Cinco mujeres en un magazine cultural, político, de género, económico, social. Sobresalen los temas culturales, de género y sociales.
Por Sofía Herrera, Camila Brizuela, Dolores Martínez, Helena Masucco y Eugenia Carraro.
Capítulo 1: La ESI y las escuelas secundarias
Cómo se aborda la Educación Sexual Integral en las escuelas secundarias desde la perspectiva y experiencia personal de Valeria Mikolaitis, profesora de lengua y literatura y especialista en DD.HH y ESI.
Capítulo 2: Descubriendo el poliamor
¿Qué mejor que conocer al poliamor desde la experiencia? Con nosotras, Analía, una invitada que adopta esta forma de vida y nos cuenta con detalle este tipo de relación.
Capítulo 2: La menstruación
Cuáles son los mitos y cuidados del ciclo que las personas fértiles transitan 28 días al mes.
Desde comienzos del siglo XXI, una nueva brecha de género se instaló en Occidente: las mujeres tienden a apoyar opciones políticas progresistas y los varones, opciones conservadoras. En la consolidación de este fenómeno, el feminismo y las redes sociales cumplieron un rol fundamental, según el relato de jóvenes militantes de los principales espacios políticos antagónicos de la Argentina actual.
La brecha ideológica de género es una realidad que se consolidó en Argentina más allá de las elecciones del 2023, como muestra el “Informe Nacional de Datos – Mayo 2026” de la consultora Zuban Córdoba. En ese mes, casi un 70% de las mujeres entrevistadas desaprobó la gestión libertaria (versus un 60% de desaprobación masculina).
Brecha de género en las urnas
La politóloga Ana Paola Zuban, directora de la consultora de opinión pública Zuban Córdoba Asociados, da cuenta de este fenómeno, tanto a nivel nacional como internacional.
En las mediciones realizadas durante la primera y la segunda vuelta presidencial de 2023, existió una diferencia entre hombres y mujeres cercana a los 20 puntos, en el apoyo a los dos candidatos que más polarizaron la elección: el libertario Javier Milei y el peronista Sergio Massa.
Los varones se inclinaron por el primero, mientras que las mujeres mostraron una mayor preferencia por el segundo. En el rango etario sub-30, esta diferencia fue incluso más marcada.
Jóvenes en crisis
La oficina de Buenos Aires de la Fundación Heinrich Böll Stiftung (FHBS), una organización progresista alemana, analizó que la política tradicional falló en asegurarles a los jóvenes un futuro con ascenso social y condiciones de vida dignas. Sumado a un mundo en guerra y atravesado por cambios muy intensos, provocó frustración y furia en esa franja etaria.
Lola Quiroga (17 años), militante feminista y peronista, cree que la sociedad en general pasó por un proceso de desintegración y precarización, en el que las mujeres pudieron encontrar una protección en la organización colectiva del feminismo. “Los varones no tuvieron eso”, remató, en diálogo con Eter Digital.
Es entonces que la figura de Javier Milei canalizó estos malestares en jóvenes varones de los sectores medios y populares, y les ofreció una doble solución: la promesa de estabilidad económica y una identidad para hacerle frente a la reconfiguración de los roles de género.
Comunicación y hormonas
Lucas Blanco (22 años) es coordinador de “Bases CABA”, una organización de estudiantes secundarios libertarios, y afirmó en diálogo con este medio que la forma de comunicar de Javier Milei, que calificó como “histriónica y poco diplomática”, resuena con el público masculino porque el varón “es más de la incorrección política y la meritocracia”.
Además, Blanco agrega que, si bien no es un experto en el tema, “las propias hormonas sexuales hacen que el hombre se incline por la competencia y la individualidad; y en el caso de las mujeres, las impulsan más por lo social y el trabajo colectivo”.
Feminismo e identidad
El rol activo del feminismo en esta última década permitió visibilizar la violencia de género presente en distintos estratos de la sociedad argentina, y habilitó la concreción de políticas con perspectiva de género.
Quiroga, por su parte, entiende que esto “tocó una fibra sensible en la sociedad”, gracias al “poder explicativo y organizativo del feminismo”. Sin embargo, también cree que, si bien no es prioridad del movimiento, quizá el feminismo debería haber ofrecido alguna alternativaa la masculinidad tradicional.
“Los varones quedaron en ‘no puedo ser el hombre que la sociedad me exige que sea; al mismo tiempo tampoco puedo ser feminista, ni tengo un grupo de gente que represente mis problemas. Estoy completamente perdido’”, ejemplifica la militante feminista.
