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EL ENEMIGO DE MI ENEMIGO ES MI AMIGO

Hay que hacer mucha memoria y estar muy lúcido para recordar el momento exacto en que tomamos noción de que Inglaterra no era sólo otro país, sino, en nuestro imaginario, una nación enemiga. Para la mayoría de nosotros, esa revelación llegó a través de los goles de Maradona. Porque, como sabemos, acá casi todo está atravesado por el fútbol, incluso los acontecimientos bélicos.

Por Diego Galindez y Agostina Di Pilato

Cualquier persona que tenga menos de 44 años creció escuchando que las Malvinas son argentinas; para gran parte de la población, es una verdad de toda la vida. Ahora, imaginen que esa enemistad hubiera nacido hace siglos. Imaginen tener a esa potencia geográficamente cerca, ejerciendo poder sobre su soberanía, su economía, sus leyes y sus recursos naturales. Bueno, todo eso le sucede a Escocia.

Identidades forjadas en el drama

Argentina y Escocia comparten un sentimiento histórico tan profundo como inevitable: la rivalidad deportiva con Inglaterra. Esta competencia, forjada a través de siglos de política y conflictos, trasciende el campo de juego.

Este conflicto se traslada al presente, manifestándose en cuestiones cotidianas. “En Londres, donde no hay nada de energía renovable, están pagando la energía más barata. Nosotros, en el norte, pagamos la tarifa más alta de todo el Reino Unido”, comenta Craig Chambers, un escocés de 27 años que se enamoró de Argentina: “Inglaterra necesita que seamos parte del Reino Unido. Sin Escocia, no son tan fuertes como parecen “, explica. Es que Escocia, líder mundial en energía eólica, produce más del 100% de lo que consume, pero el precio lo fija el mercado británico.

Ser el “punto más al norte” del Reino Unido implica sentirse “más extraño” a los ingleses, dice el escocés. Esa distancia geográfica se traduce en una distancia emocional, donde el fútbol actúa como espacio de resistencia. “Yo nací sabiendo que odio a los ingleses”, confiesa. No lo hace desde un racismo ciego, sino desde una conciencia histórica de las tensiones, las guerras y los agravios políticos pasados.

El fútbol como escenario de resistencia

Para Craig, el éxito deportivo no es solo una victoria; es un acto de afirmación. Tras años de sequía mundialista, la expectativa siempre es la misma: “La gente pregunta: ¿a quién vamos a apoyar? Y el escocés siempre responde: “Al equipo que esté contra Inglaterra”.

Es aquí donde las identidades se cruzan. Diego Maradona es nuestro rey, pero también el suyo. Él rompió los corazones ingleses en el terreno de juego, y eso es suficiente para hermanar a dos naciones separadas por un océano. Hay guiños constantes: desde Billy Gilmour instalando una estatua de Maradona en su jardín, hasta el impacto emocional de ver una casaca de Boca en un inglés.

Sobre esto último, recordamos una experiencia: en la tribuna de Boca, un inglés que no sabía hablar español pero sabía todas las canciones de la hinchada. Mostró su lista de reproducción en Spotify: “Canciones de La 12”. “Estuve practicando”, dijo. Aquel muchacho hizo cambiar radicalmente la percepción sobre su comunidad.

Una historia de desencuentros

Inglaterra no solo es odiada; es, para muchos, odiosa. Y el problema, en el fondo, no es el individuo inglés (que puede ser tan fanático de nuestra cultura como nosotros de la suya), sino su idiosincrasia: esa forma de manejarse en el mundo, su irrespeto, su soberbia.

Nosotros como pueblo no podemos hacernos responsables de los dichos de Galtieri y las decisiones del gobierno. Indirectamente lleva a pensar que, quizás ellos puedan verse reflejados en la misma posición. Ahora sí, a Inglaterra como nación… quiero que pierdan hasta en las bolitas. Imagínense los escoceses. Ellos los odian por historia. Y es muy loco entender que los escoceses y los argentinos estamos conectados por un mismo sentimiento. El enemigo de mi enemigo es mi amigo.

La política ha tensado la cuerda, especialmente tras el Brexit. La votación escocesa para permanecer en la Unión Europea fue ignorada por la mayoría del Reino Unido. “Los escoceses votamos para quedar… pero los ingleses votaron para salir”, lamenta el testimonio subrayando cómo esa decisión unilateral afecta la soberanía escocesa.

Habrá que entender que estamos conectados por un mismo sentimiento. El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Mientras Argentina y Escocia sigan caminando sobre esos hilos invisibles que las unen, la rivalidad con Inglaterra seguirá siendo un motor de identidad. Un drama que, en ambos rincones del mundo, se sigue jugando con el alma en la cancha y la historia en la memoria.

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