Alemania y Austria se enfrentaron en la Fase de Grupos de la Copa del Mundo de España 1982 y el partido se lo denominó “estafa” por un arreglo para eliminar a Argelia. Hoy, 44 años después, se vuelven a cruzar las caras los africanos con los austriacos en la Copa del 2026 y estarán en el grupo de Argentina.
A lo largo de la historia del fútbol siempre hubo arreglos, pactos silenciosos y engaños que, de alguna manera, le quitaron el espíritu deportivo al juego y mancharon la pelota. Para no ir muy lejos, en las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018, el 10 de octubre de 2017 se firmó el llamado “Pacto de Lima”. Colombia y Perú empataron 1 a 1, un resultado que aseguró la clasificación de los cafeteros y la posibilidad de repechaje para la selección blanquirroja. ¿El perjudicado? Chile. La Roja se quedaba afuera de la Copa del Mundo. Sin embargo, hubo una ocasión todavía más escandalosa. Ocurrió en pleno Mundial de España 1982, cuando Alemania y Austria compartían grupo con Argelia. Ese “acuerdo” dio pie a un cambio en la organización de los torneos de FIFA.
Argelia ya había hecho lo imposible. Le había ganado 2 a 1 a Alemania en el debut, en lo que fue una de las mayores sorpresas en la historia de los mundiales. También había vencido a Chile y, aunque cayó ante Austria, los africanos todavía soñaban con una clasificación histórica. Pero había un problema: los argelinos ya habían jugado todos sus partidos. Desde afuera, sin tocar la pelota, debían esperar el resultado entre alemanes y austríacos. Y las cuentas eran claras, una victoria de Alemania por uno o dos goles clasificaba a ambos europeos y dejaba eliminado al conjunto africano.
El 25 de junio de 1982, en el estadio Estadio El Molinón, comenzó uno de los capítulos más oscuros en la historia del fútbol. Apenas iban diez minutos cuando Horst Hrubesch conectó de cabeza y puso el 1 a 0 para los alemanes. Lo que vino después no pareció un partido de Mundial. La pelota empezó a viajar sin intención. Pases hacia atrás, movimientos lentos, ataques que morían antes de empezar y futbolistas que parecían conformes con dejar correr el reloj. Nadie presionaba. Nadie arriesgaba. Nadie quería otro gol.
En las tribunas, el clima cambió rápido. Los silbidos comenzaron a bajar desde todos los sectores del estadio mientras los hinchas alentaban por los africanos y gritaban: “¡Fuera, fuera!”. Algunos periodistas dejaron de relatar el partido por la vergüenza que generaba lo que estaba ocurriendo. El comentarista austriaco Robert Seeger incluso llegó a pedirles a los televidentes que apagaran la televisión.
Argelia, la selección que había sorprendido al mundo, quedaba eliminada sin poder defenderse dentro de la cancha. Alemania y Austria avanzaban de ronda en un partido que quedó marcado para siempre como “La Estafa de Gijón”. Desde México 86, la última fecha de cada grupo se juega de manera simultánea, para evitar este tipo de arreglos.
Volvió como vuelven los que no aceptan el final: sin pedir permiso, desafiando al pasado y a su propio cuerpo. A comienzos de los años noventa, Diego Maradona regresó a la Selección Argentina después de atravesar sanciones, escándalos y una vida que parecía ir siempre al límite. No era un regreso más. Era, en muchos sentidos, el último intento de reconciliarse con su propia leyenda.
El contexto no era sencillo. El fútbol había cambiado, el ritmo era otro y él ya no era el joven indomable de México 86. Pero había algo que permanecía intacto, su voluntad. Para reconstruirse, eligió alejarse del ruido. En la inmensidad de la llanura argentina, lejos de los flashes y las urgencias mediáticas, encontró el espacio ideal para empezar de nuevo. Allí, en La Pampa, junto al preparador físico Fernando Signorini, a quien había conocido de su época en Barcelona, comenzó un proceso tan exigente como íntimo.
Las jornadas eran largas, repetitivas, casi austeras. Caminos de tierra y viento constante. No había lujos ni concesiones. Signorini diseñó un plan que apuntaba no solo a recuperar el físico, sino también a ordenar hábitos, a reconstruir una rutina que durante años había sido caótica. Maradona aceptó el desafío. Corrió, sufrió, se exigió como pocas veces. Cada entrenamiento era una pelea contra el desgaste, pero también una forma de reencontrarse con el jugador que había sido.
Cuando regresó a la Selección para el repechaje frente a Australia (post 0-5 ante Colombia, al que vivió desde la platea del Monumental junto a Claudia), su sola presencia transformó el clima. El periodista Enrique Halac, que cubrió para una radio el Mundial, recordó: “Diego no era el de antes. Aunque había trabajado en el campo, no estaba en plenitud física. Sin embargo, era Maradona: con solo estar, te emocionaba”.
