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Dalia Gutmann: “Le hablo a esa parte femenina que tenemos todos”
La comediante contó cómo surgió la idea de “Tengo cosas para hacer”, su nuevo show musical en el teatro Maipo. La mujeres, el multitasking y la evolución de su público son algunos temas que charló con ETER Digital.
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ETER Digital
La comediante contó cómo surgió la idea de “Tengo cosas para hacer”, su nuevo show musical en el teatro Maipo. La mujeres, el multitasking y la evolución de su público son algunos temas que charló con ETER Digital.
Por Guido Aszenberg, Marcelo Rafael Obregón, Natty González y Sofia Bouzon
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Eduardo Massa, de 57 años y oriundo de la ciudad de Cipolletti, Río Negro, recorre las rutas de nuestro país en camión desde muy joven. Nos cuenta cómo es la vida del camionero, qué ganó y qué perdió a lo largo de todo su viaje.
Para él, la historia arranca con su papá que tenía “una debilidad” por los camiones, por el transporte. También en la exploración armando un camión “muy, muy viejo” enfrente de la casa de su abuela y con el cual salió a trabajar por primera vez. “Y a soñar con ser caminero y poder tener muchos caminos”, cuenta el transportista.
-¿Qué te motivó a elegir esta profesión?
-De chiquito vi camiones en mi casa y cuando venían las vacaciones de la escuela era viajar a Bahía Blanca donde tenemos gran parte de la familia, acompañándolo a mi papá. Yo me acostaba a dormir sobre un colchoncito, mi papá arrancaba el camión en la mañana y mi canción de cuna era el ruido de un motor. Creo que camionero se nace.
-¿Recordás cuál fue tu primer viaje?
-Terminaba la escuela y me subía con mi papá, con mi tío Mario y viajaba con los choferes de la empresa y ellos me hacían manejar. Llegando casi a los 17 años surgió un viaje de Allen a Santa Cruz, no recuerdo qué problema tuvo mi papá y arranqué con los choferes, así llegué manejando solo a Comodoro Rivadavia, esperé la carga y volví. Cuando llegué mi papá estaba muy enojado porque no tuve como avisarle pero bueno cuando le di la plata que había ganado porque me adelantaron el viaje, se le pasó.
-¿Cómo es un día típico cuando estás de viaje?
-Me levanto muy temprano, repaso todo el camión, me tomo unos mates, le voy a cargar los tanques de combustible, reviso todo y arranco muy temprano con poco tráfico.
-¿Qué cosas no pueden faltar en tu camión antes de salir a la ruta?
-Sábanas limpias, ropa, mate y termo.
-¿Qué piensa un camionero en tantas horas en compañía de la ruta?
–El camionero pasa tantas horas viajando que solo él sabe lo que pasa por su cabeza. Uno piensa en la familia, y en cómo estarán. Llora… soy un tipo que llora mucho, extraño mucho, pienso cómo puedo hacer algo mejor, cómo puedo ayudar a mis hijos y cuántos días me faltan para llegar a casa.

Créditos: Marcelo Manera / La Nación
-¿Podés compartir algún código que tengan entre choferes?
-El camino es una hermandad. Es durísimo lo que te voy a contar: hace un tiempo atrás, en el invierno, vuelca un camión en Chile y el chofer que venía atrás era el hermano de la vida, eran compañeros. Cuando va corriendo a auxiliarlo y ve que era el amigo y que no podía sacarlo, de la desaparición le dió un infarto. Fallecieron los dos.
Me tocó vivir una situación parecida: iba viajando por la Ruta 14 para Concepción del Uruguay, se abre un camión y cuando pasa la mitad de mi equipo se empieza a quedar dormido. Sacó el equipo lo más derecho que puedo para la banquina y cuando siento que la dirección le golpea se despierta y vuelve. Se agarraba la cabeza.
Cuando hablé con él me dijo: “Si no llego con la mercadería me echan”. La presión y la exigencia también nos hace cometer errores. En un viaje normal, el camión hace 1.000 kilómetros por día y el chofer puede descansar unas seis horas pero no siempre es así.