Rivales ideológicos
La FHBS considera que las ultraderechas en el mundo presentan al feminismo y al progresismo como los causantes de las inequidades y crisis que los jóvenes varones sienten en su día a día, al modificar un supuesto “orden natural” de la sociedad.
En este sentido, Blanco es taxativo: “En un principio, el feminismo buscaba la igualdad del hombre y la mujer ante la ley, pero como con todo lo que agarra la política, se fué corrompiendo. Hoy solo busca privilegios para la mujer”.
“El machismo también le provoca daños al hombre, pero excluirlo de la conversación e ignorar estos problemas solo sirve para aumentar las diferencias con las mujeres”, concluye el militante libertario.
El rol de las redes sociales
Para Victoria Eger, codirectora del medio feminista Feminacida, las redes sociales desempeñan un papel fundamental a la hora de profundizar la brecha de género ideológica.
Los algoritmos muestran contenidos afines a los intereses de cada usuario y de esta manera se refuerzan sus creencias y es difícil que un fenómeno ajeno irrumpa en el mismo.
“Estamos muy sesgados a la hora de consumir información y de construir nuestro pensamiento. No hay opinión sin sesgo”, aseguró en diálogo con Eter Digital.
Además, la periodista considera que las redes son “terreno fértil para modelos de masculinidad asociados al mérito individual, la solvencia económica y los discursos de odio”.
¿Es posible un futuro sin brecha?
Quiroga cree que una posible superación de este fenómeno reside en la humanización del otro: “Tenemos que llevar la discusión sabiendo que todas y todos tenemos una experiencia compartida, que todas y todos estamos en crisis y que queremos que las cosas cambien. No podemos seguir pensando que enfrente tenemos un boludo que no entiende nada”.
Y advierte: “Hay ideas que hay que debatir, y hay otras ideas que hay que combatir. El límite es el odio”.
Blanco tiene una mirada diferente. Piensa que la distancia entre hombres y mujeres probablemente se profundice en los próximos años debido al impacto de la digitalidad.
“Hoy, hombres y mujeres, nos sentimos más solos y diferentes que nunca, y eso es porque las redes sociales afectaron demasiado nuestras maneras de relacionarnos. Es ahí donde depositamos nuestras frustraciones, y las diferencias, sean buenas o malas, se convierten en enfrentamientos”, explica.
Sin embargo, el libertario está confiado en que, con una estabilización económica y una victoria electoral por parte del gobierno en 2027, se podría generar “una nueva hegemonía que salde algunas discusiones y genere consensos sociales”.
Finalmente, Eger pone el foco en la adolescencia. Para la periodista, la gran apuesta está en la Educación Sexual Integral (ESI) y la formación de pensamiento crítico en los colegios: “Si la brecha está ahí, hay que trabajar con ellos desde la política y con una mirada inclusiva”.
El cielo gris y plomizo sobre la Plaza del Congreso parecía acompañar el humor social de la tarde de ayer. A once años de aquella tarde fundacional de 2015, miles de personas volvieron a trenzar sus pasos sobre las avenidas Callao y Entre Ríos. Pero la atmósfera de este 3 de junio no tuvo nada de conmemorativa; se sintió, desde temprano, como un espacio de resistencia y pura tensión.
El documento final leído sobre el escenario central, bajo la consigna “¡Vivas, libres y desendeudadxs nos queremos!” no dejó margen para las metáforas: apuntó directo contra la desprotección civil y el desmantelamiento institucional de las políticas públicas. La masividad de la convocatoria demostró que el tejido organizativo del feminismo local conserva intacta su capacidad de reacción, incluso bajo el invierno de la recesión económica y la ofensiva discursiva del Gobierno nacional. Columnas de centrales sindicales, movimientos populares y partidos políticos convivieron con miles de manifestantes independientes que desafiaron el frío para gritar que las vidas de las pibas siguen importando. La plaza no era solo un lugar de protesta, sino un mapa de la resistencia colectiva frente a la crueldad estatal.
Si el clima político ya encendía los discursos, la realidad material de la violencia machista le puso urgencia y lágrimas a la jornada. El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de apenas 14 años violada y asesinada en Córdoba, por cuyo crimen la Justicia mantiene detenido a Claudio Barrelier, operó como un trágico e inevitable espejo de Chiara Páez, el asesinato que originó el movimiento hace más de una década. La coincidencia en las edades y en la brutalidad del hecho reabrió una herida profunda en la sociedad y colocó este caso en el centro absoluto del reclamo. El dolor cruzó el país de punta a punta.
