FEDERAL
El ADN catamarqueño envuelto en Rincón
La celebración del Festival de la Nuez, el acontecimiento cultural que resume la identidad del pueblo perteneciente al Municipio de Saujil, Catamarca.
La cultura es la identidad de un pueblo, uno que lleva en su sangre el amor por la música, el baile, la historia y la magia de reunirse. Rincón es ese pedazo de tierra escondido entre montañas que tiene como bandera el respeto y el “no olvido” de sus tradiciones y valores evidenciables con el “Festival de la Nuez” en el Club Belgrano, las tardes de cancha, la navidad en la plaza, incluso con detalles más pequeños como salir de casa, caminar dos cuadras y saludar a quien te encuentres.
La identidad se construye y eso es lo que hizo este pueblo que está bajo la lupa por aferrarse a las tradiciones y no dejar morir la cultura. Es sorprendente como aquí, en este pueblo, esas culturas están a flor de piel, vivas, vigentes, deambulan por la calle, en busca tal vez de contagiar a quien no las siente así, tan fuerte como los que habitan este pueblo.
Parece todo color de rosa, pero el rosa también tiene matices; y entre un tono de rosa y otro, hay un mundo de posibles rosas. Antes de llegar al centro de esta historia, es necesario contar porque al inicio apareció la frase “escondido entre montañas” porque es real. Geográficamente, este pedazo de tierra se ubica al pie de “El Manchao”; si bien antes, hace muchos años, no estaba aquí sino a unos 10 kilómetros, asentado en otro lugar con mucha historia también.
Rincón está partido al medio por un río, de un lado la orilla y del otro, la banda. Ese río fue responsable de hacer vivir los momentos más difíciles a esta comunidad de 500 habitantes. Diez años atrás, un aluvión se hizo presente a mitad de enero llevándose todo por delante, sin heridos pero lastimados, pasando momentos desesperantes, abrumados por la oscuridad de quedar incomunicados sin pasada a la banda desde la orilla y viceversa; y, a su vez, aislados del resto de pueblos.
Dicen por acá que los aluviones “jamás se dan con una diferencia menor a 10 años”, y tiene que ser cierto porque ese tiempo pasó hasta que el 25 de diciembre de 2023, después de una linda navidad en la plaza (porque eso es algo por lo que se conoce a este pueblo, aunque es tema para otra crónica), vendría otro aluvión a arruinar el final del año.
Increíble el momento que eligió la naturaleza para desatar, tal vez, toda su ira. Esa creciente se llevó con ella un puente construido hacía menos de seis meses (de hecho, se volvió viral por eso; otro tema para una crónica).
Con palabras más o palabras menos, así se define a Rincón: caótico y con miles de historias por contar, pero a veces aburrido y deprimido. Contrastes inentendibles. En esta ocasión, la primera opción supera a la segunda y la historia de esta crónica entra ahí. Y resulta imposible no pensar cuán posible es que incluso con la economía no muy buena, este festival sea prioridad. Rápidamente sale la respuesta: “Es que se trata del Festival de la Nuez”.
Así, comienza la historia de un festival realizado todos los años en Rincón, el momento cumbre del folklore en este lugar, donde solo con decir “despierta ya mujer”, el resto se completa solo. Eso es suficiente para que quienes viven en ese pedazo de tierra se imaginen con un vino en su mano derecha mientras cantan a los gritos con los amigos. Eso es un festival.
No importa cuántos vasos hayas tomado, ese sentimiento aparece con 0% de alcohol en sangre (y con más también). Ese es el clima, lo que se vive en un festival longevo, que ya tiene su historia, sus costumbres y hasta sus mañas.
Lleva su nombre en representación de Rincón, de los pueblos que más producen y exportan nuez en la provincia donde se encuentra, Catamarca. Cuenta Analía, que formó parte de la organización: “La idea del festival surgió por cuestiones económicas. Teníamos la necesidad de recaudar dinero para la fiesta de los 100 años del Club”.
A la vista de todos, el por qué se realizó esta edición, para recaudar fondos por un lado y para seguir escribiendo sobre libros todo lo que representa ser rinconisto por otro.
No es mi intención crearle, querido lector, la necesidad de experimentar una vez en la vida este sentimiento, pero se lo recomiendo. También lo recomiendan “Los Colpeños” (banda de música que tocó en el festival). Y también el “Grupo Esencia” que dicen que “hay que motivar el crecimiento de la cultura” de Rincón.
Sin duda los momentos donde llega más gente a visitar este pueblo es para este festival, navidad y vacaciones. En caso de aceptar esta invitación, sepa que de acá se irá con una recarga de serotonina gratis, cortesía de la casa. Parece exagerado contándolo así, de hecho, mientras escribo entro en un debate conmigo misma de si exagero, pero vuelvo a esas fotografías mentales que saqué y toda exageración se queda corta (así de grande es el sentimiento).
Como si tanto no fuera suficiente, es la misma organizadora la que nos cuenta que asistieron entre 450 y 500 personas. Esa cantidad, para un pueblito, es mucho. Y, también cuenta lo que representa para ella: “Es la identidad de un pueblo dedicado a la producción de la nuez”.
El famoso festival del pueblo es motivo de reunión. Lo dicen las caras de quien asiste, lo dice la sonrisa de las chicas que bailan en el ballet, también las carcajadas de esos amigos que no se veían hace meses y ese saludo de otros dos que no pensaban cruzarse.
También lo dice la nena que juega con espuma haciendo enojar a los de alrededor, y también ellos que después terminan riéndose de las picardías de los niños. Lo dice el pueblo y su gente, los que disfrutan de este momento único que les regala la vida hace varios años.
El ADN de este pueblo tal vez sea ese festival, esas navidades y esas reuniones de siempre; tal vez sea una canción que todos sabemos, tal vez ese momento en que escuchás la música desde tu casa.
Quizá no es más que los mates en una montaña o unas empanaditas los domingos, tal vez sea salir a la calle y en el medio encontrarte con 10 personas y saludarlas a todas, o acariciar el perrito que está en la plaza.
Tal vez sea no traicionar al kiosquero de tu barrio o darle la silla a un abuelito, puede que sea abrazarte en las navidades con un vecino o en la cancha cuando Belgrano (equipo del pueblo) hace un gol. Capaz es darle trabajo a gente en época de cosecha o salir a caminar por horas cruzando paisajes hermosos.
A lo mejor es asistir a misa los domingos o dejar una flor en la tumba del abuelo de tu amigo, capaz solo es hacer reír a un amigo o pasar charlando horas con un mate en la mano. Cualquiera sea la opción, representa a este pedazo de tierra que se llama Rincón, y ese es su ADN.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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