-¿Tuviste alguna situación peligrosa a lo largo de tu carrera?
-La única vez que me quedé dormido en la ruta, me despertó Dios. Me dió una oportunidad más y ahora veo que a lo largo de mi vida Dios ha sido la clave. El camión tiene sus riesgos.
-¿Cuál fue el tramo más largo que hiciste?
-Cuando me alejo del transporte de la familia, empiezo a trabajar en una empresa de carretones internacional y ahí me sale un viaje a Ushuaia en primavera. Viajamos y bajamos un barco muy grande de un equipo francés, lo dejamos y volvimos después un mes y medio con todas las máquinas. En la siguiente primavera, que ya estaba todo listo, estuvimos casi dos meses montando el equipo en la bahía San Sebastián.

Un camión transportando un barco por la Ruta 40. Créditos: Minuto Uno.
-¿Tenés una noción de los kilómetros recorridos en toda tu vida?
-Alguna vez hicimos una cuenta: eran como 99 veces el país, porque hubo una época en que hacíamos 25.000 kilómetros por mes.
-¿Qué considerás esencial para ser un buen caminero?
-Primero la pasión, porque uno se va de la casa y deja la familia. Es un trabajo muy sacrificado, yo tengo muchos cumpleaños, muchas fiestas familiares en las que no he estado. Pero bueno, es el trabajo que elegí y él es lo que me motivó a seguir adelante y también, ver bien a mi familia por esto.
-¿Cómo creés que impactó tu vida de caminero en tu familia o en tu vida personal?
-Realmente es durísimo porque uno está poco. Esto lo vas a escuchar en casi todos los testimonios de camioneros: te vas y no hablas con tus chicos por mucho tiempo, nunca los podés llevar a la escuela. Si bien, alguna que otra vez fui a un acto de jardín, esperábamos siempre las vacaciones para poder estar más tiempo juntos.
-¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo?
-Conocer mucha gente, tengo muchos viajes, muchas anécdotas, el paisaje todo lo que encierra el camión y al trabajo, obvio.
-¿Cuál es el lugar más lindo al que te llevo el camión?
-A Brasil, donde me hizo ver lo lejos que estamos en lo que es transporte. El trato de la gente hacia el camionero, tiene prioridad para todo. Más lindo que mi país no hay, he recorrido mi país entero y Brasil es lindo pero yo a lo que me estoy refiriendo es a la experiencia de ver la diferencia que hay con Argentina con el tema de servicio en ruta para el chofer.

Créditos: Transporte Mundial
-¿Tenés alguna anécdota memorable o divertida que puedas contar?
-Muchísimas, pero me quedo con la gente, amigos llamándome para saber por dónde voy. Llegar y que estén esperándome una familia o dos reunidas con comida y una guitarra. En todas las provincias que fui me recibieron muy bien.
-¿Qué cambios percibís en el rubro en los últimos años?
-Ahora aprenden a manejar en un simulador y yo creo que falta acompañar y aprender desde la experiencia en ruta. A mí me dijeron: “Cuando sepas cebar un buen mate vas a manejar”. Hay que dejar el celular, los auriculares, ir con los vidrios bajos y escuchar los distintos ruidos del camión para empezar a entenderlo.
-¿Qué consejo le darías a alguien que quiere arrancar en esta profesión?
-Que busque la capacitación y después el sueldo.
-¿Qué sueño o meta te falta alcanzar en esta profesión?
-Ahora estoy en un nuevo proyecto y veo que les falta experiencia a los chicos; entonces trato y busco transmitir lo que aprendí en tantos años.
-¿Qué valores y/o enseñanzas te dió viajar?
-La responsabilidad, la vocación de servicio, la importancia de la palabra que es más que un documento. Si un camionero te dice que va a llegar con la carga quedate tranquilo que va a llegar.
-¿Qué crees que va a pasar cuando te bajes del camión?
-No sé. Por ahora no lo extraño porque estoy entre camiones, capaz que llegado el momento voy a tener que hacer un viaje. La vida me lleva hoy al lugar donde yo arranqué, pero del lado de la capacitación.