El destino y el esfuerzo lo llevaron al Mundial de 1994. En Argentina el clima alrededor de la Selección era especial: después de un fin de eliminatoria con golpes, críticas y dudas, volvía la ilusión. El regreso de Diego había cambiado el ánimo del país. En las calles, en los bares y en cada programa deportivo se hablaba de una Selección que recuperaba a su líder justo a tiempo. Muchos creían que Argentina volvía a ser candidata. No solo por el peso histórico de la camiseta, sino porque el equipo mezclaba experiencia, talento y la presencia de un Maradona que parecía dispuesto a desafiar cualquier pronóstico.
Esa esperanza se había construido desde mucho antes del Mundial. La clasificación había sido sufrida y obligó a Argentina a disputar un repechaje decisivo frente a Australia. El empate en Sídney dejó la serie abierta y cargada de tensión. Antes de subir al avión para regresar desde Australia, un periodista le preguntó a Maradona cómo veía la revancha. Diego, fiel a su estilo desafiante y seguro, respondió con una frase que quedó grabada en la memoria futbolera: “Argentinos, saquen pasajes que nos vamos al Mundial”.
En Buenos Aires, el partido de vuelta se vivió como una final anticipada: un país entero paralizado frente al televisor, consciente de que quedarse afuera del Mundial hubiera significado un golpe histórico. Argentina ganó 1-0 en el Estadio Monumental y selló el pase con alivio más que con festejo. Aquella clasificación reforzó todavía más la figura de Maradona: para muchos, su regreso había salvado a la Selección en el momento más crítico.
Ya en Estados Unidos, el debut frente a Grecia dejó una de las imágenes más icónicas de su carrera: el gol y ese grito desbordado frente a la cámara, con los ojos encendidos, como si quisiera decirle al mundo que todavía estaba vivo futbolísticamente. Argentina jugaba bien, goleaba y transmitía una sensación que hacía tiempo no generaba: la de ser un equipo capaz de pelear seriamente por el título.
Sin embargo, toda la ilusión que rodeaba a la Selección cambió de golpe en cuestión de minutos. Después del triunfo ante Nigeria, ocurrió una de las escenas más impactantes de la historia de los Mundiales. Una enfermera ingresó al campo y tomó del brazo a Diego para llevarlo al control antidoping. El Diez salió sonriendo, casi sin imaginar que esa caminata terminaría convirtiéndose en una imagen eterna y dolorosa para el fútbol argentino.
Días después llegó la confirmación del resultado positivo y el golpe fue devastador. Argentina quedó conmocionada: no sólo perdía a su capitán en plena Copa del mundo, sino también la ilusión de volver a pelear por el título con él como bandera. El regreso de Maradona terminaba de la manera más inesperada y cruel.
En Boston, Diego brindó una conferencia de prensa cargada de emoción y bronca. Frente a las cámaras de canal 13, entrevistado por Adrián Paenza, lanzó una frase que quedó marcada para siempre en la memoria colectiva argentina: “Me cortaron las piernas, argentinos”. Aquellas palabras resumían el sentimiento de un país entero, que veía cómo el Mundial se les escapaba.
Sin embargo, Enrique Halac tenía otra mirada sobre ese momento: “Para mí, esa frase fue una confesión de lo que había hecho. Ahí sentí una gran desilusión, porque todos queríamos seguir creyendo en Maradona”.
Aun así, el paso de Diego por Estados Unidos 1994 quedó grabado para siempre. Fue el regreso del ídolo que ilusionó otra vez a millones de argentinos, aunque también el final más doloroso de su historia con la Selección.
Brasil en 2002 se consagró campeón, en parte, por su talento ofensivo, pero la línea de cinco defensores fue una de las claves, al tener tres centrales fijos los laterales brasileños (Cafú y Roberto Carlos) pasaban al ataque con mucha libertad sabiendo que tenían cobertura. Normalmente usaban un 3-4-1-2, los cuatro mediocampistas cubrían el ancho de la cancha, en ataque el enganche y los dos delanteros le daban juego interior, juego aéreo y mucha descarga de espalda con los puntas. La defensa se escalonaba para recuperar la pelota; los dos stoppers podían salir de la línea defensiva ya que el líbero Edmilson quedaba atrás barriendo el espacio a sus espaldas. A partir que recuperaban con el bloque defensivo a altura media o baja buscaban transiciones rápidas con los dos carrileros, los dos puntas y el enganche que bajaba a armar el contraataque.
