SOCIEDAD
EL FEMINISMO LLEGÓ AL TANGO
Por
ETER Digital
El Movimiento Feminista del Tango presentó un protocolo en el Centro Cultural Tierra Violeta para terminar con las incomodidades, violencia y acoso en las milongas. En el programa de radio “Mujeres al Poder” entrevistaron a Soraya Rizzardini González, integrante del movimiento y miembro del equipo que formó parte de la preparación del documento.
Por Camila Brizuela, Dolores Martínez, Eugenia Carraro, Sofía Herrera y Helena Massucco
https://soundcloud.com/helena-massucco/mujeres-al-poder-movimiento-feminista-de-tango
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SOCIEDAD
Las personas detrás de los archivos: cómo buscar trabajo hoy parece estar en Tinder
Florencia se acomoda el pelo y respira hondo, juntando coraje. Levanta el celular con la cámara de selfie encendida, se mira atenta una última vez y presiona el círculo rojo para grabar. “Hola, mi nombre es María Florencia. Tengo 29 años…”, dice.
Ya perdió la cuenta de cuántos intentos de filmar un video de presentación para un posible trabajo lleva, hablar a cámara nunca le resultó particularmente sencillo. Hace unos pocos años hubiera bastado con ponerse una remera linda, acercarse a un kiosco a hacer varias copias de su currículum vitae (CV) y recorrer comercios para repartirlos. Pero el proceso de buscar empleo evolucionó casi tan vertiginosamente como la tecnología, y quienes deseen insertarse en el mercado laboral deben adaptarse también.
La digitalización en casi todos los aspectos de nuestras vidas tiene una influencia particularmente notoria en ámbitos laborales. Y es incluso crucial ya que desde el momento de buscar un empleo, los candidatos se ven obligados a contar con determinadas habilidades y desarrollar estrategias de autopromoción, similares a las de las redes sociales o los perfiles de las apps para buscar pareja. “Buscar laburo es como estar en Tinder”, asegura en una de sus publicaciones de Instagram Hernán Gómez, cofundador de la consultora boutique Trabaja mejor e influencer de la búsqueda de empleo.
La creación de unperfil digital acorde a la imagen de un buen candidato es tan importante como las habilidades específicas requeridas según el empleo que se pretenda conseguir. Segúnel estudio “Reclutamiento y postulación digital 2025” de la plataforma de empleos Bumeran reveló que el 85% de los especialistas en Recursos Humanos usa plataformas online para buscar talento. El 100% de los especialistas también coinciden en que es muy importante que los postulantes tengan sus currículums y sus perfiles actualizados en plataformas digitales. Pero, ¿qué piensan los que están del otro lado?
Del papel al formulario
“Hace algunos años, cerca de 2018 o 2019, imprimía muchos CV. Los llevaba al centro, dejaba en varios locales y así conseguía entrevistas presenciales”, cuenta Florencia y sigue: “Pero todo cambió rápido. Ahora hay muchas plataformas: Empleo Cerca, LinkedIn, Bumeran, Indeed”. Muchos requisitos, muchos formularios para llenar, presentarse con videos y después la entrevista que puede ser presencial o por Zoom.
La experiencia de Florencia no es aislada. La transformación del proceso de búsqueda laboral también influye en quienes seleccionan personal. Así lo explica Manuela C., licenciada en Recursos Humanos de la Universidad de Belgrano: “La capacitación no es algo que solo deben hacer quienes están buscando empleo. Es importante que también los reclutadores y las empresas conozcan y cuenten con herramientas que vuelvan más ágil el proceso de selección”.