Así que hoy me siento feliz. Primero porque ahora estoy empezando a tener tiempo para estar en mi casa; y segundo porque puedo seguir haciendo lo que me gusta, lo que nací haciendo.
-Si tuvieras que volver a tus 17 años, ¿volverías a elegir esta profesión?
-De hacerlo en las mismas condiciones, sí. En caso de que tuviera la familia que tuve y ver con la pasión que viajaban en los camiones, el entorno de las carreras de moto.
Yo me crié en una familia muy fierrera y el que nace en una familia fierrera termina siendo fierrero. Y, generalmente, si estudia elige algo relacionado con el tema.
-¿Qué es lo más valioso que pensás que te dio la carrera?
-Ser quien soy. (Se emociona).
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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“Siento que mucha gente consume la música más por la imagen del artista”
Una puertita metálica se abre y aparece María Zamtlejfer. Invita a pasar al estudio de arquitectura donde trabaja. Adentro, el calor de Buenos Aires cambia por completo; se vuelve fresco, claro y luminoso. En la mesa descansan algunas muestras de mármol, y al fondo hay dos computadoras encendidas: en una se ven planos de diseño arquitectónico; en la otra, detenido, un video de YouTube con la tapa de un disco, su disco.
Entre trabajo y música, la fundadora de Las Ligas Menores y actual líder de Tigre Ulli recibe a ETER Digital. En la charla hablará de sus inicios y de la difícil decisión de dejar una banda en ascenso, de cómo nació su proyecto propio y de su mirada crítica sobre la escena indie.
-Fuiste una de las fundadoras de Las Ligas Menores, ¿cómo recordás esos inicios y por qué decidiste dejar la banda?
–Las Ligas fue mi primera experiencia formal en una banda. Antes había tenido proto bandas que nunca llegaron a tocar en vivo. Con Mica (García) y Pablo (Kemper) nos conocíamos del colegio y más tarde apareció Anabela (Cartolano): la primera vez que ensayamos juntas sentimos que había algo especial y ahí se formó la banda. Fue todo muy espontáneo, como un juego en la época de la facultad.
-¿Fue duro irse?
–La decisión de irme fue muy dura. En ese momento no estaba tan claro que yo quisiera dedicarme a la música, era mi única experiencia y había dinámicas que no me cerraban. Dejar un proyecto independiente que estaba creciendo fue difícil, porque no es fácil alcanzar eso, pero me generó una crisis que fue necesaria: me obligó a pensar de manera más consciente qué quería hacer con la música.
—De ese vacío nació Tigre Ulli, tu proyecto actual. ¿Cómo fue ese proceso de pasar de tocar sola a formar una nueva banda?
–Cuando me fui me quedó un tiempo libre enorme, que antes ocupaban ensayos y shows. Para no angustiarme me ponía a tocar sola y de repente empezaron a aparecer canciones, casi como una catarsis. Al principio me las grababa sin mostrárselas a nadie, hasta que un día se las pasé a Tom (Quintans), mi pareja. Él fue un gran elemento para que yo tomara la decisión de hacer algo con eso.
-¿Qué más ayudó?
–Tener los recursos tan a mano, la sala, el estudio, ayudó a que todo saliera rápido. Nos empezamos a juntar a tocar y él empezó a ponerle batería y ayudarme a armar los arreglos, y su hermano Pipe colaboró también desde la producción. Y así salió el primer disco.
-¿Y luego?
–Con el segundo disco cambió todo: ya no era un proyecto solitario, se consolidó la banda. Hoy en Tigre Ulli somos cuatro, y aunque sé que muchas veces tengo la última palabra, creo que el aporte de los demás es fundamental. Muchos arreglos salieron de ellos y eso le dio identidad propia al grupo.
—En tus letras se percibe un pulso narrativo, ¿qué influencias literarias aparecen ahí y cómo se combinan con tu formación de arquitecta?
