del grupo, incluso a veces aconseja a sus amigos y sobre todo advierte: “Aunque no sientan que tienen una red de apoyo, si se sienten identificados con alguno de los síntomas, consulten a un profesional, que es la primera forma de empezar a ver la luz al final del túnel”.

