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Llamitas de la danza: crónica del Fogón Entrerriano
Cada febrero, Cerrito recibe a personas de todo el país y alrededores que acampan en las inmediaciones de su polideportivo para celebrar la magia de la danza folklórica.
Comienza febrero y en Cerrito empieza a llover. Parece una conspiración del universo, o una picardía de algún dios que juega con el pronóstico. Las nubes grises tiñen el cielo, pero en el horizonte los colores contrastan con esa imagen. No, no es el arcoíris: son carpas, están distribuidas en el predio del Polideportivo Municipal “Marcelo Borghello” y alojan a cientos de personas que llegan de distintas ciudades entrerrianas, del país y de la vecina República Oriental del Uruguay para vivir durante cinco días el Fogón Entrerriano de Cerrito.
Al principio, quienes participaban de la actividad venían en carpas porque no había hospedaje. Después, esto quedó instalado y ya es una tradición, aunque llueva y a la gente se le moje todo. Están entrenados para juntar las cosas y correr a las escuelas que prestan sus instalaciones para que puedan resguardarse de las inclemencias climáticas.
-¿Y vale la pena mojarse así?
–Lo que se vive acá es único y lo que aprenden los gurises, ni te cuento… El primer año dije “no vengo más, tengo todo hecho sopa”, y al año siguiente fui el primero en acampar con mi familia -recuerda un padre que viajó desde Misiones para acompañar a su hijo y disfrutar del encuentro y de la tranquilidad del pueblo.

Primeros fogones en Cerrito.
Cerrito es una localidad del centro-este de la provincia de Entre Ríos en la que viven 5.729 habitantes, según el censo del 2010 (aunque actualmente podrían ser más de 7.000) y, como todos los pueblos, tiene su plaza principal, su Iglesia, su Municipalidad, su Comisaría, sus escuelas y sus casas con bellos jardines al frente.
También tiene un complejo polideportivo que cuenta con todas las comodidades para convertirlo en un lugar soñado para descansar y disfrutar de la tranquilidad: sanitarios con duchas, playón y canchas deportivas, piletas de natación, cantina, juegos, quinchos, churrasqueras con mesas y bancos, iluminación, seguridad permanente y su inigualable sombra. Allí, los primeros días de febrero, se realiza el Fogón Entrerriano.
Por inspiración de la profesora Inés Zaragoza de D’Angeli junto a un grupo de amigos, amantes de la música y el baile folclórico, este encuentro anual de talleres y capacitaciones se realizó por primera vez en 1986, con el propósito de poner en manos de niños y jóvenes conocimientos esenciales para la vida artística, especialmente de la danza.
Desde la primera edición se pensó en maestros de renombre: Norma Viola con el Ballet Nacional, el Ballet Brandsen, Marina y Hugo Giménez del Ballet Salta, Ballet Camin de Cosquín, campeones de malambo de Laborde, Linares Cardozo, Víctor Velázquez, Orlando Veracruz, Víctor Seri, entre otros.
“Ver a estas figuras tan importantes realmente los atrapó y fue la motivación que hizo que tanta gente quisiera estar presente. Además, el esquema de actividades fue variando y haciéndose más complejo porque incorporamos charlas para padres, teatro, comedia musical, danzas contemporáneas, ritmos y distintas técnicas para que el bailarín abra la mente y explore su creatividad”, cuenta orgullosa Zaragoza quien es también la Directora Zonal del Instituto de Arte Folklórico (IDAF) y organizadora del Fogón.
Por su parte, Roberto Romani, periodista y gestor cultural de Entre Ríos, agrega que este es uno de los acontecimientos culturales más importantes de la provincia. “En diferentes rincones de Entre Ríos y de otras provincias hermanas, he podido escuchar testimonios agradecidos de numerosos jóvenes, quienes incorporaron a su existencia eslabones fundamentales para su formación profesional”, explica quien, al igual que la lluvia, acompaña al fogón de Cerrito desde hace 38 años.
Las actividades arrancan en las primeras horas de la mañana del día miércoles con la bienvenida de la profesora Zaragoza y el Licenciado Romani. Un rato después, cada grupo -principiantes, intermedios y profesionales divididos de acuerdo al grado de estudio alcanzado en el profesorado de Folclore- comienza los talleres con sus respectivos maestros en diferentes lugares. Algunos se quedan en el predio y otros van a la plaza, a la Casa de la Cultura o al salón de la Escuela Nº38. Al mediodía cortan para comer algo livianito y siguen con las clases hasta que el sol se esconde.
En estas jornadas nunca falta un momento de espiritualidad y reflexión para agradecer, pedir y rendir homenaje a San Francisco Solano, patrono de los folcloristas y protector del IDAF.
La idea siempre es terminar a la medianoche para que todos puedan descansar temprano, aunque siempre hay grupos que se quedan hasta la madrugada a compartir un mate, una canción acompañada de la guitarra y charlas interminables.
La escena es una postal retratada poéticamente por Romani mientras charla con Zaragoza y los profesores: “El Fogón a esta altura, y con tantas ediciones, dejó de ser un encuentro más, para convertirse en una especie de costumbre y de obligación porque nadie se lo quiere perder, ya que lo convertimos en una fiesta con ansias de volver a encontrarnos rodeados de amistad y naturaleza”.

Romani en el Fogón de 2023.
Durante los días sucesivos la rutina se repite y Cerrito se ve diferente. Los gauchos y las paisanas sobresalen entre los habitantes por sus vestimentas, como si se tratara de un dibujo de Molina Campos. A toda hora se escucha el repiqueteo de los bombos, y encontrás grupos improvisando un zapateo en la esquina o niños sacudiendo pañuelos celestes y blancos por las calles del centro.
El sábado es el momento esperado por todos: la clausura del evento, donde se despliega un show de música y bailes a nivel de los grandes espectáculos y pone a consideración del público lo aprehendido en estos días de capacitación. “La obra que preparamos en esta semana de intenso trabajo mezcla danzas tradicionales y contemporáneas”, expresa Ramón Álvarez, coreógrafo tucumano que dicta talleres en el Fogón.

Está pensada para brindarle al público la “magia del baile”, dice el profesor y amplía: “Donde el corazón está acelerado, con nervios propios por la responsabilidad, pero esperando recibir, al final, los aplausos que alimentan el alma del ser un profesional de la Danza”.
Al caer la noche, entre luces de los reflectores y sombras de la muchedumbre, desfilan las delegaciones que formaron parte de esta edición y se ubican con las banderas en alto para dar comienzo al espectáculo: el Intendente, Inés y los profesores con antorchas en mano, se congregan en una esquina del playón para encender la gran fogata que le da el nombre a la actividad.
Cuando los leños empiezan a arder, los bailarines salen a escena y con el movimiento de sus cuerpos acompañan las llamas del fogón que forman lenguas naranjas en el aire, creando una atmósfera mística y llena de sensaciones. Esas chispitas que se escapan de la hoguera resuenan como un crepitar y aportan magia, se cargan de recuerdos, y del deseo de que este Fogón nunca se apague. Es difícil explicar, sólo se siente cuando estás ahí.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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