Italia en 2006 ganó el mundial con su famoso “Catenaccio”. El orden defensivo era prioridad, usaba un 4-4-1-1 que cambiaba a un 4-2-3-1 para juntar más las líneas para que no le puedan filtrar pases por dentro. El mediocampista Andrea Pirlo fue el cerebro del equipo, encargado de manejar la pelota y el ritmo de juego desde la zona de creación. Recuperar la pelota era una tarea colectiva, todos corrían y se sacrificaban para recuperarla en la mitad de la cancha, un equipo muy ordenado tácticamente. Aprovecharon mucho la pelota parada y los contraataques para hacer goles.
España en 2010 se caracterizó por usar el tiki taka, un sistema 4-3-3 o 4-5-1 en el que se defendía teniendo la pelota, no era sólo posesión de pelota, sino que se juntaban los cinco mediocampistas (Iniesta, Xavi, Xavi Alonso, Cesc Fabregas y Busquets) alrededor de la pelota e iban así avanzando y limpiando a los rivales, en ataque David Villa era clave para desmarcarse con su velocidad hacia posiciones profundas.
Alemania en 2014 fue una topadora mundial, usaban un 4-2-3-1 con un bloque compacto y presión asfixiante los alemanes generaban muchas chances de gol por partido, si la presión fallaba esperaban en la mitad, los centrales salían lejos para cortar avances y Neuer fue clave porque jugaba casi como líbero a pesar de ser el arquero. Luego de recuperar, movían rápidamente la pelota con Kross o Schweinsteiger y los laterales subían por los costados, como falso se paraba Muller o Klose que se movían mucho y triangulaban con el equipo.+
Francia en 2018 usaba un bloque medio-bajo 4-2-3-1 o 4-4-2 para aprovechar la velocidad de Mbappe y Dembele, Giroud era clave para aguantar la pelota de espalda y descargar a los puntas que volaban hacia el ataque. N’Golo Kanté y Paul Pogba fueron el motor del equipo. Kanté se encargaba de recuperar y presionar, mientras que Pogba aportaba equilibrio, quite y pases largos para iniciar las transiciones rápidas. En tres cuartos la pelota la manejaba Antoine Griezmann que aprovechaba los rebotes de Giroud para organizar el ataque.
Argentina en 2022 usó muchas formaciones para obtener la pelota, 4-4-2, 4-3-3, 5-3-2, 4-2-3-1, fue algo muy pragmático ya que Scaloni acomodaba el equipo en base a cómo atacaba cada rival, la presión alta fue importante para generar chances de gol en campo rival, Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Mac Allister, De Paul, Enzo Fernández, todos ellos presionaban muy agresivo para darle la pelota a Messi (quien acompañaba tímidamente en la presión para estar fresco para atacar) y a partir de ahí atacar las espaldas de los rivales, aprovechando el buen pie de todos los mediocampistas.
Como conclusión podemos notar que, a pesar de la línea de cinco defensores de Brasil en 2002, luego de ese mundial la línea de cuatro se impuso por su versatilidad y simpleza táctica, adaptándose según los delanteros y mediocampistas que podía imponer el rival en la ofensiva.
El Reino Hachemita de Jordania, conocido oficialmente en su idioma como Al Mamlakah al Urduniyah al Hashimiyah, tiene sus raíces en 1921. Tras la caída del Imperio Otomano, el territorio se denominó “Emirato de Transjordania”, con régimen de mandato británico. Luego de un cuarto de siglo bajo esta administración colonial, el Reino Unido concretó su retiro formal, permitiendo que el territorio proclamara su plena soberanía e independencia el 25 de mayo de 1946, a partir de entonces, se transformó en un reino autónomo.
El árabe es su idioma oficial, su capital es Amán. Con una superficie de 89.342 kilómetros cuadrados, su ubicación en el mapa es un verdadero rompecabezas geopolítico en el corazón de Medio Oriente: el territorio limita al norte con Siria, al noreste con Irak, al sureste con Arabia Saudita, al oeste se encuentra el Mar Muerto y también comparte su sensible frontera occidental con Israel y Cisjordania.
Su fisonomía natural está marcada por brutales contrastes, allí las mesetas descienden de manera abrupta en la profunda depresión de Ghor (recorrida por el histórico río Jordán) hasta fundirse en las costas desérticas del Mar Muerto. Este lago, de un contenido salino extremadamente elevado, es el punto más bajo de la Tierra, con un fondo lacustre que se sitúa a 739 metros por debajo del nivel del mar. A su vez, en el extremo austral del país, se encuentra su única y estratégica salida al Mar Rojo, a través del golfo de Aqaba.
Este territorio se sostiene sobre una arquitectura institucional regida por la Constitución de 1952, la cual establece un sistema de monarquía parlamentaria en la que el rey sigue conservando amplias facultades de carácter ejecutivo. El poder legislativo está definido en un parlamento bicameral (Majlis Al Watani), compuesto por un Senado de 65 miembros nombrados directamente por el monarca y una Cámara de Representantes integrada por 130 miembros elegidos a través del voto popular.