–Leo mucho y suelo quedarme con frases o imágenes que después reaparecen en canciones. En un momento me marcó Mariana Enriquez, también Aurora Venturini, y otras escritoras que me dejaron palabras dando vueltas. Escribir me sirve para elaborar cosas, como una especie de terapia: anoto frases sueltas y después de un tiempo las releo y me empiezan a disparar otras cosas. La arquitectura, en cambio, me influyó más en lo organizativo: me dio un orden para llevar adelante un proyecto, cumplir con tiempos, ser responsable. Y también se conecta desde lo gráfico: yo hago los flyers y la estética de la banda.
—¿Cómo ves la escena independiente hoy?
–Es muy distinta a la de cuando yo empecé. Creo que uno de los cambios más importantes es la entrada de las mujeres y eso ya no se discute, no se ve como un problema. Pero al mismo tiempo noto algo que me deprime un poco: siento que mucha gente consume la música más por la imagen que por la música en sí. Y yo no estoy dispuesta a negociar eso, porque para mí lo indiscutible son las melodías, las letras, la parte musical. Todo lo demás viene después.
-¿Te parece contradictorio?
-Es raro, porque yo misma siento cierta presión y eso que no soy una banda que aspire a la masividad. Imagino lo que debe ser para quienes recién empiezan. Esa lógica de que si grabaste un disco hace un año ya parece viejo, y tenés que estar todo el tiempo produciendo contenido, es tremenda. Y con las mujeres se suma todavía más la cuestión estética, esa exigencia de agradar. Eso me deprime bastante, porque mis referentes siempre fueron músicas que no buscaban agradar, que usaban la imagen como un juego, no como una obligación. Por suerte todavía hay proyectos que resisten de esa manera, y eso para mí es fundamental.
—¿Y cómo ves hoy el rock mainstream en Argentina, especialmente en relación al lugar de las mujeres?
–El mainstream es heterogéneo. Pero convive con otra tendencia que me deprime: la vuelta de la figura del frontman hombre con todos los guiños al rock tradicional, algo que para mí representa lo peor del rock. Esa “pomelización” (por Pomelo Rock, el personaje del humorista Diego Capusotto) no tiene nada que ver con lo que consumimos en la escena en la que yo estoy, donde la búsqueda es distinta.
-¿Cuál son las ventajas o desventajas?
–Hay proyectos encabezados por mujeres que lograron un espacio, como Marilina Bertoldi o Eruca Sativa, pero si lo comparás con la cantidad de bandas masculinas, no es lo mismo. El lugar grande se lo siguen dando a bandas de chabones, mientras a nosotras nos cuesta mucho más llegar. Para mí eso tiene que ver con un criterio bastante vetusto de quienes arman las grillas, que piensan solo en lo que creen que convoca, y no en la calidad artística. En algún momento se van a dar cuenta de que también hay público para proyectos liderados por mujeres.
—En contraste con lo que decías del mainstream, en tu próxima fecha en Liverpool van a tocar junto a Cabezas de Remolino, que también tiene mucha presencia de mujeres. ¿Cómo surgió esa invitación y qué planes tienen a futuro con Tigre Ulli?
–Nos convocó Lola de Homogénica, que está trabajando con los chicos de Cabezas de Remolino y con quien tengo muy buena onda. Me pareció una propuesta muy buena, sobre todo porque nunca habíamos tocado en Liverpool y porque también está bueno apoyarse entre bandas chicas e independientes. Y en cuanto a lo que se viene, estamos en un momento medio de víspera: componiendo, con ganas de grabar aunque todavía todo está bastante desarmado. La idea es sacar un disco nuevo y tenemos algunas giras internacionales planificadas para el año que viene. Hay ansiedad, pero también esa sensación de que algo está por empezar.
El estudio de Maiti Merlino está iluminado apenas por una lámpara tenue que deja entrever los parlantes y la pantalla con un proyecto abierto. Ella recibe a ÉTER Digital con calidez y un mate entre sus manos. Todo parece quieto, pero hay algo que vibra: la buena energía, el sonido, el proceso, la creación.
En ese espacio donde la música y la creatividad conviven, María Martina Merlino, más conocida como Maiti, da forma a su identidad como DJ y productora. Nacida en 1996, comenzó su carrera en 2012, y desde entonces viene forjando un estilo propio: un groove profundo y energético que fusiona lo mejor del House y el Minimal Deep Tech.