Una de esas herramientas, poco visibles para quienes buscan empleo pero cada vez más difundidas en medianas y grandes empresas, son los ATS (Applicant Tracking Systems). Estos softwares se encargan de filtrar y clasificar postulaciones sin necesidad del ojo humano detectando palabras clave, formatos compatibles y coincidencias con el perfil requerido. El desconocimiento de este tipo de filtros, utilizados sobre todo en búsquedas que reciben cientos de postulaciones, puede hacer que un currículum quede descartado incluso antes de llegar a un reclutador.
En los cursos de orientación laboral que Manuela dicta en distintos ámbitos, uno de los ejes trabajados es cómo optimizar un CV para sortear estos filtros. La reclutadora recomienda, fundamentalmente, usar un diseño “simple, sin tablas complejas”; incluir palabras clave del anuncio; evitar imágenes o elementos que “el sistema no pueda leer” y guardar el archivo en formato PDF.
Si bien todavía no hay datos recabados en Argentina se estima que para el 2025 y, a nivel global, entre el 75% y el 80% de las grandes empresas los utilizan de alguna manera de acuerdo al libro “Las perspectivas mundiales de las ATS (2027-2032)” del Profesor Philip M. Parker.
@tengoelempleo ¿Cómo te ven lo reclutadores a traves del sistema ATS? #greenscreen #trabajo #recursoshumanos #CV #ats #trabajoremoto #homeoffice #ats #trabajoremoto #empleos #plantillacv #entrevista
♬ Me Gustas Un Chingo – Alex Luna & DAAZ
La brecha digital
Florencia, conforme con el resultado, carga un video en un formulario y escribe su dirección de correo electrónico. Al presionar el botón de “enviar”, algún tipo de error en el navegador de su celular hace que el cuestionario se reinicie y deba comenzar de nuevo. Explica que es la segunda vez que le sucede, que quizás tiene que ver con el formato del archivo de video y que después volverá a intentar desde su computadora.
Cuenta tanto con los medios como con la capacidad de identificar y resolver los inconvenientes que pudieran surgir a la hora de enviar su aplicación pero, ¿es así en todos los casos?

Esta vertiginosa modernización en la era de los ATS, las múltiples plataformas, los videos de presentación y las entrevistas virtuales también expone y acentúa problemáticas que no son nuevas pero sí notables.
Según un informe del Centro de Estudios de Telecomunicaciones de América Latina (cet.la) presentado en el Mobile World Congress 2025, casi 10 millones de argentinos carece de las habilidades digitales necesarias para utilizar internet de manera eficiente. Pero la brecha digital no se limita solo a estas habilidades: si bien casi el 90% de los hogares tiene acceso internet, solo una cifra cercana al 40% lo hace a través de una computadora, de acuerdo con el informe “Acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación” realizado en el cuarto trimestre de 2024 por el INDEC.
La dependencia exclusiva del celular, dispositivos de baja gama y conexiones inestables, sumados a la ya mencionada falta de habilidades, funcionan como barreras que afectan más a quienes menos recursos tienen. Manuela señala que en sus talleres enseña a las personas tanto a armar correctamente su CV como a poder plasmarlo en plataformas de búsqueda laboral como LinkedIn. Y en ellos descubre que muchas veces hay quienes quedan afuera “no por falta de experiencia y formación”, sino porque “no logran construir un perfil digital o completar una inscripción“.
Lo que no muestran los algoritmos
La computadora se enciende y el video de presentación vuelve a ser chequeado y resubido. Esta vez, el formulario avanza sin problemas. Florencia suspira aliviada al ver el mensaje de confirmación: “Se ha registrado tu respuesta”. Anuncia que ahora solo resta esperar. Un mail, quizás un mensaje de Whatsapp o un llamado telefónico que sirvan como puente a la ansiada entrevista presencial.
“Se torna estresante que te pidan formularios, videos… Antes era más sencillo. No sé si había más o menos trabajo, pero siento que hoy es difícil y está reducido”, explica. Al mismo tiempo, ella comparte que en redes sociales ve que todo el tiempo hay personas buscando trabajo, preguntando si “alguien sabe de algo”. Y agrega: “Aunque entiendo también que no todos consideraron el cambio digital, no se adaptaron a la tecnología. No saben que hay plataformas de empleo, y otras maneras de reinsertarse en el mundo laboral”.
Mientras cierra la ventana del navegador se estira en la silla. “Veremos si esta vez sí”, murmura. La notificación que espera puede llegar hoy, mañana o no llegar nunca pero, al menos por hoy, siente que hizo lo que tenía que hacer. Y afortunadamente, ella sí pudo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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La ausencia de políticas públicas limita el crecimiento de la agroecología
Muchas personas vuelven de la verdulería decepcionadas por comprar tomates con sabor a nada o frutas y verduras fuera de estación envasadas en plástico; cuando producir alimentos sanos respetando la biodiversidad de cultivos y a precios justos no solo es posible sino que es una realidad en expansión en el país. La Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) mostró que la superficie destinada a producción orgánica pasó de 5.000 a más de cuatro millones de hectáreas en los últimos 25 años. Y, según el Censo Nacional Agropecuario 2018, existen 2.300 emprendimientos agroecológicos y 408 biodinámicos.
Si bien esto representa el 1% de la producción agropecuaria nacional, la agroecología está creciendo en todo el continente durante las últimas dos décadas, tanto en el ámbito productivo como académico. Con sus diferencias, estas cifras reflejan un cambio de paradigma en la construcción de alternativas para reconvertir el sistema agroalimentario en Argentina. Pese a este avance, la falta de políticas públicas limita el desarrollo.