Mientras en Córdoba los abuelos maternos de Agostina, Miguel y Elizabeth, participaban de las movilizaciones locales antes de darle el último adiós a su nieta, en la plaza porteña el nombre de la joven se multiplicaba en carteles escritos a fibra sobre cartulinas violetas. El caso sintetizó el núcleo de la urgencia: la desidia no es abstracta, se cobra vidas concretas todos los días ante la falta de respuestas judiciales rápidas y eficientes.
En medio de esa marea liderada por mujeres, la jornada de ayer también abrió espacio para una profunda reflexión sobre el papel de los hombres en esta lucha. A diferencia de otros años, se evidenció una mayor presencia de varones de distintas generaciones, desde jóvenes universitarios hasta adultos y jubilados, que ocuparon las calles bajo una premisa clara de autocrítica y acompañamiento. El consenso flotante en las calles dictaba que la erradicación de la violencia machista exige un compromiso activo por parte de los hombres, quienes deben dejar de ser espectadores frente a los círculos de agresión. Lejos de plantear la convocatoria como una “guerra de sexos”, el reclamo colectivo interpeló a los varones a entender que la violencia no es un problema privado de las mujeres, sino una degradación social que requiere su implicación directa para desarmar complicidades y conductas violentas. “Es super importante […] los hombres tienen la responsabilidad de aprender”. Sintetizó un militante que acompañaba el avance de las columnas por Avenida de Mayo.
Este debate sobre las responsabilidades colectivas confluyó inevitablemente en la denuncia institucional. El documento consensuado apuntó de forma sistemática contra el desmantelamiento de los programas de prevención, el virtual vaciamiento de la Línea 144 de asistencia a la víctima y la eliminación de los ministerios y secretarías específicas de género por parte de la gestión de Javier Milei. Los manifestantes coincidieron en que el Gobierno nacional está atentando de forma directa contra los propios ciudadanos y, de manera más aguda, contra las mujeres. Las estadísticas de los observatorios independientes, que rozan un femicidio por día en el país, justificaron el estado de alerta generalizado frente a las partidas presupuestarias que sufren fuertes caídas en términos reales.
El factor económico estuvo presente en toda la jornada bajo una consigna clara: el hambre también es violencia. En los barrios más golpeados, la crisis golpea el doble. Los testimonios coincidieron en que la falta de plata o de un trabajo digno le saca a las mujeres la posibilidad de armar una vida propia, atrapándolas en hogares violentos por pura necesidad de supervivencia.
Hacia las ocho de la noche, el Congreso seguía rodeado por miles de luces de celulares. El sonido de los tambores ensordecía el centro porteño y los pañuelos verdes y violetas se agitaban con fuerza cada vez que desde el escenario se leía el nombre de una nueva víctima. La marcha cruzó a todas las generaciones: mujeres y disidencias de todas las edades dejaron en claro que van a defender sus derechos en la calle, el mismo lugar donde los conquistaron. Al cierre del acto, mientras las columnas comenzaban la desconcentración lenta por la Avenida de Mayo, flotaba en el aire la certeza de que el Ni Una Menos ha mutado para convertirse en una trinchera política crucial de la Argentina de hoy, donde la indiferencia estatal ya no encuentra espacio donde esconderse.
La desigualdad social es más antigua que la invención de la escritura. Está infiltrada en todos los aspectos de la vida cotidiana y el automovilismo no es la excepción. Desde sus inicios, el deporte de motor ha sido un territorio exclusivamente masculino: los hombres han dominado todas las categorías de los últimos 90 años. El rol de la mujer -al igual que en otros ámbitos- quedó relegado al acompañamiento y la labor doméstica. Tuvieron que pasar casi 70 años para que una de las nuestras lograra la primera victoria en karting.
La exclusión no nace en las pistas, sino en las calles. Empieza en gestos cotidianos, como el de ese padre que comenta al pasar “Mirá cómo maneja, seguro es una mujer”, tras una maniobra desacertada. En esa frase no solo hay un juicio apresurado, sino una creencia arraigada: que los hombres conducen mejor.
Los niños que escuchan estos comentarios crecen incorporándolos como verdades, mientras que muchas niñas comienzan a dudar de sus propias capacidades. Así se perpetúa una idea tan instalada como errónea: que las mujeres no saben manejar. ¿Cuántas historias quedaron en el camino por estos prejuicios? ¿Qué hubiera pasado si María de los Ángeles Hanhcik lo hubiera creído también?
