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Formar para el futuro con recursos del pasado: la resistencia de una escuela técnica frente al desfinanciamiento

Cómo la voluntad de docentes y alumnos suple la falta de financiación estable en una escuela de Berazategui, que este año cumple 60 años.

Alumnos de electromecánica de la Técnica 3 de Berazategui operando un torno.
Alumnos de electromecánica de la Técnica 3 de Berazategui operando un torno.

A las ocho de la mañana, en el Taller de Ajuste de la Técnica 3 de Berazategui, el futuro del desarrollo productivo local se decide entre las herramientas que ya dieron todo lo que tenían. Mientras un grupo de estudiantes hacen fila frente al pañol para recibir limas desgastadas; la comunidad educativa intenta descifrar un número que duele más que el frío del invierno en el galpón: la eliminación del Fondo Nacional de Educación Técnica a través del proyecto de Presupuesto 2026

Esta amenaza de vaciamiento que busca derogar el artículo 52 de la Ley 26.058 de Educación Técnico Profesional no es una medida legal clave en estos pasillos, sino que es el riesgo real de que el sonido de los tornos se apague definitivamente para miles de jóvenes junto con su sueños de ascendencia económica y social.

El pañolero entrega una sierra con la hoja gastada y susurra casi como un secreto de resistencia: “Es lo que nos queda, bancame hoy; a la tarde compro hojas nuevas para que uses”. El sonido de un torno viejo y mal lubricado resuena en el ambiente al mismo tiempo que, en un rincón, dos alumnos intentan resucitar un motor incompleto. 

Anécdotas como estas sobran en la Educación Técnica a nivel nacional. Esta es la ironía de la Formación Técnica Profesional hoy: máquinas fuera de servicio que se convierten en material didáctico solo porque la voluntad de docentes y alumnos suple la falta de financiación estable. Pero, ¿cómo llegamos a esto? 

 

Educación Técnica y su financiamiento desde los 60

En 1959 se creó el Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET), ente regulador de la modalidad, a partir de la Ley 15.240. La ley otorgó al organismo una caja propia gracias al fondo nacional, que se nutría a través de un impuesto específico aplicado a las empresas. Esta autonomía financiera fue clave: se estima que hasta 1976, en la totalidad de escuelas técnicas del país, se habrían egresado unos 14.000 alumnos con título de técnico y obrero calificado.

La financiación se quebró en la última dictadura cívico-militar al quitarse la subvención de las empresas. Y, en los 90, se vació la educación técnico específica forzando la creación de cooperativas escolares para el sostenimiento de la misma. El cambio de paradigma llegó en 2005 con la Ley 26.058 de Educación Técnica que restauró la titulación y creó el Fondo Nacional para el sostenimiento de las escuelas con esa orientación. Esa ley permitió la inversión de más de $5.800 millones entre 2006 y 2014 para el fortalecimiento de la infraestructura.

Hoy, el riesgo es volver a esa lógica. Actualmente, el ajuste redujo la inversión del 2% del PBI al 0.7% del PBI y en el Presupuesto 2026 se elimina el Fondo Nacional para la Educación Técnica, derogando el artículo 52 de la Ley 26.058, y que afectaría a unos 773.291 estudiantes. En este contexto, Ariel Liberjen, director del Politécnico de Berazategui, detalló la urgencia: “Los fondos actuales son insuficientes: apenas alcanzan para cubrir aproximadamente el 20% de las necesidades reales de la institución”. 

Liberjen explicó que, gracias a la cooperadora escolar, se llega con lo justo. Por otro lado, el director de la escuela que acaba de cumplir 60 años enfatizó que el riesgo es sistémico. “La prioridad más urgente es garantizar la continuidad del financiamiento. La Ley establece el derecho a recibir el 2% del PBI y su cumplimiento es esencial. Fortalecer la educación técnica es apostar al crecimiento sustentable y al trabajo argentino”, declaró.

Alumnos de química de la Técnica 3 de Berazategui en la muestra anual educativa.

Contexto actual argentino: la resistencia docente

A pesar de la incertidumbre que se expresa en las reuniones de dirección, en los pasillos de las escuelas técnicas la vida fluye al ritmo del esfuerzo. Los estudiantes de quinto año no hablan de partidas presupuestarias, sino de la necesidad de conseguir un rodamiento o un juego de llaves en desuso para terminar el nuevo auto eléctrico. La precariedad obliga a la inventiva diaria: es habitual que un docente pida a un alumno esperar para usar el multímetro porque “solo queda uno y lo están usando en otro curso”.

La vocación docente es la que sostiene la promesa de la escuela. El profesor Edgardo Britos es testigo de cómo los docentes compran materiales y herramientas de su propio bolsillo para que los proyectos no se detengan. “Es lindo que los alumnos aprendan con simuladores. Pero lo más importante es la práctica, el poder hacer, que se lleven eso como herramienta para el futuro”, expresó. Estos gestos de dedicación extra, tiempo sin remuneración y mantenimiento de instalaciones permiten que quede la satisfacción por el aprendizaje logrado.

Alumnos de Maestro Mayor de Obra de la técnica 3 de Berazategui.

El verdadero peligro de desfinanciar la Educación Técnica

La verdadera amenaza del recorte de fondos radica en la pérdida de oportunidades y el riesgo productivo nacional. El título técnico es un poderoso motor de movilidad: el INET registra que el 70% de los egresados continúa estudios superiores, y más de un tercio (37,1%) de los jóvenes de hogares informales logra ingresar al mercado laboral formal.

Egresados como Gastón Álvarez, recibido de Técnico Electromecánico en 2013, confirman la ruptura de la inercia: “La escuela me dio prácticamente las herramientas necesarias para defenderme económicamente en mi vida”. Al mismo tiempo, Lucas Deponte, también egresado, recuerda con mucha gratitud esos años de estudio y asegura que “le cambió la forma de ver la vida”, “creció en familia” y le dio “valores”.

Por tanto, el desfinanciamiento afecta directamente el desarrollo productivo. Al precarizar la enseñanza se reduce la mano de obra calificada que las fábricas necesitan generando así un círculo vicioso que amenaza con la precarización educativa, laboral y económica de las futuras generaciones. 

“Se pone en riesgo el futuro de los chicos y de la patria”, advierte Britos al mismo tiempo que agrega, con orgullo, que ve en sus jóvenes alumnos un “gran motor de fuerza capaz de sacar el país adelante”. Es por ello que la resistencia de las escuelas es una lucha por el modelo productivo.

Automóvil eléctrico diseñado y fabricado por alumnos de la Técnica 3 de Berazategui.


A las diez de la noche, el jefe de Taller recorre el galpón aplicando aceite a las fresadoras y tornos. Luego entra al pañol a revisar el inventario consciente de que, a primera hora, deberá ver si lo que le queda de su sueldo alcanza para comprar las herramientas o materiales que faltan. Sabe que, aunque el presupuesto esté reducido, la vocación de enseñar y el deseo de aprender se renuevan cada mañana. La escuela técnica con sus herramientas oxidadas y sin financiamiento sigue luchando por ser el lugar seguro donde se forja el futuro productivo de la nación.


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

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