Gráfico estudio Fauba
El Primer Congreso de Agroecología de los Pueblos realizado en la Universidad Nacional de Luján en junio de 2025 reabrió el debate sobre las dificultades que atraviesa el sector y la competencia desigual con el modelo convencional. El Gobierno de Javier Milei desmanteló la Dirección Nacional de Agroecología; otorgó beneficios impositivos al modelo agroexportador; redujo los aranceles a la importación de agroquímicos como el glifosato y atrazina; y desreguló el uso de drones para fumigaciones, lo que aumenta el riesgo para la salud de las personas y la posibilidad de contaminar producciones alternativas cercanas a través de la tierra y las fuentes de agua.
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Empieza el clima primaveral y en el ambiente se respira la mezcla de albahaca, menta y otras hierbas. De fondo las gallinas corren libres por extensos campos verdes. Pablo Sendra integra la Cooperativa de Producción Agroecológica de Marcos Paz (COPA) y es parte de la Corriente Social y Política Marabunta. En colaboración con Mercedes Bielawski se dedican a la horticultura, recolección de hierbas aromáticas y medicinales, crían gallinas fuera de jaulas y, en el último tiempo, incorporaron una incubadora para que nazca su primera camada de pollos. Elaboran, además, conservas; tinturas madres; comercializan huevos y miel; y hasta fabrican sus propios bioinsumos.
Sostener esta forma de producir, comercializar y autoabastecerse requiere un enorme esfuerzo colectivo. “Todos tenemos otros trabajos y, en los últimos meses, por situaciones particulares y la situación económicamente asfixiante varios tuvieron que dejar de trabajar en la cooperativa para dedicarse exclusivamente a otros trabajos en relación de dependencia”, cuenta Pablo.

Izquierda: producción agroecológica / Derecha: producción convencional.
La desigualdad con el sector agroexportador es clara: acceso limitado a tierra, semillas y maquinaria, sumado a un Estado que concentra beneficios en grandes tenedores de hectáreas. La gestión actual vino a profundizar esas desigualdades: el informe sobre el desmantelamiento de políticas agroalimentarias en los primeros meses del Gobierno de Milei, elaborado por el CELS y la Fundación Rosa Luxemburgo, detalla las medidas tomadas en ese sentido:
- Eliminación de la Dirección Nacional de Agroecología.
- Eliminación de la Coordinación de Agricultura Familiar del SENASA.
- Despidos masivos en el Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena.
- Prohibición de investigaciones en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sobre temas como cambio climático, sustentabilidad, agroecología, género, biodiversidad, huella de carbono; y el programa Prohuerta.
Este panorama agrava los problemas de un sector compuesto por pequeños productores y la agricultura familiar, campesina e indígena. Son los más afectados dentro del mundo agro por el encarecimiento del costo de vida y de los insumos. Por ejemplo, las maquinarias registran un aumento del 41%, los fletes que se utilizan para transportar la mercadería un 40%, a esto se agrega el incremento en la electricidad.
La otra cara de la misma moneda es la imposibilidad de trasladar estas subas al precio final debido a una caída del consumo y la economía del país que entró en una etapa recesiva. Damián Vega, agrónomo agroecólogo y profesor de la Facultad de Agronomía de la UBA, alerta que la eliminación de múltiples políticas públicas vinculadas a la agricultura familiar y la agroecología representan una traba concreta.
“Bajo este gobierno hubo más de 900 despidos de técnicos y técnicas de todo el país que apoyaban a este sector clave. En el INTA se buscan cerrar las áreas vinculadas, se dio de baja el monotributo social agropecuario”, lamenta y sigue: “Esto lleva a que se dificulte acompañar procesos de transición agroecológica y socio organizativos en los territorios rurales que puedan representar un freno a este modelo del agronegocio”.
No obstante, Damián señala una similitud entre las distintas administraciones del Estado nacional: “Durante los últimos gobiernos tuvimos una continuidad sobre el modelo productivo que predomina a nivel nacional. Se sostiene el extractivismo que se basa principalmente en producir para exportar sin atender los problemas sociales y ambientales, lo que golpea la perspectiva de soberanía alimentaria”.
Por otra parte, el Informe Anual de la Soberanía Alimentaria en Argentina de la Red CALISA estima que cerca de 33 millones de hectáreas son tratadas con algún tipo de fertilizante, lo que representa casi la totalidad de los cultivos en el país si bien advierten que es una proyección ante la falta de datos oficiales. De la misma manera, en 2023 el INTA informó que se utilizaron 230 millones de litros de herbicidas y 350 millones de litros de otros productos fitosanitarios.
En Buenos Aires se detectaron plaguicidas en niveles superiores a los permitidos por la Unión Europea; mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, eliminó aranceles para importar glifosato y atrazina.