Sus sets son experiencias envolventes, combinan melodías, donde cada mezcla parece narrar un estado de ánimo diferente.
-¿Cuándo y cómo descubriste tu pasión por esta carrera?
Sonríe, deja el mate sobre la mesa y con una voz suave responde: “Siempre escuché mucha música y me encanta. Me acuerdo que tenía 15 o 16 años y estaba mirando el festival Tomorrowland en un video. Me llamó mucho la atención cómo una persona podía mover tanta masividad de gente y generar emociones a través de la música.”
Desde entonces, esa conexión con la música se volvió motor para forjar su carrera. Es una de las DJs más activas del circuito underground argentino. La versatilidad en sus sets, su personalidad y su conexión con la pista la llevaron a presentarse en grandes clubes y festivales como Creamfields, Crobar, La Estación Córdoba, Niceto Club, Mandarine, Jet, AMK y Río Electronic Music. Compartió cabina con artistas internacionales como Fatboy Slim, Peggy Gou, Cuartero, Guy Gerber, Hector Couto y Dimmish. Parte de esa etapa puede sentirse en este video, donde se refleja la energía de sus sets: ver en YouTube.
-¿Cuál fue el mejor evento o país en donde tuviste la oportunidad de tocar? ¿Qué experiencia te llevaste?
-No puedo decir uno solo. Viví un año en Mallorca, España, donde fui residente de un club de la isla, así que podría decirse que esa fue una experiencia única. Y acá en Argentina, el festival Creamfields y La Estación en Córdoba fueron momentos inolvidables.
Su paso por Mallorca también marcó un antes y un después. Allí se presentó en espacios míticos como R33, Es Moli y Garash, compartiendo noches con referentes globales del género.
-¿Cómo ves el panorama de la música electrónica y la escena local en tu ciudad? ¿Hay mucha competencia?
-La realidad es que no me gusta verlo como una competencia. Cuando arranqué con esto, había muchísimos más hombres que mujeres dedicándose a esta profesión.
Mientras se acomoda el pelo y sirve otro mate, afirma que hoy en día la música electrónica creció mucho mundialmente, hay muchísimas mujeres y talento nacional. Eso quizás pueda sentirse como competencia, pero ella no lo percibe así: lo transforma en inspiración para seguir creciendo y creando.
Además de sus presentaciones, Maiti también produjo sus propias fiestas en Buenos Aires, como Groowin, donde compartió escenario con Iglesias (Solid Grooves) en el club Moscú (ex Pachá, Buenos Aires). Su personalidad, versatilidad y conexión con la pista la convirtieron en una referente respetada. También fue entrevistada por Danzeria Web, Infobae TV, Radio Cultura y Canal América, entre otros medios.
-¿Qué significa para vos el éxito en este trabajo?
-El éxito, creo, está en ser auténtica. En lograr que el público te siga por tu música y tu energía, acompañándote en tus fechas y a través de las redes.
Lo dice con sinceridad y deja claro que no busca aplausos vacíos sino vínculos reales con quienes la escuchan.
-¿Quiénes fueron tus grandes influencias musicales al inicio y ahora?
-Desde chica siempre escuché mucha música gracias a mi familia, más que nada por mi mamá, que me hizo conocer artistas como Moby, Depeche Mode, Madonna y Daft Punk -hace una pausa, toma un sorbo de mate y continúa-. Hoy en día quizás mis influencias están en sellos discográficos como Micro Hertz, PIV Records, AVOTRE y Cecille.
-¿A qué te gustaría llegar? ¿Cuál es tu meta o sueño?
-Hoy estoy enfocada en la producción y me encantaría que mi música llegue a muchos lugares del mundo. Además, poder tener la experiencia de presentarme como DJ.
-Si mañana no existieran los géneros musicales, solo la energía, ¿cómo definirías la tuya?
-Divertida. Sí, así la definiría. Es divertida y envolvente. Creo que si algo tengo en claro es que no busco el aplauso. Sino el pulso. Vibrar, conectar, bailar.