Lejos de eso, ella silenció los prejuicios. Se convirtió en la primera mujer argentina en ganar un campeonato de karting a nivel nacional. Proveniente de una familia fierrera y con su hermano ya compitiendo; empezó a desarrollar un particular gusto por los autos y a los 10 años ya estaba corriendo a nivel nacional.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que llegara su momento de gloria. Luego de un duro campeonato y compartir pista con José Luis Di Palma -actual corredor del TC- logró quedarse con la victoria y transformarse en la primera mujer en ganar en la categoría Junior.
“Me pasó el hablar con muchas empresas y que me dijeran ‘no nos interesa sponsorear a una mujer en el automovilismo’”, comentó al medio Infobae. No obstante, en esa nota de 2023 realizada por Darío Coronel, dejó una idea: “Sería bueno que las empresas de productos femeninos publiciten en el automovilismo ya que es un deporte al que asiste la familia completa. Tenemos muy buenas pilotos desparramadas en todo el país”.
Aunque el automovilismo ha mostrado avances en inclusión, esta es una realidad que sigue golpeando a la mayoría de las pilotos a lo largo del país. No es un caso aislado, sino una problemática con la que conviven a diario: tener que ser más rápidas, más eficientes, estar mejor preparadas y salir a pista con la presión de tener que demostrar el doble para que los demás las crean capaces.
Créditos: Instituto Argentino de Automovilismo (IAD)
El karting hoy: entre avances y desigualdades
Con apenas 10 años, Valentina Funes hizo un pedido poco habitual para el Día del Niño: un karting de carreras. Su padre y su abuelo se lo regalaron sin saber que ese gesto marcaría el inicio de un camino que definiría su vida. Ella es una joven piloto oriunda de Lezama. Comenzó su carrera a los 12 años participando en campeonatos de karting en tierra, para más tarde dar el salto al asfalto. Fue en esa etapa donde conoció a su actual equipo Trillo Racing, los primeros en confiar en ella. Juntos se consagraron campeones en 2018 y con el paso de los años sumaron varios subcampeonatos.
El campeonato de 2018 marcó un antes y un después en su vida. Pasó de ser una de las pocas pilotos en la categoría a conquistar un título que, desde 1980, ha sido casi exclusivo de los hombres: el campeonato nacional de karting. Funes hizo historia al convertirse en la segunda mujer en ganarlo en igualdad de condiciones.
Al respecto, su postura es clara: “No comparto que existan categorías sólo femeninas, siempre lo hice y me pude mantener compitiendo en categorías mixtas; y eso es porque elegimos un deporte que nos permite tener las mismas condiciones tanto a mujeres como hombres”.
Las barreras económicas son una de las problemáticas más frecuentes, en un contexto donde las mujeres aún enfrentan una desigualdad de oportunidades frente a los hombres. Muchas veces, ni siquiera el rendimiento o los logros deportivos alcanzan: los patrocinadores siguen mostrando una clara inclinación hacia los pilotos varones.
En este sentido, Funes habla desde su experiencia: “Hoy en día, y después de haber llegado y pasado por el automovilismo profesional, entiendo que sí hay diferencias, sobre todo a la hora de conseguir una marca o sponsor que acompañe”.
Detrás de esa lógica persiste una estructura más profunda: la histórica dominación masculina sobre el desarrollo del automovilismo. Las experiencias, sin embargo, no son iguales para todas. Lucía Todino es la prueba de ello. Criada en un entorno vinculado al deporte de motor -su padre fue corredor del TC y su primo aún lo es-, tuvo un desarrollo más natural que las demás pilotos, aunque sin quedar exenta de los prejuicios del entorno.
Su primer acercamiento al deporte de motor fue a través de su primo, Germán Todino. Se pasaban las tardes compitiendo en un circuito amateur de karting ubicado en un campo familiar. Todino recuerda que, desde ese momento, no quiso bajarse más.
Su inicio en la competencia llegó en 2024 cuando debutó en la categoría KDO 250 Livianos. Si bien el arranque fue complicado, con cada visita a los kartódromos fue afianzando su confianza, hasta finalizar la temporada peleando por el campeonato. El 24 de noviembre de 2025 marcó un punto alto en su carrera: en apenas su segunda temporada, se consagró campeona.
Créditos: Tribuna 2
Las experiencias dentro de la pista también reflejan tensiones que todavía persisten. “Muchas veces hay hombres a los que no les debe gustar que les gane una mujer. En mi caso, me siento igual que el resto”, señala.
En una disciplina históricamente dominada por hombres, cada vez son más las mujeres que encuentran su lugar y construyen su camino carrera a carrera. La pregunta, entonces, ya no es si pueden competir, sino cuánto falta para que las condiciones sean realmente iguales.