Pablo cuenta la realidad de Marcos Paz sobre el tema: “Presentamos denuncias por fumigaciones en zonas prohibidas por ordenanza municipal. Además, junto al equipo de salud colectiva y ambiente de la Universidad Nacional de General Sarmiento realizamos estudios para analizar el agua y el suelo donde encontramos trazas contaminantes de agrotóxicos incluso en establecimientos agroecológicos históricos del distrito y en escuelas rurales”.
En la ciudad de Lobos, a partir de años de reclamos, la Justicia emitió un fallo que obliga al municipio a garantizar agua potable libre de agrotóxicos. En 2023, un estudio de Pesticidas Introducidos Silenciosamente (P.I.S.) reveló que uno de cada seis habitantes tenía glifosato en la orina. En esta misma localidad se denunció la primera fumigación ilegal con drones, luego de la desregulación de su uso anunciada por el ministro Federico Sturzenneger, a través del decreto 663/2024.

“La agroecología no es solamente un concepto para pensar un tipo de producción sino que es parte necesaria de la transformación estructural de las condiciones de vida en el campo, recuperando los modelos agroalimentarios ancestrales”, reflexiona Pablo. En ese sentido, Damián opina que para acompañar esos procesos organizativos “hacen falta políticas públicas que apunten a la autonomía de los territorios rurales”. Esto, según expresa, debe ir acompañado con la asignación de presupuesto, ya que crear organismos sin fondos no permite impulsar medidas que acompañen las transformaciones necesarias para nuestro sistema agroalimentario.
El artículo 41 de la Constitución Nacional establece: “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo”. En Argentina, cada vez más familias se organizan para producir bajo estos parámetros. No es un problema de voluntad individual, es la necesidad de una política de estado para evolucionar del monocultivo a la biodiversidad y producir en armonía con la naturaleza y el buen vivir.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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Entre cajones y sombras: la vida invisible de los changadores del Mercado Central
A la medianoche mientras la ciudad duerme, el Mercado Central parece una ciudad paralela: motores encendidos, gritos de personas que se pierden en pasillos interminables, golpeteos de cajones que parecen no silenciarse nunca. En el corazón del Mercado, cientos de changadores sostienen el ritmo nocturno del abastecimiento. Carretean cajones de frutas y verduras entre camiones que no se detienen. Allí se mueven durante horas hombres jóvenes -algunos no tanto- que arrastran sobre sus cuerpos el peso del esfuerzo diario. Sostienen un engranaje esencial, aunque nadie los vea.
Cuando el Mercado Central abre sus portones, a las 2 de la mañana, ya hay changadores trabajando desde mucho antes. Las jornadas pueden extenderse hasta las 11 de la mañana o más allá, entre corridas, subidas de cajones y discusiones sobre precios. En ese mundo frenético conviven dos realidades: los changadores que pertenecen a la cooperativa y los que trabajan por su cuenta en un circuito totalmente informal.
Dos realidades laborales dentro del Mercado
El Tano, vendedor de un reconocido puesto dentro de la Nave 9, explica la diferencia mientras controla la descarga de manzanas: “Los de la cooperativa trabajan con autoelevadores Clark y sólo descargan para los puestos. Ellos la tienen un poco mejor: hacen turnos de 18 a 2 de la mañana y cobran unos $40.000 por día”. Son los más “estables” en un escenario donde la estabilidad es más deseo que posibilidad.
Muy distinta es la vida de los otros changadores, los que dependen de arreglos informales y responden a jefes que manejan grupos en las diferentes naves. Martín, un joven de 20 años que trabaja en la Nave 11, cuenta que ellos se organizan alrededor de Jorge, quien coordina a unos 15 changadores. “No se habla mucho de cuánto se les cobra a los compradores porque cada cliente arregla distinto”, aclara. Esa opacidad es parte del sistema, nadie quiere decir exactamente cuánto reciben por cargar cada bulto para no quedar expuesto ante los clientes, ni quedar mal con quien le da trabajo.