A lo largo de las últimas décadas, Jordania ha navegado un proceso constante de reformas estructurales para afianzar su consolidación democrática en medio de una periferia regional crónicamente inestable. El gran catalizador de esta modernización se activó a partir de 2011, frente a las protestas populares de la llamada “Primavera Árabe”, el rey Abdullah II asumió el liderazgo de la agenda reformista interna, impulsando la independencia formal del Poder Judicial y la creación de un Tribunal Constitucional de nueve miembros.
Posteriormente, en 2016, se modificó el sistema electoral, abandonaron el voto uninominal para adoptar listas proporcionales que facilitaran el desarrollo de partidos políticos. El impulso legislativo definitivo se estructuró a través del Comité para la Modernización creado en 2021, cuyas recomendaciones derivaron en las leyes de Partidos Políticos y Electoral de 2022, diseñadas para ensanchar la participación civil y asegurar una mayor presencia de mujeres y jóvenes. La materialización práctica más reciente de este proceso se vivió en las elecciones parlamentarias del 10 de septiembre de 2024, allí los votantes eligieron 138 escaños.
En la escena contemporánea, la máxima autoridad y jefatura del Estado la ejerce el Rey Abdullah II, quien accedió al trono el 7 de febrero de 1999 tras el fallecimiento de su padre, el rey Hussein. El monarca conduce el rumbo del país en colaboración directa con el primer ministro, Jafar Hassan. Ambos están al frente de una sociedad de fuerte identidad confesional, el 97,2% de la población profesa el islam (predominantemente suní), conviviendo bajo un régimen de libertad de culto con minorías cristianas (2,2%) y budistas (0,4%).
Esta estabilidad interna actúa como su principal escudo ante el histórico conflicto israelí-palestino, un asunto que Jordania asume como de estricto interés y seguridad nacional debido a su absoluta proximidad, sus lazos históricos y al origen palestino de una porción importante de sus habitantes. Además de que el soberano hachemita es el custodio oficial de los Lugares Santos en Jerusalén, el territorio jordano alberga actualmente a más de 2 millones de refugiados palestinos, lo que sumado a cientos de miles de refugiados sirios e iraquíes convierte al reino en el uno de los países del mundo con mayor número de refugiados per cápita.
Ante este escenario, el accionar internacional de Jordania se define por un rol de mediador conciliador, defiende de manera firme la solución de los dos Estados bajo las fronteras de 1967 con Jerusalén oriental como capital y, desde el estallido de la guerra de Gaza en octubre de 2023, lidera una intensa actividad diplomática global para alcanzar un alto al fuego definitivo. Para amortiguar el impacto fiscal y humanitario de estas crisis periféricas, el reino se apoya en sólidas alianzas estratégicas, recibiendo asistencia financiera del Consejo de Cooperación del Golfo, de los Estados Unidos y de la Unión Europea.
En el aspecto deportivo, Jordania fue, en la Copa Asiática 2023, una de las sorpresas y gran protagonista tras haber quedado subcampeón. Finalizó como el mejor tercero en la fase de grupos, eliminó a Irak, Tayikistán y Corea del Sur, pero cayó en la final frente al anfitrión, Qatar, por 3-1 con todos goles de penal.
Después de este logro, el entrenador Hussein Ammouta rescindió contrato con la Federación y llegó Jamal Sellami para darle el salto definitivo a la Selección. El marroquí le aportó una identidad de juego, apostando por un equipo sólido en defensa y la velocidad que tiene de la mitad de la cancha para adelante. Con Mousa Al-Tamari en un rol de líder, empezó a alcanzar buenos resultados y sorprendió en las Eliminatorias de Asia al quedar segundo, detrás de Corea del Sur, en el Grupo B. Así, el 5 de junio de 2025, Jordania hizo historia al conseguir su boleto directo al Mundial por primera vez. Una revancha tras haber estado cerca de Brasil 2014, cuando perdió ante Uruguay en el repechaje internacional.
Esta afianzada forma de jugar se ratificó al ser subcampeón de la Copa Árabe en diciembre de 2025. En este certamen tuvo un camino igual de destacado, ganó su grupo al vencer a Emiratos Árabes Unidos 2-1, Kuwait 3-1 y Egipto 3-0. Eliminó a Irak por 1-0 en cuartos de final y a Arabia Saudita por el mismo resultado en la semifinal. Finalmente cayó 3-2 en la prórroga del partido decisivo ante Marruecos.
El ansiado debut Mundialista para Jordania está cada vez más cerca. Será el miércoles 17 de junio ante Austria, el martes 23 deberá enfrentarse con Argelia y buscará un milagro al cerrar la fase de grupos contra el último campeón, Argentina, el sábado 27.