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Enredados: jóvenes, algoritmos y el desafío del periodismo de redefinirse

En Neuquén existe un laboratorio transmedia que depende de la Universidad Nacional del Comahue con el objetivo de investigar cómo el mundo cambia la manera en que se informan los argentinos. 

Hay una pequeña puerta siempre al alcance de la mano. Al tocarla, nos ofrece un catálogo infinito: imágenes, deseos, novedades, noticias que aparecen sin pedirlas. Lo que antes había que buscar ahora llega solo, ordenado por algoritmos que tejen una realidad personalizada y adecuada a nuestros intereses. Entre burbujas de contenido y atención fragmentada, el mundo se reduce a lo que cabe en una pantalla. Y, en ese escenario acelerado y cambiante, el periodismo intenta no perder su lugar. 

La manera en que se informan las y los jóvenes en Argentina cambió de forma acelerada. Según la Encuesta de Consumos Informativos y Culturales 2025 del Alto Valle de Río Negro y Neuquén realizado por MediaLab Patagonia, el 72% de las personas entre 16 y 29 años accede a noticias a través de redes sociales, muchas veces de manera incidental en 2025. El Digital News Report 2024 del Reuters Institute refuerza esta tendencia: el 44% de los jóvenes argentinos declara informarse “principalmente por redes”, especialmente mediante contenidos breves y audiovisuales diseñados para captar atención más que para desarrollar contexto.

Ese comportamiento aparece encarnado en voces como la de Samuel, un adolescente de 16 años entrevistado para esta nota. “Instagram es mi principal fuente de entretenimiento… y ahí también me entero de lo que pasa”, cuenta. Su consumo informativo se mezcla con humor, vínculos, rutinas y afectos; las noticias aparecen entre reels y mensajes, sin una búsqueda intencional. En su percepción, la influencia es evidente: “La gente se influencia demasiado por las redes… uno tiene una opinión y después de ver cosas en las redes la cambia drásticamente”.

Lo que Samuel describe intuitivamente es lo que los estudios académicos denominan como “mediación algorítmica”: sistemas que seleccionan, jerarquizan y distribuyen contenidos según patrones de comportamiento. MediaLab Patagonia define este estilo de lectura como “superficial y fragmentado”, un desplazamiento constante entre estímulos donde la información compite con el entretenimiento.

Créditos: Aurora Israel Noticias en Español

Las cifras del Reuters 2024 profundizan el diagnóstico: Argentina se ubica entre los países con mayor fatiga informativa, un fenómeno marcado por la saturación emocional, la desconfianza y la sensación de que la agenda mediática “agobia en lugar de orientar”. Lo que los jóvenes nombran como “aburrimiento” o “cansancio” se traduce, en términos globales, en un alejamiento consciente de las noticias tradicionales.

Para el periodista y docente Fabián Bergero, integrante del Observatorio de Comunicación de la Universidad Nacional del Comahue, esta transformación altera las bases de la práctica profesional. “No alcanza con producir contenido”, sostiene y sigue: “Los medios delegaron su vínculo con la audiencia en las plataformas. Hoy el algoritmo decide qué llega y qué no. El desafío es volver a construir esa relación directa”.

El también investigador neuquino señala que muchos medios medianos y pequeños ya experimentan nuevas estrategias: newsletters, canales de WhatsApp, podcasts, coberturas hiperlocales y formatos que restablecen la centralidad del periodista como mediador humano en un contexto dominado por filtros automáticos. El informe de Reuters coincide al advertir que la distribución de noticias será cada vez más dependiente de plataformas privadas, mientras crece la necesidad de modelos alternativos que recuperen control y comunidad.

Samuel expresa, al igual que muchos jóvenes, la dificultad de atención y de dependencia que produce esta hiperconexión. “El celular es mi manera de entretenimiento número uno… cuando no tengo señal estoy aburrido”, confiesa. Sus tiempos de consumo informativo, concentración y lectura quedan subordinados a la lógica de la plataforma. En ese escenario, el periodismo entra a su vida “como un efecto colateral” del desplazamiento por la pantalla, no como una búsqueda voluntaria.

MediaLab Patagonia y el Observatorio detectaron en 2025 un dato central: la edad es el principal factor que estructura la relación con la información. Los jóvenes reciben contenidos sin jerarquía, mezclados con humor y afectos; mientras que los adultos tienden a elegir medios específicos para informarse. El consumo digital desdibuja las fronteras entre lo relevante y lo trivial, porque la circulación privilegia la conexión emocional por sobre la densidad informativa.

La hiperconexión genera, además, tensiones en el criterio propio. Samuel reflexiona sobre cómo interfieren las redes en su percepción y en las de su entorno: “Lo que más se está perdiendo es el criterio. Uno piensa una cosa y después de ver cosas ahí, lo que se piensa cambia drásticamente”. Su frase condensa un problema que Bergero considera estructural: “Los algoritmos amplifican emociones, refuerzan sesgos y modelan percepciones sin que el usuario lo note. En ese terreno, la desinformación se esparce sin obstáculos”.

Aula del laboratorio transmedia de MediaLab Patagonia, que depende de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue.

Deepfakes, imágenes manipuladas, cuentas automatizadas y agresiones digitales complejizan el entorno. El investigador advierte que vivimos en un ecosistema donde “todo es urgente y nada es estable”, lo que erosiona la capacidad de sostener atención y comprender procesos largos.

Ese deterioro cognitivo y emocional condiciona directamente al periodismo. Para Bergero, la salida posible requiere “reconstruir credibilidad mediante contexto, cercanía y sentido”. Y alerta: “Tenemos que volver a explicar, a ordenar, a acompañar. Una agenda que responda a la vida real de las personas es lo que puede reconstruir el vínculo”.

El llamado “periodismo de soluciones” aparece como una alternativa para no quedar atrapado en la lógica del pánico, el catastrofismo o la saturación. También lo es la recomposición del lazo territorial: conocer a la comunidad, sus necesidades, sus ritmos, sus modos de informarse.

En este escenario, el periodismo no desaparece: se redefine. Ya no alcanza con contar lo que ocurre; el oficio debe interpretar un flujo que no se detiene, distinguir lo relevante entre miles de estímulos, y abrir ventanas donde el algoritmo cierra puertas.

Mientras tanto, los jóvenes habitan ese pasaje digital siempre abierto, donde el criterio propio se negocia entre pantallas, vínculos y algoritmos. Y, del otro lado, el periodismo busca seguir siendo no solo un proveedor de noticias, sino un modo de comprender el mundo en medio del ruido.

*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

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