Los números detrás del trabajo nocturno
Luis, un comprador que va todas las semanas a abastecer su negocio, aporta otra mirada: “Yo pago $300 por cajón, me hacen precio porque cargo mucho ya que abastezco tres locales. Sé que llegan a cobrarles hasta $500 a algunos clientes que cargan menor cantidad”. Su comentario confirma el margen de informalidad del sector: precios que cambian por volumen, horario, relación previa o simplemente por necesidad.
Martín describe su rutina con una mezcla de resignación y costumbre. En teoría trabajan tres días a la semana: lunes, miércoles y viernes. En la práctica, entran los domingos a la noche, alrededor de las 23 y pueden terminar a las 14 del día siguiente. Jornadas de hasta 15 horas en las que el cuerpo no tiene pausa. Esos días, José les paga unos $70.000; los martes y jueves, cuando solo cargan vacíos, bajan el pago diario a $15.000 o $20.000. Ningún changador recibe aportes, obra social ni cobertura ante accidentes. Todo depende del propio físico y de cuánto pueden aguantar.

Jornadas extenuantes y trabajo precarizado
Franco y Lucas, compañeros de Martín, coinciden en algo: una vez que entran al circuito del Mercado es difícil salir. “Acá o te acostumbrás o te vas. Pero la mayoría se queda porque afuera no hay nada”, comenta Lucas mientras acomoda una pila de cajones que supera su altura. Los días de frío extremo, cuando el viento atraviesa las naves, algunos trabajan con bolsas de residuos a modo de piloto. En verano, el calor es insoportable y muchos terminan deshidratados. El clima, dicen, es uno más de los golpes que carga el cuerpo.
Varios changadores viven en Villa Celina, a 10 minutos caminando del predio. Otros vienen de González Catán, Laferrere o Ciudad Evita. Muchos fuman marihuana durante la jornada para “bajar la velocidad” del estrés y el dolor muscular, según admiten. Algunos son menores de edad, lo que evidencia el nivel de precarización y la falta total de controles laborales.
La informalidad laboral en cifras
Datos del Ministerio de Trabajo y de informes recientes del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-EDIL) muestran que la informalidad laboral en Argentina alcanzó el 43,2% en el segundo trimestre de 2025, lo que significa que cuatro de cada 10 trabajadores están por fuera de todo marco de protección legal. Entre los jóvenes de 16 a 24 años, la tasa asciende al 63%. En ese panorama, los changadores del Mercado Central representan uno de los puntos más críticos de esta estadística.

Violencia, tensiones y supervivencia
La violencia es parte del paisaje. Todos llevan un cuchillo o una navaja “para seguridad” porque las peleas entre compañeros no son inusuales. Entre el cansancio, la presión y el dinero en juego, los conflictos aparecen rápido. El sonido metálico de los carros chocando y las discusiones que se elevan por encima de los camiones conforman la banda sonora de la madrugada.
El acceso a la comida también es precario. A veces compran sándwiches a vendedores ambulantes o comidas improvisadas para soportar las horas. “Si no comés algo, te caés. Y acá nadie te levanta”, dice Franco. Lo dice en tono de broma, pero la frase resume la lógica del Mercado: cada uno sobrevive como puede.
Historias personales en un circuito sin salida
No todos siguen el mismo camino. Walter, otro changador, cuenta que estuvo metido en el “bardo”: drogas, peleas, corridas. “Me rescaté gracias a la Iglesia Evangélica”, dice. Ahora, apenas termina de trabajar, se apura para juntarse con su familia e ir a misa. Es una excepción en un ambiente donde el consumo problemático es frecuente, alimentado por la falta de descanso, la inestabilidad económica y la sensación de que no hay futuro posible.
La historia de Pato aporta otra perspectiva. Antes trabajaba como vendedor en un puesto, cinco días a la semana, 12 horas por día por $40.000 diarios. Decidió dejar ese trabajo, que si bien era informal resultaba más estable, para dedicarse a las changas por la diferencia de ingresos y la posibilidad de trabajar menos días. “Me conviene, pero sé que el cuerpo tiene fecha de vencimiento”, admite. Sabe que no tendrá jubilación ni obra social, pero cree que tampoco llegará a viejo en estas condiciones.
El costo físico de un trabajo precarizado
La investigación de especialistas en ergonomía y salud laboral estima que los trabajos de carga intensiva generan lesiones crónicas en la columna, rodillas y hombros, que pueden aparecer incluso antes de los 30 años. Entre los changadores, estas dolencias se naturalizan. “Es parte del laburo”, dicen mientras estiran la espalda o se masajean las manos antes de volver a cargar.
El engranaje humano del abastecimiento
En este universo de movimientos frenéticos, cuerpos desgastados y economías informales, los changadores sostienen cada madrugada el corazón del abastecimiento. Son esenciales pero invisibles. El Mercado Central no podría funcionar sin ellos, aunque sus nombres no figuren en ningún registro oficial ni sus historias tengan dónde escribirse. Entre cajones, esfuerzos y largas jornadas, acarrean más que frutas y verduras, también cargan el peso de una desigualdad que se repite en silencio.
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